En la Raya – Monsaraz, Évora, Badajoz

Qué bien sientan las visitas. Sobre todo cuando las visitas son de muy maravillosas leales geniales amigas. El pasado puente de octubre, vino Cristina, de Vegan Place. Y me trajo esta cosa maravillosa para desayunar…

Esto no es un queso camembert, de Mommus
Esto no es un queso camembert, de Mommus

Es, por supuesto, “Esto no es un queso Camembert“, de Mommus. Añado también su Facebook, Twitter y su Instagram, que ya sabéis que las redes sociales se usan mucho más que las páginas web hoy día. Es una pequeña empresa que yo adoro. Su queso no-Camembert, pero sí Camembert, sabe a Camembert (lo juro: yo no tengo recuerdos reminiscentes del queso: yo sé cómo saben las cosas) y por la red os podéis encontrar a mucha gente que lo ha compartido de las más diversas maneras: echándoselo a una pizza, a hamburguesas, con aguacate, con higos secos, con mermeladas variadas… Pero, como mejor está y, además, a mí no se me ocurre comerlo de otra manera, es así:

Desayuno con Mommus

Compras un pan alentejano o uno bueno o lo haces tú, pero que esté rico, por Dios, lo tuestas, le pones un poquitín de aceite de oliva y, por encima, unas lasquitas de queso y te lo comes. Solito. Sin mermeladas ni nada. Dejando que se deshaga en la boca.

El único problema de este queso es que se acaba. He dicho.

El viernes llegó Cristina y nos fuimos a celebrar el cumpleaños de David. David cumple 30. David es filósofo. David tiene una mente estratosférica. David es cariñoso, amable, cuidadoso, tiene un tacto infinito, una generosidad pasmosa, un gusto literario y musical exquisito y es una de las personas más bonitas que conozco. Por dentro y por fuera. Y por fuera está buenísimo. Quien está al lado de Cristina, que va de negro, es Pablo. De Pablo ya he hablado mucho. Estos tres son familia.

Pablo, Cristina, David y yo
Pablo, Cristina, David y yo

Cris le regaló chocolates, yo el libro de Thug Kitchen en inglés (el primero que sacaron, que también está en español) y el The Black Holes, de Borja González (una maravilla), además de unas fotos de nuestros periplos por Centrifugados y Expoesía. Comimos en el Fusiona, que es el único lugar de Mérida donde tienen varias opciones veganas y, al día siguiente, que era sábado, nos largamos a Portugal. Yo no conocía Monsaraz. Qué precioso.

Monsaraz y el Tajo

El paisaje circundante es así de espectacular (mejor verlo en directo) y el pueblo es encantador:

Monsaraz
Monsaraz

Para comer, tiramos de Happy Cow, que para algo pagué la aplicación entera en el móvil, y nos largamos a Évora. Comimos en Salsa verde. Se anuncia como restaurante vegetariano, así que pensábamos que no íbamos a encontrar casi opciones: de los ocho platos salados del menú, seis eran veganos. Las tartas saladas, también veganas (una tarta y polenta -nota mental: tengo que hacer polenta). Los postres, veganos la mayoría. Compartimos una tarta de manzana exquisita. Tienen comida para llevar y nos encantó.

Guisantes, tofu, seitán a la jardinera, arroz con cogumelos (setas) y ensalada de tomate cherry y rabanitos
Arroz con cogumelos, ensalada de fruta, tarta de tofu y migas alentejanas. Detrás, zumo casero de frutos rojos y tarta.
Tarta de manzana vegana. Exquisita.

La comida es un buffet y va al peso. El plato grande cuesta menos de quince euros por kilo. A nosotras dos la comida nos salió por algo más de siete euros a cada una. Mucha de la comida era comida tradicional alentejana pero veganizada, como las migas con espinacas. Nos gustó muchísimo… Y Évora es preciosa. Una de sus atracciones fundamentales es la Capela dos Ossos:

Capela dos Ossos

En el frontispicio dice: “Los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos”. Todo muy tétrico. Cerca hay un parque en el que puedes ver pavos reales… ¡con sus crías! Era la primera vez que Cristina y yo las veíamos:

Pavos reales. Qué monada

Y, luego, nos fuimos a ver a mi otra amiga Cristina al Voodoo de Badajoz, para comernos una hamburguesa vegana de garbanzos y unos hummus.

