Brotes verdes en Cáceres

Desde que abrieron el Brotes Verdes en Cáceres, Pablo y yo siempre habíamos dicho que teníamos que ir juntos. La primera vez que comí allí, el primer fin de semana de febrero, fue sin él. Porque llegó Cristina, la dueña (y la india) de Vegan Place. Y, como no conoce Extremadura, la llevé al Museo Vostell-Malpartida, que es uno de mis sitios favoritos del mundo. Entre otras cosas, por esta obra llena de cigüeñas, que se titula «¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos?». La he fotografiado de día, de noche, con sol, con nubes, con los nidos que se llevan mucha parte del presupuesto del museo en restauración (pesan mucho). Pero también por el lavadero, por la imagen de los Barruecos que se ve desde él y por otras muchas razones más.

¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos? Obra de Wolf Vostell en el Museo Vostell Malpartida.
¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos? Obra de Wolf Vostell en el Museo Vostell Malpartida.

Cristina es una mujer muy convincente. Y muy tranquila. Así que, como mi vida personal ha cambiado últimamente por razones que no vienen al caso, me planteó que, teniendo el carnet de conducir como lo tengo desde hace diez años, podría tomar clases de refresco y luego alquilar un coche cuando me apeteciera, con un seguro de conductor. Yo me conozco bien (me conozco muy bien) y, lo de las clases, vale. Pero si tengo que alquilar un coche, vuelvo a pasar otra década sin conducir: yo he de terminar el periodo de readaptación a la carretera con un coche en las manos. Y saliendo y perdiendo el miedo. Miedo que, como tengo estas taras mentales, pensaba que era la única persona que los sufría (a matar a alguien, a que se me abalance un niño a las ruedas, a no ver a un peatón, a matarme yo), hasta que les fui preguntando a todos mis amigos cómo fue su primer viaje. Un horror y muy despacio.

Comienzo en marzo. Que Dios nos coja confesados.

No conozco ningún medio de transporte público que vaya al Vostell, así que, si venís a Extremadura en coche (que será antiecológico, pero nuestras comunicaciones son nefastas en pleno siglo XXI), deteneos también aquí:

Las cigüeñas de Los Barruecos
Las cigüeñas de Los Barruecos

Como venía Cristina e íbamos a pasar el día a Cáceres, nos fuimos al Brotes Verdes, sin Pablo pero con mucho apetito. Es un restaurante que está en uno de los puntos álgidos de Cáceres: una plaza horrible, pero con una vida tremenda. Se llama Plaza Marrón, pero en realidad ni es plaza ni es nada: es un aparcamiento. Eso sí: enfrente está el Psicopompo, en el que hay una vida cultural impresionante. Pedimos sopa de tomate, que es un plato tan típicamente extremeño que yo no lo he cocinado nunca… (como la tortilla de patatas).

Sopa de tomate. Un plato típico extremeño
Sopa de tomate. Un plato típico extremeño

Y ramen, que es más mi estilo porque yo soy de la de los platos exóticos…

Ramen
Ramen

Y también pedimos croquetas de calabaza. Yo adoro las croquetas de calabaza, pero a estas (idea para los cocineros) le hubiera echado nueces también, que le dan un toque brutal. De todos modos, sin nueces también están riquísimas.

Croquetas de calabaza
Croquetas de calabaza

También pedimos falafel, porque somos así de clásicas. Jugosos y con salsa de yogur de soja. Como hay que hacerla. 😉

Falafel
Falafel

Y patatas, zanahoria y yuca con tres salsas. La rosa era de remolacha. Todas eran veganas. No me acuerdo de qué eran las otras dos, pero estaban muy ricas. Sabrosas. Y crujientes.

Patatas, zanahoria y yuca con salsas
Patatas, zanahoria y yuca con salsas

Y de postre pedimos un bizcocho de zanahorias vegano, con su bien de nueces y sus especias y un té pakistaní… de los que no hay foto. Es que llegó el bizcocho y lo atacamos. Como si lo fueran a prohibir. Y a mí se me olvidó coger la cámara. Tendréis que ir a probarlo.

Y yo tengo que volver. Con Pablo. Para probar el resto de la carta. Y con Cristina, cuando vuelva a venir.

Al día siguiente, fuimos a ver el teatro romano y nos encontramos la manifestación del No a la caza. Así que nos unimos. El día anterior, era la manifestación del No a la mina de Cáceres. Fuimos de manifa en manifa…

Y hablamos mucho y nos abrazamos y nos reímos, y desayunamos tostadas con mantequilla de aguacate y especias para guacamole y comimos y nos reímos y hablamos, que es para lo que están los fines de semana compartidos.

No a la caza
No a la caza

¿Y ustedes han pasado por una escuela de cocina?

A finales de noviembre, se celebra en Cáceres la Muestra Ibérica de Artes Escénicas. Voy invitada por la organización, que tiene en cuenta las necesidades (o elecciones) en cuanto a comidas de los más de 200 invitados. Pero la muestra es en Cáceres. Y, en Cáceres, como en cualquier otra ciudad de Extremadura, te dicen que no hay problema con un menú vegano y luego, te sirven un gazpacho de primero y unas setas de segundo; una ensalada con lechuga iceberg de primero y unos champiñones de bote de segundo y un salmorejo de primero y una ensalada de segundo. Podría poner las fotos de los manjares, pero me niego. Lo único que digo es que estaba deseando que llegara la noche para cenar de catering. Lo llevaba Pajuelo. Y me han puesto ensaladas de frutas con piñones, bolitas de higo con frutos secos, salmorejos, patatas a lo pobre, berenjenas, gazpacho de remolacha… Señores, no es tan difícil. Como soy así de activista: pregunté en todos los restaurantes si tenían un bote de garbanzos. Me miraron como si estuviera loca. Menos mal que, en todos los sitios en los que tomé café, había leche de soja. Pero el año que viene me llevo mi comida y pido que me la guarden en el frigorífico del hotel. Lo juro. Que acabé comiendo hummus comprado. Con lo que yo odio el hummus industrial.

