Albóndigas de berenjenas

Albóndigas de berenjenas
Albóndigas de berenjenas

La primera vez que comí albóndigas de berenjenas me las hizo mi amiga Cristina, del Voodoo de Badajoz, que ya tiene una carta vegana, incluidos postres, más que considerable (un brownie sin gluten, hecho con harina de almendras marconas, que es una delicia, por cierto). Fue para celebrar el comienzo de mi 2018: mi cena de Nochevieja fue maravillosa, desde luego.

Total, que busqué la receta, porque Cristina siempre las cambia y me vaciló muchísimo diciéndome que eran secreto de la cocinera. Ella les pone pan de centeno. Así que yo, que las he hecho dos veces, le puse pan de centeno también la segunda vez y están mucho más ricas.

Albóndigas de Cristina

Ingredientes para unas 24 albóndigas:

  • 600 gramos de berenjenas, lavadas, con piel, en rodajas gorditas y luego en cuadrados.
  • 4 dientes de ajo, pelados, partidos por la mitad y sin el germen
  • 2 cucharadas (30 gramos) de aceite de oliva
  • 60 ml (1/4 taza) de agua
  • 180 gramos de pan de centeno duro
  • 3 o 4 ramitas de perejil
  • 4 hojas de albahaca
  • 1 cucharada de semillas de lino molidas mezclada con 2 cucharadas de agua
  • 1 cucharadita de sal fina
  • Unos toques de pimienta molida

Para la salsa de tomate:

  • 800 gramos de tomates de pera (puede ser en conserva, de los que vienen en cubitos si no es temporada) picados a cuartos
  • 50 gramos de aceite de oliva
  • 2 dátiles sin el hueso
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1 cucharada de albahaca fresca picada
Albóndigas de berenjenas
Albóndigas de berenjenas

Preparación en MyCook:

  • Para las albóndigas:

Calienta el aceite en el vaso durante 1 minuto a 120º C y velocidad 1.

Pon 2 dientes de ajo y las berenjenas y programa 6 minutos a 120º C y velocidad 1. Incorpora el agua y programa otros 6 minutos, pero a 100º C y velocidad 2.

Vierte el contenido de la jarra en un bol y deja templar unos 20 minutos. No laves el vaso.

Mientras, precalienta el horno a 180º C y prepara una bandeja con papel de hornear.

Pon en el vaso de la MyCook el pan de centeno, los otros 2 dientes de ajo, el perejil y la albahaca. Tritura 15 segundos a velocidad 10. Revuelve con ayuda de la espátula para ver si el ajo está muy picado. Si no, ponlo de 2 a 5 segundos más a velocidad 10. Baja los ingredientes con la espátula y coloca la mariposa en las cuchillas.

Añade el huevo de lino, las berenjenas, la sal y la pimienta. Mezcla 20 segundos a velocidad 3. Vuelve a poner el contenido de la jarra en un bol, remueve un poco con una cuchara de madera y forma las albóndigas. Salen unas 24.

Coloca en la fuente del horno y hornea 20 minutos.

  • Para la salsa:

Mientras se hornean las albóndigas, haz la salsa de tomate. Calienta el aceite en el vaso durante 1 minuto a 120º C y velocidad 1. Añade el tomate, los dátiles y la sal y sofríe 30 minutos a 120º C y velocidad 1. Vierte sobre las albóndigas, decora con la albahaca picada y sirve.

Galletas de jengibre y nueces

Y un domingo de calor, el día 4 para ser exactos, 4 de septiembre, a mí se me ocurrió encender el horno.

Esto es calor:

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Julio suele ser un mes malo en Extremadura. Malo de que yo recuerdo noches en que, de la desesperación, me acostaba en el suelo. Me levantaba con la espalda hecha cisco, pero era adolescente y no importaba porque se quitaba a los dos minutos. Ahora eso no puedo hacerlo por razones obvias así que tengo un ventilador. Y aire acondicionado. Pero, como también tengo una paranoia horrible con el ahorro de energía, el aire acondicionado solo lo usan mis gatos los martes. Cuando viene Paqui, que es la mujer que limpia mi casa porque yo me prometí a mí misma no volver a limpiar nunca más, y tengo que encerrar a los gatos en un cuarto. Me da miedo que les dé un jamacuco, así que le digo que ponga el aire. Por eso y para que Paqui no friegue con todo el calorato.

El resto del tiempo, uso el ventilador. Siempre.