Hummus de pimiento caramelizado, hummus tradicional y hummus de aguacate
Hamburguesa de garbanzos con salsa de mostaza y “miel”

Y, al día siguiente, nos fuimos de paseo para ver el acueducto de los Milagros de Mérida y las cigüeñas…

Acueducto de los Milagros

Y luego comimos en casa para que Cristina me enseñara a hacer una tortilla de patatas rica rica. Con calabacín y jugosa. La hace a ojo, a ver si puedo replicarla para el blog, aunque recetas veganas de tortillas de patatas las hay a cientos. Yo nunca he hecho tortilla de patatas.

Tortillaca de patatas y calabacín

Pero, claro, ahora que creo que sé hacerla y que se tarda ná y menos y que en seis meses llegará el verano y pienso en eso con salmorejo por encima o migada en gazpacho y muero de amor…

Qué bien me ha venido el fin de semana largo, la verdad. Porque mis vacaciones no han sido muy buenas hasta la fecha. Qué alegría descubrir que en la tristeza puede haber días tan hermosos.

Salsa de avellanas para filetes

Tercer volumen de Centrifugados
Tercer volumen de Centrifugados

El pasado fin de semana fue maravilloso. Desde el jueves, que vino Pablo a verme, para que le contara historias de ex-amantes pesados que no sueltan la presa aunque hayan pasado tres años y porque hay cosas que es mejor contar cara a cara (solo por ver la suya de asombro). El sábado, como de costumbre, quedé para desayunar con Cumbreño y Chose. Cumbreño publica libros: dirige Ediciones Liliputienses, un proyecto pequeñito, de tiradas pequeñas, libros pequeños, poetas enormes, gracias al cual yo he descubierto no solo autores tremendos, sino también buenos amigos. Desde hace cuatro años, nos reunimos, algunos de esos poetas, venidos de todas partes (este año, de Argentina, Alemania, México…) para pasar un fin de semana en Plasencia. El encuentro se llama Centrifugados y también hay un sinfín de editoriales independientes, con lo cual la cartera se queda en números rojos siempre. Nunca tengo números rojos porque no me gasto más de lo que tengo, pero allí me lo gasto todo. En comer, en beber, en cafés, tostadas y muchos libros. Ferrán Fernández, que es, entre otras muchas cosas (como un hombre honesto, cariñoso, divertido, interesante, comprometidísimo y de palabra) el editor de Luces de Gálibo, siempre me trae galletas. Y, en previsión, cociné. Entre otras cosas, esta salsa de avellanas para filetes de soja texturizada. Maravillosa.

Soja texturizada con salsa de avellanas
Soja texturizada con salsa de avellanas

Ingredientes para 8 raciones de las mías:

  • 120 gramos de avellanas tostadas
  • 30 tallos de cebollino
  • 4 ramitas de perejil sin los tallos
  • 4 cucharadas de alcaparras sin la salmuera, bien escurridas
  • 60 ml de aceite de oliva
  • 100 ml de agua
Soja con salsa de avellanas
Soja con salsa de avellanas

Preparación:

Pon todos los ingredientes en el vaso de una batidora muy potente. Yo uso la MyCook. Tritura todo hasta que se haga una crema. Ya está lista. En la MyCook, son 2 minutos a velocidad progresiva 6-8.

La podéis usar con filetes de soja (yo los compro en Vegan Place de la marca Vantastic Foods: no quiero otra). Para hacer filetes de soja, si nunca los habéis hecho, es bien fácil. La soja hay que hidratarla con agua hirviendo. Ponedla en un cuenco, añadid agua que la cubra y dejad reposar, con un plato encima, 10 minutos. Luego, escurridla encima de un colador, pero no la apretéis mucho. Poned una sartén a fuego medio-alto, con aceite de oliva, y dorad los filetes. Tened cuidado, porque llevan agua y el aceite salta: usad unas pinzas de cocina largas. Salad al gusto (yo pongo sal y pimienta), dejadlos unos dos minutos, dadles la vuelta y dejadlos otros dos minutos. Quedarán dorados por fuera y blanditos por dentro. Virginia García tiene un tutorial para cocinar con soja texturizada en su magnífica web Gastronomía Vegana.

