Vacaciones y una pérdida. Ecocentro y Viva Chapata en Madrid.

He tardado mucho en actualizar el blog. Primero, estuve de vacaciones en Madrid. Luego, cuando tenía una semana en casa para descansar, me avisaron de que el cáncer que le habían detectado a mi mejor amigo era incurable y me fui a Granada. Falleció el 1 de octubre, recién comenzado el día, mientras toda España estaba pendiente del referéndum catalán y yo no tenía cuerpo para abrir un periódico o ver la tele, que sigo sin tenerlo. No sabía cómo abordar este primer mensaje tras la vuelta, pero he decidido ir cronológicamente. Ya no recuerdo cuándo visité los restaurantes en los que comí, pero sí que comencé mi viaje a Madrid como si la visitara por primera vez: construyendo un mapa. Me he dejado muchos sitios por ver y comí en otros en los que no tenía planeado hacerlo, porque no apunté los restaurantes omnívoros con opciones veganas. Cada vez hay más. Menos en Extremadura, cada vez hay más en muchas ciudades de España. Y eso me encanta, porque a mí me gusta mucho salir a cenar por ahí. Y a comer. Y a desayunar.

Ensalada tipo Waldorf vegana en el Ecocentro
Ensalada tipo Waldorf en el Ecocentro

Alquilé un apartamento en Madrid, muy cuco, precioso, con una anfitriona que es un encanto, que es perfecto para pasar unas vacaciones yendo solo. Que era como yo iba. Me llevé el ordenador, lo cargué con un sinfín de capítulos de Fringe (qué maravilla de serie y qué maravillosos todos, pero sobre todo John Noble y Blair Brown) y, como llegué a las cuatro y pico de la tarde, me fui al Ecocentro, que era lo único que estaba abierto… para acabar comiendo un bocadillo de hummus con espinacas y una ensalada porque todos los platos, todos sin excepción, estaban decorados con una cantidad tremendamente alta de pimientos rojos. Las albóndigas, con pisto. Las hamburguesas de lentejas, con base de pimientos. Me cago en mi vida.

Coleslaw y bocata de hummus con espinacas en pan integral del Ecocentro
Coleslaw y bocata de hummus con espinacas en pan integral del Ecocentro

Con lo harta que estoy del hummus. Es falso, del hummus no me canso nunca, pero es cierto que, como ahora lo venden en los supermercados, cuando voy a casa de alguien, siempre tiro de él. Por supuesto, le hice fotos a todos los platos: muchas. Así que dividiré las vacaciones en varias partes. El bocata estaba bueno y la ensalada también. Tampoco unas explosiones de sabor, vamos a entendernos: supongo que lo demás sería más rico… si yo no odiara los pimientos tanto como los odio. Con la de oportunidades que les he dado, a los pimientos, pobrecitos. Con las ganas que yo tenía de hacerme al sabor y no ha habido manera…

El primer día en Madrid acabé en un autocine.

Autocine en Madrid
Autocine en Madrid

Opciones veganas en el autocine no conozco, así que nos fuimos a Viva Chapata (ya sé que os lo preguntáis: vimos Dirty Dancing, que, vista con ojos de adolescente, es una genialidad y vista con mis 41 años, da vergüenza ajena, pero, en estos casos, yo me dejo el cerebro en casa y disfruto de la música y ya está. Y de ver a Patrick Swayze, al que le tengo mucho cariño). Nos pusieron unos aperitivos: uno era hummus (me persigue). El otro, ni idea. Pero eran veganos, que la camarera se ocupó de recalcarlo, qué encanto de personal tienen allí, a pesar de que están hasta arriba.

Aperitivos en Viva Chapata
Aperitivos en Viva Chapata

Yo me pedí unas arepas, que vienen con unos sobrecitos de ketchup (luego descubrí por qué, y es que la masa es algo seca). Se llama “arepa reinventada” y es vegana (todo era vegano). Muy rica. El guacamole también.

