Fancinegay: decirse y leerse

Pablo Cantero, Guillermo A. Chaia, Sergio Martínez, Conrado Gómez López, Silvia Tostado, Yakira Fernández, Geni Baamonde, Alberto Conejero, Roy Galán y Karel Fernández.
Imagen: Jonatan Cantero.

Llegué habiendo cerrado un par de puertas. Una supongo que me la cerraron: no lo sé. La otra la cerré yo, sin decir adiós ni falta que me hacía y me sentí extrañamente aliviada. Hice los anuncios pertinentes: «Esto ha ocurrido. Esto voy a hacer». Descalabré los planes para Navidad de mis hermanos y quise llorar, porque hay alivios dolorosos al fin, pero no lloré. Ni un día ni el otro. No escuché tangos. Los hechos definitorios de mi vida siempre han sido serenos.

Siempre he dicho que tengo colitis ulcerosa porque había que reventar por algún lado.

Dedicatoria de «Los pequeños brotes», de Abel Azcona, para mí.

Cuando ocurrió, mandé un mensaje a Pablo.

La vida de Pablo durante el FanCineGay consiste en solucionar marrones. Los míos también. Me ha dicho tantas veces: «Yo te lo arreglo» que no sé cuándo empezó a arreglarme cosas. No recuerdo la primera vez.

Pablo y yo. Foto del FanCineGay.

El viernes, un día antes de la gala, presenté un libro en la antigua cárcel de Badajoz. Se llama «Haz memoria«, hablamos de las relaciones madre-hija, de la guerra, de cómo afecta la guerra en la periferia, de los hombres que acompañan a mujeres, de los niños que son más sensibles y más enfermizos y no encajan. De los machos con sus machadas. De lo de ahora. Del envalentonamiento en las calles, las agresiones homófobas, las pintadas.

Foto de Pablo Cantero.

Sergio también recordó lo que ocurrió allí, en ese mismo Palacio de Congresos que antes fue una plaza de toros, mientras recogía el premio Ocaña junto a Conrado, por haber montado desde hace diez años el Festival Horteralia. Esa historia que nunca nos contaron en el colegio, ni en el instituto, porque no llegábamos. Que en la cárcel de Badajoz había homosexuales y su director también lo era: me enteré ese día: el 15 de noviembre. Nos lo contó un señor que fue actor y ahora es abogado de menores.

Conrado y Sergio recogiendo el premio. Creo que la foto es de Marta Domínguez Roca, pero ya no lo sé, porque me las pasaron todas por WhatsApp.

El FanCineGay tiene la ventaja de que conoces a gente con la que no hubieras podido reunirte de otro modo. El rito siempre es el mismo: el sábado comemos en familia: los organizadores, algunos miembros de la Fundación Triángulo, los premiados y los amigos. Pablo siempre está pendiente de mi menú (en la gala había muchas clases de hummus, por ejemplo, y en la inauguración, a la que no pude ir porque tenía un brote de colitis ulcerosa, el primero desde que me diagnosticaron, también había croquetas veganas que se comió Laura Corbacho, actriz trans y presentadora de la gala de clausura junto a Fermín Núñez y Leo Arán Narros).

«A ver. ¿Algún vegetariano en la sala?» Sí: Leo y Laura levantan la mano.

Leo es el niñe más bonite del mundo y un cuerpo queer visible, un cuerpo resistente de la disidencia. Es una de las voces activistas más sólidas que he escuchado (tiene 23 años) y estudia ahora, en la Complutense, el Máster en Estudios LGBTIQ +. No sé en qué acabará trabajando, pero tengo muchísimas ganas de ver sus proyectos, porque necesitamos a personas como él para construir sociedad.

Mientras comíamos, pensé en los espacios seguros, porque intentar construirlos y habitarlos es una obsesión propia de la que he hablado varias veces de ello en los artículos que escribo en El Periódico Extremadura. Allí estábamos: una cishetero (yo), un cishetero (Guille), varios gays, varias lesbianas, personas con género no binario, hablando, contándonos los amores, los desamores, charlando con algo de dolor de la gente con la que nos llevábamos bien y que desapareció sin dar explicación alguna… La vida.

La vida.

Somos muchas. Somos más.

No sé si los otros solo hacen más ruido. Pero allí, en ese hotel, comiendo, habiendo leído «Los pequeños brotes» por la mañana, pensaba en espacios seguros. Ojalá la calle fuera como ese comedor. Porque allí la gente te lee como tú quieres que te lean. Eso es algo que dijo una vez Leo en ese vídeo de Fundación Triángulo y a mí se me quedó grabada la imagen de la lectura pública, porque los demás siempre nos leen, definen quiénes somos (aunque no nos veamos como los otros nos ven) y también nuestra posición política en el mundo, como ciudadanos… o no, porque a veces los derechos de ciudadanía no se reconocen o luchas contra la burocracia de los registros, los sistemas de salud, quienes te llaman por un nombre que ya no es tuyo.

