Un niño empático

Hace tres o cuatro días, una amiga muy buena amiga me contó que su hijo, que tiene cuatro años, comenzó a preguntarle de dónde venía la comida: “¿Los filetes son de pollo? ¿de los hijos de las gallinas que nacen de los huevos? ¿Y las salchichas de cerditos? ¿Y el atún es un pez?” Y se puso a llorar y le dijo: “No quiero comer animalitos, pero ¿por qué los matan?”.

A los niños se les lleva a coger manzanas, pero no a un matadero por razones obvias. La primera vez que fui a una matanza, de pequeña, los padres nos echaron de allí a todos los niños para que no viéramos la muerte del cerdo. Yo al cerdo, viviendo en Extremadura, solo le he visto morir en una película de cine. Una vez y cuando ya era vegetariana (cuatro años de transición, me he tirado: cuatro años: hay gente que lo hace en una semana y otra gente es más lenta).

Dudas y más dudas. Y qué les hago de comer y por dónde empiezo.

Como el chat del Facebook es un coñazo y el guasap más aún, le dije que le escribiría un texto con enlaces.

Aclaro: esto son recomendaciones generales. No es un tratado de nutrición vegetariana infantil. Si alguien tiene dudas, que vaya a un nutricionista.

Despejando dudas a la de una…

¿Los niños pueden ser vegetarianos? 

. Y veganos. Y los jóvenes, los viejos, los atletas y hasta los que tenemos colitis ulcerosa 🙂

¿Necesitamos una autoridad que nos lo refrende? Aquí está la Academic of Nutrition and Dietetics, que es la organización de referencia en estos temas: “Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluido el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para los atletas”. En su web de divulgación general, hay infinidad de artículos dedicados a vegetarianismo en las varias etapas de la vida. Sí, para niños también. Y para adolescentes.

La Academic of Nutrition and Dietetics está destinada, obviamente, a la población americana, con sus 80.000 productos en supermercados que aquí no tenemos (alimentos fortificados, soja tostada que es parecida a los cacahuetes y se come como picoteo…), así que necesitamos otra referencia, con formación en alimentación vegetariana, que sea española: Lucía Martínez Argüelles, que es mi nutricionista de referencia, junto con dos o tres más, cuando hablamos de este tema.

B12. Innegociable.

¿Les van a faltar nutrientes? 

.

Les va a faltar B12. Hay que suplementar. Siempre. Esto no es negociable.

Hay gente que dice: “No quiero darles pastillas a mis niños”.- Pues lo siento mucho, pero se las estás dando ya. No saber lo que comes tiene estas cosas. El pienso se suplementa. El de terneras, pollos, perdices, cerdos y el de los peces. Y no solo con B12, sino con multivitaminas. “Pero yo como carne del pueblo”. Sí, claro. Y el jamón York y el chorizo Revilla son carne del pueblo. Y el bacon. Y las salchichas frankfurt. Anda, no me jodas. Se les da pienso hasta a los cerdos ibéricos. Y “ecológico”, además, no significa “no suplementado”. El pienso se suplementa. Siempre. No estamos hablando de meterle a los niños un antiinflamatorio todos los  días o veinte gramos de antibiótico: estamos hablando de una vitamina cuya carencia en niños tiene consecuencias extremadamente graves: dificultades para respirar, inapetencia, pérdida de equilibrio, confusión mental, daños neuronales, depresiones. Yo no sé, pero yo preferiría darle una pastilla semanal con sabor a cereza que tener que enfrentarme a todo eso.

¿Pasa algo si me meto un chute de B12? No. No hay sobredosis de B12. Se elimina por la orina.

No he comprado nunca B12 y la hay de muchas clases y de muchas dosis. ¿Qué hago? Pues leerte este artículo para niños. Y este otro para adultos porque, con cuatro años, ya le puedes decir a tu hijo que los lunes por la mañana mastique una tableta. Y grabarte una palabra: cianocobalamina. Luego cogerás confianza con ella y la llamarás ciano.

Si fumas o tu hijo crece y fuma (que espero que no lo haga), te grabas otra: methylcobalamina. Y tendrás que tomar más pastillas. Por prevenir. También cogerás confianza y la llamarás methyl. Yo, por ejemplo, tomo ciano una vez a la semana y methyl todos los días.

