Vegetarianos ConCienciaDos – Lucía Martínez

Vegetarianos concienciados
Vegetarianos concienciados

Ahora que se acerca la Navidad, un buen regalo que pedirle a los Reyes, si estáis en contacto con gente que quiere ser vegetariana o que está empezando o que no sabe qué pedir para hacer una ingesta normal cuando sale por ahí a comer en cualquier pueblo perdido de la mano de dios (nutricionamiente normal en el sentido que yo le doy: esto es, verduras a cascoporro y proteína de calidad -tofu, soja texturizada, tempeh, legumbres: el natto no lo he probado porque no lo venden en ninguna parte de las que yo conozca-) es este libro del que os voy a hablar: Vegetarianos concienciados.

Lucía Martínez, Dime qué comes
Lucía, en una charla en Extremadura, hace tiempo ya

Lo escribe Lucía Martínez. Es decir, Dime qué comes. Aquí están su Facebook, su Twitter y su Instagram para que, en caso de que no la conozcáis, podáis mirar su trabajo en la red social que más os guste. Pongo esa foto para indicar dos cosas:

La foto se la hice yo. Es decir, nos conocemos. De hecho, la primera pauta dietética que tuve en mi vida me la hizo ella, cuando no hacía pautas dietéticas y trabajaba en el hospital. Ahora no las hace tampoco, ojo. Y le revisé y corregí y añadí y quité cosas de su primer libro, Vegetarianos con ciencia. Este es el libro al que hay que acudir cuando uno se quiere hacer vegetariano, pero no sabe qué raciones comer, ni si le van a faltar proteínas y de pronto se asusta porque toda la gente que conoce le dice que tiene un amigo que acabó en el hospital por ser vegetariano y le pregunta por el hierro hemo y la vitamina B12.

-Estoy de acuerdo en ella en el 99,9 por ciento (tirando por lo bajo) de las cosas que escribe. Sobre todo cuando se mete en política. Porque esto, señores, es política. Y este también, que me encanta, el «Radicales vosotros«. En esta sociedad polarizada en la que, de pronto, la extrema derecha ha irrumpido en un Parlamento que se quiere cargar, eso le ha traído no pocos problemas. Porque mucha gente piensa que, si eres nutricionista, solo puedes hablar de nutrición y el resto del cerebro te lo han lobotomizado. Y aquí ando yo, periodista cultural, con un blog de cocina, política, nutrición y casi psicología, porque de la ansiedad he hablado más de una vez. No, no somos planas. Acostúmbrense.

Vegetarianos con ciencia
Si quieres saber si te van a faltar proteínas, este es tu libro

También tiene la misma lucha que yo contra la industria alimentaria. A mí hasta me revienta comprar leches vegetales a marcas que tienen también leche de vaca (sí, las llamo leches. Y digo: «me estoy tomando un café con leche» y no añado «de soja» porque no me da la gana: a ver si la leche que merece llevar el nombre en mi vocabulario, que es mío porque lo uso yo y porque nombro yo, va a ser la leche de vaca: lo que me faltaba, vamos). Esta empresa, Liquats, solo hace leches vegetales, es española, está en el Montseny, que es un sitio que amo y comercializa las bebidas con la marca Yosoy. No se puede tener mejor declaración de intenciones. Gracias, Vegan Place, por investigar por mí.

En el Montseny, hace años. Qué día más bonito pasé
En el Montseny, hace años. Qué día más bonito pasé

Ese conocimiento de quién es el enemigo hace que el libro tenga un apartado de «vamos a dejar de alegrarnos por cada mierda con sellito Vegan que hay en el supermercado». Puedo contar con los dedos de una mano lo que compro en un súper: lejía, polvos aromáticos para los areneros de los gatos, tomate concentrado, lavavajillas, detergente y suavizante para la ropa, papel higiénico, arroz integral y alguna legumbre española cuando me he quedado sin ellas y no he ido a Semilla y grano (aunque las últimas las compré a granel en una pequeña frutería de Portugal). Y sí: he probado las salchichas veganas de Taifun en algunas ocasiones, pero no forman parte de mi dieta habitual. Y son de Taifun, no de Campofrío, que se reía de los vegetarianos en un anuncio y luego saca una línea de carnes vegetales y ya es guay cuando sigue matando cerdos a tutiplén y siendo poco sostenible medioambientalmente.

