Guisanmole y la tragedia

Mi vida está llena de teatro últimamente, como todos los veranos. No solo el obligatorio (hay que ir a grabar los ensayos generales y hay que asistir a los estrenos), sino el que me busco por gusto. Por ejemplo, estoy mirando entradas para ver Incendios, que me la perdí en su día, pero sigue de gira. Si alguien se apunta, bienvenido sea. También quiero ver Yo, Feuerbach y pasarme por el Pavón Teatro Kamikaze (se lo prometí a Miguel del Arco) y ver La Latina por dentro y el Bellas Artes y también le prometí a Luis Luque que iba a ver Oleanna y Dentro de la Tierra.

Acabo de mirar alojamientos. Los hoteles salen, una semana, por más de mil euros y un apartamento para ti sola por 300. Tengo mis muchas reservas por la profusión de apartamentos turísticos y lo que están haciendo con el centro de las ciudades, pero veo lo que cuesta un hotel céntrico con baño y habitación individual y me caigo de espaldas. Porque a eso le tengo que sumar que he de contratar a Can de Luna para que me cuide a los gatos. Sería la primera vez que me voy una semana fuera y creo que la ansiedad por separación la voy a tener yo. Seguiremos buscando.

Además, en pleno Festival, me colé (previa invitación) en una clase magistral de Alberto Conejero: Tentativas de lo trágico en el teatro contemporáneo. Hablamos del surgimiento de la tragedia en Atenas, de la diferencia entre tragedia y drama y de por qué estamos tan necesitados de tragedias ahora, en este principios del siglo XXI. Analizamos las obras de Angélica Liddell (“¿Qué haré yo con esta espada?“), Wadji Mouawad (“Incendios”. Por cierto, Denis Villeneuve la llevó al cine y amamos a Villeneuve, aunque le quitó todo lo teatral -nunca comparo discursos distintos-) y David Harrower (Blackbird). Y aprendí en tres horas sobre historia, concepto y misterio del hecho teatral lo que no he aprendido en once años de profesión. Ahora sabré leer mejor. Es importante leer bien. Hasta los hechos que le han ocurrido a tu propia vida.

Y es importante saber qué diferencia una tragedia de un drama. Al menos para mí, que me enfrento a ellos muchos días del año. Conejero me ha colocado en un punto de partida: yo ya entendía a Antígona (y digo Antígona porque es uno de mis personajes favoritos) y sabía que su conflicto real no era elegir entre la ley natural y la ley social, sino que eligiendo enterrar a Polinices, elige abandonar a su familia, elige morir socialmente, elige el suicidio en vida. Entendía a Antígona, pero no entendía del todo a otros personajes, porque la tradición (la mía, hecha de lecturas y obras de teatro) me los ha entregado mucho más limpios, más asumibles por la burguesía intelectual que somos, con conflictos chiquitos. Y porque siempre he pensado en el teatro como pienso en historias finitas: no en lo que ocurre después. No en lo que sería el espacio entre viñetas en un cómic.

De análisis del discurso periodístico tengo formación académica (y lectora). De análisis del hecho teatral (lenguaje de la tragedia, sus partes, cómo descubrirla, cómo analizarla) no. Y ahora estoy deseando leer mucho más y ver mucho más teatro.

No sabemos enfrentarnos a la muerte, al horror, al maltrato y a la sangre. Ni ponerlos en el centro del relato. Y, sin embargo, nuestras vidas están llenas de todo eso.

Tampoco sabemos deshacernos del yo. El teatro, ahora, la tragedia contemporánea, ha dejado de enfrentar al hombre con Dios y al hombre con la comunidad. Ya no hay Dios, no hay polis, no hay patrias, no hay siquiera familias. Existe la obsolescencia programada, las relaciones son sustitutivas, nos destinan a un sitio u otro, nos mudamos… y nuestro yo siempre está en el centro. Por eso, vamos al teatro y compartimos las fotos, vemos una serie y tuiteamos sobre la serie a la vez que la vemos, usamos el móvil en el cine. Nuestro yo va por delante de todo: de los otros espectadores también. Nos da igual si sacamos a alguien de la obra porque nosotros hemos de hacernos una foto sonriendo. Y chatear si no nos gusta lo que nos están contando. Y joder al de al lado, porque el de al lado no me importa.

Luego nos preguntamos por qué no protestamos contra corruptos y ladrones que gobiernan. Cómo vamos a hacerlo, si nos importa una mierda todo lo que no seamos nosotros.