Salmorejo de remolacha, ensalada de mango y frutos secos, patatas con verduras y compota de manzanas con cereza y piñones del catering Cáceres Pajuelo.
Salmorejo de remolacha, ensalada de mango y frutos secos, patatas con verduras y compota de manzanas con cereza y piñones del catering Cáceres Pajuelo.

Me voy a ahorrar que, cuando me ponían el plato, la gente metía la mano, incluso aun cuando yo les había avisado de que era mi comida. Porque la gente se ríe del veganismo, pero luego quiere probar las cosas. No he dado más voces en mi vida. Ni me he alimentado tanto de pan blanco, porque no me daba tiempo a ir a comprar. Y, además, mi mes de noviembre a mí me ha dejado tiesa y en números rojos, así que ni una escapada al Brotes Verdes, que Álvaro me hubiera tratado con todo el mimo del mundo. Ni frutos secos que no estuvieran fritos había en el único supermercado que pisé.

Un dramón.

Y, de verdad, señores, no es tan difícil. Yo amo las verduras (menos los pimientos). Pero saber que te van a poner la ración de verduras de tu comida diaria (ensalada sin atún y sin jamón, que se queda en lechuga iceberg -señores: eso no es lechuga: eso es una guarrada que ningún restaurante debería poner- y cuatro trozos de tomate o gazpacho en temporada -señores, en todos los restaurantes hay una Thermomix: sigan su receta de gazpacho, que en muchos sitios llamar gazpacho a eso, estando en Extremadura, da vergüenza ajena. Y pisto. El puto pisto nunca falla. Pisto. Yo.

Yo acabé quitándole un poco de pimiento a unas patatas y hincándomelas enteras, con su sabor a pimiento, del hambre que tenía. Pero, como tengo este afán pedagógico, vengo aquí a salvarles la vida.

Primero: en ciudades turísticas como Cáceres o Mérida, con un sinfín de visitantes de países en los que el veganismo está extendido (más que aquí, al menos), que en los restaurantes no sepan tratar un menú vegano es una vergüenza. ¿Ustedes han pasado por una Escuela de Hostelería? ¿De verdad que son cocineros? El excocinero jefe del Parador de Mérida, Juan Sanguino, que se ha jubilado ya, investiga con aquafaba en su casa. Eso es profesionalidad y amor al oficio, señores. Se llama actualizarse.

Y ahórrense estas mierdas. Un restaurante no se puede permitir servir estos champiñones.

Champiñones de bote en un restaurante. Foto real. De verdad de la buena.

Vengo a salvarles la vida, digo. Comencemos.

Primer plato:

  • Ensalada con frutas de temporada, con lechuga romana de la buena (no compren iceberg, hagan el favor, que eso da vergüenza ajena), nueces. De aliño, cogen una de las frutas, la que mejor color tenga (desde el kiwi hasta las fresas) y la baten con aceite, vinagre y sal. Fácil y rápido.
  • Gazpacho. Espesito. bien hecho, con su guarnición. Pepino, pimiento verde, pimiento rojo, cebolla. Sí, hasta el pimiento. Se lo pongo fácil.
  • Salmorejo. Salmorejo de cerezas, de remolacha, con manzana.
  • Parrillada de verduras.
  • Parrillada de setas.
  • Gurumelos a la plancha en temporada. Yo podría vivir comiendo gurumelos.
  • Patatas a lo pobre.
  • Arroz con verduras.
  • Risotto de setas.
  • Lasaña hecha con leche de soja, setas, espinacas, calabaza o las verduras que les dé la gana. Y, para gratinar, almendra en polvo por encima.
  • Guacamole.
  • Hummus.

Segundo plato:

  • Garbanzos con espinacas. Sí, los garbanzos se comen. Si les va a llegar un vegano al restaurante y lo saben, porque además normalmente avisamos, compren un bote de garbanzos, que no es tan difícil. De los chicos. Me lo como entero, no se preocupen. No se va a tirar nada.
  • Quien dice bote de garbanzos, dice bote de legumbres o de lentejas. Doy opciones.
  • Se podrían estirar y comprar un par de hamburguesas vegetales en el supermercado. Vamos, digo yo. Tuestan un poco de pan, le ponen lechuga y tomate y hasta pepinillo y oye, tan rico.

Pan.

Eso que ponen en los restaurantes no se puede llamar pan. Hagan algo.

Postre.

La fruta está muy bien, pero se puede mejorar. Una macedonia, unas bolitas de higo, higos secos bañados en chocolate negro, un bolecito con chocolate negro y frutos secos… Una cosa que quede mona y linda. Una manzana al horno con canela, mismo.

Es que, de verdad, no es tan difícil. Miren otro platito del catering Pajuelo.

Ensalada, ajoblanco, pimientos con piñones
Ensalada, ajoblanco, pimientos con piñones y bolitas de higos

De verdad, se puede. Es fácil. Como dice mi amiga Claudia, si se quiere, se puede.

No me tengan a pan blanco y ensaladas la próxima vez, gracias.