Leo y yo

Aprendimos. Y, por eso, Alberto Conejero, cuando subió a recoger su Premio FanCineGay, dijo «todos, todas, todes» y usó la terminación en -e: por esa comida. Hay pequeños cambios en los discursos, en las mentalidades y actitudes que solo surgen hablando con los demás.

Sí, salí descalza. Se está transformando en una costumbre.

Eso sí: mi FanCineGay desde hace años es esta gente (faltan Javier, Pablo y Karel, que no sabemos dónde se metieron).

Marc, Fanny, Félix, Javier, Alfonso y Miguel.

Con ellos como, me voy de juerga (ejem: generalmente. Este año no llegué a la juerga porque tenía un brote de colitis ulcerosa en proceso de curación y yo quería acostarme), hablo, me río y paso el día de sábado buscando comer una tarta que nunca jamás comemos y que se está transformando casi en un reto personal. Pero hubo momentos hermosos:

El dramaturgo Alberto Conejero con la imagen de su Gloria Fuertes querida

Javier, Félix, Alberto y yo nos fuimos a pasear por Badajoz, a enseñarle a Alberto el escaparate de La Gitana (no os vayáis sin verlo nunca) y a charlar. Alberto, Roy y yo hablamos del canon literario, la crítica, el prestigio. Fue maravilloso hablar con Roy Galán sobre su producción, cómo son las decisiones y las renuncias que uno hace como escritor cuando decide escribir para un cierto tipo de público: que tengas que demostrar que te has formado, que lees, que escribes, que hay elecciones con criterio: porque el canon no lo va a contemplar.

Los compartimentos estancos no van a contemplar nada que se salga de la norma nunca.

Charlamos también sobre las relaciones: qué tipo de relaciones queremos construir y cómo, cómo nos educan emocionalmente o cómo aprendemos a relacionarnos. Hablo de series con Guille, que es tímido, pero yo me lo llevo a fumar. Silvia va a comprar desodorante porque se nos ha olvidado a todas.

Karel Fernández, Silvia Tostado y yo

Roy y Silvia buscan una plancha (hay varias planchas en el hotel); desayunamos dos veces; hay reencuentros, charlas de teatro, proyectos futuros que quizá salgan y que te planteas como un: «¿Yo podría aprender? ¿Podría escribir de otra manera, con otros códigos, contar otras historias? ¿Sabría? ¿Serían buenas? ¿Esto saldrá? ¿Quedará en nada?»

No lo sabemos.

La gala del FanCineGay siempre marca el comienzo de mi año nuevo, que pintaba bien pero que luego se jodió irremediablemente. El resumen es que yo me iba a ir a Granada, a pasar la Nochebuena y ocho días más con mi otra familia (la elegida), pero no va a poder ser. Yo adoro la Navidad. Si hay algo que me deprime es pasar la Navidad sola.

¿No quieres caldo? Tres tazas.

El resumen es que, por supuesto, llevo tres días comiendo mal (pongamos «comer mal» para no decir «mejor no os lo cuento») y llorando por las esquinas a mi modo, que es de llorar, pero poco, porque la expresión de los malestares la llevo mal aunque esté sola. Mi llanto siempre ha sido más bien inactividad. La inactividad es depresión fijo.

Así que aquí estoy. Pensando: «Deberías cocinarte algo rico igualmente, aunque te lo comas sola». «Joder, qué pereza». «Deberías decorar la casa». «Buf, anda ya, te vas a poner ahora a sacar adornos que solo vas a ver tú». «Deberías buscar aunque fuera una receta o comprarte un par de polvorones». «Pero si me cuesta hasta rajarme un tomate».

No es una exageración. Llevo días sin cenar porque, salvo trabajar, no me apetece hacer absolutamente nada. Ni cenar. Por no lavar un tomate.

FanCineGay: Mi mejor fin de año

La gala del XXI FanCineGay Extremadura se celebró el sábado 10 de noviembre y así la vivimos. Todas las imágenes son de Visual Nue.