Mi hijo quiere dejar de comer animales ya y la B12 me va a tardar 15 días en llegar. Por quince días no le va a pasar nada porque tendrá reservas de B12 en el organismo. No seas agonías.

Si tiene una alimentación bien planteada, no le va a faltar ningún otro nutriente. De hecho, es posible que esté más sano, porque en España, la verdura es una cosa así como anecdótica y la peña le da a su hijo pasta con tomate frito de bote, de este que tiene 37 gramos de azúcar procesada (para que tenga más potencia: sí, esas cosas se hacen) por cada 100 y ya se piensa que el tomate frito es verdura. Este tomate frito es verdura. Y este también. Los de bote son una mierda como la catedral de Burgos y se pueden tener en casa porque caducan diez años más tarde y por si no tienes congelada la salsa de tomate casera que te sale de muerte. Pero para nada más.

¿Qué es una alimentación bien planteada?

Una alimentación bien planteada no tiene carne o pescado todos los días para comer y para cenar. De hecho, una alimentación equilibrada (y esto vale para todos los tipos de dieta) se basa en las verduras, las frutas y las hortalizas, proteínas (menos de las que se comen habitualmente, que tenemos niños hiperproteicos y adultos ni te digo) e hidratos de carbono de calidad. Ya está. Esto, como recomendación de andar por casa. La dieta no va de contar micronutrientes. Va de comer.

¿Qué NO es una alimentación bien planteada? 

Pues la que come el 60 por ciento de la población española, que tiene sobrepeso u obesidad directamente. En Extremadura, los niños con sobrepeso, según las últimas cifras que me dieron a mí en unas jornadas de endocrinología, son el 61 por ciento. Y, añado, la que come mucha de la gente que no tiene sobrepeso tampoco está bien planificada.

Desayunar galletas (que son repostería) con un vaso de leche entera con Cola-Cao no está bien planteado. Beber zumos de frutas sin comer fruta (los nutrientes están todos en la cáscara de naranja que tiramos a la basura) no está bien planteado. Beber refrescos azucarados a todas horas menos aún y además transforma a niños y adultos en yonkis del azúcar, de tal manera que no se acostumbran al sabor natural de los alimentos. Comer pasta blanca con tomate frito de bote y atún tampoco. No ver las legumbres salvo una vez a la semana con chorizo y morcilla tampoco está bien planteado. 

Vale, pero eso en el día a día cómo se traduce.

Comiendo comida. Simplemente.

Para comer bien, hay que cocinar.

No tengo tiempo de cocinar.

Jaaaaaa. Sí que tienes tiempo. Es la cosa más importante que vas a hacer por tus hijos y por ti misma. Planificar un menú, cocinarlo con amor (ponte rock), meter a los niños en la cocina a que muelan el aguacate con un tenedor y expriman limones, enseñarles a hacer la compra tranquilamente, a guardar las cosas en el congelador y a solventar dudas y comerlo todos juntos mientras habláis en la mesa… Coño, a mí me parece un planazo digno de hacerse una vez por semana o una vez al mes, qué quieres que te diga.

Sea lo que sea lo que uno coma, da igual si es omnívoro o vegetariano, las recomendaciones generales, tomadas de Ginny Messina y de Lucía, son las siguientes:

