Cupcakes de té chai

Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Esto son cupcakes. Y los moldes de cupcakes son un pelín más pequeños que los de muffins. Con lo cual, si queréis usar un molde de muffins, que es el que he usado yo, no saldrán 12 cupcakes, sino 8. Avisados quedan ustedes. Llevan té y muchas especias y están riquísimos. Yo los hice para regalar, porque este año que comienza me he propuesto cuidarme mucho más. Es decir, voy andando al deporte y vuelvo andando (40 minutos de ida, 40 de vuelta), no uso el ascensor (salvo cuando voy muy cargada), estoy intentando controlar la ansiedad (y lo consigo el 90 por ciento de las veces) y estoy siendo más consciente de lo que me llevo a la boca. Cuando sea mi examen y lo haga, comenzaré a hacer deporte más días: ahora no me da tiempo porque las tardes las dedico a estudiar. De hecho, esto lo hice una mañana que tenía libre, que me la pasé horneando magdalenas para regalar a mansalva. El blog tiene recetas dulces y yo no engordo. La receta es del libro Vegan Cupcakes Take Over The World, de Isa Chandra Moskowitz y Terry Hope Romero, que viene con todas sus decoraciones para añadir por encima, pero yo eso no lo hago nunca. Que a lo mejor lo hago algún día cuando venga gente a comer a casa, pero aún no me ha dado. Me veo más haciendo una tarta crudivegana…

Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Ingredientes para 12 cupcakes u 8 muffins:

  • 235 ml (1 taza) de leche de soja
  • 160 gramos (3/4 taza) de azúcar
  • 4 bolsitas de té negro o 2 cucharadas de té negro en hojas
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 120 gramos (1/2 taza) de yogur de soja natural o de vainilla
  • 200 gramos (1 y 1/3 taza) de harina
  • 1/4 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de polvo de hornear
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • 1 cucharadita de cardamomo molido
  • 1/2 cucharadita de jengibre en polvo
  • 1/4 cucharadita de clavos de olor molidos
  • Una pizca (hasta 1/8 de cucharadita) de pimienta blanca o negra
Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Preparación:

Precalienta el horno a 180º C. y prepara un molde de cupcakes o muffins, lo que tengas. Lo puedes pincelar con aceite o poner cápsulas.

Calienta la leche de soja en un cazo hasta que casi esté a punto de ebullición. Añade el té, tapa con un plato y, fuera ya del fuego, deja reposar 10 minutos. Luego, si has usado bolsas, mételas y sácalas tres o cuatro veces y luego escúrrelas muy bien o cuela la leche. Mídela y, si mide menos de 235 ml (es decir, menos de 1 taza -cosa que ocurre, por cierto-) añade un poco más hasta que completes esta cantidad.

En el vaso de la batidora, bate, con el batidor de varillas (el que es como esta foto) el aceite, el yogur, el azúcar, la vainilla y la leche con el té hasta que no haya grumos.

En un bol grande, tamiza la harina, el bicarbonato sódico, el polvo de hornear, la canela, el cardamomo, el jengibre, el clavo y la pimienta. Remueve muy bien con una cuchara de madera. Ahora, agrega los líquidos y remueve bien hasta que esté todo integrado.

Rellena los moldes hasta arriba y hornea de 20 a 22 minutos, o hasta que al insertar un palillo o la punta de un cuchillo en el centro del cupcake, salgan limpios. Saca del horno (no olvides usar unas manoplas). deja reposar 5 minutos y luego pásalos a una rejilla para que se enfríen.

Guárdalos en una lata de galletas bien tapados. Se pueden congelar. Se descongelan en el frigorífico, envueltos en papel de cocina para que absorba la humedad.