Arepa reinventada en el Viva Chapata
Arepa reinventada en el Viva Chapata

Y la amiga con la que iba pidió (aunque al final lo compartimos todo) una pizza barbacoa. Y, como somos así de gochas, unas croquetas, que eran croquetones, de boletus. Crujientes y ricas ricas. Yo es que adoro las croquetas.

Croquetas veganas de boletus en el Viva Chapata
Croquetas veganas de boletus en el Viva Chapata

La pizza… Ay, qué rica la pizza. Las raciones son grandes tirando a enormes. Su salsita barbacoa, su blandura en el pan por arriba y su crujiente corteza por abajo, su soja texturizada, sus avíos… Tiene pimiento, pero está en trozos grandes y yo se lo quité. Sí, todo lleva pimiento en esta vida.

Pizza barbacoa en el Viva Chapata
Pizza barbacoa en el Viva Chapata

Y de beber, pedimos limonada con hierbabuena, que no es la típica limonada que te pueden servir en Granada, sino más bien agua con limón y hierbabuena, flojita, pero muy refrescante.

Limonada en el Viva Chapata
Limonada en el Viva Chapata

Y rodando como bolas nos fuimos a ver Dirty Dancing. Y a cantar y a bailar de cintura para arriba en el coche, que había que habernos visto.

Luego visité más restaurantes y, sobre todo, quedé con amigos y vi mucho teatro. También comí en casa y me levanté infinidad de capítulos de Fringe, serie que ya adoro. Y hubo tiempo no para ver museos, que los de Madrid me los tengo muy vistos (siempre merecen una visita, pero yo llevo cultura, ¿saben? y quería desconectar, que ya tenía compradas muchas entradas), sino para ver la exposición de Escher en Madrid (no vayáis, que ya no está) y que es una maravilla. Compré el catálogo. Siempre compro los catálogos… Es un vicio que tengo, junto a los libros de cocina. Que también me hice con dos en una librería preciosa, de la que ya hablaré, que si no, esto va a ser más largo que un día sin pan. Ay, el pan. Qué rico. Que sí, que nutricionalmente no será muy allá, pero qué rico está el pan…

La importancia de ordenar

 

Estoy de vacaciones hasta el lunes. Luego, trabajaré una semana y luego me iré, por vez primera sin mis gatos, a ver teatro a Madrid. En el enlace hay un mapa con restaurantes veganos y vegetarianos con opciones veganas, tiendas y zapaterías y hasta pastelerías. En eso he invertido mi tiempo, en ver The Affair, con Dominic West y en ordenar toda mi casa.

Vitrina de la cocina
Vitrina de la cocina

Esta vitrina antes (no, no hay fotos del antes) tenía desde bolsas de agua caliente hasta cargadores de móvil, los filtros de las fuentes de los gatos… Las teteras estaban escondidas en armarios de la cocina y en cajas. Y son bien bonitas y cada una tiene una historia… Así que las he sacado y las he puesto bien visibles.

Tetera y tazas con gatitos
Tetera y tazas con gatitos

Esta tetera con sus tazas a juego, que he estado usando para desayunar (las tazas, no la tetera, que yo soy de café) me la regalaron mis compañeros de trabajo hace no sé ni cuántos años. La pedí yo, que la había visto en una tienda que se llama Delicias de Prada que está aquí en Mérida. La que os voy a poner ahora me la han regalado mi hermano mayor y mi cuñada por este cumpleaños. También estaba en una caja, fuera de la vista de todo el mundo. De hecho, ni la había abierto, con lo preciosa que es. La compraron en A loja do gato preto.

Tetera con dibujos de varios maneki-neko (gato de la suerte japonés)
Tetera con dibujos de varios maneki-neko (gato de la suerte japonés)

Y debajo están las latas de té o de galletas. Todas juntas y tapándose las unas a las otras, porque no tengo más vitrina para mostrarlas en fila india. Muchas las he comprado yo, pero la redonda me la regaló mi otra cuñada y la azul, de Londres, me la trajeron Maria y Begoña hace siglos de un viaje, llenita de té earl grey, que a mí me encanta. La de las ovejas me la regaló una compañera de trabajo, porque la tenía en la mesa y le dije que la quería (pedid y se os dará) y la que está detrás con la vaquita es de Escocia. Estaba llena de shortbreads, galletas de mantequilla típicas de allí. Algún día harán una mantequilla vegana que sepa mucho a mantequilla y la venderán aquí cerca y podré hacer unas shortbreads ricas. Es decir, dentro de 15 años o 20. O nunca, al paso que va la burra.