  • Bebe agua. Nada supera al agua. Ni un zumito, ni un batidito ni nada. Hay que beber agua.
  • Basa tu alimentación en verduras, hortalizas y frutas. No desdeñes los crudos (ensaladas, gazpachos, etc). Es decir, lo que más tiene que haber en el plato son estas cosas. Ni un zalaque de pan, ni veinte kilos de arroz blanco con dos verduras y media, ni un plato de pasta en el que tienes que buscar la zanahoria con lupa.
  • Come legumbres. Son la fuente proteica principal en vegetarianos. Y deberían ser la fuente proteica principal en las dietas omnívoras. Tracatrá. Como fuentes proteicas, innegociables en cada comida principal, también están el tofu, la soja texturizada, el tempeh, los quesos y los huevos (pero principalmente, legumbres: los quesos con moderación). Las legumbres no son una proteína completa: hay que comer también cereales o frutos secos (con cereales me refiero a pasta, arroz, trigo, cebada, avena y esas cosas, no a cereales azucarados de estos para desayunar). Pero esta recomendación, en la vida diaria, es una pollez, porque vas a comer cereal todos los días (pan, pasta, arroz) y frutos secos y no hace falta combinarlos en la misma comida. Vamos, que si come una tostada para desayunar y luego una ensalada de legumbres ya lo tiene. Si vas a comer seitán, hazlo tú. No es una proteína de calidad. Pero está muy rico y da mucho avío. Con una vez por semana, si es que lo comes, vas que te matas. Yo hay meses que me tiro sin probarlo, dependiendo de si lo he hecho o no.
  • Come hidratos de carbono de calidad. Elige, de preferencia, cereales integrales. Un cereal integral es aquel con todos sus micronutrientes. Cuando vayas a comprar pasta o pan, fíjate en la etiqueta: si pone trigo con salvado, no es integral: es blanco con colorines. Tiene que poner harina de trigo integral. Sí: no vas a hacer una paella con arroz integral ni un risotto con arroz integral. Pero puedes hacer ensaladas con arroz integral y hasta arroz a la cubana con arroz integral.
  • Come grasas saludables. El aceite de oliva, de preferencia. Virgen extra. Pero también el aguacate (ese invento divino) y frutos secos (crudos o tostados, pero sin sal ni fritos, por favor). Todos los días. También semillas (es decir, semillas de lino o sésamo, por ejemplo, molidas -las semillas hay que molerlas o machacarlas en un mortero. Yo compraría un molinillo, nena, porque lo del mortero es que acabas con semillas por toda la cocina. Yo también tengo de chía y de cáñamo, pero porque soy una pija y las compré en iHerb). Esto se muele, se pone en la nevera y se le echa a cualquier cosa que cocines. No dan sabor. Y mantequilla de cacahuete (la que venden por aquí tiene grasa de palma por un tubo, que es la mierda más mierda que podrás comer nunca. Hazla tú con una batidora potente. Dura siglos y la puedes hacer de anacardos, cacahuetes, almendras…).
  • Evita la comida procesada. Eso de las hamburguesas y salchichas vegetales, de vegetales tienen poco. Son productos de la industria alimentaria: es decir, maximizan los beneficios con ingredientes baratos, mucha sal y mucha azúcar y mucha grasa porque tienen que estar ricos para que la gente los compre más.
  • Evita el azúcar. Esto se traduce en una única orden: cocina tu comida. La comida industrial tiene azúcar por un tubo. Tiene grasa mala, azúcar y sal para parar un tren.
  • Usa sal yodada.
  • Ofrece disponibilidad. No cuesta nada hacer una ensalada, sacar un poco de hummus con palitos de zanahoria y calabacín crudo, que se cortan en un pis pas o una ensalada de legumbres, una tortilla de patatas, una tortilla francesa o una boloñesa de lentejas. Ten cosas en casa y un par de botes de garbanzos cocidos para un apuro. Que con eso, una cebolla y un tomate, te haces una ensalada.
  • Ten niños activos: el ejercicio es muy importante. No solo para la salud física: también para la mental. Ojalá lo hubiera sabido antes.
  • Dale tralla al congelador. Cuece legumbres y congela en bolsitas. Haz salsa de tomate y congela. Haz platos y congela. Con esto, cocinas un fin de semana al mes.
  • Implica a los niños en la cocina. Si aprenden a cocinar, sabrán comer.
  • Cuida su salud mental. Y la tuya. Ser feliz es importante y la primera base de la felicidad es que la gente te respete (cosa que hemos hablado tú y yo en innumerables ocasiones). No respetar es maltrato. No queremos maltrato en nuestras vidas.
  • Aprende. La gente que opta por una alimentación vegetariana es mucho más consciente de sus decisiones y, generalmente, está mejor informada sobre nutrición. Sabe qué es una proteína y dónde hay zinc y magnesio y Omega 3 y que el calcio de las espinacas no se absorbe por mucho que lo diga Popeye.
  • Todo esto es para toda la población. Si eres vegetariano o vegano, toma B12.

Pero… ¿no voy a comer siempre lo mismo?