Arroz con leche de desayuno

¿Por qué no de postre? ¿Por qué un arroz con leche para desayunar? Primero, porque queda líquido. Lo hago con arroz integral en lugar de con arroz blanco. Segundo, porque no es dulce. Está un pelín muy pequeño endulzado con dátiles Medjoul, pero no es dulce como un postre. Queda líquido precisamente para añadir fruta fresca, especias y lo que queráis. Sacia y no te entra hambre a media mañana, que es mi principal problema con los desayunos: si me como una tostada con pan blanco, a la media hora quiero comer. Si me como un sándwich de pan blanco, lo mismo. Si lo como integral, a los tres cuartos de hora. Pero he descubierto que los cereales me duran mucho al lado del ordenador y, como tardo mucho en comerlos, me sacian un montón y no tengo (tanta) ansiedad. Así que aquí va mi último descubrimiento, con el que estoy muy contenta. La receta la adapté de Mivegablog.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 1 litro de leche de soja normal, sin endulzantes ni sabores ni nada
  • 4 dátiles Medjoul sin hueso y picados
  • 1 palito de canela
  • La piel de medio limón, sin la parte blanca, que esté bien lavado
  • 180 gramos de arroz integral
  • Canela en polvo para decorar

Preparación:

Bate la leche de soja con los dátiles 2 minutos a velocidad 7-10 en MyCook. Añade la canela en rama y la cáscara de limón y programa 10 minutos a 90ºC y a velocidad 2. Agrega el arroz por el bocal y programa 35 minutos a 90º C y velocidad 2. Deja reposar en la jarra 5 minutos.

Sí: queda líquido para que luego se le puedan añadir frutas frescas y frutos secos con semillas.

Retira la piel del limón y el palito de canela y guarda en tuppers. Se puede congelar perfectamente.

Mantequilla vegana

Hace unos días me regalaron aceite de coco refinado. El aceite de coco refinado no sabe a coco y además es de peor calidad (para qué vamos a usar un aceite súper bueno para someterlo a un proceso químico agresivo). También me regalaron aceite de coco virgen extra y lo he utilizado una vez, porque a mí el coco no me va mucho (las bolitas dulces de coco y los coquitos es que los odio con todo mi ser). Y además, en España creo que no se cultiva, solo en el Trópico, lo que significa que viene de muy lejos y que, por mucho que ponga «ecológico» en la etiqueta, ha dejado de ser ecológico en cuanto se ha subido a un furgón o a un barco.

En los libros veganos estadounidenses se utiliza muchísimo para repostería, por ejemplo. Claro que también usan mierdas como «grasa vegetal»: ahí, a lo bestia. Yo he hecho alguna receta sustituyendo el aceite de coco refinado por aceite de girasol alto oleico o por aceite de pepitas de uva, que son los que tengo en casa y para estas cosas los voy alternando. Que podría tener aceite de oliva suave, que es la mejor opción, pero a mí el aceite de oliva que me gusta es el que es verde y pica. Entonces, teniendo aceite de oliva de Monterrubio o de Gata-Hurdes, para qué voy a usar yo aceite de coco. Que además luego da igual lo que le eches a la comida: aunque hayas hecho un perol como para invitar a todo el barrio a comer y hayas echado una cucharada de aceite de coco para ocho raciones, aquello sabe a coco. Por encima de cualquier otro sabor.

Vamos, que lo que yo vengo a decir es que, a no ser que me leáis desde Indonesia, Filipinas, la India, Sri Lanka, Brasil, Tailandia, México, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea o Vietnam, esta receta no la hagáis. Si no os importa que os traigan las cosas desde quintaleche, pues qué se le va a hacer. Que es antiecológico e insostenible ya lo he dicho. Y si no os importa que sea un aceite refinado, que es básicamente una guarrería, pues también.

Yo la he hecho para usarla en galletas y cosas de estas que voy a llevar a la radio y la tele. El blog se enriquece con nuevas recetas y mis compañeros de ese trabajo megaobesogénico que tengo, se alimentan de calorías vacías mientras yo me como un trocito para probar. Todos ganamos. Ellos, porque les gustan los dulces. A mí también, ojo: yo comería bizcocho y tarta de zanahorias todos los días de mi vida para desayunar y para merendar. Pero, como una está intentando tomar decisiones conscientes en su vida, desayuno y meriendo cosas más lógicas: tostadas de pan integral con hummus y tomate, con tomate rallado, con aceite de oliva, frutos secos crudos y café. Esas cosas.