Yo me rodeo siempre de hombres guapos, creativos, inteligentes, interesantes…

No pude desear mejor fin de año. Como ya he contado, Cristina de Vegan Place, se vino a verme porque yo no andaba muy bien y luego un hecho lo acabó de rematar. Este fin de semana fue más especial porque mi amigo Raúl, al que no veía desde hacía año y pico porque, cuando intentamos quedar, o estaba en Arabia Saudí o yo trabajaba, se vino a verme. Y le dije: «pues yo tengo que ir a la gala del FanCineGay, así que nos vamos los dos, nos quedamos a dormir en Badajoz y no te preocupes, que hay un sinfín de gente que no conoces, pero te lo vas a pasar muy bien».

Acabamos comiendo migas a las siete de la mañana en el Venero. Disclaimer: si vais a pinchar, la empresa es de desayunos con su jamón y su carne, ojo, que en Extremadura, establecimientos veganos solo hay uno recién abierto: el Agave de Cáceres. Pero repito: acabamos a las siete de la mañana comiendo migas en el Venero. Hacía más de 20 años que yo no aguantaba hasta las siete de la mañana, para empezar, y que no acababa la noche en el Venero, para seguir. Al Venero se va en la adolescencia todos los fines de semana. Y luego ya cambias las copas por las cañas y no regresas hasta… hasta que tienes 42 y te corres la juerga padre.

Eva Romero, en el centro de rojo, con sus alumnos de la Escuela de Teatro de Guareña. A la derecha, el director de la gala, Javier Herrera.

Las galas del FanCineGay siempre tienen un motivo (un concepto) en torno al cual gira toda la construcción de la presentación y, también, las actuaciones musicales. El año pasado fueron los colores: los colores que servían para responder a las agresiones, la bandera arcoíris como símbolo de protesta. Este año fue el YO. El yo como reivindicación de un espacio propio, como asunción de la propia identidad real cuando uno nace con el género y el sexo que no les corresponden, el yo que se afirma delante de sí mismo y delante de los demás: este es mi espacio, esto soy, me estoy creando así. Eva Romero fue la presentadora. Nos tenemos un cariño infinito la una a la otra. Nos buscamos en el cóctel de después de la gala y en el bar. ¿Os podéis creer que no nos vimos en toda la noche? Pues no nos vimos. Y, os lo juro, en el cóctel no había tanta gente. Y ella estaba y yo también. Esta foto lo atestigua.

¿Veis a Eva y a la chica que está a su lado? Sí, ¿verdad? Pues bien: ¿veis la cabeza con el jersey negro que está de espaldas? Pues soy yo.

En la gala, además, se ve a los amigos.

Hay un grupo de gente que, en el norte de Extremadura, ha montado un cine club. Se llama El Gallinero. Da igual que no viváis en Jaraíz de la Vera: sus newsletters de cine son las mejores que vais a encontrar. En esta dirección os podéis suscribir. El año pasado, llegó Marc, que es quien las escribe, y nos conocimos por fin. Marc es un tío muy interesante, que apareció allí con su novia, Fanny. Al acabar la noche (que acabó a las tres, creo recordar, para mí) le dije: «Tu novia me gusta más que tú». Este año lo he refrendado. Qué divertida es, qué cariñosa, qué íntima, qué inteligente, qué desenvuelta, qué placer compartir la noche con ellos, primero en un bar y luego en otro, bailando, hablando, riendo, bebiendo (sí, el alcohol es un neurotóxico y yo no me emborracho desde tiempos inmemoriales, pero qué bien sienta una noche así).

Cuando se escribe más tarde, los recuerdos se desdibujan y quedan solo las sensaciones: ya lo dijo Milan Kundera: la memoria no guarda películas; guarda fotografías. Recuerdo a Ángelo Néstore, poeta magnífico, hablando de soplar para parar el terror que está viniendo, toda la xenofobia y la LGBTIfobia, en un discurso precioso. Le entregamos el premio Leo y yo. Leo ha sido un descubrimiento: espero que haya más oportunidades de encuentro. Hace un par de años, el director del FanCineGay, Pablo, leyó un poema en la Asamblea de Extremadura: quizá fue la primera vez. Durante la gala, yo leí un poema de Néstore, para presentarlo antes de darle el premio: quizá fue también la vez primera. Premiaron a dos escritores: a Isabel Franc y a Néstore. Quizá no os guste la poesía. Quizá solo hayáis leído poesía de pequeños. Pero dadle una oportunidad a ese extrañamiento del lenguaje: toca áreas del cerebro que no se activarían de otra manera. Yo leí este:

Poema de Ángelo Néstore

Los poemas (los buenos) exploran, viven en los márgenes, se preguntan, retuercen y amplían la comunicación. Y, siempre me lo ha parecido, hay un cierto tipo de resistencia en hacer algo que no es mayoritario. Que, de hecho, es muy minoritario. En demostrar que todo sirve y vale, aunque le sirva y le valga nada más que a un centenar de personas. Si queréis adentraros más, podéis escuchar un maravilloso programa de Lara López que se llama Venga la vida. En este, además, salen amigos míos y escuchar a Mario Montalbetti es una maravilla.

