Siete años de Ororo

Sigues trepando por mi espalda o saltando encima de ella y dejándomela llenita de arañazos. Como si fueras un cachorro. A las siete de la tarde, poco más o menos, te pones a saltar y a brincar, con las orejas hacia atrás y la cola gorda, zurrando a Huck y pobre de mí como se me ocurra pasar por el pasillo en esos momentos. Todas las mañanas te pones en mi hombro, a darme con la cabeza y a decir Prrrr prrr, que es lo que más dices (salvo cuando gritas porque quieres comer y ya no hay comida, porque eres pava y se la comen todos antes que tú: no puedo entenderlo, con el genio que tienes) porque quieres amor y caricias y apoyarte contra mi mano y chuparme la cara y lamerme el cuello, porque siete años de lactancia prolongada no han sido suficientes.

Ororo

Sigues siendo la gata más unida a mí y la más independiente. Puedes pasar horas en el cuarto del ordenador, mientras estamos todos en el salón, pero no perdonas un rato de juegos. Al final siempre pienso que animales y humanos se parecen, como dicen de los perros. Y en eso, tú eres muy parecida a mí.

En lo gordo soy como Breíta, pero no se puede tener todo.

Feliz cumpleaños, Ororito.

Feliz lustro

Todos queremos ser Huck, dice una amiga mía. Yo sí, desde luego. Huck duerme tranquilito, se entretiene con cualquier chorrada que ocurre (una mosca que pasa, una pelusa, un cepillo, un papelito que se ha caído al suelo) y, cuando quiere amor, se coloca justo debajo de mi cuello (sí, es su sitio favorito), de lado a lado y se queda ahí un ratito, siempre más o menos corto, hasta que se va. Luego demanda cariño saltando y brincando para que le acaricie.

Aquí, cuando yo pensaba que le iba a acoger. Qué ilusa

Llegó así y yo quería acogerle.

Nunca se me han dado bien las acogidas. Coyote era acogida. Por cierto, está en remisión desde hace algo más de un mes. No es una remisión fuerte, porque su glucosa no baja de 100 y a veces me da sustos bebiendo más de la cuenta, pero está en remisión, jugando con Huck y saltando a la lavadora a pesar de su artrosis. Ya he aprendido que a los gatos hay que alimentarlos con comida húmeda baja en hidratos de carbono, menos de un diez por ciento, así que ahora todos comen lo mismo y han dado un cambio brutal.

Huck sigue igual de trasto que cuando llegó: es un cachorro eterno que se tira a pulso a la cama y me provoca microinfartos y luego me planta el culo en la cara porque me considera de su familia.

Hoy es su cumpleaños y la fecha de su cumpleaños siempre se me olvida porque son dos días: el 9 y el 10 de agosto, cuando comencé a moverlo todo para que se quedara en mi baño… y en mi vida.

Te quiero con locura.

White wine in the sun

I really like Christmas: it’s sentimental, I know, but I really like it.

Adoro a Tim Minchin. Esta canción me la recordó Victòria, una de las cosas buenas de este año horroroso que se acaba, charla va y charla viene, regalazos incluidos, uno de ellos en forma de niña de cuatro años, que me cogía de la mano para bajar por las escaleras del Albaicín y ayudarme.

Me gusta mucho el concepto de la espera (cuando es gozosa, claro: lo otro es agonía): sentarse a tomar un vino blanco al sol mientras llega la gente que tiene que venir por Navidad. Mi Navidad está siendo caótica, con un gato que ayer, día 28, y no es una inocentada, cayó a 29 de glucosa. En el foro de gatos diabéticos lleno de americanos y australianos e ingleses en el que estoy, Amy cree que fue una medición errónea. Ahora yo también lo creo, pero le di miel y comida alta en carbohidratos antes de medir otra vez. Moraleja: silbadme si tenéis un gato diabético. He aprendido más sobre diabetes felina en 15 días de lo que sé de cualquier otra cosa, lo juro.

Total, que son las 3:25 del recién estrenado 29 de diciembre y yo estoy aquí, que le he cambiado la insulina por la tarde y estoy haciendo una curva de glucosa por si las moscas, a pesar de que las primeras 72 horas con Lantus no son fiables del todo. Tiene las orejas, el pobre, llenitas de picaduras. Y no se queja. De hecho, a las 6 de la mañana y a las seis de la tarde, se va a la cocina porque sabe que le toca testar.

No sé cuánto vivirá, porque le voy notando los achaques: la artrosis, el pelito ralo (eso también es de la diabetes).

Coyote

Podría hacer balance. Comencé el año con un brote de colitis ulcerosa leve, que se transformó en grave justo cuando nos confinaban y yo debería haber estado en un hospital. Ni fuerzas para aplaudir a los sanitarios a las 20 h. tenía yo. Ni para cocinar. Ni para nada. Anémica perdida, llegué al adalimumab en forma de inyecciones, pero sigo esperando que me vea el reumatólogo porque parezco una suerte de Frankenstein cada vez que me levanto de una silla. En este periplo, he compartido experiencias médicos de varios hospitales españoles y con una americana. Gracias, internet, que no solo permites eso, sino también que una mujer argentina en Alemania, una alemana que se llama Sonja (como mi personaje favorito de Conan), una señora neozelandesa, un par de yankis de edad provecta y algún inglés estén pendientes de Coyote, aconsejando sobre las dosis y sobre el manejo de episodios raros al instante.

He llorado lo indecible en ese foro, vive Dios. He acabado el año llorando gracias a la amabilidad ajena. Agradeciendo y odiando a partes iguales que Ororo no me deje ver una película sin ponerse delante de mi cara las tres cuartas partes del tiempo. Vigilando a Brea, a ver si adelgaza con la comida húmeda a libre disposición y a ver si encuentro una comida húmeda que les guste de verdad. En Navidad. Con los repartidores a tope porque todo en mi vida ocurre en el momento oportuno.

Qué raro, desesperante y qué mal acaba este 2020. Tampoco creo que el año que viene vaya a ser mejor, pero se vino Josemari a comer y celebré mi Navidad el día 26 y el 25 vi, por fin y por primera vez, Qué bello es vivir.

Cartel de Qué bello es vivir. Gracias, Frank Capra.

El resto del año lo he ido contando en otras entradas. Ha habido bodas, copas con los amigos, conciertos de la Orquesta de Extremadura (menos que otros años, por razones obvias), nuevas incorporaciones, despedidas y una pandemia mundial y un brote de colitis ulcerosa y ansiedades y dejar de fumar y sobrevivir como se pueda. Porque, al final, el logro más importante de este año ha sido la supervivencia. Y, además, medio cuerdos y todo.

Como para no creerlo.