Tres años de risas

No tengo ninguna intimidad en el baño

Cumples tres años en casa y yo no estaré, pero ya lo celebraremos con mimos y cepillados. Te llamas Huck, como uno de mis personajes favoritos, y eres como él: un tanto gamberro, un tanto libre, un tanto perezoso, muy activo a la vez, divertido y ocurrente. Eres lo más gracioso que vive en mi casa y adquieres costumbres nuevas con los años, como este invierno, que te metías entre el edredón y mi cuerpo para tumbarte encima de mí a darme mordisquitos en la barbilla y a ronronear durante un rato. En verano, tu sitio de dormir es encima de la estantería. Sin nadie. Después de venir a mi cama a saludar.

En lo alto

Las alturas son tu sitio favorito. La estantería grande de los libros, a la que ya no puedes trepar porque cambié la tele y ahora la tele es plana; en el último piso del rascador. No haces como Ororo, que se sube al marco de las puertas en un descuido y luego no sabe bajar o que se pone en el tambor de las cortinas (menos mal: con una gata suicida tengo más que suficiente) y sigues asustándote de cualquier ruido raro y escondiéndote mucho rato cuando llega una visita. Cada vez lo haces menos porque te estás volviendo sociable: tampoco entra mucha gente en casa porque casi todos mis amigos tienen alergia a los gatos. Yo me ahorro sustos por si a Coyote le da por morder, que lo ha hecho más de una vez. Cuando no estás en lo alto y es invierno, te escondes debajo de las jarapas.

Qué suerte tengo de que te encontraran, sucio como estabas, asustadísimo, cachorro aún, poco más de mes y medio te echó el veterinario. Sigues lamiendo cada trozo de piel que me ves, te encanta chuparme el párpado y las mejillas (absténganse los de las bacterias: ya sé que lo mismo que me chupa a mí, se chupa el culo) y sigues siendo lo más divertido que hay en esta casa. Dejas casi pacientemente que Coyote te quiera montar, porque Coyote está castrado, pero aún no lo sabe (cada día estoy más convencida de que le castraron mal) y tú eres su gran amor.

Coyote y Huck queriéndose

Feliz cumpleaños, cosita linda. Te quiero muchísimo.

Cuatro años de amores y peticiones

Brea y Coyote
Brea y Coyote

Cuando Brea llegó, perseguía a Ororo por toda la casa para jugar con ella. Ororo hablaba mucho: ahora, es Brea quien habla, con mil maullidos diferentes, en tono y en fuerza: los más gritones son para pedir agua, porque a la señora le gusta beber del grifo (antes del bidé, ahora ha descubierto que la bañera es más divertida, porque caben todos) y adora la comida húmeda. También demanda amor: se pasea por encima de ti para que la acaricies, te da con la pata, amasa aporreando o te muerde la manga del pijama.

Breíta
Breíta con legaña.

Odia que le quite las legañas y que le corte las uñas: cuando acabo, se va directa al rascador a afilárselas todo lo posible. Sigue durmiendo pegadita a mí, pero ahora Huck se ha unido a la fiesta, así que mis noches son un trajín de gatos entrando y saliendo de debajo del edredón, en invierno, hasta que los dos se colocan juntos y Brea comienza a empujarme o a darme patadas: supongo que tener hijos debe de ser algo así. Huck ronronea como un martillo pilón y a Brea le tienes que poner el dedo en la garganta para saber si está contenta. No hace nada de ruido: ella, con maullar a todas horas, tiene bastante. Si me tumbo en el sofá, se pone encima de mis tobillos o en el respaldo. Acude siempre, aunque esté medio dormida en el rascador. Y, si me voy dos días, se pone a hacer la croqueta en cuanto entro por la puerta.

Coyote
Coyote

Coyote es el gato más expresivo del mundo, tanto al protestar maullando, como cuando te mira: si está enfadado, va a fruncir el ceño antes de ponerse a dar golpecitos con la cola. Desde hace unos meses, me muerde la cara para darme besitos, sobre todo cuando llego a casa de trabajar y para darme las buenas noches. Sigue yéndose a la mesa de la entrada y maullando como un loco porque no me ve, cuando estoy al doblar la esquina. Él es así: un gato haciendo cosas de gato. Por la tarde, se pelea con Ororo como si fueran a matarse. Por la mañana y por la noche, Ororo le busca para darle cabezazos y que le lama la cabeza. A veces duermen juntos. Pero pelearse, se pelean. Con gruñidos, zascas y todo. Yo a veces me asusto mucho, pero nunca se han hecho nada. Eso sí: su mejor amigo es Huck.