Isabel Franc y Ángelo Néstore, los dos escritores premiados este año en el FanCineGay

Pero, como el FanCineGay es también original, premió a un maestro. Un maestro de Educación Infantil. Un maestro que, además, cuenta cuentos y es uno de los mayores expertos en literatura infantil y juvenil que conozco. Lo pueden comprobar periódicamente en su sección de El Asombrario. Y David y yo nos levantamos para aplaudirle, porque es amigo. Se llama Javier Pizarro y, por supuesto, reivindicó también una educación pública, con fondos suficientes y de calidad. Por si se nos olvida lo que costó.

Silvia Tostado y su mujer, Noelia Velarde, con Javier Pizarro.

Un programa de la casa en la que yo trabajo, 168 horas, ganó también un galardón. Fue por este episodio, Somos divers@s. Su director, Diego González, que también escribe y hace cortos y documentales, contó que la primera vez que pidió a gays y lesbianas y transexuales que se pusieran delante de una cámara, consiguió a muy pocos que aceptaran y pocos años después, de este programa se quedaron fuera más de veinte. Eso demuestra lo que ha cambiado la percepción no solo social, sino también la propia, la individual: de ahí el YO que se reivindicó en la gala. La importancia de decir «soy». Diego se emocionó mucho, lloró (qué importante esto: llorar de emoción) y nos hizo reír también.

Rebeca Aparicio (mujer de Diego y productora del programa 168 horas), Silvia Tostado y Diego González.

Pero estamos hablando de un Festival de Cine y se premia el cine también: Carmen y Lola y el corto Nomeolvides ganaron premio. Los dos hablan de lesbianismo: el corto de Ferran Navarro-Beltrán se centra en el silencio, también, en esa generación de mujeres calladas, que se reconocían sin decirse. Además, hablar con Ferran de cine, de cultura en general, de publicidad y de cualquier otra cosa es maravilloso: eso propicia también el FanCineGay, que acabes compartiendo mesa y cafés con gente que no hubieras conocido de otro modo. .

Ferran Navarro-Beltran y Javier Pizarro

Y fue la primera gala de David. Y David… Bueno, estos tiempos hubieran sido mucho peores sin David. Estaba malito, pero aguantó hasta las migas. Por cierto, hemos descubierto que en el norte de Extremadura se hacen con pimentón de La Vera. Nunca las he probado con pimentón. Habrá que ir a Jaraíz…

Alfonso, Pablo y Karel

En esta foto están Alfonso, que se ha ocupado de la producción del FanCine hasta este año (en que decidió estudiar oposiciones a profesor de Secundaria y se sacó la plaza a la primera), Pablo (su director) y Karel (su madre vino a saludarme para darme las gracias por un artículo y fue emocionantísimo), que ha sustituido a Alfonso en todo este maremágnum. El Fancinegay da mucho trabajo y es estresante y yo supongo que todos los años todo el mundo dice: este es el último. Porque todo cuesta mucho esfuerzo y hay frentes abiertos que no deberían estar abiertos y parece que las cosas salen solas y que se hacen porque hay que hacerlas: no, se hacen porque hay quienes se quitan horas de sueño organizando esto, en muchos municipios de Extremadura, ocupando mucha parte del territorio, hablando con productoras, directores, abriendo concursos de cortos y eligiendo películas por puro compromiso cultural y, en este caso, especialmente, por puro compromiso con construir una sociedad más amable, más acogedora, más cuidadosa y mejor.

Espero que (les) siga mereciendo la pena muchos años.

En la Raya – Monsaraz, Évora, Badajoz

Qué bien sientan las visitas. Sobre todo cuando las visitas son de muy maravillosas leales geniales amigas. El pasado puente de octubre, vino Cristina, de Vegan Place. Y me trajo esta cosa maravillosa para desayunar…

Esto no es un queso camembert, de Mommus
Esto no es un queso camembert, de Mommus

Es, por supuesto, «Esto no es un queso Camembert«, de Mommus. Añado también su Facebook, Twitter y su Instagram, que ya sabéis que las redes sociales se usan mucho más que las páginas web hoy día. Es una pequeña empresa que yo adoro. Su queso no-Camembert, pero sí Camembert, sabe a Camembert (lo juro: yo no tengo recuerdos reminiscentes del queso: yo sé cómo saben las cosas) y por la red os podéis encontrar a mucha gente que lo ha compartido de las más diversas maneras: echándoselo a una pizza, a hamburguesas, con aguacate, con higos secos, con mermeladas variadas… Pero, como mejor está y, además, a mí no se me ocurre comerlo de otra manera, es así:

Desayuno con Mommus

Compras un pan alentejano o uno bueno o lo haces tú, pero que esté rico, por Dios, lo tuestas, le pones un poquitín de aceite de oliva y, por encima, unas lasquitas de queso y te lo comes. Solito. Sin mermeladas ni nada. Dejando que se deshaga en la boca.

