Este inexistente 2020

Ya ni recuerdo cuando me pasaba las horas escribiendo sobre este tiempo líquido, en pleno brote de colitis ulcerosa, agotada del todo. Siempre me digo que pago un servidor y que debería escribir más y luego pienso: quién demonios va a querer ver recetas de cocina, con la de blogs tremendos de recetas que hay por la web.

Este 2020 pasará a la historia porque alguien me preguntó qué había hecho mal, se lo dije, se ofendió muchísimo (hay mucha violencia en hacerse la víctima en esos casos y yo, de violencias, este año, ya he ido servida: mi intestino la ha ejercido toda) y se fue. Yo me quedé muerta, porque obviamente esperaba un «no me he dado cuenta, lo siento mucho» y aquí paz y después gloria.

Imagen de G-Educainflamatoria

Moraleja: cuando alguien esté enfermo, muy enfermo; muy, muy enfermo, no escribáis todos los días para que os dé el parte médico, para decirle si tiene o no que llamar a su doctor, para decirle lo que tiene que comer y lo que tiene que hacer. Sobre todo si no sois digestivos ni nutricionistas especialistas en tripas y, sobre todo, si la persona ya tiene un tratamiento y una nutricionista especialista en tripas. Es victimizante. No transforméis a vuestros amigos en enfermos. Ya están enfermos. Dejadlos en paz. Id a su casa a hacer de comer y a limpiar. Si no podéis, mandáis comida. A mí me han mandado comida mis amigos. Correos funcionaba. Pero no deis el coñazo, suspirando y gimiendo. Hacéis más mal que bien. Yo tenía ataques de ansiedad cada vez que veía el WhatsApp. Otra vez toca hablar de cómo estoy y cómo dejo de estar. Que no sé si alguien piensa que hay cambios radicales cuando llevas un año con un brote. Spoiler: no.

Mi predictivo me conoce tan bien que, si quiero poner «hasta mañana», en cuanto ve «hasta», me sugiere «el coño».

Pero ha habido nuevos encuentros. No hay nada como conocer a gente nueva que vive en tu misma ciudad (y de la que tiras si tienes un pájaro en la campana de la cocina) para comer tarta cuando los gobernantes nos dejaron salir. Nunca estaré suficientemente agradecida.

Y, además, me lleva a sitios que no conocía, a pesar de llevar casi 15 años viviendo aquí

Este año ha habido más cambios. Dejé de fumar. Engordé. Se me hincharon todas las articulaciones: parezco Frankenstein cuando me levanto de la silla, toda agarrotada: es parte de la colitis ulcerosa. Retomé el deporte, intermitentemente. No puedo ir a ninguna parte a hacerlo, porque sigo con inmunosupresores (que, por cierto, deberían haber funcionado con mi inflamación, pero no lo han hecho, y el reumatólogo sin verme), pero lo hago en casa, con las pautas que me puso mi entrenador. Y ya no me peso, porque, como dice mi amigo Carlos, pesarse es muy de los noventa.

Este 2020 lo ha ocupado el cuerpo. La relación con el cuerpo. Las goteras del cuerpo.

Es Navidad desde primeros de mes

Cocinar, entre poco y nada. Unos meses porque no me podía ni mover, menos aún levantarme para cocinar y otros por pura pereza. Ahora solo pienso en el menú de Navidad y de Nochevieja, a ver qué me invento, porque voy invitada… y no sé si lanzarme a preparar licores y turrones. Porque yo no debería beber, pero alguna copa me tomaré, que tengo unas ganas locas de despedir este año de mierda.

En eso no soy nada original. Nos pasa a todos desde mediados de marzo.

Seis eran seis

La maja desnuda

Hace nada, me fui a Sevilla y Granada de vacaciones (tengo pendiente post de exquisiteces y algo más), a ver a los amigos, varios días, más de los que he estado fuera otras veces. En uno de los vídeos que me mandaron los chicos de Can de Luna, que se ocupan de mis gatos cuando yo no estoy, se ve a Ororo refregándose contra la reja de gallinero que tengo en la puerta, pidiendo amor.

Desde que llegué, no para de mamar. Su madre la repudió cuando era pequeña, así que ella mama. Hasta que me destroza el cuello.

Así todo el día

Tenemos nuestros ritos. Si está excitada y yo camino por el pasillo, me agacho porque sé que quiere trepar por mi cuello. Generalmente, se larga sola a la habitación y viene cuando quiere socializar. Salvo ahora, que no se despega de mí porque tendría mono de no haberme visto. O eso quiero pensar.

