Ropa sostenible. Preguntas y consejos para comprar moda II

Una vez que nos hemos hecho todas las preguntas del mundo habidas y por haber, es hora de hacernos otra… ¿A qué tipo de comercio quiero favorecer?

Esta es una pregunta trampa, la verdad. ¿Quedan boutiques en vuestras ciudades? En la mía, muy pocas. Hay tiendas de ropa, claro que sí, pero están dedicadas a marcas. Consumir productos locales, productos ecológicos o de comercio justo, productos reutilizados y reciclados es, sin duda, la mejor opción. Si hablamos de ropa, nos queda la ropa de segunda mano.

Algodón. No sé de quién es la imagen, no venía firmada.

Recomiendan pedir información. Pero, seamos serios, esto solo lo hacen cuatro locos. A los demás nos da vergüenza: ya me gustaría a mí tener esa capacidad para acribillar a los dependientes de las tiendas sobre dónde demonios se hace su ropa y bajo qué condiones. Lo que sí podemos tener en cuenta es comprar productos de la mayor calidad posible. Y duraderos. Esto implica, en cuestión de moda, tender a lo clásico. Lo clásico no le gusta a todo el mundo. En esto, como en todo, hay que elegir. Y, si lo compras, haz el favor de cuidarlo bien. Así te durará más, tu economía te lo agradecerá y tu armario también. Cuando lo vayas a tirar, dónalo a un lugar donde le sigan dando uso: una parroquia, una ONG.

Sí que hay materias primas más sostenibles. Existe algodón certificado como ecológico o de agricultura integrada. Si tiene colorines, no es ecológico: el ecológico se produce en sus colores naturales: crudo, verde y marrón. También podemos comprar fibras naturales con bajo impacto ambiental, como el cáñamo, el bambú y la ortiga. Existen otras fibras naturales, como la lana, la seda y el lino. Sobre lana y seda, no procede hablar mucho, porque se extraen de animales y este es un blog más o menos vegano aunque su dueña no lo sea. El lino se obtiene de una planta. Tiene un inconveniente: se arruga. Se arruga mucho. Pero bueno, es tan bonito…

Índice de posts sobre moda:

Ropa sostenible. Preguntas y consejos para comprar moda I

Más de 900 personas murieron en Bangladesh hace nada y menos.

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Foto: AP.

«Los dedos acusadores se han desplegado en varias direcciones desde la tragedia: la UE apunta al Gobierno de Bangladesh, las empresas contratantes a las autoridades bengalíes y las ONG, a los poderes locales y a las compañías; la primera ministra de Bangladesh, Sheij Hasina, apunta a las empresas y les hace un listado de exigencias: ‘Tenéis que asegurar a los trabajadores sueldos justos, pensiones y otros derechos. Debéis vigilar la seguridad de los lugares de trabajo si queréis hacer negocios‘».

Nadie dice que la culpa, en realidad, es de un sistema de consumo que quiere productos muy baratos. De un sistema en el que el comprador, el que vive en el Primer Mundo, suele cobrar un sueldo de mierda y no se puede permitir pagar 97 euros por unos pantalones hechos en condiciones sostenibles. Ni siquiera hablo de gente a la que le gusta la moda y quiere tres armarios que se caigan de ropa, que también los hay. Hablo de gente normal. De gente que tiene un vestido para las bodas, dos o tres pantalones o cuatro, algunas camisetas, dos pares de zapatos. De quienes esperan a las rebajas para renovar el armario y de quienes saben que, los que venden la ropa, tampoco tienen unos sueldos espectaculares, pasan infinitas horas de pie y encima, como todos, en esta crisis que es una estafa, han de dar gracias por tener un trabajo.

En el documento Somos lo que vestimos, de la Universidad de Aragón, se nos dice:

Normalmente, el criterio del precio tiene un peso fundamental cuando escogemos un producto o servicio. Sin embargo, esto puede conllevar un riesgo.

