Zaatar

Siria, Jordania, Líbano, Israel, Palestina… En todos sitios se usa esta mezcla de especias, que casa muy bien con el hummus, como veremos próximamente (hummus con zaatar). Necesitáis una especia que no venden en los supermercados, pero sí en tiendas especializadas: el zumaque o sumac, sumaque o rus (Rhus coriaria es la planta de la que procede). El zaatar también tiene varios nombres: zatar, za’atar, zataar… Tiene un sabor ácido. Y además de para el hummus, se puede usar para espolvorearlo sobre arroz, con recetas de seitán, para poner de aperitivo con pan tostado y aceite…

No tiene ciencia ninguna. A mucha gente le da reparo lo de tostar las especias, pero se trata de ponerlas en una sartén a fuego medio sin nada de grasa y echarles un ojo para que no se quemen. Ya está. En cuanto desprendan aroma, se apartan del fuego. Luego hay que dejarlas enfriar antes de molerlas.

Ingredientes para un botecito:

  • 30 gramos de semillas de sésamo
  • 20 gramos de zumaque
  • 2 cucharadas de orégano seco
  • 1 cucharada de tomillo seco
  • 2 cucharaditas de comino molido
  • 1 cucharadita de semillas de comino
  • 1 cucharadita de pimienta negra

Preparación:

En una sartén a fuego medio sin nada de grasa y que esté bien seca, calienta las semillas de comino y las semillas de sésamo, removiendo, hasta que desprendan aroma, lo que te llevará dos o tres minutos. Vigila, porque las semillas se queman pronto. Luego, ponlas en un plato y déjalas enfriar.

Una vez frías, mézclalas con el resto de los ingredientes y ponlo todo en un molinillo de especias. Muele hasta que tengas un polvo fino (yo siempre le dejo algo de textura). No muelas las semillas en caliente porque sueltan su líquido y entonces te quedaría un poco pastoso.

Ya lo tienes. Guarda en un bote bien hermético, etiquétalo y úsalo para lo que quieras.

Pasta de espelta integral con calabacín y zanahoria

Este es un plato suave. Tampoco os penséis que es una explosión de sabores fuertes. Pero es que a mí también me gustan los platos suaves y, realmente, tenía calabacines y zanahorias a punto de caramelo (es decir, o me los comía, o se estropeaban) y decidí preparar un plato de mi invención. Yo invento. Ji. Invento cosas nada elaboradas, porque no sé cocinar pero me divierto en la cocina (también me canso en la cocina, tengo tentaciones de subir el fuego para que aquello se cueza pronto y a veces pienso que estaría mejor en otra parte -en el salón, viendo alguna serie- que pasando calor allí y ensuciándolo todo -es asombrosa la cantidad de platos y cubiertos que mancho cuando cocino, sin pretenderlo. No sé cómo mi madre lo hace para ensuciar lo mínimo imprescindible-). Pero bueno, como comida ligerita está muy bien. A mí me gusta. Y supongo que echándole más chicha (como ajo, vino, alguna especia…) estará mucho mejor, pero ya la iré tuneando como pueda.

Ingredientes para 2 personas:

  • 150 gramos de pasta (usé espaguetis integrales de espelta. Si sois celíacos, usadla sin gluten)
  • 2 calabacines
  • 2 zanahorias
  • queso parmesano al gusto
  • aceite de oliva
  • sal
  • sésamo para decorar

Preparación:

Pelamos y rallamos los calabacines y las zanahorias. En una sartén honda o una cazuela grande, ponemos dos cucharaditas de aceite de oliva y calentamos la sartén o la cazuela a fuego medio. Añadimos las zanahorias y salteamos. Al cabo de unos minutillos, agregamos los calabacines, salamos el conjunto y volvemos a remover. Soltarán agua, así que hay que esperar a que el agua se evapore. Tened cuidado de que no se peguen a la sartén o la cazuela y no se quemen. Cuando el agua se haya absorbido casi por completo, agregamos el queso parmesano rallado y revolvemos.

Cocemos la pasta según las instrucciones del fabricante y escurrimos. La agregamos a la sartén con la mezcla de calabacín y zanahoria, damos unas vueltas para que todo se caliente bien y ya podemos servir. La decoré con semillas de sésamo.