Pero antes hay más.

Antes hay un prólogo de Virginia Gómez. Es decir, de Dietista Enfurecida. Adjunto también su Twitter y su Instagram. Por cierto: si tenéis algún problema digestivo, esta es vuestra referencia. Está en el Centro Aleris de Valencia.  Virginia habla de lo que sabemos todos: que, a poco que tengas un pelín de conciencia social, te vas a informar sobre el vegetarianismo y el veganismo y darás el paso. O, cuanto menos, reducirás mucho la carne y el pescado. Y mucho es mucho: no es quitarse el jamón de la tostada del desayuno. Que a mí me encantan los de «yo como poca carne», que, cuando les analizas las ingestas, resulta que comer poca carne es que comen pescado dos veces por semana. Y, cuando comen legumbres, es con su chorizo, porque la carne, todos los sabemos, no es caldo de gallina: es el filete de ternera nada más.

Luego hay una introducción en la que se explica algo muy obvio: ser vegetariano ahora no es como lo era hace 20 o 30 años (sí: había veganos en España hace 30 años). Las cosas han cambiado mucho en estas décadas y están cambiando aún mucho más, de manera muy exponencial, en los últimos años. Surgen empresas como Foods for Tomorrow, se habla de carne limpia, Mommus hace quesos maravillosos… Y hasta la industria cárnica fabrica productos sin ingredientes animales (les interesa vender: y no, no venden solo a los vegetarianos: venden a todo aquel que piensa que un sello verde es sano. Como si en vez de sodio a tutiplén y grasas malas estuvieran comprando dos zanahorias).

Y, sin embargo, hay veganos y vegetarianos felices con esto. Y eso no puede ser. Y yo estoy de acuerdo en que no puede ser. Y de ahí nace también este libro, que a mí me ha recordado en algunas cosas al Main Street Vegan: cómo es ser vegano aquí y ahora, en el Primer Mundo. Por eso hay apartados: en el primero no me detengo porque es un recordatorio de Vegetarianos con ciencia (no, no nos van a faltar proteínas ni nos vamos a morir por falta de omega 3) y un compendio en el que hemos participado unos cuantos contando por qué nos hicimos vegetarianos o veganos.

El meollo que a mí me sirve y que puede servir a personas que estén empezando y no sepan ni cómo comunicarlo en casa, ni qué comer, ni cómo organizarse la compra o qué llevarse al trabajo, viene en los capítulos siguientes, en los que se incluyen, además, recetas fáciles y se habla de algunos productos que a los que siguen comiendo carne les parecen una modernez, como el tofu, que tiene casi 2000 años.

Índice del libro

El primer capítulo que leí es en el que habla de comer fuera de casa. Porque yo, comer en casa, lo tengo más que superado. Realmente como en el trabajo, pero me llevo cuatro fiambreras:

  1. Leche de soja para el té que me tomo en el trabajo.
  2. Ensalada de primero o purés o sopas de verduras
  3. Proteína (tofu, soja, legumbres…)
  4. La media mañana: leche de soja con semillas de chia, frutos secos y una o dos frutas grandes (de 300 gramos a 450 gramos, más o menos: es lo único que me dura lo suficiente como para no asaltar la máquina del trabajo y es lo único que no me puede quitar ningún nutricionista que se precie. ¿Por qué? Porque no solo no asalto la máquina del trabajo. Es que a mí la fruta sola no me gusta, salvo que sean uvas o cerezas o fresas. Yo no me voy a comer en mi vida una manzana sola a bocados. Ni una mandarina. Ni na de na. Una naranja súper ácida sí, pero como a la humanidad le gustan dulces, ya ácidas no las encuentras, carajo.

De comer en el trabajo y comer de menú en restaurantes también habla. Me ha parecido especialmente curioso el de restaurantes veganos y vegetarianos, porque Cristina (Vegan Place) y yo lo hablamos mucho: no puede ser que todos tengan la misma carta, que estamos de guacamole, pizzas con queso guarrucho y hamburguesas hasta el moño.

