Ketchup casero

Sí, señores. Esto es ketchup. Se hace en cinco minutos de reloj. Lleva azúcar. Es ketchup, al fin y al cabo. Lleva los mismos ingredientes, más o menos, que el ketchup que podamos comprar por ahí (el de Heinz, además de esto, lleva extractos de hierbas y especias) y sabe a ketchup. Y yo he decidido comprar la menor cantidad posible de productos industriales (creo que voy en camino de hacer mi propia pasta y todo, un año de estos), así que aquí va esta receta súper mega fácil que está extraída tal cual de The Homemade Vegan Pantry, que es un libro que considero imprescindible, como todos los de la señora Miyoko Schinner.

Ingredientes para 600 gramos de ketchup:

  • 2 latas de 170 gramos cada una de tomate concentrado
  • 2/3 de taza (145 mililitros) de agua
  • 1/3 de taza (75 gramos) de vinagre de manzana
  • 1/4 de taza (45 gramos) de azúcar
  • 2 cucharaditas de sal

Preparación:

Esto no tiene ciencia ninguna. Se mezcla todo en un bol, se remueve bien con una cuchara para que se disuelva el azúcar y se guarda en un tarro bien tapado en el frigorífico. Dura dos meses. Tenéis tiempo más que suficiente de comerlo. Pero si no os lo vais a comer, también se puede congelar. Luego se descongela en el frigorífico, se vuelve a remover y listo. Ya tenemos ketchup. Casero, fácil y rápido.

Variaciones:

Con sirope de arce.- Sustituye el vinagre de manzana por vinagre balsámico y el azúcar por sirope de arce, todo en la misma cantidad.

Ketchup español.- Sustituye el vinagre de manzana por vinagre de vino tinto o vino blanco. Añade 1 cucharadita de ajo en polvo y 1 cucharadita de cebolla en polvo. Luego, pica bien algunas aceitunas y añádelas a la mezcla.

Ketchup mexicano.- Agrega un pimiento chipotle finamente picado, 1/2 cucharadita de ajo en polvo y 1 cucharadita de comino molido.

Tu propio ketchup:

Hay infinitas posibilidades. La base es siempre la misma:

  • Usa tomate concentrado
  • Usa algún tipo de vinagre: prueba con vinagre balsámico, con vinagre de vino tinto o blanco, con vinagre aromatizado con frutas, con vinagre de jerez o vinagre de arroz…
  • Usa un endulzante: azúcar, sirope de agave, sirope de arce, dátiles Medjoul hidratados en agua y batidos, azúcar de coco…
  • Usa sal de cualquier tipo: eso sí, ha de ser fina, porque, de otro modo, no se disolverá. Pero las hay ahumadas o con sabores.
  • Añade un toque de humo líquido también.
  • Usa especias. Por ejemplo, algo de mostaza en polvo, un pelín de cayena…
  • Agrega unas gotas de extracto de vainilla.
  • Echa ingredientes que te gusten, como alguna hierba (orégano, por ejemplo), siempre con moderación, solo un toquecito. También puedes usar aceitunas, un poco de ajo picado… Tú decides si lo bates todo con una batidora o lo dejas con tropezones.

Puré de brócoli

Esta receta, tal cual, es del libro Keep it Vegan. Es brócoli puro. ¿Problema? Que yo veo algo verde y creo que es puré de calabacín, así que me extraña que sepa a brócoli. ¿Solución? Tunearlo como queráis. Levadura de cerveza, un poquito de picante, un chorrito de zumo de limón… Así lo he hecho yo, de varias maneras, y cada vez he tenido un entrante de sopa distinto. También le podéis poner frutos secos tostados y picados o unos picatostes.

He de confesar algo: en Estados Unidos todo el mundo debe de adorar el puré de brócoli, porque no hay libro vegano que no lo contemple. Yo lo hice una vez, lo comí y decidí que, a mí, el brócoli, como más me gusta, es solito y sin machacarlo. Esto va en gustos.