Llevamos dos meses y pico de julio. Porque en agosto, a pesar de su mala fama, se podía vivir. Y lo mismo hasta usabas una rebequita, a finales. Pero no. Ahora ni en septiembre. Andamos todos empapados. Te duchas y el pelo no se seca nunca porque sudas otra vez. Ha habido tres días en que se nos ha dado un respiro. Tres días. Yo miro las sábanas y lloro: quiero arroparme con la sábana. Súmale un gato de siete kilos muy guapo y muy hermoso pero muy cariñoso y con mucho pelo que se sube encima de tu cuerpo para darte mucho amor. «Pues quítalo». Pues no, no lo quito, pobrecito. «Es que le tienes muy consentido». Pues sí. Cuando tú tengas gatos, me cuentas.

***

Yo, en mis vacaciones, quería cocinar. Cocinar mucho. Cocinar yuba, que es la piel de la leche de soja (como cuando se forma nata en la leche, pues eso mismo, pero en la leche de soja) y que sirve para hacer muchas cosas, entre ellas, pescado vegano. Que no va saber a pescado, pero lo quiero hacer. Hacer más clases de seitán. Hacer «pechuga de nopollo», de la Myoko. Muchas cosas.

Pues he comido ensaladas, otra vez. Con aguacate. Qué rico, el aguacate.

Y encendí el horno.

Porque una amiga muy amiga está embarazada y tiene unas náuseas de impresión. Así que el médico le dijo que comiera galletas de jengibre en trocitos pequeños por las mañanas. ¿Por qué? Ni idea. Pero me lo comentó, me dijo que las había estado buscando por todos los supermercados de Mérida infructuosamente y yo le dije: «Yo te las hago». «Sin canela». «Sin canela».

A Sandra no le gustan el chocolate ni la canela.

Yo la quiero igual. No la comprendo, pero la quiero mucho.

Me puse a hacer galletas, pues. A 42 grados. Con un par. Porque me sirven para poner algo dulce en el blog, porque en España somos unos gochos y los blogs que triunfan no llevan lechuga, sino cantidades asquerosas de mantequilla, azúcar y harina y huevos y oye, me como una también. Que desde que estoy tan sana que doy asco y me he quitado el azúcar del café (por cierto, lo bien que enmascara el azúcar, oye, y qué café de mierda bebemos en la mayoría de los bares), es que no como dulces salvo en los cumpleaños. Y yo comería dulces a todas horas, por muy insanos que sean.

Así que hice galletas. Le hice estas galletas (y aproveché para actualizar el post con el peso en gramos) y estas otras que voy a poner aquí debajo y que quedan así:

Es decir, quedan cada una de su padre y de su madre, que es como quedan las galletas caseras. Inmensamente ricas, pero irregulares. Y eso que aquí he puesto las más monas.

Se vino un amigo mío que además de ser comunicador audiovisual es cocinero. Pero en la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura no enseñan nada vegano. Los cortes de la carne y el pescado, todos. Las legumbres, poco. Las verduras, de guarnición. Viva la dieta mediterránea, esa que pensamos que seguimos todos y que es sanísima. Del tema que nos ocupa, solo ha hecho una clase de galletas: de mantequilla. Que a ver qué ciencia tienen las galletas de mantequilla, si son las primeras que yo hice y repetí y repetí y repetí porque son hipermegafáciles y con unos moldes salen igualitas. Ya sabéis: la mantequilla y el huevo son imprescindibles y no se pueden replicar…

¡Anda, unas galletas sin huevo!

Por cierto, están tomadas, pero tuneadas, porque ya me atrevo con estas cosas, del Vegan cookies invade your cookie jar.

Ingredientes para unas 24 galletas:

  • 260 gramos (2 tazas) de harina de trigo normal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 130 gramos (2/3 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 150 gramos (2/3 taza) de azúcar blanquilla
  • 100 gramos (3/4 taza) de azúcar moreno
  • 75 mililitros (1/3 taza) de leche vegetal (yo usé de avena)
  • 1 cucharada de semillas de lino molidas
  • 150 gramos de nueces picadas
  • 1 y 1/2 cucharaditas de jengibre molido
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC. Esto lo pone siempre al inicio de todas las recetas de repostería pero, o la gente trabaja muy rápido, o yo soy muy lenta, así que yo precaliento cuando las galletas están a punto de hacerse (es decir, cuando voy a hacer la masa). Prepara dos bandejas con papel de hornear.