Veinte años de colores y de cine

Cartel FanCineGay 2017
Cartel FanCineGay 2017 realizado por Ricardo Cavolo.

Que el cine, por sí solo, no cambia la realidad, ya lo sabemos, como ha recordado Mamen Briz (y de eso sabe, que es cineasta y tiene un Goya y un FanCineGay y un Miradas del Festival de Cine Inédito de Mérida), pero que influye y puede cambiar algunas mentalidades, poco a poco, sí que es cierto. Al menos, hay un puñado de personas que, durante muchos años, se vieron reflejados en personajes muy estereotipados (o malos muy malos o jocosos muy jocosos) y que ahora, en una pantalla de cine, ven historias de gente corriente (malos, buenos, reprimidos, desenvueltos, guapos, feos, mayores, jóvenes y de todo tipo). Creo que es importante sentirse identificado: ver cómo otros escriben historias que hablan de ti.

Desde que se proyectó El celuloide oculto en Badajoz y la policía les quitó los carteles que colgaban en las calles, han pasado muchas cosas. Entre otras, veinte años. Hace tres, presenté un premio con Alfonso Suárez, que ha terminado trabajando para Fundación Triángulo. Hace dos, me dieron el Premio Las Horas, que fue uno de los dos premios más bonitos que me han dado jamás (es que solo me han dado dos). Y este año he presentado la gala.

Y era la gala del vigésimo aniversario. Que es algo gordo.

Realmente, sé que ha sido uno de los favores más importantes de mi vida (luego han llegado algunos más, porque Pablo es así). Por eso, cuando faltaban días para que empezara la ceremonia de ese vigésimo aniversario, escribí esto:

Palacio de Congresos de Badajoz
Palacio de Congresos de Badajoz. La foto no sé ni de quién es.

Este sería mi discurso de apertura de la gala del FanCineGay, que no lo voy a dar porque mi vida no le interesa a la gente que hay allí. Pero sería este.

El 12 de noviembre de 2016, yo estaba en este mismo escenario recogiendo el premio Las Horas. Ahí acabó mi 2016, que fue un año maravilloso, con el mejor colofón que algún día pude pensar. Por aquellos entonces, mi padre vivía. Mi mejor amigo también estaba vivo. Una de mis mejores amigas podía correr detrás de sus hijos. No había tenido unos exámenes de selección que me tuvieron enclaustrada más de seis meses. Salía para ir a hospitales. A hospitales de Badajoz. A hospitales de Sevilla. A hospitales de Granada. A morirme de miedo, porque en un hospital te mueres de miedo aunque nadie te lo note.

Este año ha sido el más mierda y el más doloroso que recuerdo. Y el dolor no se va. Ni se va a ir, por mucho que se viva con él, porque con el dolor se vive igual que se vive con la alegría: de a poquitos.

Durante todo este tiempo de hospitales, de exámenes y de mierdas, en persona, por WhatsApp o por teléfono, el director del FanCineGay, que se llama Pablo Cantero y es mi amigo, estuvo pendiente en todo momento. Estuvo pendiente cuando yo estaba en Badajoz, cuando estaba en Sevilla, cuando murió mi mejor amigo (que era mi hermano, aunque no lo fuera) hace menos de dos meses y me pasé las vacaciones en Granada. Y, como Pablo es así de generoso y, además, me quiere, me dijo en verano (un verano que fue esperanzador, aunque luego se fuera todo al carajo) que se le estaba ocurriendo una cosa y que ya me la comentaría.

Y esta es la razón por la que yo me pruebo vestidos, mis amigas me mandan un chal y dos pares de zapatos desde Málaga, salen conmigo a comprar ropa y tengo estrés. Porque Pablo sabe hacer estos regalos.

Y yo, que sé que este año ha sido una mierda, también sé que tengo mucha suerte.

Pablo Cantero y yo
Pablo y yo. Foto de Karel Fernández.

