Patatas con pesto a la genovesa

La primera vez que probé pesto lo hice (atención) de uno de esos sobres de pasta preparados que no he vuelto a comprar desde que estaba en la Facultad. A eso y a las sopas de sobre les tengo ahora un asco tremendo. Este pesto es de Alicia, a cuyo blog soy adicta (soy adicta a unos 1357 blogs, creo) y, como vive en Italia, supongo que habrá probado la receta cientos de veces. Yo la tuneé, porque tiene mucha grasa para mi dieta, pero, con lo poquito que se usa en cada plato, tampoco importa mucho. A ver: hay quien puede plantar pegotones de pesto encima de las patatas, pero a mí me gusta más así. A la manera tradicional se hace con un mortero, pero yo no tengo paciencia y tengo que amortizar los euros que me gasté en mi robot de cocina.

Ingredientes para 1 ración de las mías:

  • 150 gramos de patatas cocidas

Pesto (sale una cantidad que a mí me sirve para muchas veces)

  • 40 gramos de hojas de albahaca fresca
  • 40 gramos de aceite de oliva virgen extra
  • 30 gramos de piñones
  • 2 dientes de ajo
  • sal al gusto

Preparación:

Cocemos las patatas en agua hirviendo durante 30 o 35 minutos (puede que haga falta más o menos, depende del tamaño de la patata). Mientras tanto, vamos haciendo el pesto.

Tostamos los piñones en una sartén sin nada de grasa durante unos minutos, a fuego medio, cuidando de que no se quemen. ¿Cómo sabemos si están? Pues no lo sé, la verdad. Yo cuando vi que tenían colorcillo y que, si acercabas la nariz a la sartén, olía muy bien, los aparté del fuego.

En el vaso de batir ponemos las hojas de albahaca limpias, el aceite, los piñones, el ajo y sal al gusto. Lo batimos bien hasta que quede una crema.

Se puede congelar. La salsa, digo. Las patatas congelan fatal.

Variación: Le podéis poner, claro está, levadura nutricional o parmesano vegano.