Yo, salvo el tomate frito, el hummus y el ragú de seitán, es que no he repetido una receta en cuatro años. Generalmente, la peña come sota, caballo y rey. Ensalada y filetes, pasta con tomate, arroz a la cubana, pollo con tomate, ternera con patatas, cocido, lentejas con chorizo, paella los domingos y pare usted de contar.

Si quieres autoridades en la vida, aquí tienes cómo planificar menús para niños y qué darles. Es pediatra (de carrera y bien formada, no como el 99 por ciento de los médicos, que de nutrición ni idea) y tiene blog.

¿Qué ingredientes uso para cocinar?

Legumbres.- Alubias blancas, negras, carillas, pintas, fabes, garbanzos de varias clases, lentejas rojas, lentejas caviar, lentejas verdinas, pardinas, naranjas peladas, guisantes secos o frescos, soja verde y soja blanca, habas, altramuces…

Cereales e hidratos.- Arroces. Los hay de tropecientas clases: blanco de grano corto, blanco de grano largo, integral de grano corto y largo, salvaje (que no es arroz, pero bueno), arroz rojo, arroz negro, Thai, basmati, jazmín… Pasta (también: tallarines, macarrones, lacitos…). Trigo. Mijo. Quinoa. Espelta. Maíz. Avena. Centeno. Castañas. Patatas. Boniatos. Maíz.

Grasas.- Aceite de oliva virgen extra, aguacates, frutos secos (almendras, pistachos, anacardos, pipas de calabaza, pipas de girasol, nueces de Macadamia, nueces, coquitos…), mantequillas de frutos secos…

Fruta fresca y seca.- Toda la huerta para ti.

Verduras.- Toda la huerta para ti.

Semillas.- De lino, de sésamo, de chía, tahini… Hay que molerlas, que no se digieren. Sí, ya lo he dicho antes. Es que estuve tres años comiendo semillas sin moler y tengo trauma.

Especias y hierbas.- El universo ante ti. Yo tengo más de 70 diferentes… Desde zaatar hasta salvia, desde romero, tomillo, orégano, lavanda, comino, canela, clavo, nuez moscada o pimientas de diferentes clases hasta ajo y cebolla en polvo, curry, cúrcuma o chile chipotle en polvo.

Cosas raras que coméis los vegetarianos.- Tofu, soja texturizada, gluten (para hacer seitán), tempeh, yuba. Bueno, si encuentras yuba en Extremadura, te pongo un piso.

Sí, muy bien, pero qué hago de comer… y qué necesito

Yo compraría una balanza.

Y luego un buen juego de cuchillos y una buena tabla, un mortero y algún robot, que creo que ya tienes.

Y la B12. Para que no se te olvide.

Teniendo en cuenta que les gusta la verdura y la fruta más que nada en el mundo, tienes todo ganado. Pero te puedo dar algunas ideas.

Desayuno y merienda:

Aquí tienes un sinfín de ideas. Se tardan un pis pas en hacer.

O de merienda, fruta con yogur natural y frutos secos, o alguna pieza de fruta y frutos secos…

Comida y cena:

Verduras y hortalizas y fruta de postre. Eso, para empezar. Con esto no tienes problemas. Tienen que ser variadas. Vives en un pueblo, así que tienes acceso (envidia de la mala que me das) a verdura de calidad y de temporada. Calabacines, berenjenas, champiñones, setas, brócoli, zanahorias, col blanca, repollo, col lombarda, alcachofas, judías verdes, habas, cebolla, pimiento… Y fruta de temporada, variada también: cerezas del Jerte, fresas, manzanas, chirimoyas, uvas, ciruelas, melocotones, sandía, melón…

Te pongo cosas para verano y para invierno.

