Pilaf de quinoa

Escribo esto en el Jazz Bar de Mérida, después de salir de un ensayo de inglés, diez días antes de que se publique y ocho después de que yo haya leído la segunda estrofa de este poema de Robert Frost que no me resisto a copiar aquí enterito.

Whose woods these are I think I know

His house is in the village though;

He will not see me stopping here

To watch his woods fill up with snow.

My little horse must think it queer

To stop without a farmhouse near

Between the woods and frozen lake

The darkest evening of the year

He gives his harness bells a shake

To ask if there is some mistake.

The only other sound’s the sweep

Of easy wind and downy flake.

The woods are lovely, dark and deep,

But I have promises to keep.

And miles to go before I sleep,

And miles to go before I sleep.

No, no habla de comida. Pero da igual: es tan bonito, tan musical, tan todo… Por Youtube hay un sinfín de recitados, que bien se puede poner uno mientras hace este pilaf de quinoa. Ya sabemos que el pilaf es una manera de cocinar el arroz, pero como la quinoa se usa también para hacer risottos (o quinottos), pues ya está: pilaf de quinoa. En olla rápida, que tarda un minuto. Aunque luego hay que dejarlo unos minutitos más para que se absorba el líquido, con cuidado de que no se queme. La receta es de Vegan Pressure Cooking.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 180 gramos de quinoa
  • 1 cucharadita de aceite de nuez (o de oliva: yo usé de nuez)
  • 80 gramos de cebolla roja picada (yo usé cebolla de la normal, porque no tenía roja)
  • 130 gramos de zanahorias en cubos
  • 360 mililitros de caldo vegetal
  • 1/2 cucharadita de perejil seco
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 60 gramos de nueces picadas
  • Perejil fresco para decorar (a mí la decoración se me olvidó: en fin)

Preparación:

Enjuaga y escurre la quinoa.

En la olla, sin tapar, calienta el aceite a fuego medio y saltea la cebolla con la zanahoria durante unos 3 minutos. Agrega el caldo vegetal, el perejil, la sal, el tomillo y la quinoa. Remueve.

Tapa la olla. Lleva a ebullición a alta presión (en mi olla es el 2). Cuece de 3 a 5 minutos: en la receta original pone 1, pero con 1 no se hace la quinoa. Deja que el vapor salga sin forzar; esto es, apartando la olla del fuego. Si ves que a los 10 minutos la válvula no ha bajado (sí, pon el temporizador: de verdad), quita el vapor con la válvula y abre la olla. Si no lo haces así, luego ni Hulk va a poder abrir la olla. Bueno, también puedes leer el libro de instrucciones, porque normalmente lo que pasa es que se obstruye la válvula de presión de seguridad.

Si ves que queda algo de líquido, sabrás que es mejor así que no que se te pegue la quinoa al fondo de la tapa. Como el interior de la olla está muy caliente, vuelve a ponerla al fuego y espera a que la mayoría del líquido se absorba. Puede ocurrir también que tu quinoa sea muy rápida, y que se te pegue un poco al fondo de la olla, pero generalmente con estos tiempos esto no pasa. Luego ya puedes añadir las nueces picadas y el perejil fresco y servir.

Y uno come tranquilamente, descansa un poco y puede leer a Robert Frost.

Salsa de tofu para pasta

Esta receta no tiene nada de creación propia. Seguí al pie de la letra esta otra. Pero la salsa me impresionó, la verdad. No sabía que con el silken tofu (tofu sedoso) se podían hacer estas cosas… y más cuando ha pasado un mes de la fecha de consumo preferente. Sí, soy así de arriesgada.

Ingredientes para 2 o 3 raciones:

  • 1 paquete de silken tofu extra firme (viene en paquetes de brick)
  • 2 dientes de ajo
  • 1 y 1/2 cucharaditas de perejil seco
  • 1 y 1/2 cucharaditas de albahaca seca
  • 1/4 cucharadita de pimentón dulce o agridulce
  • 1/4 cucharadita de sal
  • 1/2 taza de leche vegetal (la receta original pone de soja, pero yo usé de avena, porque nunca tengo leche de soja)

Preparación:

Desmenuza el tofu (es blandito, es muy fácil) y mézclalo con el ajo picado, el perejil, la albahaca, el pimentón y la sal.