En un bol, tamiza, juntos, la harina, el bicarbonato, el jengibre en polvo, la sal y la nuez moscada.

En otro bol o en el vaso de la batidora, bate con varillas el azúcar, el aceite, el azúcar moreno, la leche vegetal y el extracto de vainilla. Cuando esté bien batido, échalo en el bol de la harina y mezcla con una cuchara de madera hasta que no veas harina en la mezcla. Cuando esté casi mezclado del todo, agrega las nueces picadas.

Ahora, forma montoncitos con una cuchara (yo tengo una cuchara expulsora de helado, que viene genial para estas cosas). Separa los montoncitos unos 5 cm. porque se expandirán. Hornea 14 minutos (esto depende de cómo te gusten las galletas: yo unas las dejé 14 y otra tanda 16, porque depende de si te gustan blandas -es decir, gomosas, no blandas como un bizcocho- o duras. A mí me gustan duras, pero a Sandra le gustan blandas y al fin y al cabo, salvo un par que nos comimos para probarlas, se las va a comer ellas.

Se meten en una lata de galletas bien hermética. Y se pueden congelar. Sí. Se congelan envueltitas en papel film, una por una. Para descongelar, se dejan fuera del congelador sin el papel film pero envueltas en papel de cocina para que absorba la humedad. Y quedan de muerte. Sí, he comido galletas congeladas (una vez descongeladas, tampoco soy tan ansia).

Las galletas, recordad, son repostería. Por muy caseras que sean.

Magdalenas de tomates secos

Esto es un tuneo de una receta de Kathy Hester, que es otra de mis varias cocineras veganas favoritas. Están riquísimas frías o templadas, así que pueden ser una buena opción para llevarte una en el bolso, bien envuelta, si vas a uno de esos sitios perdidos en los que solo puedes pedir una ensalada para comer y el camarero no entiende que la quieras sin atún. Repito pocas recetas de este blog, porque hay tantas por hacer que me he tirado cuatro años con la alimentación más variada que he tenido en mi vida. Pero esta cae de nuevo veinte veces más fijo.

Ingredientes para 12 magdalenas:

Ingredientes secos:

  • 2 tazas (250 gramos) de harina de trigo integral
  • 1 cucharadita de polvo de hornear (es decir, lo que en España llamamos «levadura Royal»)
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/4 cucharadita de sal

Ingredientes húmedos:

  • 1 y 1/2 tazas (270 gramos) de alubias blancas cocidas, enjuagadas y escurridas si son de bote. Yo nunca uso de bote.
  • 1 taza (235 ml) de leche vegetal. Yo usé de avena, que es la que siempre tengo en casa.
  • 2 cucharadas de semillas de lino molidas (pesadas molidas, 15 gramos) mezcladas con 1/4 de taza (60 ml) de agua caliente. Deja reposar esta mezcla 10 minutos.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 taza de tomates secos en aceite (esto no lo pesé en gramos: lo hice a ojo)
  • 1/2 cucharadita de orégano seco
  • 1/4 cucharadita de romero seco
  • 1/4 cucharadita de copos de chile
  • 1/2 cucharadita de pimienta negra
  • 1 taza (25 gramos) de hojas de albahaca fresca picada

Preparación:

Precalienta el horno a 180º C.

Engrasa un molde de muffins de 12 cavidades. También puedes usar papel de magdalenas. O moldes de silicona. Lo que tengas.

Mezcla los ingredientes secos en un bol.

Bate bien los ingredientes húmedos. Yo lo hice en el robot de cocina.

Ahora, echa los ingredientes húmedos en el bol de los ingredientes secos. Agrega el tomate bien picado y la albahaca bien picada y remueve. Tienes que mezclarlo todo con una cuchara de madera hasta que no veas harina, con movimientos envolventes. Se tarda nada y menos.

Rellena con esta mezcla, que queda compactita, los moldes de las magdalenas. Yo usé una cuchara de helado de las que tienen expulsor, pero puedes usar dos cucharas para ayudarte, también. Hornea de 20 a 30 minutos, hasta que una brocheta en el centro salga limpia. Yo lo tuve algo más de treinta minutos porque cada horno es un mundo. No os olvidéis del temporizador. Muy importante para que no se quemen las cosas. Nunca confiéis en vuestra cabeza.

Pero vamos, que lo digo por decir, porque a mí nunca se me ha quemado la comida