Por ejemplo:

  • gazpacho o salmorejo con tortilla de patatas. Prueba a hacer gazpacho de sandía, de nectarina o de cerezas.
  • un plato de pasta integral con muchas verduras (coliflor picadita, zanahoria, brócoli, calabacín… y salsa de tomate casera o sin salsa de tomate con unas lentejas cocidas en el mismo plato de pasta). Sí, se puede comer pasta en la cena. Y legumbres en la cena. Y de todo.
  • Potaje de calabacín y garbanzos.
  • Berenjenas con chimichurri. Esto es potente. A los niños no les pongas mucho picante, pero vamos, en Argentina lo comen desde que son bien chicos. Es cuestión de dar a probar y de paladar.
  • Muhammara. Yo fliparía si me gustara esto, pero es que los pimientos los odio.
  • Berenjenas rellenas griegas.
  • Coca de trampó. Esto además es como una pizza.
  • Croquetas de coliflor al horno.
  • Pasta con boloñesa vegetal.
  • Hamburguesas de boniato y quinoa roja.
  • Hamburguesas de lentejas.
  • Ratatouille.
  • Salchichas. Sí, van a comer salchichas.
  • Lentejas con verduras y comino. Vamos, como las de toda la vida pero sin la grasaza del chorizo. ¿Que les gusta el sabor del chorizo? El chorizo no sabe. Lo que sabe es el pimentón de La Vera, que es la rehostia en verso. Echa pimentón.
  • Lentejas con quinoa. La quinoa hay que lavarla, por cierto, porque si no amarga. Pero vamos, que no es imprescindible comer quinoa. Yo te lo pongo por si la quieres probar.
  • Salsa para pasta de brócoli y almendra.
  • En invierno también se pueden hacer ensaladas.
  • Albóndigas. Están para ponerles un piso.
  • Fideuá. El alga nori le da sabor a pescado. Sí.
  • Alboronía.
  • Pasta al pesto.
  • Filetes rusos. Esto les va a encantar.
  • Arroz a la cubana.
  • Ensalada de garbanzos.
  • Hamburguesas de alubias negras.
  • Hamburguesas de garbanzos. Están de muerte.
  • Alubias al ron. Esto también lo repito mucho. Sí, no tienes crock pot. Yo me compraría una crock-pot. Para una familia de cinco, saca de muchos apuros porque es poner la comida y olvidarte. Todo sale con el mismo color, pero nunca habrás comido legumbres así… Cuestan como 60 euros, tampoco es un pastón. Pero vamos, las recetas son fáciles de adaptar, porque se cuece la legumbre y luego se usa el sentido común: se fríe la cebolla, se echan los ingredientes, se ponen 20 minutos al chup chup mirando que no se evapore el líquido y listo. Alubias con ron, mari.
  • Cocido extremeño. Yo no le eché patata porque no congela bien. Pero se la puedes poner. O ponerle arroz también, que ya no es cocido, pero es otro plato y oye, está muy rico.
  • Esto está de muerte, pero es lento. Es un estofado. Es la única receta que vas a ver con pimientos en este blog, salvo el gazpacho.
  • Feijoada. Ponte una samba y lleva Brasil a tu vida.
  • Mnazzaleh.
  • Pilaf de garbanzos y quinoa.
  • Verdinas. Son caras, pero menos que un kilo de ternera de primera.
  • Magdalenas para el cole con un puñado de nueces.
  • Todos los platos de pasta, los patés, los risottos, las salchichas, las sopas y demás de aquí.
  • Y el mafé lo tienes que probar. Y el tofu, que es como el pollo, no sabe a mucho y además tiene una gran ventaja sobre el pollo y es que cambia de textura depende de cómo lo cocines.
  • Y las verduras a la canela te van a flipar. Se congelan también. Todo lo que hay en mi blog, menos los risottos, es congelable.
  • Mi amiga Claudia tiene niñas y todos en casa son veganos y también tiene un blog. Sáltate la parte dulce, que es de llorar y vete a lo salado. Cocina de forma mucho más tradicional y española que yo, que voy a acabar con todo el curry del planeta a este ritmo. Para inspirarte, puedes mirar su Instagram, que ahí pone lo que comen en casa. Otra que tiene niñas veganas es Eva. Y mi amiga Júlia también. Júlia tiene un apartado de organización de las comidas. Y otro sobre lo pobrecito que es Beñat siendo vegetariano. Es decir, cómo luchar con el mundo.
  • Cosas de picoteo (patés vegetales, ensaladas, gazpachos…).

Todo esto está muy claro, pero yo tengo miedo de darle mal de comer a mis hijos.