Pero yo vivo en el páramo extremeño, en el que solo hay uno o dos sitios con opciones y la mayoría de ellos están fuera de la ciudad en la que vivo. Y a mí me gusta salir. Y comer, porque a mí lo que más me gusta es comer. Y en Extremadura, la opción de las ensaladas no vale siempre, porque llevan foie, o pollo, o ahumados y no tienen un tomate rajao que ponerte. Y, además, yo he pasado muchos años (cuatro o cinco) emparanoiada con las proteínas, porque en unos análisis que me hicieron cuando yo comía fatal, pero ya era vegetariana (sí, se puede ser vegetariana y comer mal), las proteínas (uno de los tres valores que hay) me salieron bajas. Mi médico me dijo que ni me preocupara, que era una pollez, pero yo me preocupé. Hay vida allá afuera. La semana que viene voy a llevar el bolso que va a parecer un supermercado (aquí no hay leche de soja en casi ningún bar). Da pautas para tratar el asunto en restaurantes y opciones que tenemos en las que yo no había caído. Porque no me veo llevándome un tupper de soja (entre otras cosas, porque a mí los planes que me gustan son los que surgen sobre la marcha) a un restaurante y pedir que me lo calienten. Me da vergüenza.

¿Qué pasa si nos ingresan? ¿Qué pasa si nuestro hijo nos dice de pronto a los 14 que quiere ser vegetariano -¡hola, Marcos! Qué orgullosa estoy de ti-? ¿Qué pasa si estamos embarazadas? A mí no me ha ocurrido nunca ninguna de las tres cosas y las dos últimas (tener un hijo de 14 años de la noche a la mañana así de golpe y quedarme embarazada, digo) dudo mucho que me vayan a pasar jamás, pero nunca se sabe cuándo te pueden ingresar. De esto también se habla en el libro. Y se dan ideas para organizar menús semanales, para niños, adolescentes y adultos. También se habla de divulgación nutricional, aplicado a gente que quiere divulgar. Pero también puede servir para detectar a quiénes son malos divulgadores. De verdad, hay un sinfín de cuentas de Instagram diciendo gilipolleces sobre la salud. Para empezar, todos los que pongan «Herbalife«, fuera. Seguid a nutricionistas titulados. Hay un montón. Y, si no nombro a Pablo Zumaquero, reviento. Aunque a mí el que me pone es Marc. Pero Marc es para avezados, porque la mitad de las veces no te enteras de por dónde va.

Vegetarianos concienciados, Ororo y mi mesa de lectura y recetas
Vegetarianos concienciados, Ororo y mi mesa de lectura y recetas

Para quién no es este libro.-

  • Para vegetarianos y veganos hipermegasaludables que lleven muchos años de vegetarianismo y veganismo y que tengan el bolso siempre lleno de frutos secos y no hayan probado jamás un postre crudivegano ni una hamburguesa de Taifun ni del Mercadona y lo único considerado «postre» que se llevan a la boca es una onza de chocolate con un mínimo de 80 por ciento.
  • Para personas que busquen información sobre B12 exhaustiva, calcio, zinc, vitamina D y todas esas cosas de las que nunca nos preocupábamos cuando nos poníamos de ternera hasta el culo pero no veíamos una berenjena ni por casualidad. Para ellos, el libro anterior: Vegetarianos con ciencia.

Para quién sí es.-

  • Para vegetarianos y veganos recientes.
  • Para vegetarianos y veganos de larga duración apasionados por cada producto que aparece en el supermercado con el sellito V.
  • Para aquellos a quienes les cueste organizar un menú semanal (a mí me pasa) y estén a veces faltos de ideas (sí, a pesar de los 800 libros de cocina vegana que tengo: la sobreinformación atora).
  • Para nutricionistas que traten con pacientes vegetarianos y no sepan qué opciones tienen porque ellos coman carne y pescado a tutiplén (sí, los hay) y no hayan mirado nunca qué hay en una carta de un restaurante en esta Extremadura nuestra o en la meseta castellana o en Asturias. Por ejemplo.
  • Para quienes se plantean sus modos de consumo.
  • Para quienes quieren ser vegetarianos, pero piensan que es muy complicado comer fuera o comer en el trabajo o comer en un hospital o tener hijos vegetarianos.
  • Para sanitarios en general, aunque me temo que los médicos siguen en su atalaya y no leen sobre nutrición (espero que las generaciones jóvenes estén cambiando eso).