Latas de té
Latas de té

Yo soy esa señora que vive sola, tiene tres habitaciones y tres armarios dobles empotrados y no tenía espacio en casa. Ahora, los armarios están semivacíos, los altillos están llenos de utensilios de repostería para hacer sitio en la cocina y porque no hago repostería normalmente y la ropa me cabe porque he regalado unas diez bolsas enormes. En uno de esos armarios estaban todos estos imanes para la nevera, que han vuelto a su sitio natural.

Imanes para la nevera, en la nevera
Imanes para la nevera, en la nevera

También he ido a comprar marcos para colocar, por fin, las postales que compré en Argentina. Y he comenzado (pero en eso tardaré) a seleccionar todas las fotos que quiero poner en las paredes, en portarretratos que compré hace tres años y que siguen vacíos encima de la mesilla de mi habitación. Pero, poco a poco, la casa va tomando forma.

Postales que compré en Argentina
Postales que compré en Argentina

En el salón también hay un mueble vitrina, cuya parte de abajo tiene libros con formatos enormes que no me caben en ninguna estantería, pero me cabrán. Ahora está lleno de los platos y boles que utilizo para el blog. El reposatartas me lo regaló mi padre por Reyes unas Navidades. Y en esta foto hay una root beer que me traje de Nueva York y que no he querido tirar.

Root beer y ron miel de la boda de un muy buen amigo
Root beer y ron miel de la boda de un muy buen amigo

Cada uno tiene su historia. Los ceniceros que están debajo de las copas son de Portugal, de un viaje que hice con mi madre a Lisboa. El cuenco de sopa japonés me lo compré en una tienda de Sevilla a la que me llevó Gema. Los demás los he comprado en tiendas de artesanía, en A loja do gato preto o en Terracota Mérida. El plato para las tartas, que está en la caja rosa y gris, me lo regaló mi amiga Charo, que ahora es mi jefa. Pero sigue siendo amiga, ojo.

Platos y boles y hasta ceniceros de Portugal
Platos y boles y hasta ceniceros de Portugal

Ahora lo tengo todo a la vista y sé dónde está cada cosa. Y, además, queda más o menos decorativo. Yo sé que nunca voy a tener una casa de revista, a no ser que me toque la lotería, pero siempre se puede hacer un intento para que en los muebles no haya… yo qué sé: juguetes de los gatos, Betadine, agua oxigenada, gasas, cables… que era lo que había antes. Ahora lo miro y no me da vergüenza ajena, vamos.

Más platos y hasta un azucarero con su jarra para la leche gatuna
Más platos y hasta un azucarero con su jarra para la leche gatuna

También he colocado bien la estantería de los libros de cocina y he dejado a la vista el cuadro que vais a ver ahora, que me dibujó un amigo hace muchos años, cuando aún no nos habíamos visto (eran los albores de internet y nadie se mandaba fotos). Él me vio así. Con una paloma de la paz y el equilibrio del yin y el yan en cada ojo. Cuando él me conoció yo no era así ni me acercaba: ahora sí. Ese retrato ha sido, durante más de una década, la guía de hacia lo que quería tender.

Yo, vista por Joan, cuando aún no me había visto
Yo, vista por Joan, cuando aún no me había visto

El lunes me incorporo y el fin de semana está lleno de planes fuera de casa, así que no he ordenado del todo los libros. Sí los de las estanterías de los libros de cocina, que tengo repartidos en dos estanterías distintas de la casa. No, no os las voy a poner todas, solo los que aquí interesan.

Libros de cocina vegana
Libros de cocina vegana

En la entrada están los millones de libros que tengo de repostería. Que son todos vegetarianos y no me atrevo a veganizar, pero algún día debería ponerme, porque tienen recetas muy apetitosas. En el salón, una balda de libros omnívoros de los que no me voy a deshacer y cuatro de libros veganos y vegetarianos.