No les vas a dar de comer mal a tus hijos. ¿Tienes muchas dudas y mucho miedo? Normal. Pon un nutricionista en tu vida. En este equipo, que atiende vía web, saben del tema. Vamos a ver: yo recomiendo a todo el mundo que vaya a un nutricionista, a un psicólogo y a un entrenador personal. Pero pensar que, si tu hijo no come carne y no vas a un nutricionista, es un riesgo de salud (siempre y cuando seas una madre informada y responsable y le des la B12) y lo vas a matar, pues tampoco. Si tienes muchas dudas, que al principio se tienen muchas, pues te lo puedes plantear. Va a enseñar a comer bien a toda la familia, la verdad. Y te vas a dar cuenta de la de mierda que comías antes.

¿Qué hago con el resto de la gente?

Informar. La información es poder. Y la industria alimentaria y ganadera son las más opacas que hay. Así les va de bien. Hay millones de niños vegetarianos en el mundo, sanos, felices y sin ingresar en el hospital. La gente, en general, de nutrición no tiene ni idea y, como siempre se ha comido carne, uno piensa que si el niño no come carne tú eres una inconsciente de la vida que los quiere matar. Les estás evitando (ojo, si comen bien, que las patatas fritas son bien veganas) colesterol, obesidad, hipertensión y varios tipos de cáncer, pero eso la gente no lo sabe. Es decir, la gente, en general, es bienintencionada. Ni puta idea, tienen, pero buena intención sí. Generalmente, solo hace falta una charla y dejar las cosas claras. Y llevar comida alternativa si uno va a comer por ahí. Yo lo hago. Porque, además, todo el mundo dice que cocina bien, pero les pides una comida proteica sin carne y se cagan las patas abajo. Tampoco saben qué es un aminoácido ni una proteína. Pero, con el carnivorismo (porque la gente come carne con cosas: no come “de todo”), hay una barrera mental el triple de grande que con el feminismo.

Pero dan menos la coña. Se saca el látigo una vez y listo.

Yo es que no me imagino a mi hijo llorando delante de un filete de pollo y que alguien le obligue a comérselo cuando existen lentejas y garbanzos en el mundo, porque no sé muy bien qué haría (y mis reacciones hipotéticas van desde partirle la cara a que no coma más en casa de quien sea). Yo creo que la cosa es poner comida en la mesa y que coman lo que quieran (siempre dentro de un orden: es decir, que no se vayan a comer un trozo de pan y nada más en todo el día, pero eso es de sentido común).

También te vas a encontrar con que la gente no quiere saber. Pero ese es su problema, no es el tuyo. El tuyo es explicarles que la alimentación de tu hijo la deciden sus padres. Como deciden a qué colegio va, qué ropa le compran cuando tiene un mes o que tiene que llegar a casa antes de la una de la mañana. La alimentación es una cosa que se impone. Toda. Se impone la omnívora y se impone la vegetariana. Lo que ocurre es que si la alimentación vegetariana no es de nacimiento, ya no es impuesta: es una decisión individual de la persona, tenga cuatro años o tenga 30. Y : con cuatro años se puede elegir no comer animales. Lo que no se puede elegir con cuatro años es alimentarse de pasta con tomate de bote y pizza. Y conozco casos, en plural, bien cercanos de niños que comen pasta, pizza y hamburguesas todos los días porque si no, no comen. Y meriendan batidos de chocolate con galletas. Con un par. Pero comen muy bien y no les faltan nutrientes, ¿eh? Solo faltan si eres vegetariano, porque la carne es como la Virgen de Lourdes. Si le preguntas a alguien, nadie sabe qué tiene tan indispensable, pero te dicen que es indispensable. Uau.

No hay ningún alimento imprescindible en ninguna dieta del mundo. Ni la carne, ni el pescado, ni los plátanos, los pimientos, ni los higos, ni el natto. Ninguno. Lo único que es imprescindible en esta vida es el agua.

Take it easy y sin agobios y a tu ritmo. Es muy fácil y además la gente deja de dar la coña la primera semana. No surrender.

¿Hay más recursos en la vida?

Sí. Hay un libro que se llama Vegetarianos con ciencia. Pídelo en la librería. Es barato y te despeja dudas.

También hay un blog de técnicas de cocina que es lo mejor de la web entera. Se llama Gastronomía Vegana.