Coyote y Huck
Coyote y Huck

Por Huck, que es, con mucho, el gato más divertido de mi casa, Coyote siente adoración. Están muchísimo rato juntos, juegan sin matarse, se lamen, se muerden con fruición las orejitas, se chupan y se quieren. Pero a quien Coyote adora de verdad, es a mí. Si estoy en casa y no me ve en dos minutos, maúlla como si lo fueran a matar. Si no abro la puerta de la cocina porque estoy cocinando y se mete en medio y le piso y hay peligro, aporrea la puerta llorando como un loco (sí: sabe llorar).

Brea y Coyote. Sí, a la izquierda está Brea, aunque no se note.
Brea y Coyote. Sí, a la izquierda está Brea, aunque no se note.

Hoy hace cuatro años que llegaron para montar la tercera guerra mundial en casa durante una semana. A veces quiero matarlos a todos (sobre todo, cuando no me dejan dormir, o cuando a Coyote le da por comprobar si estoy viva a las cuatro de la mañana), pero todos los días, en algún punto, digo una frase. Todos: «yo me quiero ir a mi casa y estar con mis gatitos».

Ororo cumple cuatro años

Así comienza tu día…

Es la que más tarda en venirse al salón cuando me despierto. Puede pasar horas enteras en otra habitación, sin verme: en otoño e invierno, donde le dé el sol. Eso sí: si me siento a leer, ya puede andar encima de la estantería más alta de la casa y roncando, que tarda medio milisegundo en bajar para hacer esto…

Esto se llama lactancia prolongada y lo demás son tonterías. Lo he contado más veces: a Ororo la repudió su madre y entonces, mama de mi cuello a todas horas. Es muy bonito, pero duele. Sobre todo cuando no le corto las uñas en un mes. La lengua raspa y te deja el cuello hecho polvo, amasa clavándote las uñas… Vamos, que no es tan romántico como los comentarios de las fotos que pongo en el Facebook quieren hacer ver. Cuando voy al baño, se sienta en la silla. No tengo intimidad en esta casa:

Ororo se ha cargado cables para aburrir. Pues bien, hace relativamente poco, leí un artículo en el que explicaba que, cuando los gatos viven con sus mamás, su madre les riñe para que ellos hagan lo que están haciendo con mucho más ahínco. Yo le reñía a Ororo, con mucho aspaviento. Pues bien: lo que hay que hacer es cogerla por el cuello, como la cogería su madre, y apartarla suavemente. Lo probé un día que andaba mordiendo el cable del flexo. La quité. Volvió a morderlo. La volví a quitar. Y se quedó ahí quietita. No ha vuelto a morderlo.

Antes hubiera sido un juego: yo riñendo y ella volviendo con más fuerza. Leo las cosas tarde: las instrucciones del punto del brownie cuando ya está el brownie hecho, cómo educar a un gato cuando el gato me debe 300 euros en cargadores…

Uno de sus sitios favoritos

Sigue siendo la más empática de mis gatos y la más pesada, porque no me deja leer en paz ni un segundo: aparta el libro con la cabeza, se pone en medio para que la acaricie… A veces es irritante, qué queréis que os diga. Luego se pone ahí detrás, mientras yo escribo, y me la quiero comer porque de vez en cuando me da con la patita en el hombro. Otras veces se me pone demandante. Por ejemplo, para que le abra el grifo de la bañera: Es una gata maravillosa. La primera que sabe si estás mal, la primera que te cuida y te cura, aunque a veces te pases casi todo el día sin verla. Es cariñosa, independiente, empática, habladora y fascinante. Y hoy cumple cuatro años.

Ororo arriba y Huck, sentado en mi sitio, abajo. Cuando leo, Ororo se pone justo ahí.

En primavera y verano, duerme con la cabeza apoyada en mi cara, encima de la almohada. En otoño, debajo de la colcha, entre mis piernas. Primero araña el edredón. Luego se pone encima de mí para mamar (sí, mama a todas horas). Luego se mete debajo de la colcha. En invierno, debajo del edredón y tengo que andar con cuidado de que Coyote no se abalance encima de ella…

Se pasa las mañanas peleándose con Huck, que es un bendito que solo quiere jugar (¿os he dicho que Ororo tuvo mala socialización?) y las tardes peleándose con Coyote a lo bestia, justo un rato después de haberse acercado toda zalamera para que Coyote le lama la cabeza y le dé besitos. Ella es así: amor, sí. Pero cuando yo quiero.

Feliz cumpleaños, vida mía. Te adoro.