Este año 2020, que está siendo tan horroroso en tantos aspectos de mi vida, estar con ellos (a pesar de mi irritabilidad, que ha sido estratosférica; a pesar de mi brote, que me ha tenido en estado semicatatónico) me ha anclado más de lo que hubiera pensado nunca.

En la mesa, mirándome mientras trabajo

Ahora está aquí, detrás de mí, sentada en una manta porque ha comenzado el frío casi de golpe. Ya comienza a meterse debajo de las sábanas (para afilarse las uñas con ellas, todo sea dicho: si tenéis animales, lo material pasa a quinto plano, aunque yo siga mirando las fotos de decoración) y a acurrucarse debajo de la manta de mi sofá, sin dejarme mover las piernas.

Feliz cumpleaños, preciosa mía. Te quiero con locura y te mereces doble ración de chucherías hoy.

Ayer mismo, con Breíta

Por qué comes como comes

Portada del libro encima de mi manta y mi cojín

He salido del confinamiento con 800 kilos más, una artritis autodiagnosticada (pero que me tienen que diagnosticar oficialmente) y sin haberme cuidado un carajo. Hasta el gazpacho lo he comido de bote. García Millán, exquisito y para un apaño, pero no para todos los días.

Ahora, con mucha calma y tranquilidad, estoy retomando los buenos hábitos. He comenzado, despacito, a hacer deporte; he comprado ropa para el invierno, porque la que tengo no me cabe y habrá que vestirse igual y cocino rudimentariamente (esto quiere decir que cuezo patatas y zanahorias al vapor para ensaladas).

En medio, como proyecto, me he ido leyendo este libro: «Por qué comes como comes«. Es de Victoria Lozada y Carlos Moratilla, nutricionista y psicólogo especializado en trastornos del comportamiento alimentario (TCA) y adicciones.

Comer es, también, un aprendizaje. No todo es comer emocional y de ese tema, que me interesa cada vez más, hablan también en este libro. Creo que se habla mucho de que uno come «porque hay temas no resueltos» y no de ese comportamiento que te hace comer compulsivamente sin razón alguna, como se drogan los yonquis, solo porque te gustan determinados sabores.

Agradezco, además, que no haya frases del tipo «conecta con tu cuerpo», que a mí me ponen enferma. Hay mensajes de las personas que se dedican a trabajar con trastornos alimentarios que a mí me parecen muy paternalistas, muy infantilizadores, cuando la realidad es, más bien, esta: «Mi TCA ocupa el 70 por ciento de mis pensamientos diarios».

Por esas razones adoro este libro.

Nos muestra que comer es un acto que desarrollamos en un determinado contexto, uno distinto cada vez; que sí hay un comer emocional que se aprende; cómo se generan y mantienen los hábitos y por qué no podemos parar de comer (o de pensar en comida o de reprimirnos para no comer, que a mí me parece que tengo con la comida la misma relación que tenía con el tabaco… cuando estaba dejando de fumar, con la diferencia de que no puedo dejar de comer). Habla de por qué fracasan las dietas y del perfeccionismo, la rigidez, el autocontrol y la conducta alimentaria.

Es un libro para leer despacito e ir apuntando conceptos y reflexiones: ¿Por qué yo como así? ¿Qué puede haber influido en mi infancia para que me gusten unos sabores y no otros? ¿Es mi rigidez la manera más rápida de tener atracones? A quién no le suena eso de: pues ya que me he saltado la pauta a la hora de comer, porque me coma estas patatas ahora no pasa nada, porque total, ya la he cagado antes. Si analizo mis contextos y mi modo de reaccionar, ¿podría aprender a detectar cuál es el momento en que voy a empezar a comer de más y a poner remedio? ¿Sería capaz de modificar mi comportamiento?

Si veis que no podéis solos, buscad un psicólogo especializado en TCA.

Enlaces:

Por qué comes como comes. Este es en un enlace a una librería, para pedir que compréis el libro en librerías, que Amazon ya es muy rico. Si lo queréis ver en la página de la editorial, pinchad aquí. Jana Fernández realizó un podcast con ellos dos, que podéis escuchar aquí.

Páginas y redes de Victoria Lozada: Web, Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, Pinterest, YouTube.

Páginas y redes de Carlos Moratilla: Movêre Psicología, Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIin.

Programa de Las Perras de Pavlov con Carlos Moratilla hablando sobre drogas.

Entradas sobre nutrición.

García Millán.