Ingredientes para 4 raciones

  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1 cebolla pequeña finamente picada
  • 1 tallo de apio sin los hilos finamente picado
  • Unos 500 gramos de brócoli, con las flores y los tallos picados
  • 1 cucharadita escasa de vinagre de manzana
  • 1 cucharadita de caldo vegetal en polvo
  • 65 gramos de leche de soja
  • Agua hirviendo (pon un cazo grande)

Preparación:

No te olvides de poner agua a hervir. Calienta el aceite en una cacerola grandecita. Agrega la cebolla y el apio, además de los tallos de brócoli y sazona con sal y pimienta. Agrega el vinagre y deja que las verduras se hagan unos 5 o 7 minutos, removiendo de vez en cuando.

Añade las flores de brócoli y la suficiente agua hirviendo como para que lo tape, pero no demasiada más (ten en cuenta que luego tendrás que batirlo todo). Hierve unos 5 minutos. Echa el caldo en polvo y remueve. Ve comprobando si el brócoli está tierno, porque un brócoli sobrecocinado está asqueroso. Pero vamos, te llevará unos 5 minutos. Usa una batidora de inmersión (que se pueda meter en la cazuela) o espera a que se enfríe para batirlo. Queda granuloso, así que yo usé la Mycook, porque a mí los purés con tropezones es que me dan un asco tremendo.

Vuelve a poner el puré en la cazuela, añade la leche de soja, calienta un poco y sirve.

Bizcocho vegano de chocolate

Chocolate Love Cake es el nombre original de este bizcocho. Es negro negro, no es dulce, tiene el puntito amargo del chocolate y es jugoso hasta decir basta. Fue el primero que voló de los tres que hice el 25 de junio para llevarlos al día siguiente al trabajo. Cumplía 37.

Sticky Fingers’ Sweets es un libro de la Sticky Fingers’ Bakery, una pastelería vegana que comanda Doron Petersan. Yo, que soy adicta a los libros americanos de cocina (bien editados, bien planteados, con recetas sólidas que no fallan) me lo compré enseguida. No sé para qué, porque estoy a dieta y me quedan 15 kilos por perder, que después de la cantidad de bizcocho que comí más bien serán unos 17.  Sí: hice bizcochos. Hasta la una de la mañana horneando bizcochos. En Extremadura. Con este calor. Con lo bien que me podría haber ido yo a una pastelería. Hice tres bizcochos, pero dos no eran veganos y no los voy a colgar aquí… Más que nada porque pretendo repetirlos pero en su versión vegana. El problema es que, salvo en algún macrocentro comercial, no puedo encontrar margarina sin grasas hidrogenadas. Así que opté por hacer esta versión que incluía, como grasa, el aceite. Alguna persona ducha sabrá cómo sustituir la margarina por aceite vegetal, pero yo no tengo tanta mano con la cocina.

Ingredientes para 2 bizcochos de 20 cm de ancho o 18 cupcakes o un molde de bundt (el que tengáis)

  • 260 gramos de harina de repostería tamizada
  • 285 gramos de azúcar
  • 85 gramos cacao en polvo americano tamizado
  • 2 cucharaditas de bicarbonato sódico
  • ½ cucharadita de sal
  • 1 y ¼ (290 gramos) tazas de agua
  • 1/3 taza (64 gramos) de aceite de girasol
  • ½ taza (114 gramos) de café frío
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 cucharada de vinagre (recomendado: vinagre de manzana)

Aclaración: Para saber más sobre el cacao tipo americano y por qué el cacao europeo no sirve, pinchad aquí.

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC.

Engrasa dos moldes de 20 cm con papel vegetal o enmantequíllalos y enharínalos.

Mezcla la harina tamizada, el azúcar, el cacao, el bicarbonato y la sal en un bol.

En otro bol pequeño, mezcla el agua, el aceite, el café y el extracto de vainilla.

