Mechuque

Esto es Mechuque.

Mechuque es una isla. Una isla curiosa, en la que por ahora no hay luz más que desde las siete de la tarde hasta las doce de la noche, pero en la que anochece a las cuatro en invierno. Se usan linternas, candiles y velas. Los periódicos tardan una semana en llegar. La gente cultiva su propia verdura, alimenta a sus animales y se autoabastece. También, por supuesto, hacen su propio pan.

Este pan lleva el nombre del archipiélago: Chiloé. Pan chilote, se llama. Tiene la miga prieta, un sabor ácido, ese sabor ácido que solo tiene el buen pan hecho a mano en horno de leña. Y es así:

También se hacen otro tipo de panes. Pancitos, les llaman. Panes pequeñitos, sin harina integral, con harina blanca. Son maravillosos para el desayuno:

En noviembre hay aguacates: allí es primavera. A los aguacates se les llama palta. La ensalada de palta se hace con cilantro, tomate y aguacate, aceite de oliva y sal:

Después, con el café, uno puede tomar también galletas caseras:

Estas no son veganas: llevan mantequilla de vaca. La inmigración alemana hizo que se adaptaran algunas comidas, como el kuchen. Del kuchen, que es una tarta de manzana deliciosa, no hay fotos. Sí las hay de las patatas (en Mechuque se cultivan infinidad de clases de patatas) y las zanahorias, recién cogidas del huerto. Mirad qué preciosidad de cuenco:

Todo esto lo comimos en casa de la tía Berta, que es la tía de mi amiga Anita y que vive en Mechuque, en la casa más antigua de la isla: está hecha de madera de alerce y tiene más de 110 años. La tía Berta es un encanto maravilloso de mujer, dulce, buena y amable, que salta por los riscos con mucha más seguridad que yo y que ha montado un museíno con sus muebles y aperos antiguos, desde las calderas hasta unas piedras curiosas que recoge. Si alguna vez visitan Mechuque, no dejen de ir a verla. Y podrán también ver construcciones como estas:

La vida allí es dura, pero tiene uno de los paisajes más maravillosos de la Tierra.