Por la red hay más reseñas menos personales que ésta: yo hablo de mí, que me tengo muy a mano siempre: si no, ¿qué sentido tendría recomendar algo?

Ah: se me olvidada. El libro se llama «Vegetarianos concienciados«. Comer es un acto político. Comprar también lo es. Pedidlo en la librería de vuestro barrio o de vuestra ciudad. Paidós es de Planeta: no hay problemas de distribución. Abandonad Amazon, que es un puto supermercado que lo mismo te vende libros que proteína de suero de leche o estanterías. Fomentad el pequeño comercio. Es indispensable para crear barrio y para crear conciencia social. Y necesitamos sociedades más cohesionadas, más conscientes, más cuidadosas. Nos está yendo la vida en ello.

Vegetarianos con ciencia, Aleris y Cocina Vegana

No sé si lo he dicho alguna vez, pero me dedico al periodismo cultural. ¿Qué implica esto? Que el 90 por ciento de los libros que me interesan, me los envían. Novelas, poesía, cómics. ¿Qué supone esto para mi economía? Que, desde hace años, casi exclusivamente compro libros de cocina (vegana, of course: antes, omnívora también). El de Cocina Vegana me lo compré nada más salir. Luego, Lucía me lo envió, con dedicatoria incluida (una dedicatoria en la que recordaba cómo lo único que yo sabía hacer de comer era pasta y arroz cocido) y yo se lo regalé a María Jesús, que cada vez come menos carne.

De él he hecho este brócoli, que en el libro viene para rellenar unos rollitos de pasta filo; un paté de lentejas del que no hay foto (que me quedó muy líquido y a mí los patés me gustan para enfoscar paredes, pero el sabor era maravilloso y lo usé para untar y para aliñar ensaladas -que sepáis que los patés vegetales líquidos sirven para eso también y las ensaladas quedan muy ricas-) y este paté de tomate con garbanzos, del que no he puesto la receta porque el libro está en español, no como el resto de las recetas que pongo, que son de libros en inglés, y mi yo interior (y el exterior también) quiere que se editen más libros de cocina vegana en español, que no sean una recopilación horrible de recetas mal hechas con fotos sacadas de Getty Images.

¡Compradlo o pedidlo para regalo o algo!

A mí lo único que me jode de los libros de cocina vegana es que ponga «vegana» en la portada. Porque creo que la cocina vegana (ahora sí) es mucho más creativa que la cocina llamémosle convencional. Al fin y al cabo, han tenido que inventar técnicas para conseguir los mismos resultados que se obtenían con los ingredientes animales. Sobre todo con la repostería y los sustitutos de la carne (chorizos y demás). ¿Quién se iba a imaginar que se podía hacer merengue con el agua de cocción de los garbanzos o con gelatina de lino? ¿Eh?

«Es que yo no como cosas veganas», me ha dicho a mí gente que se pone hasta el culo de pisto y de gazpacho y de pimientos asados. Es como si ves un libro en el que pone Cocina gallega y dices: «No, yo gallego, es que no como nada».

Virginia García, que es quien ha hecho las recetas, ha contemplado un poquito de tó. El único punto negativo que le veo es que las medidas están en tazas (a mucha gente les resulta más cómodo cocinar por volumen: yo soy la tonta de la báscula y adoro pesar y pesar la comida: además, el sistema métrico es mucho más fiable, dónde va a parar). Hay recetas de todo tipo, desde entrantes a sopas y platos principales pasando por las más festivas (panes, pizzas…). Si después de leer el libro, uno se queda con ganas de más, Virginia ha hecho una página web. Y Lucía se ha ocupado de la información nutricional.

Y la información nutricional la debería leer todo el mundo. Lo mismo así la gente dejaba de creer que un plato de pollo con tomate frito de bote y una cerveza es una comida sanísima. Si uno se plantea eliminar la carne de su alimentación, o reducirla, es un buen punto de partida. El siguiente paso es hacerse con Vegetarianos con ciencia.