Añade los ingredientes húmedos a los secos y mezcla hasta que estén integrados, pero sin batir demasiado la mezcla.

Incorpora el vinagre hasta que empieces a ver cómo la masa cambia de color. El vinagre crea una reacción química, así que tienes que mezclarlo un poco en la masa, haciendo remolinos. La masa necesitará calor, así que tienes unos pocos segundos, una vez que has mezclado el vinagre, hasta que la reacción química comience. No lo mezcles demasiado: para cuando veas que algo de la masa cambia de color por la acción del vinagre: no pretendas que toda la masa cambie de color y no sobrebatas, porque entonces te cargarás la masa. Lo que hice fue echar el vinagre, dar unas vueltas (es cierto: cambia de color) y echar la masa en el molde. Yo no hago las cosas muy rápidamente en la cocina, pero el bizcocho subió. Eso sí: lo hice lo más rápido que pude, no dejé la masa reposando: mezclé, llené el molde, abrí el horno y adentro.

Distribuye la masa en los dos moldes y hornea de 20 a 25 minutos, hasta que el bizcocho vuelva a su posición inicial si lo aprietas por el centro con el dedo. Pon el molde en una rejilla hasta que se enfríe completamente y luego desmóldalo con la ayuda de un cuchillo, pasando un cuchillo por los bordes.

Si vas a hacer cupcakes, rellena 18 moldes a ¾ partes de su capacidad y hornéalos de 16 a 19 minutos, hasta que un palillo insertado en el centro salga limpio. Ponlos en una rejilla y, cuando estén fríos, sácalos del molde.

Si vas a hacer un bundt cake, como es más grande, hay que aumentar los tiempos. Yo lo tuve unos 50 minutos, pero a partir de los 45, como cada horno es un mundo, ve comprobando si está. En un bizcocho vegano, la comprobación es la misma que en cualquier otro bizcocho. Se inserta un palillo o la punta de un cuchillo fino y, si sale limpio, es que está listo. Se saca del horno, se deja reposar diez minutos dentro del molde y luego se desmolda. Para desmoldar bien un bizcocho en un molde de bundt, se pone un plato (no olvidéis los guantes) encima del molde (por la parte por la que se ve el bizcocho, claro), se le da la vuelta y luego se deposita con mucho cuidado -los bizcochos calientes están blanditos y se pueden romper, pero yo soy una inútil en la cocina y nunca se me ha roto ninguno, así que no tengáis miedo- encima de una rejilla. Hay que observar que no haya corrientes de aire en la habitación para que el bizcocho no se seque.

Cuestiones:

Yo no hice ni cupcakes ni dos bizcochos. Así lo dice en la receta original, en la que luego usa un frosting para rellenarlo. Yo, como veis en las fotos, preparé un molde de bundt cake y lo horneé ahí. Para preparar el molde de bundt cake hay que enmantequillarlo (con margarina) y enharinarlo. Lo mejor es usar margarina derretida y harina juntas: una cucharada de margarina y una de harina, se mezclan en un bol y se usa un pincel de pincelar para preparar bien el molde y que no se pegue nada.

No se puede usar otra clase de grasa para hacerlo. Lo comprobé, porque intenté con aceite y adiós bizcocho. De los errores se aprende.

Y hubo otro error: ¿Qué ocurre si lo hacemos con harina, como yo hice? Pues que el bizcocho, en algunas partes, queda blanco. Así que el truco (como siempre, esto lo leí luego) es hacer lo mismo, pero en vez de con harina, con margarina y cacao. Así el bizcocho queda todo del mismo color. Si os fijáis en las fotos, lo blanco se aprecia y no queda bonito. Por eso le eché cantidades ingentes de azúcar glas por encima. Para que no se notara. El azúcar glas, si lo usamos para decorar, hay que espolvorearlo con un colador: si no, queda horroroso de feo. Y no nos vamos a pasar una hora y pico haciendo un bizcocho para luego ponerle pegotones feos de azúcar encima.