Y allí que fui. A presentar. La cosa había empezado mucho antes, con una llamada de Javier Herrera, que trabaja como actor, como educador, como director y como lo que le echen. Siguió con un guion que era muy Javi (Javi escribe maravillosamente bien, pero es tan simbolista él y yo soy tan tabernera y tan directa yo) y muy poco Olga y continuó conmigo disfrazándome de mujer, tacones incluidos, para presentar un acto con ropa de todas mis amigas: el vestido, de Charo; los zapatos, de Claudia; el chal, de Cristina; el maquillaje, de Ana; la peluquería, de Blanca…

Yo antes de presentar la gala
Foto de Karel Fernández

Pasé toda la semana con taquicardias. Porque yo tengo ansiedad, lo he contado en varias ocasiones, y solo pensaba que era el vigésimo aniversario, que había regalado todos mis zapatos con tacón, que yo me caigo en lo más llano y que… A ver: cuando a una mujer se le dice que presente algo, la primera pregunta es: ¿Qué te vas a poner? Se da por hecho que el guion se lo escriben o, en todo caso, que lo más importante es el vestido. Y los zapatos, porque con vestido largo hay que llevar tacones. Los domé y a las tres horas me dolían los pies: me salió una ampolla en la planta, al principio de la gala se me cayó el guion (menos mal que estaba ya casi detrás del escenario) y allá que me bajé, subida en tacones (todo el mundo diciendo: “Pero si no son altos”) y pensando: me voy a matar. Porque yo, con tacones, no sé andar.

Yo sin tacones en mitad del escenario
Y así presenté. Foto de Pablo Cantero

Y justo después, salió Jesús Murillo, subido encima de unos taconazos de aguja de vértigo y dijo: “Yo sí sé andar con tacones”. Oscilaba entre “te odio y esto no se hace” y ponerme de rodillas a suplicarle que me enseñara. Antes había salido Pablo, como director del FanCineGay que es, a dar un discurso que no escuché porque desde donde yo estaba no se oía nada. Y a mí me gustan mucho los discursos de Pablo. Mirad qué artículo más bonito sobre lesbianismo y cine ha escrito para la revista Versión Original. Yo quería haber dicho lo mucho que admiro a este señor, que es terapeuta ocupacional, profesor de Universidad, presidente de Coptoex y muchas otras cosas. Pero me dio vergüenza.

Soy así, yo qué le hago.

Por estos 20 años, se premió a gente que ha trabajado para que la visibilidad sea real. Mai Saki, fotógrafa, realizó una exposición sobre transexualidad e hizo subir a todos al escenario. Habló del pudor que le daba hacer las fotos, meterse en las vidas de gentes que lo han pasado muy mal: “Tenía miedo de llegar a las casas y hacerle daño a gentes, a personas, que ya han sufrido mucho. Yo soy homosexual. Tengo 44 años y salir del armario ya era difícil. (…) Esta mañana he estado con una persona trans que se ha intentado suicidar. Una persona con una luz maravillosa, que está llena de sensibilidad. A mí me parece una persona con talento. Creo que es totalmente injusto [que exista] una sociedad que lleva a una persona a suicidarse”. Algunos de sus trabajos antiguos los pueden ver aquí. Fue emotivo, directo y precioso. A mí es que esta mujer me gusta mucho, qué queréis que os diga.

Mai Saki
Mai Saki. Foto de Karel Fernández

También le dieron galardón a Createatro, a Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte, que son de esa clase de personas que te trae tu trabajo y que se convierten en amigos después. Han hecho obras de teatro con muchas historias: también de personas a las que no podríamos llamar heteronormativas. El teatro es maravilloso para mostrar otras realidades, aunque a veces haya trabas en determinadas localidades: que las ha habido. “No programéis la de los gays”.

Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte
Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte. Foto de Karel Fernández

Premiaron también a la revista Pikara, a Olga de Dios y al corto Princesa de Hielo. Y Javier Pizarro, que escribe en El Asombrario, y María José Garrido, que es antropóloga y una de las personas más brillantes que conozco, entregaron premio. Y son amigos y también les admiro mucho, por muchas cosas.

José María Cumbreño y María José Garrido
José María Cumbreño y María José Garrido. Foto de Karel Fernández

Pero, por encima de todas las cosas, le entregaron el premio Las Horas (uno de ellos) a Ángel Briz y Ángel recibió el mismo galardón amarillo que está colgado en mi cuarto. Y el premio se lo entregó su hermana Mamen y se lo dieron al final para que Israel, que es su novia y una de mis mejores amigas y que hace las mejores rutas por Mérida, pudiera llegar a tiempo porque tenía que trabajar y yo, saltándome todos los protocolos habidos y por haber, cuando le presenté, dije que respira cine y que lo sé bien porque tengo la fortuna de apoltronarme muchos domingos en su casa para ver películas y tomar café y que es una de las personas más importantes de mi vida. Adoro a este hombre. Con fruición y pasión y con todo el amor del mundo.