Cuando esté todo mezclado, añade la leche y caliéntalo a fuego medio un ratito. No debe hervir, porque se estropea. Así que caliéntalo unos cinco minutos y luego bátelo.  Y ya está listo. Es fácil y rápido.

Si la congelas, hay que batirla una vez descongelada.

Hamburguesas de champiñones y cebolla caramelizada / Sweet Caramelized Onion Burger

Sí: uno puede comprar hamburguesas hechas. Sí: son más cómodas. Y están muy ricas. Pero no saben igual que las caseras y, sobre todo, no controlas tú los ingredientes, lo que implica que siempre son de peor calidad, porque así funciona la industria: máximo beneficio con el menor gasto posible. Y es comida procesada y no queremos comida procesada. Y tienen un montón de sal. Y Además, yo tenía muchas ganas de probar el método para envolver hamburguesas y congelarlas del que habla Creativegan (que, en materia de explicaciones, es como mi Biblia culinaria. Antes, engrasaba el molde, se me estropeaban las hamburguesas… Vamos, que nunca se lo agradeceré lo suficiente).

Están MUY buenas y son lo más parecido a «textura cárnica» que he encontrado, siempre que se tomen, digo yo, entre pan rico, con lechuga (quien pueda, snif), tomate y lo que sea que le echéis a las hamburguesas. Yo me la he tomado sola. Los piñones, de verdad, le dan un puntito, pero son caros de narices. Rematadamente caros, es una cosa casi obscena. Sobre todo los míos, que encima son ecológicos. Y sí: podía haber planchado el mantel. Ay.

La receta es de The Best Veggie Burgers on the planet.

Ingredientes para 4 hamburguesas grandecitas:

  • 2 cucharadas de aceite vegetal, más algo más para freír, si las fríes, porque puedes hacerlas al horno
  • 1 cebolla blanca, grande, en juliana
  • 140 gramos de champiñones, picados o en rodajitas
  • 2 cucharadas de ajo picado
  • sal y pimienta
  • 2 cucharadas de sirope de arce
  • 2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 1 taza (160 gramos) de harina de arroz
  • 2 cucharadas de maicena
  • ¼ taza (30 gramos) de piñones
  • 1 cucharada de perejil seco
  • ¼ cucharada de humo líquido, opcional. Yo no le puse.

Preparación:

Precalienta las dos cucharadas de aceite en una sartén a fuego medio-alto. Añade la cebolla, los champiñones y el ajo. Agrega una pizca de sal y saltea, removiendo a menudo, hasta que los champiñones hayan reducido de tamaño hasta la mitad, lo que te llevará unos 5 minutos.

Agrega el vinagre y el sirope de arce. Baja el fuego y ponlo a fuego medio y cocina 10 minutos largos, moviendo ocasionalmente, o hasta que casi todo el líquido se haya consumido. Añade pimienta al gusto. Aparta del calor y deja enfriar.

Transfiere el contenido de la sartén a un bol. Añade la harina de arroz, la maicena, los piñones, el perejil y el humo líquido y amasa hasta que obtengas una masa manejable. Si crees que está demasiado seca, no te preocupes: sigue amasando y se pondrá mejor, prometido. De hecho, lo que ocurre es que, como los champiñones son blanditos y no han perdido todo el líquido, se transforma en una masa.

Forma cuatro hamburguesas. A mí me salieron cuatro hamburguesas grandecitas, pero yo tengo un aparato que les da forma. Si no lo tenéis, usad un aro de emplatar o las manos. La irregularidad es bella.

Cocínalas como quieras. Hornea en el horno precalentado a 180ºC durante 30 minutos en una bandeja de horno con papel de hornear: pincélalas antes con aceite y dales la vuelta a mitad de cocción. O fríelas en una sartén con una pequeña cantidad de aceite durante tres minutos por cada lado a fuego medio-alto o hasta que se forme una bonita corteza crujiente.

Si estáis a dieta, tened en cuenta que cada hamburguesa lleva 40 gramos, más o menos (algo menos) de harina de arroz, así que ya lleva hidratos de carbono para parar un tren y tendréis que ver vuestras raciones recomendadas. Si no estáis a dieta, pues daos un lujazo y comedlas con pan y patatas fritas y nachos con guacamole y un trozo de tarta de postre. A mi salud.