Bisque de tomate

En realidad, un bisque es una sopa de marisco, pero no le voy a enmendar yo la plana al mismísimo Tal Ronnen. La receta viene en su libro The Concious Cook. A ver: el libro es fascinante, pero usa ingredientes industriales  (por lo visto de alta calidad, como una cosa que se llama Gardein Chicken. Bueno, la etiqueta de la criatura no está mal); otros que aquí no se encuentran, a no ser que tengas un restaurante, como una hoja africana que yo comí una vez en una ensalada en el Naguar de Oviedo (señores propietarios de los cocineros de España: no les cuesta nada tener, en la carta, dos platos veganos completos y otros dos vegetarianos. Desgraciadamente, cuando salimos por ahí nos conformamos con casi cualquier cosa) y, además, las recetas son de restaurante. No cocino platos que tengan diez preparaciones distintas incluidas en una (“para el coulis de frambuesa”, “para el crujiente de falsa piel de pollo”): yo cocino de diario y de andar por casa y como cosas como arroz integral con lentejas y tomate frito, que me han sobrado de hacer unas albóndigas. Cosas normales: salchichas con forma de cagarro que, sin embargo, están muy buenas; gazpacho de la tierra…

Como se están acabando los tomates del verano, pues compré los últimos buenos de pera que voy a encontrar de aquí al año que viene (adiós, veranito) e hice este Tomato Bisque. Que creo que es la única receta medianamente fácil de ese libro.

Ingredientes para 6 raciones:

  • 60 gramos (4 cucharadas) de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cebolla picada
  • 2 zanahorias picadas
  • 3 dientes de ajo machacados en el mortero
  • 2 cucharadas de harina de trigo normal o sin gluten
  • 1175 gramos (5 tazas) de caldo vegetal (mejor casero, que el de brik es una mierda)
  • 800 gramos de tomates de pera triturados
  • 1 cucharada de perejil fresco picado
  • Una pizca de tomillo seco o las hojas de 2 tallos de tomillo fresco
  • 1 hoja de laurel
  • sal
  • pimienta
  • 260 gramos de anacardos crudos puestos a remojo toda la noche

Preparación:

Pon primero los anacardos en el vaso de la batidora, una vez escurridos y enjuagados, y añade agua fría hasta que los cubra unos 2 cm. Bate muy bien. No queda mucho granito, pero si no tienes una batidora muy potente, cuela la crema con un colador de malla fina o una bolsa para hacer leches vegetales. Esto es tu crema de anacardos. Necesitarás 390 gramos, pero obtendrás mucha más crema, que te puede servir para otras preparaciones. También puedes añadir agua y tener leche de anacardos.

Esta es la crema de anacardos:

Calienta el aceite de oliva en una olla a fuego medio. Agrega la cebolla y la zanahoria con los ajos machacados y sofríe unos 10 minutos. Remueve de vez en cuando. Luego, agrega la harina y cocina, removiendo frecuentemente para que se tueste, durante un par de minutos más. Ahora, echa el tomate, el perejil, el tomillo y la hoja de laurel. Lleva a ebullición. Una vez que hierva, bajas el fuego y lo tienes así, sin tapar, durante 30 minutos. Sazona con sal y pimienta. Cuando haya transcurrido la media hora, añades la crema de anacardos, das unas vueltas y sigues cociendo otros diez minutos. Ojo, no dejes que hierva, así que baja el fuego. Yo lo que hice fue apagarlo directamente, porque mi olla es de hierro y mantiene mucho el calor.

Saca la hoja de laurel y bate muy bien con una batidora de inmersión. Si no la tienes y solo tienes de vaso, quita el vasito que viene en todas estas batidoras, pon un paño por encima y bate. Pero ten cuidado que la condensación de calor puede hacer que salte la tapa y te quemas viva. Vamos, que yo siempre que he tenido que batir algo caliente, he esperado a que se enfriara. Ya me salió una ampolla una vez y espero que ninguna más.

Sirve adornado con perejil picadito.

A marisco no sabe, pero está que te cagas.

Es acabar de escribir eso y escuchar interiormente la voz de mi madre: “Hija, cada día eres más fina”.