Yo aún no lo tengo. Pero me lo he leído porque he ido corrigiendo las galeradas. Lucía se ha inspirado en una de las referencias mundiales de la nutrición (vegana o no) que es Virginia Messina, que ha escrito varios libros llenos de información sobre veganismo: entre ellos, un imprescindible Vegan for Her, que es una especie de Biblia si eres mujer. ¿Cuáles son los problemas que nos encontramos los lectores de libros de nutrición americanos? La disponibilidad de alimentos: ellos utilizan muchos alimentos que aquí no encontramos (como jackfruit, por ejemplo, que lo veo en todos los libros de cocina: estoy de coña, me refiero a alimentos enriquecidos con B12 en cantidad suficiente y cosas así). Hay una barrera cultural que había que salvar. Y a eso ha venido este libro: a hablar de vegetarianismo y de veganismo para la gente de aquí. Porque España is different.

Es decir, que si uno quiere comer menos carne o dejarla del todo, este es el libro que hay que leer.

Y no es nada coñazo. Es ameno, divertido y tiene el estilo de Lucía. Sí: hay estudios científicos, claro está: es un libro de nutrición, no un libro de «amímefunciona el agua con limón para adelgazar». Habla de todas esas cosas que nos faltan a los vegetarianos: las proteínas, la B12 (sí, esto sí nos falta. A los vegetarianos y a los omnívoros, que la toman del pienso que se les da a las vacas y a otros animales), el hierro, el zinc, el magnesio, el calcio… La vida. Que yo no sé cómo no nos hemos muerto ya.

Sale a la venta el 13 de mayo. Hacedme el puto favor de pedirlo a la librería de vuestro barrio. No en Amazon, no en Casa del Libro, no a grandes corporaciones que ganan un huevo de pasta y que están acabando con las pequeñas librerías.

En medio de todo esto, Lucía dejó Palma de Mallorca y se fue a trabajar con dos nutricionistas más, que en una semana se transformaron en cuatro porque no dan abasto: y aún les falta el preparador físico y el psicólogo. Que siempre hace falta. Su nuevo centro se llama Centro Aleris (aleris es «serás alimentado» en latín) y está en la calle Orense, número 37, 1º C de Madrid. Si queréis pedir cita, el teléfono es 911 373 842.

No, no me pagan por la publicidad. Yo estas cosas las hago gratis. Primero, porque creo que si hay dos expertos en cocina vegana y vegetariana en España son Julio Basulto y Lucía Martínez Argüelles. Pero Basulto no pasa consulta.

«Un día vino a mi consulta una mujer con un ligero sobrepeso… Quería mejorar la marca de su maratón. Nunca juzguéis a alguien que tengáis enfrente». Esto lo dijo Bárbara Sánchez un día delante de mí y yo me enamoré. Lo de la maratón no era una anécdota. Es una referencia en nutrición deportiva. Así que, veganos atletas del mundo, ya nadie os va a recomendar proteína whey o que os hartéis de pollo.

El tercero en el triunvirato es Aitor Sánchez García, AKA Mi dieta cojea. Casi todo lo que puedo decir de Aitor ya lo escribí. Casi todo, porque opino muchas más cosas de él. No pasa consulta, se ocupa del resto de las cosas.

Aleris llevaba menos de una semana abierto cuando anunciaron los refuerzos.

Son Candelaria Soulas y Victoria Lozada. Candelaria comparte con Lucía la pasión por la cocina y Lozada es una estrella en Instagram. Y, a juzgar por las fotos que cuelga, lo de cocinar tampoco se le da mal.

Creo que hacía falta algo así, la verdad. Un sitio en el que te den no solo pautas para aprender a comer si eres deportista, si tienes una enfermedad crónica (¡hola!), si tienes que adelgazar (¡esto… hola!), si crees que comes bien pero en realidad no lo haces, si no sabes cocinar o si necesitas formación. Porque también dan formación.

Han comenzado por un curso de alimentación vegetariana saludable (las patatas fritas son veganas, no os olvidéis nunca de esto), que es el 14 de mayo; el etiquetado nutricional (Dios, lo que nos falta por regular en este país) y por la educación y planificación alimentarias. Pero vendrán más.

Y sé que tienen planes más ambiciosos. Se van a hartar de currar, pero espero que sean una referencia en el tratamiento integral a los pacientes.

Mucha suerte y mucho trabajo, chicos.