Ángel Briz con su premio
Ángel Briz con su premio

Y comimos vegano y todo. En el Masumi Convento (que tardaron en servirnos un montón, por cierto) yo comí sushi. De aguacate…

Sushi de aguacate en Masumi Convento
Sushi de aguacate en Masumi Convento

Y un conito con aguacate y pepino. A ver: lo más elaborado del mundo no es, pero yo me doy con un canto en los dientes con que haya algo vegano en la carta a estas alturas de mi vida. Siempre me martillea la frase de Lucía: que haya una ración proteica de calidad. Juas.

Cono en Masumi Convento
Cono en Masumi Convento

Lo de las proteínas, a los caterings, se les olvida. Con lo fácil que es hacer un hummus… Y poner bandejas con cosas veganas al mismo tiempo que las omnívoras. Que la gente se las come, señores. Y tú no estás allí, con tus platos aparte, sintiéndote el puto bicho raro de la fiesta y temiendo que la gente te pregunte qué es eso y vuelva a sacar el tema del veganismo, que qué cansinos que son los carnívoros, rediós.

Señores de los caterings. Tú coges a un par de cocineros y te pones a cocinar cosas molonas que, además, se pueden comer frías. Que os voy a decir una cosa: van a desaparecer antes que los bocadillos de ensaladilla rusa. Porque la gente le da al hummus y al guacamole y al salmorejo hasta en invierno que da gusto. Y a las hamburguesitas de legumbres. Y hasta a la tortilla de patatas sin huevo. Que como les llegue un alérgico al huevo no saben ustedes cómo hacer una tortilla de patatas… Pero vamos, yo me los comí muy a gusto. Con tristeza por la poca formación de los cocineros en esta santa tierra, que deberían de correrse vivos cuando les llega alguien que no les obliga a hacer empanadas de atún y hamburguesas de carne, que llevan haciéndolas toda la vida… A mí, si fuera cocinera, me gustarían los retos. Digo.

Moraleja: llévate un hummus la próxima vez.

Cuscús y macarrones con verduras
Cuscús y macarrones con verduras

Sobre si la presentación salió bien o no salió bien, yo no lo sé. Porque tú estás arriba y no te enteras de nada y además, el guion no te lo sabes muy bien porque lo de aprenderte cosas al pie de la letra a ti no se te da y, entre otras cosas, tú eres de esa clase de mujeres que son agresivas hablando de ciertos temas y el tono dulce y calmado no te sale y, encima, luego hubo un lío con la foto de familia que te da vergüenza hasta contarlo y la gente te dijo que muy bien porque no te van a decir que eres un desastre en tu cara…

Pero conocí a Marc, del cine club El Gallinero, y a su novia (y él ya me gustaba, pero ella… Madre, qué mujer: qué pena no vivir más cerca de cierta gente) y abracé mucho y vi por fin a Josémari, que es el presidente de la Fundación Triángulo y el pobre estaba malito, pero allí estaba (y todavía me tiene que dar un regalo que me trajo este verano). Que aquí lo de ver a gente es solo eso: verla. Porque no puedes hablar con nadie. Zascandileas de un sitio a otro y ya.

José María Núñez y yo.
José María Núñez y yo. Foto de Karel Fernández

Y luego salimos, bebí garrafón (porque yo, con dos copas, no tengo el resacón que tuve al día siguiente); Ángel, Israel y yo nos fuimos a Portugal a comer y, en la Adega Regional, me comí un arroz con miga de pan y cilantros y mucho ajito. Que no me acabé porque era una jartá de grande.

Migas con cilantros y arroz en Adega regional
Migas con cilantros y arroz en Adega regional

Y comencé, por fin, mi año nuevo.

La gala del FanCineGay ha terminado poniendo el punto y final al 2017. Solo espero que este 2018 tempranero no tenga tantos sustos.