Por qué

Me llamo Olga y tengo colitis ulcerosa.

Es leve y en realidad soy una suertuda, porque puedo comer de todo, siempre y cuando no lleve absolutamente nada de picante. El alcohol he de moderarlo, pero, desde que me lo dijo el médico, creo que solo he tomado media copa de vino.

Cuando te diagnostican de colitis ulcerosa, te dan instantáneamente una lista con todos los alimentos que al resto de enfermos como tú les sientan bien, mal o regular. Resumiendo: el pescado al vapor o a la plancha y la ternera sientan bien; el resto de alimentos bastante peor. Así que me pasé meses comiendo ternera y pescado con alguna verdura, muy poca, de vez en cuando.

La segunda vez que fui al médico, me dijo que podía añadir cualquier cosa a la dieta (sorprendentemente, mis análisis de todo estaban bien) y, de pronto, me entró una obsesión curiosa por la comida sana. Verduras, legumbres, frutas y demás.

Nunca he comido demasiado de nada de eso. Mi dieta, como la de muchos, se basa en productos animales aderezados con algo verde. Me como una manzana a media mañana por aquello de que hay que comer fruta, pero tampoco es porque me encante especialmente. A mí la fruta que más me gusta es la fresa. Montones de fresas. Con nata.

Pero comencé a comprar libros. Veganos, todos ellos. Sin productos ni ingredientes de origen animal. El veganismo, más que una dieta, es un modo de vida. Quien es vegano mantiene que ningún ser vivo debería utilizarse para alimentar a otro, ni para servir a otro como sustento de nada. Hay condicionantes políticos, económicos y de sensibilidad hacia el reino animal, por supuesto: así pues, también rechazan las pieles, el cuero y cualquier otro elemento en el que se haya utilizado a un animal.

Yo no soy vegana. No sé si puedo serlo ni sé si quiero serlo. Quizá dentro de cinco años me vuelva ovolactovegetariana, ovovegetariana y vegana. Ciertamente, creo que comer es un acto político. Bueno, qué demonios: todo es un acto político. Consumir cualquier cosa es un acto político. Pero, egoísta y despiadada que es una, a mí lo que más me interesa en este mundo en relación a la comida es: que esté buena y que no me haga ir al baño tres veces seguidas o retorcerme de gases en cuanto termino de meterme el último tenedor en la boca.

He descubierto, también, que muchas recetas veganas de las que estoy probando me sientan bien. Quizá sea porque tienen poquito de todos los ingredientes: mezclan arroz con verduras o con legumbres, por ejemplo, o con tofu o seitán (que debería hacer yo, porque el comprado me sabe a salsa de soja gelatinizada). Me siento ligera y mucho mejor. He probado cereales que antes no me había parado a comprar, como el mijo o la quinoa, y constato que me gusta ir a la frutería del barrio.

No prometo actualizar mucho este blog, pero al menos me valdrá como archivo de las recetas que me sientan bien. Y, en honor a su nombre y teniendo en cuenta la poca bibliografía vegana en español, me gustaría que todas las recetas fueran veganas. Si no lo son, porque el blog es mío y con él haré lo que quiera, lo aclararé: en todo caso, serán vegetarianas porque no me parece de recibo, tampoco, que una persona concienciada venga aquí porque lo haya buscado en Google, pongamos por caso, y se encuentre con un filete de ternera de pronto: no es muy coherente.

Bienvenidos, los que quieran.