Cuando surgió internet, era un lugar que creaba comunidad. Había foros de debate, que ya casi no existen. Había trabajo comunitario (traducción de subtítulos, ripeo de películas que no se encontraban editadas en España). Ahora, internet es una marca personal. Se quieren conseguir seguidores y ser un influencer. No se interactúa. Uno se sube al púlpito, suelta su rollo y ya. Ponemos “Me encanta” o “Me gusta” en Facebook, pero hablamos poco, nos paramos poco con los otros. Echo de menos el internet primigenio y echo de menos que haya fotos de comida con el plato pelado y mondado: sin especias por ahí, sin bayas, sin flores.

Lo sé: este es mi blog y en él escribo lo que quiero.

Guisanmole
Guisanmole

Y doy un volantazo, porque somos así de poliédricos y podemos hablar de dolor e individualismo y luego decir: qué rico está esto, aunque no sepa a guacamole. Porque a guacamole no sabe. Sobre todo si no tienes una lata de jalapeños a mano y si recuerdas que los jalapeños pican y que tú, con el Festival de Mérida, ya tienes suficiente descontrol como para meterte picante en el cuerpo.

A esto, Robin Robertson lo llama Cheapamole, pero Sonia Canteli lo llamó Guisanmole y me gusta muchísimo más.

Ingredientes para unos 400 gramos:

  • 2 dientes de ajo sin el germen muy picados
  • 250 gramos (1 taza y 1/2) de guisantes congelados, pero descongelados
  • 150 gramos (1 taza) de alubias blancas cocidas
  • 1 lata pequeña (unos 100 gramos, pesan) de jalapeños, escurridos y picados
  • 45 ml de zumo de lima (3 cucharadas: la receta original pone 2)
  • 1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de cebolla roja muy picada. Yo esto ni lo peso. Cojo media cebolla y jau.
  • 2 cucharadas de cilantro fresco muy picado
  • sal al gusto
  • pimienta negra
  • Yo, como no le eché jalapeños, le puse 1/8 cucharadita de chile en polvo
Guisanmole
Guisanmole

Preparación:

En un robot de cocina o una batidora, pon las alubias, el ajo, los guisantes y los chiles y bate. Puedes batirlo muy bien o dejarlo con un poco de textura. Añade el aceite y el zumo de lima (también puedes usar limón) y bate de nuevo un poco, hasta que se mezclen.

Pásalo a un bol, añade la cebolla y el cilantro y el chile en polvo si lo usas. Remueve, prueba y agrega sal y pimienta negra al gusto. Tapa y refrigera media hora. Sabe mejor el mismo día que se hace, pero yo lo he comido los días posteriores y estaba igual de bueno.

Lo sé, vale. Esto es alta cocina. Es verano: nada de encender fogones.

Chermoula hummus

Pan con chermoula hummus
Pan con chermoula hummus

Este hummus lleva limón encurtido. Yo lo he comprado en la sección internacional del Carrefour, pero os he adjuntado la receta de Mercado Calabajío para que lo podáis hacer, si queréis. Lo vi en el libro V Street (me gasto el dinero en libros de cocina), de Rich Landau y Kate Jacoby, que son los dueños del restaurante Vedge, uno de los restaurantes veganos con más fama del mundo. Yo sigo probando hummus para deciros lo que ya sabéis: que, como el del Candle Café, no hay ninguno. Por muy buenos que estén todos los demás.

V Street
V Street

La chermoula es una salsa marroquí que sirve para macerar. En cada casa se hace de una manera, pero como base ha de llevar ajo y cilantro. Luego ya le puedes meter las especias que quieras.

Ingredientes para algo más de medio kilo de hummus:

  • 250 gramos ( 1 y 1/2 tazas) de garbanzos cocidos
  • 120 ml (1/2 taza) de agua caliente
  • 70 gramos (1/3 taza) de aceite de oliva virgen extra
  • 65 gramos (1/4 taza) de tahini
  • 1/4 taza de cilantro fresco picado
  • 2 cucharadas de perejil fresco picado
  • 2 cucharadas de cebolleta muy picada
  • 2 cucharadas de zumo de limón
  • 2 cucharaditas de ajo picado
  • 1 cucharadita de limón en conserva picado
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • 1/2 cucharadita de jengibre fresco picado
  • 1/8 cucharadita de pimentón ahumado
  • Unos toques de pimienta negra recién molida
Chermoula hummus
Chermoula hummus

Preparación:

Remoja los garbanzos en el agua caliente 5 minutos para suavizarlos, sobre todo si son de bote. Ahora, sin escurrir, ponlo todo en la batidora y bate. Yo lo hago en un robot de cocina porque me gusta con textura arenosa, pero lo podéis poner lo cremoso que queráis.

Luego se unta en una tostada o en pan de pita o se sirve con crudités. Si hablamos de opciones alimentarias, mejor con crudités que con pan.