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Foto: AP

Al abaratar sus productos o servicios, las empresas productoras pueden reducir la calidad del producto, lo que supone:

  • Una vida más corta del producto, que se estropee  fácilmente y que no funcione de forma óptima… Esto nos obligará a comprar uno nuevo, lo que implica a la larga un precio mayor.
  • Dar poco valor al producto, nos resulta más fácil tirar  las cosas aunque las hayamos usado poco.
  • La generación de mayores residuos y el incremento del consumo de recursos naturales.
  • La movilización de los centros de producción a países donde los costes de producción son inferiores (deslocalización), debido a que los gastos salariales son menores, la normativa poco exigente y, por tanto, no es necesario realizar inversiones en tecnologías limpias o en seguridad laboral para los trabajadores.
  • La producción de un mayor volumen de bienes, por las llamadas “economías de escala”, lo que trae como consecuencia la fabricación de más unidades de las necesarias, lo que supone un exceso en el uso de materias primas y de energía, mayores niveles de contaminación, degradación de los ecosistemas, etc.

Es fácil, afirma, ejercer el consumo sostenible. Solo hay que hacerse unas cuantas preguntas:

¿Necesito lo que voy a comprar? ¿Quiero satisfacer un deseo? ¿Estoy eligiendo por mi mismo o es una compra compulsiva? ¿Cuántos tengo ya? ¿Cuánto lo voy a usar? ¿Cuánto me va a durar? ¿Podría pedirlo prestado a un amigo o a un familiar? ¿Puedo pasar sin él? ¿Voy a poder mantenerlo/limpiarlo/repararlo yo mismo? ¿Tengo ganas de hacerlo? ¿He buscado información para conseguir mejor calidad y menor precio? ¿Cómo me voy a deshacer de él una vez que haya terminado de usarlo? ¿Está hecho con materiales reciclables? ¿Las materias primas que se usaron son renovables? ¿Hay algo que yo posea que pueda reemplazarlo? ¿Te has informado de quién y cómo se ha realizado el producto?

Certificación IMO

Consejos:

  • Elegir productos que cumplen con los estándares de Comercio Justo en lo  relativo a relaciones Norte-Sur para determinados productos.
  • Asegurarse de que las empresas fabricantes y proveedoras garantizan el cumplimiento de unas condiciones laborales dignas (podemos buscar si las empresas disponen de un sistema de gestión como el SA 8000 o el OSHAS 18001).
  • Optar por considerar criterios sociales relacionados con el mercado laboral, priorizando la compra de productos y/o servicios elaborados por empresas de economía social, en particular aquellas que brindan oportunidades de empleo a colectivos desfavorecidos (discapacitados, personas excluidas o en riesgo de exclusión, etc.).
RUGMARK es un distintivo que garantiza que en la producción de las alfombras no ha intervenido mano de obra infantil y han sido confeccionadas por adultos remunerados de manera digna.

A la hora de comprar:

  • No tengo en cuenta la publicidad y las marcas, elijo lo que de verdad me gusta.
  • Busco en el pequeño comercio local y en talleres de jóvenes diseñadores que producen localmente y me cuentan cómo lo hacen.
  • Leo la etiqueta. En el etiquetado de composición se nos informa de las fibras de las que esta compuesta. El etiquetado de conservación nos da instrucciones sobre cómo deben tratarse las prendas para su mantenimiento y conservación.
  • Si la etiqueta no contiene toda la información que deseo conocer para realizar mi compra, pregunto al personal de la tienda.
  • Valoro el compromiso social y ambiental de la empresa a la que estoy comprando, evaluando positivamente aquellos productos textiles que cuenten con ecoetiquetas que certifiquen sus buenas prácticas en aspectos ambientales y/o sociales.
  • Busco empresas con certificaciones ambientales y sociales como la Norma ISO-14001:2004, el EMAS, la Norma OHSAS 18001 o en el sistema de gestión SA 8.000.
  • Elijo tejidos naturales (lana, algodón, lino, yute, etc.) en vez de sintéticos (nylon, lycra, etc.). Son más fáciles de reciclar y menos  contaminantes, tanto en su producción como en su gestión como residuo.
  • Tengo en cuenta la posibilidad de comprar ropa o calzado realizado con materiales reciclados.
  • No compro pieles especiales. Algunas especies como la nutria, el lince o la marta están en peligro de extinción y son muy apreciadas en la realización de abrigos y otras prendas.
  • Compro ropa de Comercio Justo porque respeta los derechos laborales y sociales de los trabajadores y favorece relaciones justas entre el Norte y el Sur.
  • Tengo en cuenta la posibilidad de comprar ropa de segunda mano.
  • Valoro la posibilidad de comprar productos elaborados por empresas de economía social, en particular aquellas que brindan oportunidades de empleo a colectivos desfavorecidos.

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