También os digo. La mantequilla la he adorado desde que descubrí que existía Portugal (viviendo en La Raya, a 20 km., lo descubrí muy pronto) y desde que la manteiga Primor entró en mi vida (que también fue pronto). Ni la leonesa, ni la asturiana, ni ninguna otra. La Primor es infancia, viajes a Portugal, panes de aperitivo tostados antes del bacalao dorado, las almejas y la çapateira. Ya no como ninguna de esas cosas. Pero me dije: a ver a qué sabe esta mantequilla, vamos a meter el dedo.

Y no sabe a Primor, pero sabe a mantequilla. Tampoco en plan súper bestia, porque no es mantequilla. Pero sabe. De verdad. Así que la voy a poner (me lo he pensado, ojo) porque, primero, ya la he hecho; segundo, circula por todas partes en internet y siempre tiene aceite de coco refinado y tercero, porque no la voy a volver a hacer jamás, que a ver por qué voy a comprar yo aceite de coco refinado alguna vez en mi vida, pero quedará como recuerdo. Bueno, lo mismo algún día me voy a Indonesia a vivir, pero por ahora no entra mucho en mis planes.

La receta es de la enorme Miyoko Schinner. Y yo debería haber hecho como ella, que es coger una tostada monísima y hacer una foto. Pero solo tengo ese pan tostado que veis ahí, porque el que uso para desayunar se me acabó. Antes de hacer las fotos me quedaban dos tostadas. Pero es que yo me levanto a las seis, ¿sabéis? Aunque esté de vacaciones. Así que esperar a que sean las once, que haya luz para poder hacer la foto, sin comer… Vamos, hay gente que por las fotos lo da todo. Yo no. Yo me levanto a las seis, me hago un café y, como tarde, a las siete y media estoy comiendo.

Ingredientes para unos 450 gramos:

  • 300 gramos (1 y 1/2 tazas) de aceite de coco refinado líquido (ojo: no virgen extra)
  • 110 gramos (1/2 taza) de leche de soja, de anacardos o de almendra (yo usé de almendra casera)
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de colza, de oliva ligero o de pepitas de uva (yo usé de pepitas de uva)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharaditas de lecitina de soja líquida o de 4 a 8 cucharaditas de lecitina de soja en gránulos (la lecitina de soja impide que se separen los ingredientes: yo usé 6 cucharaditas).

Preparación:

Pon todos los ingredientes en el vaso de la batidora y bate a velocidad media durante 1 minuto, hasta que toda la mezcla esté emulsionada. Luego, ponla en unos moldes de silicona, para que te sea más fácil desmoldarla, o en cualquiera que tengas a mano y que no sea de silicona, pero fórralo con papel vegetal. Déjalo en el frigorífico varias horas para que se endurezca y ya está listo. También lo puedes poner en el congelador para acelerar el proceso. En la nevera te durará 3 o 4 semanas y, en el congelador, lo hará varios meses.

Hay otras maneras de variar esta receta. Como yo no voy a comprar aceite de coco refinado, no sé cómo quedarán. Pero, tratándose de Miyoko, quedarán bien. Esta mujer es una garantía.

Mantequilla añeja: Reemplaza la leche vegetal por 1/2 taza de yogur de soja natural sin edulcorar ni azucarar o añade 1 cucharadita de vinagre de sidra o zumo de limón a la leche vegetal.

Mantequilla muy dura: Esta mantequilla sirve para hacer hojaldre, croissants y cosas así. Incrementa el aceite de coco: echa 2 tazas y 1/2. O usa 1/2 taza de mantequilla de cacao desodorizada en lugar de 1/2 taza del aceite de coco.

Mantequilla batida: Incrementa el aceite en 1 cucharada y bate a alta velocidad durante 2 minutos para incorporar todo el aire que sea posible.

Mantequilla sin sal: No eches sal a la receta y ya la tienes.