Cocina canalla – Thug Kitchen

Cocina canalla. En español.
Cocina canalla. En español.

Hace algún tiempo, compré el primer libro de Thug Kitchen y lo reseñé. Expliqué que nació de un blog que es muy irreverente. Y su estilo me gustó tanto, porque dicen muchos tacos y hablan así , en plan suburbial, aunque realmente son dos blancos de clase media: como la inmensa mayoría de los blogs veganos que conozco, por otra parte, salvo dos chefs a los que adoro, que son Tracye McQuirter y Bryant Terry. Total: críticas aparte, que me dan lo mismo, compré el segundo libro de estos chicos, Party Grub, y tengo en mente tener el tercero, 101 fast as fuck, aunque yo rápida en la cocina no es que sea, por mucho que cocine ahora más que antes.

Un amigo me dijo que él lo traduciría como «cocina gamberra». Resulta que, como las editoriales españolas se están poniendo las pilas con los libros veganos de cocina, Malpaso ha sacado Cocina canalla.

Thug Kitchen. En inglés.
Thug Kitchen. En inglés.

Malpaso lo cuida todo mucho. El tahini es tahini y no crema de sésamo blanco, por ejemplo. Usan «judías de careta», «frijoles» o «judías pintas» para que sepas a qué clase de legumbres se están refiriendo. Eso es mérito de Julia Osuna Aguilar, que es una profesional como la copa de un pino (qué poco se valora a los traductores: yo siempre hablo de ellos en el programa de cultura, porque, si hemos aprendido a amar a algún autor, como me pasó a mí con W.H. Auden, por ejemplo, ha sido gracias a su traductor, que en este caso era Jordi Doce). Osuna Aguilar ha traducido del inglés un libro complicado: por su lenguaje y porque es de cocina. Y la cocina tiene su propio idioma.

A mí Malpaso me cuida muy bien. Me escribió José Montfort, que es de prensa, al correo del blog y yo me ocupé de aclararle quién soy. Así que volvió a escribirme para preguntarme si no me apetecía ver cómo había quedado la edición española. Le dije que haría una reseña: no me lo pidió. Malpaso no pide reseñas: a mí me ha enviado libros porque sabía que me gustarían (libros que he tenido que guardar, por cierto, como el Razones para la anarquía, de Noam Chomsky, porque lo quería media redacción).

De vuelta, le recomendé el But I could never go vegan, que también me encantaría verlo en español (bueno, me encantaría ver el 90 por ciento de los libros de cocina vegana que tengo publicados en español y no sé cómo no se publican más: ¿se venden? ¿no se venden? ¿la gente es tan loca comprando libros de cocina como yo?).

Muchas veces me piden recomendaciones de libros en español y hay pocos que me convenzan verdaderamente. Si uno es un poco pacato, el de Cocina canalla mejor que ni lo abra, porque hay tacos por doquier. No voy a decir que es juvenil, porque conozco a gente de 60 a la que le encantaría este libro. Pero desde luego, no es para un señor serio y que se escandalice con cualquier cosa.

¿Qué hay de las recetas?

Pues es cocina internacional: todo lo internacional que se come en Estados Unidos. Por ejemplo: en el apartado de desayunos, hay chilaquiles. Aquí se desayunan tostadas y café con leche (bueno, y azúcar con color marrón y galletas con más azúcar). Hay pad thai, fideos soba y un sinfín de cosas más que no se parecen al potaje de nuestra madre… pero el potaje de nuestra madre, que nos lo haga nuestra madre. Nosotros estamos para recorrer mundo a través de la cocina y para que nuestros compañeros de trabajo, al principio, nos digan: «Es que tú comes unas cosas tan raras…» y dentro de un mes, comiencen a meter la cuchara y el tenedor en tu plato porque todo está riquísimo.

Y es barato.

Yo no sé cómo decir (lo cuentan en el libro también) que la base de la alimentación deberían ser las verduras y las frutas. Y que la cocina vegana no es cara, porque un kilo de garbanzos de los güenos güenos te cuesta tres euros (los malos venidos de dios sabe dónde cuestan uno) y el kilo de filetes de ternera yo lo dejé a 16. Con la diferencia de que hay peña que se come el kilo de ternera en dos sentadas. Y como te comas un kilo de garbanzos en dos tandas, vas a propulsión y mueres.

Ganan los garbanzos, porque los garbanzos siempre ganan. Y en Cocina canalla te enseñan a hacerlos crujientes y a meterlos en una tortilla de trigo mexicana y a aderezar con ellos las ensaladas y a hacer batidos, caldo de verduras de los restos que antes tirabas (yo lo hago y cogí la idea de allí) y hasta alubias estofadas con manzana y así te comes la fruta ya directamente.

Y, aunque yo diga que echo de menos los sabores españoles de vez en cuando, para los que cocinan muy español y son veganos (que los hay), este libro viene de perlas para abrir el paladar. Que al paladar hay que educarlo también. Y ser atrevido, como los chicos de Malpaso editando este Cocina Canalla.

Thug Kitchen – Cocina… gamberra

Este ha sido el último libro que me he comprado. Tiene un sinfín de críticas en internet, buenas y malas. Las malas se refieren a su redacción, porque el inglés es lo suficientemente rico, he leído por ahí, para no tener que utilizar palabras como «motherfucker», «fuck» o «shit» a cada rato. Pero a mí me encanta. Me encanta cómo está escrito, me encantan las recetas (que tengo que hacer, pero están todas igual de bien explicadas que en los libros americanos: es decir, con todas sus medidas exactas y sus pasos exactos) y con fotografías espectaculares. El libro nació de un blog. Un blog irreverente. Y divertido. En el que dicen cosas como: «You bet your sweet ass everything we do is vegan. Every recipe on our site is completely plant-based», que es algo así como… «puedes apostarte el culo a que todo lo que hacemos es vegano. Cada receta de este sitio es… plant-based». A ver cómo traduzco yo plant-based. Porque no es basada en plantas, no. Pero vamos, vegana. Sin ingredientes de origen animal. El libro, como todos, tiene varios capítulos. Aderezados con explicaciones sobre cómo cocinar el tofu o explicando, por ejemplo, que la levadura de cerveza y la levadura nutricional que aparece en las recetas americanas (nutritional yeast) no son lo mismo. Y que si alguien te dice lo contrario, es que no tiene ni puta idea. Ya tenía yo ganas de decir algo así en el blog: ni puta idea.

Desayunos, ensaladas y comidas pequeñitas, salsas, aperitivos, dulces. De todo, como siempre, y todo rico. Con consejos sobre la primera comida del día, cómo cortar un mango o cómo hacer un caldo con los desperdicios de las verduras que solemos tirar, como los extremos de las verduras cuando las cortamos. Es condenadamente divertido, está maravillosamente bien maquetado, es fácil de leer y da muchos consejos sobre salud: Sí, puedes tomar dulces y postres, pero no comas esa mierda todos los días. Así.

Creo que voy a disfrutar mucho con este libro y ya he visto la receta con la que lo voy a estrenar, de tinte japonés (los americanos beben de tantas cocinas que todo es una explosión de sabores: desde la mediterránea -sí, han leído bien- hasta la asiática). Soba noodles. Slurp.