El pan que veis ahí es de la Ecotahona del Ambroz. Es pan blanco y no integral porque se lo encargué a una amiga y se lió. En Extremadura no hay mucha tradición de pan integral. Luego vas a Portugal y todo el mundo muere con el pan de allí, que es semiintegral en la mayoría de los sitios. Pero regresan a España y dicen que el pan integral sabe a paja y a pasto. Luego van a Galicia y también: qué rico el pan gallego. Y así: es pasar las fronteras (ficticias) de Extremadura y la mente cortocircuita y el pan integral es paja. Yo lo amo y cada vez más. De hecho, cada vez me gusta más integral: panes que antes no aguantaba por su acidez, como el alemán de centeno, ahora me parecen manjares exquisitos…

Creo que en España no se sabe comer pan. Se pone la barra de pan industrial ahí, encima de la mesa y, hasta que no se acaba, no paras. Del pan integral de la Ecotahona no te puedes comer la barra, porque estallas. Es para comer un trocito pequeño. Y no en todas las comidas, porque habría que primar los hidratos de calidad (siempre en su versión integral, salvo que no se pueda: por ejemplo, un risotto con arroz integral es el mal). Vamos, que el pan no es para ponerse púo ni es la base de la alimentación, por mucho que lo digan las pirámides alimentarias de sociedades científicas. No hagáis caso de esa pirámide, que es una vergüenza.

Garbanzos estofados

Garbanzos estofados
Garbanzos estofados

Esta receta está en inglés, pero se llama así, “garbanzos estofados”: tal cual, en español. Es de Eat Vegan, uno de los libros de cocina mejor editados que tengo. Smith and Daughters es un restaurante vegano de Melbourne, en el que cocina una chica que no es vegana. Y por eso algunos veganos no van. Porque la cocinera no es vegana. Porque la gente es así de gilipollas, yo qué quieres que le haga. Eso sí: sus recetas son espectaculares. Su abuela era española, así que les da un toquecito allá, en las antípodas, que recuerda mucho a la comida de acá. Que yo, ya lo sabéis, he terminao un poco hasta el culo de curry. Y, como los garbanzos son mi legumbre favorita por encima de ninguna otra…

La receta la pongo tal cual con las modificaciones que yo le hice. Entre otras cosas, no ponerle patata, porque la patata, ya lo sabemos, no congela nada bien. Y yo lo congelo todo.

Foto de Eat Vegan, de su página
Foto de Eat Vegan, de su página

Ingredientes para 12 raciones:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cebolla grande finamente picada
  • 1 pimiento rojo picado
  • 2 tallos de apio, bien limpios, sin los hilos y picado
  • 2 dientes de ajo machacados o muy picados
  • 2 cucharaditas de pimentón dulce de La Vera (obviamente, ellas usan paprika)
  • 1 cucharadita de pimentón agridulce de La Vera (ellas usan aquí pimentón ahumado)
  • 1/2 cucharadita de orégano seco
  • 1 pizca de azafrán
  • 400 gramos de tomates pelados y en cubitos
  • 750 gramos de patatas peladas y chascadas en trozos
  • 400 gramos de zanahorias, peladas y picadas en trozos
  • 400 gramos de garbanzos cocidos
  • 350 gramos de acelgas, con las pencas separadas de las hojas. Las pencas se cortan a medias lunas y las hojas, en tiritas.
  • 2 hojas de laurel frescas o 1 hoja seca
  • Una pizca de tomillo seco
  • 1 litro de caldo vegetal
  • Un manojo de perejil picado fresco
  • Sal
Garbanzos estofados
Garbanzos estofados

Preparación:

Calienta el aceite en una olla grande a fuego medio. Añade la cebolla, el pimiento, el apio y el ajo con una buena pizca de sal. Reduce el fuego y cocina, removiendo, durante 15 minutos o hasta que las verduras estén muy suaves.

Agrega las dos clases de pimentón, el orégano y el azafrán y remueve durante un minuto. Añade los tomates y cocina a fuego bajito 20 minutos, hasta que la mezcla esté suave.

Yo ahora, como odio el pimiento, metí la batidora y lo batí todo.

Ahora, en este punto, si lo hacéis con patatas como para un regimiento porque tengáis gente para comer, podéis echar las patatas y remover. También hay que añadir las zanahorias, las pencas de acelgas, los garbanzos, el laurel y el tomillo. Remueve otra vez y echa el caldo. Sazona con sal y pimienta, si el caldo no está salado.

Lleva a ebullición, baja el fuego y cocina a fuego lento durante 1 hora, tapado, o hasta que las patatas y las zanahorias estén tiernas. Ahora, agrega las hojas de acelga y cocina 5 minutos: no más, que pierden el color verde tan bonito y se quedan marrones. Decora con perejil y prueba la sazón.

La salsa está como para mojar pan.

Yo lo que haré, porque lo he congelado, es cocer al vapor la patata aparte. No queda con todo el jugo del caldo, pero menos da una piedra, oyes.