Libros veganos. Aquí están mis favoritos
Libros veganos. Aquí están mis favoritos

También colgué hace tiempo, y pongo una foto por si os sirve la idea, los moldes de bizcocho Nordic Ware con ayuda de un taco y una alcayata. Es la mejor manera de tenerlos y que no se rayen. Y quedan decorativos. Tengo tres así, pero os pongo la foto del del castillo para que veáis cómo se cuelgan.

Molde castillo colgado de la pared
Molde castillo colgado de la pared

En mi cuarto, además de dejar todo un cajón libre en el armario, decidí decorar los zapateros que tengo colgados con unos broches para los abrigos que nunca me ponía. Se pegan con cinta de doble cara en el zapatero más alejado de la mesilla, para que los gatos no los despeguen. Porque lo hacen. Lo comprobé. Al menos ahora tienen color.

Zapatero con broches pegados con cinta de doble cara
Zapatero con broches pegados con cinta de doble cara

Como los otros zapateros están en sitios susceptibles de que los gatos se pongan a jugar con los broches, cogí dos abanicos que mis amigos Jose y Maricarmen regalaron en su boda y que me encantan pero que no puedo usar porque, en el bolso, no caben. Son estos y los pegué con un adhesivo.

Abanico de papel decorando un zapatero de Ikea
Abanico de papel decorando un zapatero de Ikea

Y así, decorando y decorando, he invertido toda la semana de vacaciones. No he cocinado más que lo que tenía congelado (por ejemplo, lentejas: pues se cuece pasta y se le echa tomate frito). Y tengo que ir a comprar justo cuando salga esta entrada, porque luego me voy de juerga hasta el domingo por la tarde. Que me lo he ganao.

Ah. No me resisto a otras dos fotos. Una, de un cuadro que me regalaron mi hermano mayor y mi cuñada (los de la tetera del gato de la suerte japonés) y que compraron en Londres. Dudaban si comprarlo porque había cuatro gatos y no tres, pero justo cuando me lo iban a traer, apareció Huck en mi vida. Y ahora este cuadro y mi día a día son uno.

“Algunos te llaman la loca de los gatos, pero nosotros te llamamos mamá”

Y aquí está el tío, mirándome así mientras yo hacía fotos a las estanterías…

Huck
Huck

La parte seria de la historia es que he invertido mis vacaciones en darme una paliza de orden porque una casa ordenada es signo de una mente ordenada. Y, mirando papeles, descubrí que guardaba cosas como contratos de pisos del 2001, de casas en las que no vivo ni casi recuerdo. Y notas mentales de adhesión a la dieta (de hace tres años y aquí seguimos, paso a paso pero con una lentitud digna de estudio). Mañana iré a comprar café, verduras y cosas para cocinar… y ya cocinaré un día de estos, tranquilamente, porque después de esta semana de vacaciones me voy a Madrid… y tocará hacer crítica con fotos de todas las comidas de los restaurantes que voy a visitar. He dicho.

¿Vuestro verano, qué tal?

Un verano con adolescentes

Cuando estudiaba en la Universidad, los dos primeros años de Publicidad y Relaciones Públicas, Comunicación Audiovisual y Periodismo eran comunes. Yo tenía 18 y en mi clase había un chico que me llevaba 10 años, que luego se fue a Rumanía y se enamoró. Su primera hija nació allí y yo me recuerdo visitando tiendas en Melilla, hace casi 18 años también, para comprar ropa que no fuera rosa. Un pluma rojo, un pantalón de pana amarillo con pollitos, una sudadera azul marino con pollitos. Por si acaso tenía más hijos algún día. Miento, no era por eso: era porque, en aquellos tiempos, odiaba el rosa y su adherencia de género.

Ahora hay tres niños, de 17, 15 y 13 que han estado en mi casa diez días. Solos. Sin sus padres. Yo, poniendo kilos. Por lo visto, ellos también.

