Feliz lustro

Todos queremos ser Huck, dice una amiga mía. Yo sí, desde luego. Huck duerme tranquilito, se entretiene con cualquier chorrada que ocurre (una mosca que pasa, una pelusa, un cepillo, un papelito que se ha caído al suelo) y, cuando quiere amor, se coloca justo debajo de mi cuello (sí, es su sitio favorito), de lado a lado y se queda ahí un ratito, siempre más o menos corto, hasta que se va. Luego demanda cariño saltando y brincando para que le acaricie.

Aquí, cuando yo pensaba que le iba a acoger. Qué ilusa

Llegó así y yo quería acogerle.

Nunca se me han dado bien las acogidas. Coyote era acogida. Por cierto, está en remisión desde hace algo más de un mes. No es una remisión fuerte, porque su glucosa no baja de 100 y a veces me da sustos bebiendo más de la cuenta, pero está en remisión, jugando con Huck y saltando a la lavadora a pesar de su artrosis. Ya he aprendido que a los gatos hay que alimentarlos con comida húmeda baja en hidratos de carbono, menos de un diez por ciento, así que ahora todos comen lo mismo y han dado un cambio brutal.

Huck sigue igual de trasto que cuando llegó: es un cachorro eterno que se tira a pulso a la cama y me provoca microinfartos y luego me planta el culo en la cara porque me considera de su familia.

Hoy es su cumpleaños y la fecha de su cumpleaños siempre se me olvida porque son dos días: el 9 y el 10 de agosto, cuando comencé a moverlo todo para que se quedara en mi baño… y en mi vida.

Te quiero con locura.

El eterno cachorrito

Cajas y gatos

Hace cuatro años, me mandaron una foto de un gato astroso que intentaba lavarse y que acabó en mi baño porque… porque tenía cara de asustado y me dio una pena tremenda. Le busqué casa hasta que descubrí que, cuando le acercaba un dedo, se daba la vuelta para lamérmelo y me enamoré.

Desde esos 15 días en el baño, que he contado en varias ocasiones, este gatito y yo nos hemos ido conociendo. Ahora sé que se tira a plomo desde la estantería a mi cama, haciéndome saltar a mí también. Sé que se lava a todas horas. Que, en algún momento, va a venir a sentarse 10 minutos en mi regazo y que esos 10 minutos van a ser los más preciados. Que luego trepará a lo más alto y que, si acerco el móvil o la cámara para hacerle fotos, se acercará a olisquear.

Qué limpio es mi gatito

Llegó el último a casa y se puso a ocupar todo mi corazón, con esa alma de payaso que tiene y su manía de intentar abrir la puerta del armario para sacar toda la ropa y rebozarse en ella (es experto en estos menesteres). Tiene todos los ingredientes que hace que a mí me guste cualquier ser viviente: es cariñoso a ratos, besa mucho, es limpito, es curioso y es un gamberro.

Jugando sin parar, fíjense en la cola gorda…

Hace cuatro años que llegó. Cuatro años justos que se me han pasado volando porque sigue siendo un eterno cachorro. Hemos vivido, en este tiempo, varias muertes importantes (cuando murió mi padre, se pasó la noche lamiéndome la cara) y una pandemia y un brote grave de colitis ulcerosa que hubiera sido mucho peor sin él y sin Brea y sin Coyote y sin Ororo.

Felicidades, amor mío. Qué suertuda soy.

Tres años de risas

No tengo ninguna intimidad en el baño

Cumples tres años en casa y yo no estaré, pero ya lo celebraremos con mimos y cepillados. Te llamas Huck, como uno de mis personajes favoritos, y eres como él: un tanto gamberro, un tanto libre, un tanto perezoso, muy activo a la vez, divertido y ocurrente. Eres lo más gracioso que vive en mi casa y adquieres costumbres nuevas con los años, como este invierno, que te metías entre el edredón y mi cuerpo para tumbarte encima de mí a darme mordisquitos en la barbilla y a ronronear durante un rato. En verano, tu sitio de dormir es encima de la estantería. Sin nadie. Después de venir a mi cama a saludar.

En lo alto

Las alturas son tu sitio favorito. La estantería grande de los libros, a la que ya no puedes trepar porque cambié la tele y ahora la tele es plana; en el último piso del rascador. No haces como Ororo, que se sube al marco de las puertas en un descuido y luego no sabe bajar o que se pone en el tambor de las cortinas (menos mal: con una gata suicida tengo más que suficiente) y sigues asustándote de cualquier ruido raro y escondiéndote mucho rato cuando llega una visita. Cada vez lo haces menos porque te estás volviendo sociable: tampoco entra mucha gente en casa porque casi todos mis amigos tienen alergia a los gatos. Yo me ahorro sustos por si a Coyote le da por morder, que lo ha hecho más de una vez. Cuando no estás en lo alto y es invierno, te escondes debajo de las jarapas.

Qué suerte tengo de que te encontraran, sucio como estabas, asustadísimo, cachorro aún, poco más de mes y medio te echó el veterinario. Sigues lamiendo cada trozo de piel que me ves, te encanta chuparme el párpado y las mejillas (absténganse los de las bacterias: ya sé que lo mismo que me chupa a mí, se chupa el culo) y sigues siendo lo más divertido que hay en esta casa. Dejas casi pacientemente que Coyote te quiera montar, porque Coyote está castrado, pero aún no lo sabe (cada día estoy más convencida de que le castraron mal) y tú eres su gran amor.

Coyote y Huck queriéndose

Feliz cumpleaños, cosita linda. Te quiero muchísimo.