El único problema de este queso es que se acaba. He dicho.

El viernes llegó Cristina y nos fuimos a celebrar el cumpleaños de David. David cumple 30. David es filósofo. David tiene una mente estratosférica. David es cariñoso, amable, cuidadoso, tiene un tacto infinito, una generosidad pasmosa, un gusto literario y musical exquisito y es una de las personas más bonitas que conozco. Por dentro y por fuera. Y por fuera está buenísimo. Quien está al lado de Cristina, que va de negro, es Pablo. De Pablo ya he hablado mucho. Estos tres son familia.

Pablo, Cristina, David y yo
Pablo, Cristina, David y yo

Cris le regaló chocolates, yo el libro de Thug Kitchen en inglés (el primero que sacaron, que también está en español) y el The Black Holes, de Borja González (una maravilla), además de unas fotos de nuestros periplos por Centrifugados y Expoesía. Comimos en el Fusiona, que es el único lugar de Mérida donde tienen varias opciones veganas y, al día siguiente, que era sábado, nos largamos a Portugal. Yo no conocía Monsaraz. Qué precioso.

Monsaraz y el Tajo

El paisaje circundante es así de espectacular (mejor verlo en directo) y el pueblo es encantador:

Monsaraz
Monsaraz

Para comer, tiramos de Happy Cow, que para algo pagué la aplicación entera en el móvil, y nos largamos a Évora. Comimos en Salsa verde. Se anuncia como restaurante vegetariano, así que pensábamos que no íbamos a encontrar casi opciones: de los ocho platos salados del menú, seis eran veganos. Las tartas saladas, también veganas (una tarta y polenta -nota mental: tengo que hacer polenta). Los postres, veganos la mayoría. Compartimos una tarta de manzana exquisita. Tienen comida para llevar y nos encantó.

Guisantes, tofu, seitán a la jardinera, arroz con cogumelos (setas) y ensalada de tomate cherry y rabanitos

Arroz con cogumelos, ensalada de fruta, tarta de tofu y migas alentejanas. Detrás, zumo casero de frutos rojos y tarta.

Tarta de manzana vegana. Exquisita.

La comida es un buffet y va al peso. El plato grande cuesta menos de quince euros por kilo. A nosotras dos la comida nos salió por algo más de siete euros a cada una. Mucha de la comida era comida tradicional alentejana pero veganizada, como las migas con espinacas. Nos gustó muchísimo… Y Évora es preciosa. Una de sus atracciones fundamentales es la Capela dos Ossos:

Capela dos Ossos

En el frontispicio dice: «Los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos». Todo muy tétrico. Cerca hay un parque en el que puedes ver pavos reales… ¡con sus crías! Era la primera vez que Cristina y yo las veíamos:

Pavos reales. Qué monada

Y, luego, nos fuimos a ver a mi otra amiga Cristina al Voodoo de Badajoz, para comernos una hamburguesa vegana de garbanzos y unos hummus.

Hummus de pimiento caramelizado, hummus tradicional y hummus de aguacate

Hamburguesa de garbanzos con salsa de mostaza y «miel»

Y, al día siguiente, nos fuimos de paseo para ver el acueducto de los Milagros de Mérida y las cigüeñas…

Acueducto de los Milagros

Y luego comimos en casa para que Cristina me enseñara a hacer una tortilla de patatas rica rica. Con calabacín y jugosa. La hace a ojo, a ver si puedo replicarla para el blog, aunque recetas veganas de tortillas de patatas las hay a cientos. Yo nunca he hecho tortilla de patatas.

Tortillaca de patatas y calabacín

Pero, claro, ahora que creo que sé hacerla y que se tarda ná y menos y que en seis meses llegará el verano y pienso en eso con salmorejo por encima o migada en gazpacho y muero de amor…

Qué bien me ha venido el fin de semana largo, la verdad. Porque mis vacaciones no han sido muy buenas hasta la fecha. Qué alegría descubrir que en la tristeza puede haber días tan hermosos.