Viriato, de Verbo Producciones
Viriato, de Verbo Producciones, en el Festival de Mérida. Foto de Jero Morales.

Mi verano ya lo he contado muchas veces. Desde La Orestiada a Viriato han pasado dos meses de no tener tiempo ni para rascarme. Que lo hubiera tenido si no me hubiera echado siestas de dos horas y si no hubiéramos tenido no sé cuántas olas de calor y alertas naranjas, que a mí me dejan con ganas de echar tomates en la batidora y hacer gazpacho nada más.

Con dos botes de tomate frito casero, gazpacho de cerezas y ragú de soja texturizada en el congelador, aparecieron estos tres omnívoros irredentos en casa. También había cantidades industriales de Heura, pero cuando supieron que no era pollo, ya la textura no les convencía. El año que viene me plantearé hacer otras cosas… pero están acostumbrados a… pues a los sabores fuertes, como todos los adolescentes, y a no ver las verduras más que en forma de purés o ensaladas: no como yo las uso, quiero decir. En mi casa no se comen animales, pero fuera han comido lo que han querido, obviamente, así que he visitado el Burger King un par de veces, el 35 Burger otra vez más (yo hubiera querido que fuera al revés, porque allí hay una hamburguesa vegana) y varios de los restaurantes de tapas de Mérida… menos el que más me gusta, que es el Fusiona. Han visto un concierto de fado y flamenco de Katia Guerreiro y Arcángel en el teatro romano (mientras, en mi casa, sonaban Melendi, Dani Martín y Macaco (me niego a poner enlaces) y también La comedia de las mentiras.

Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida
Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida. Foto de Jero Morales

De este periplo he aprendido varias cosas. Una, que criar hijos es agotador. Dos, que soy mis padres, los dos: qué hacen las luces encendidas a todas horas, poned la mesa ya, cuando yo digo que pongáis la mesa es que pongáis la mesa, os créeis que soy de la compañía eléctrica, lo que hay para comer es esto: si no lo coméis, de hambre no vais a morir; come un poco más, que no has comido nada y de mierdas no te puedes alimentar todo el día; ni se os ocurra comer guarrerías antes de comer, no estáis en un hotel, os creéis que soy vuestra esclava… Todo el repertorio. Todo. Completo.

También he aprendido que, cuando viene gente a casa, con las comidas hay que planificarse muy bien: no se trata de que yo no haga platos apetecibles: se trata de que hay que cocinar con antelación y hablar con los padres, no ir improvisando sobre la marcha. La próxima vez saldrá mejor. Porque vendrán en invierno y no todos a la vez.

Hice un brownie, por cierto, y Nutella vegana con receta de Mi vega blog. Del brownie hay una foto penosa de móvil, que es esta: ya lo repetiré en otra ocasión y pondré la receta correctamente.

Brownie con mermelada de frutos rojos
Brownie con mermelada de frutos rojos

Y hemos hablado mucho. De muchos temas. He descubierto que Martina es como su padre. Igualita. Nos hemos confesado cosas, nos hemos abrazado mucho, nos hemos dicho que nos queremos, nos hemos puesto hasta las trancas de comer, hemos dormido siesta y hemos visto la trilogía de Jesse y Celine de Richard Linklater (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight) y hemos debatido sobre las relaciones de pareja, sobre las relaciones de amistad, nos hemos reído mucho, hemos dado alguna que otra voz y nos lo hemos pasado muy bien. Es agotador, pero muy divertido. Les dije que me pusieran un mensaje en la agenda del año que viene, el día de su cumpleaños, y Martina nos dibujó.

Familia de Mérida
Hasta los gatos están tal cual. Yo, ni os digo.

Luego han ocurrido más cosas que no voy a contar, porque Mérida es como Las Vegas. Lo que pasa en Mérida, se queda en Mérida. Lo que más les gustó fue la ruta Mérida Secreta. Lo que menos, me temo que mi comida. Snif.

Sí: ha sido agotador y sí, me he quedado con ganas de más. Pero no lo digáis muy alto

El fin de semana espero tener tiempo de cocinar, por cierto. Estoy del ragú que sobró hasta atrás.