Hamburguesa de alubias negras y cacao

Hamburguesa de alubias y cacao

Crecí en un lugar en el que había restaurantes de comida extremeña y española y en el que, de pronto, pusieron un mexicano con comida adaptada al gusto español (no supe, hasta bien mayor, qué eran los chiles anchos o los habaneros) y, luego, mucho más tarde (ya no existe) un restaurante mexicano con un cocinero que había vivido allí, en ese país tan rico y tan complejo en su cocina. Eso lo aprendí casi a los cuarenta. Antes y gracias a ese lugar, supe que se podía añadir cacao a un plato salado.

Estas hamburguesas con de Minimalist Baker. Quedan pastosas, no como las compactas realizadas con soja texturizada y seitán. Y a las hamburguesas más pastosas, hay que meterles salsa. Avisados quedáis. Llevan cacao: las semillas de este árbol fueron utilizadas como moneda por los mayas y otros pueblos mesoamericanos. También llevan las maravillosas alubias negras que tan versátiles son.

Ingredientes para 4 hamburguesas:

  • 1 taza (120 gramos) de nueces peladas
  • 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 3/4 de taza de cebolla mediana (60 gramos) muy picada
  • 3 dientes de ajo muy picados
  • sal (si has cocido las alubias sin sal, pon 1/2 cucharadita más)
  • pimienta negra
  • 1 cucharada de chile en polvo (yo le puse 1/2 cucharada de especias de guacamole)
  • 1 cucharada de comino en polvo
  • 3 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 1 cucharada de azúcar moreno (es opcional: yo no le puse, pero lo cierto es que resalta el sabor umami del cacao: esto es así)
  • 425 gramos de alubias negras cocidas y bien secas. Deja escurrir muy bien y ponlas en una bandeja, sin apelotonar, cubiertas de papel de cocina. Si eres vaga (o vago), como yo, tendrás que añadir pan rallado o avena molida para apelmazar un poco la masa.
  • 1 taza (200 gramos) de quinoa cocida

Preparación:

Pon las nueces en una bandeja de horno a 180º C y tuéstalas durante 10 minutos. Yo, en verano, no enciendo el horno ni aunque me paguen, así que las tosté en una sartén sin grasa y listo. 

Calienta una sartén. Una vez caliente, añade 1 cucharada de aceite de oliva. Cuando esté caliente, agrega la cebolla y el ajo. Sazona con sal y pimienta y deja freír, a fuego medio, removiendo de vez en cuando, de 5 a 7 minutos, para que la cebolla se poche bien. Reserva. 

Deja que las nueces se enfríen ligeramente. Añádelas a un robot de cocina con el chile o las especias de guacamole, el comino, el cacao, una pizca de sal y pimienta y el azúcar, si lo usas. Tritura bien y reserva.

Pon las alubias en un bol y machácalas con un tenedor o un prensador de patatas. Agrega la quinoa, la mezcla de nueces con las especias y la cebolla frita y mezcla bien. Pon la masa en la nevera 30 minutos. Puede estar toda la noche. Así queda más compacta. Si está seca, añade aceite de oliva, de cucharada en cucharada, y si está seca, pan rallado o pan rallado sin gluten o harina de avena (que no es más que avena triturada), también de cucharada en cucharada, integrando todo bien. Ha de estar compacta, pero húmeda a la vez. 

Divide la masa en cuatro y forma cuatro hamburguesas. Las puedes hacer en la sartén, con el aceite restante, de 3 a 5 minutos por cada lado o ponerlas en una bandeja de horno, pinceladas con aceite (forra la bandeja con papel de horno, para que no se peguen) a 180º C durante 15 o 20 minutos por cada lado: cuanto más tiempo las dejes, más firmes estarán. Deja enfriar 3 minutos y sirve. 

Salteado de verduras para noodles

Yo, que soy así de divertida, llevo seis años con el blog; es decir, cocinado de forma frecuente (en algunas épocas más, en otras menos) y luego descubro, leyendo, cuántas cosas hago mal. Por ejemplo, hay que dejar calentar la sartén primero un ratito y luego añadir el aceite y dejar calentar el aceite y agregar la comida. Porque la cocina, dice Mark Bittman, se basa, sobre todo, en dominar el fuego. Total, que ahora intento hacerlo mejor. Y calentar.

Una de mis nuevas adquisiciones ha sido el libro de Bosh!, que lo peta con sus vídeos en la red y que hacen cosas muy gochas para tener muchos amigos a los que invitar y que no sean alérgicos a los gatos, como la mayoría de los míos. Así que comencé por un salteado para añadirle, después, unos noodles. O spaguetti. O cualquier otro tipo de pasta que queráis. Y así aproveché para probar un maravilloso wok tamaño catedral que me ha regalado mi madre y que estrené con esta receta.