Y en el apartado Otros blogs de este blog tienes muchos blogs para ir mirando recetas. Pero vamos, que ahora en verano yo me apaño con ensaladas de legumbres, gazpachos, guacamoles, sopas de pepino con menta, hummus, patés variados… No hace falta tirarse diez horas en la cocina para comer bien.

Pero vamos, que tirarse diez horas en la cocina no es el mal. El mal de la sociedad industrializada es no tirarse diez horas en la cocina y comer mierdas por un tubo, insostenibles ecológicamente y perniciosas con la población del planeta que pasa hambre. Y, además, si te tiras diez horas en la cocina con los niños haciendo hummus, patés, picando tomates, machacando aguacates, preparando masa de pizza casera para congelar y demás, pues puede ser muy divertido.

Pero vamos, que diez horas no te vas a tirar.

La transición al veganismo: cómo es

Quizás habría que ampliar el objetivo. Ya conoces mi postura. El maltrato animal comienza en la elección de lo que pones en tu plato.
Leopoldo Elvira, médico, Badajoz, durante un debate sobre el Toro de la Vega.

Hace poco, pregunté entre mis amigos veganos o vegetarianos cómo había sido su transición. No exactamente la transición, sino cómo se lo había tomado su grupo de amigos y su familia desde entonces. Yo parto de la base de que, aunque no lo sepan, el 95 por ciento de la población ha sido educada en faltas de respeto constantes y eso ha hecho tener un baremo muy bajo de lo que es “faltar al respeto”.

Generalmente, la noticia en casa, si te tienen que hacer de comer, no sienta bien. De todos modos, una vez que pasa la novedad, la gente suele preocuparse: “Al principio me tenía que llevar la fiambrera a las reuniones familiares, pero ahora se preocupan de que haya comida para mí en la mesa”. Por parte de los amigos, la cosa suele ir mejor (a no ser el típico gracioso que está todo el rato diciendo que las plantas también sienten, pero no va a dejar de comer lechuga porque tampoco está tan concienciado por sus gritos de dolor). Como los seres humanos tenemos esta necesidad de aceptación grupal, al principio puedes sentirte un poco solo comiendo tu plato vegano en una esquina.

Los hay que nunca han tenido problemas: lo dejaron de la noche a la mañana y a todo el mundo le pareció bien y nadie dijo ni mú. En el caso de unos, porque nunca permitirían que les faltaran al respeto de esa manera y en el caso de otros, porque son nutricionistas y en su entorno asumen que saben qué comer.

Hamburguesa de remolacha de la página de Isa Chandra Moskowitz.

Hay que tener en cuenta que, en general, la gente no sabe cocinar. Lo dije y lo mantengo. También, que las legumbres casi han desaparecido de la dieta diaria de los españoles (ahora por lo visto hay un repunte, porque se ha comprobado que son más baratas y cunden más). Lo mejor, cuando vayas a comer a casa de alguien, es que te asegures de que hay opciones para ti o llevar algunos platos para compartir. Descubrirás que se acaban antes. Eso dice mi amiga EvaTambién está la gente desconsiderada que, cuando en una fiesta sólo hay una bandeja con cosas sin bichos, se abalanza sobre dicha bandeja, sin darse cuenta de que eso es lo único que tú puedes comer. Y una vez han terminado con las cuatro tostadas de hummus, siguen con el jamón y tú te quedas sin nada.

Porque a la gente, en el fondo, le mola la comida vegana. Y mucho critican y hacen bromitas con la lechuga y con si las plantas sienten (ajá, y las vacas comen aire), pero luego cuando llevas cosas veganas bien hechas muchas veces no dejan ni las migas.

Yo ando en proceso, poco a poco.

Consejos varios

¿Qué hago en un restaurante? Llama primero. Di que eres vegetariano estricto, o vegano (te encontrarás con que algunos no saben qué es) y que no comes nada animal. Aclara: ni carne, ni pescado, ni huevos, ni leche de vaca, cabra u oveja; ni miel. La gelatina no la suelen usar, por lo visto. Si llamas con suficiente antelación, te harán algo para ti.

En muchos sitios hay restaurantes vegetarianos, que suelen tener opciones veganas. En otros sitios es mucho más difícil (vivo en Extremadura: creedme, sé de lo que hablo). Pero creo que la cuestión es no tomárselo todo como un gran inconveniente. Es una decisión libre que, como todas las decisiones (por ejemplo, cambiar de trabajo, hacer deporte, adelgazar, irse de casa) tiene unas consecuencias e implica algo de movimiento. Siempre hay opciones: llevar tú la comida a las casas a las que te inviten; cocinar tú en casa de tus padres; llamar a un restaurante o unirte a las copas después de que ellos cenen y cenar tú algo rico en tu casa. Mi amiga Claudia, en Ikea, pide el perrito caliente con todo excepto con la salchicha.

Piensa. Ten recursos. ¿Hay una tostada con queso de cabra y mermelada de cebolla y tomate que te encanta? Pídela sin queso. Está rica igual. Hay más opciones de las que crees: es quitar y poner ingredientes.

Tómatelo con humor. Si la gente se pone muy coñazo, cambia de tema. Si te faltan al respeto, recuerda: puedes marcharte. Solo hay que sonreír y decir: “Me voy a ir, porque eso que me acabas de decir no me ha gustado”. Y coges y te vas tranquilamente a tu casa a cenar como Dios.

La gente con la que te relacionas te tiene que tratar bien. Si no, no te relaciones: hay muchas personas en el mundo. Algunas hasta son normales. De verdad. Existen.

Prep and Pantry

En no recuerdo cuál de mis infinitos libros de cocina veganos, vegetarianos, omnívoros, de la crock pot, de la olla rápida y no sé qué más (porque sí, tengo MUCHOS libros de cocina), en la sección de consejos, ponía: “dedica un día a ordenar la despensa. Hay varias app que te ayudarán, como Prep and pantry“. También está Out of Milk, que tiene la ventaja de que puedes poner si te queda medio paquete de algo: en Prep and Pantry, esta opción no existe. Ah. Ya recuerdo. En Mastering the Art of Vegan Cooking. Que, por cierto, es buenísimo a pesar de no tener fotografías.

Las bases de dato son de pago. La de Out of Milk cuesta menos de dos euros y la de Prep and Pantry, que es la que yo cogí, cuesta seis.

¿Por qué me decidí a comprar una app para organizar mi despensa? Porque vivo sola, porque se me estropea mucha comida, porque los días de diario no cocino (tengo que organizarme para cambiar eso, aunque sea para dejar la comida en la crock pot por la noche y meterla en el frigorífico por la mañana) y porque, con la mudanza, no revisé la cocina. Me dediqué a colocar como Dios me daba a entender. Y me mudé hace más de un año.

Tenía comida caducada desde 2013.

No me va a volver a pasar: me parece un horror tirar comida.

Ahora ya llevo un mes yendo a la compra con el móvil, haciendo fotos a todo lo que compro (todavía no me han llamado la atención), poniendo las cantidades que adquiero y archivando el lugar donde lo tengo guardado. Obviamente, después de tirar todo lo que era irrecuperable, me dije que nunca más.

La aplicación es intuitiva y fácil de usar. En teoría funciona escaneando el código de barras, pero la comida española no está incluida, así que lo que hago yo es hacerle una foto (a los aceites, leches, legumbres, pan, gluten, soja texturizada y demás) y escribir la fecha de caducidad. Como puedes ordenar tu lista de productos según este parámetro, sabes qué se te va a echar a perder y tienes tiempo de cocinar con ello. También puedes crear listas de la compra.

Y percatarte, con el uso, de tus hábitos alimenticios. Me he dado cuenta, por ejemplo, de que consumo poca variedad de según qué cosas. Soy adicta a los garbanzos y a las verdinas, por ejemplo, pero como muy pocas alubias blancas (de las de colores, algo más) y menos lentejas: la prueba está en el blog. Así que, una vez ordenado todo (el orden de la despensa implica también orden mental), iréis viendo más recetas variadas por aquí.

Mi único problema es que tardo muchísimo en cocinar. No sé cómo ahorrar tiempo en la cocina, sinceramente. Hasta en preparar unos ingredientes para ponerlos en la slow cooker y que se hagan solitos, tardo una hora.

¿Cómo os organizáis vosotros? ¿Qué hacéis para que no se os estropee la comida? ¿Tardáis menos en pelar una cebolla y picarla que yo?