Salteado de verduras
Salteado de verduras

Ingredientes para 4 raciones:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo muy picados
  • 350 gramos (más o menos) de verduras. Yo puse:
    • 160 gramos de brócoli cortado en flores y cocidos al vapor 7 minutos
    • 150 gramos de judías verdes y cocidas al vapor 7 minutos
    • Unas puntas de espárragos que tenía por ahí
    • 1/2 cebolla pequeña
    • 170 gramos de zanahorias cortadas en tiras finas y largas. Como veis, las medidas no dan 350 gramos, sino algo más, pero era lo que tenía por casa.
  • 320 gramos de guisantes congelados, descongelados y cocidos al vapor 7 minutos
  • Para la salsa:
    • 3 dientes de ajo muy picados
    • 1 cucharada de azúcar moreno
    • 2 cucharaditas de maicena
    • 100 ml de caldo vegetal
    • 3 cucharadas de salsa de soja
    • 1 cucharada de vinagre de arroz

Salteado de verduras para noodles
Salteado de verduras para noodles

Preparación:

Bate los ingredientes de la salsa en un cuenco con la ayuda de un tenedor.

Pon un wok a fuego medio y espera que se caliente un poco (un minuto o así) y añade el aceite. Agrega el ajo y dale unas vueltas medio minuto. Añade las verduras y saltea. Un salteado consiste en no parar de remover (a ver, puedes parar un poco, pero hay que remover muy a menudo) durante unos minutos: los minutos depende de lo duras o blandas que os gusten las verduras. A mí me gustan duritas, pero hay verduras mucho más duras que, si las pones crudas, no se hacen, así que hay que cocerlas al vapor, al igual que los guisantes (que no son verduras: son legumbres y, por ende, proteínas).

Añade la salsa y saltea hasta que se evapore un poco. Prueba de sal, porque si usas salsa de soja baja en sodio, como yo, puede que quede sosillo. Puedes cocer noodles, en agua salada hirviendo el tiempo que marque el paquete y los echas también en el wok y a comer. Yo, como congelo las cosas, los noodles los hago en el momento. Obviamente, si sois celíacos, escoged noodles sin gluten.

 

Galletas de jengibre y nueces

Y un domingo de calor, el día 4 para ser exactos, 4 de septiembre, a mí se me ocurrió encender el horno.

Esto es calor:

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Julio suele ser un mes malo en Extremadura. Malo de que yo recuerdo noches en que, de la desesperación, me acostaba en el suelo. Me levantaba con la espalda hecha cisco, pero era adolescente y no importaba porque se quitaba a los dos minutos. Ahora eso no puedo hacerlo por razones obvias así que tengo un ventilador. Y aire acondicionado. Pero, como también tengo una paranoia horrible con el ahorro de energía, el aire acondicionado solo lo usan mis gatos los martes. Cuando viene Paqui, que es la mujer que limpia mi casa porque yo me prometí a mí misma no volver a limpiar nunca más, y tengo que encerrar a los gatos en un cuarto. Me da miedo que les dé un jamacuco, así que le digo que ponga el aire. Por eso y para que Paqui no friegue con todo el calorato.

El resto del tiempo, uso el ventilador. Siempre.

Llevamos dos meses y pico de julio. Porque en agosto, a pesar de su mala fama, se podía vivir. Y lo mismo hasta usabas una rebequita, a finales. Pero no. Ahora ni en septiembre. Andamos todos empapados. Te duchas y el pelo no se seca nunca porque sudas otra vez. Ha habido tres días en que se nos ha dado un respiro. Tres días. Yo miro las sábanas y lloro: quiero arroparme con la sábana. Súmale un gato de siete kilos muy guapo y muy hermoso pero muy cariñoso y con mucho pelo que se sube encima de tu cuerpo para darte mucho amor. «Pues quítalo». Pues no, no lo quito, pobrecito. «Es que le tienes muy consentido». Pues sí. Cuando tú tengas gatos, me cuentas.

***

Yo, en mis vacaciones, quería cocinar. Cocinar mucho. Cocinar yuba, que es la piel de la leche de soja (como cuando se forma nata en la leche, pues eso mismo, pero en la leche de soja) y que sirve para hacer muchas cosas, entre ellas, pescado vegano. Que no va saber a pescado, pero lo quiero hacer. Hacer más clases de seitán. Hacer «pechuga de nopollo», de la Myoko. Muchas cosas.

Pues he comido ensaladas, otra vez. Con aguacate. Qué rico, el aguacate.

Y encendí el horno.

Porque una amiga muy amiga está embarazada y tiene unas náuseas de impresión. Así que el médico le dijo que comiera galletas de jengibre en trocitos pequeños por las mañanas. ¿Por qué? Ni idea. Pero me lo comentó, me dijo que las había estado buscando por todos los supermercados de Mérida infructuosamente y yo le dije: «Yo te las hago». «Sin canela». «Sin canela».

A Sandra no le gustan el chocolate ni la canela.

Yo la quiero igual. No la comprendo, pero la quiero mucho.

Me puse a hacer galletas, pues. A 42 grados. Con un par. Porque me sirven para poner algo dulce en el blog, porque en España somos unos gochos y los blogs que triunfan no llevan lechuga, sino cantidades asquerosas de mantequilla, azúcar y harina y huevos y oye, me como una también. Que desde que estoy tan sana que doy asco y me he quitado el azúcar del café (por cierto, lo bien que enmascara el azúcar, oye, y qué café de mierda bebemos en la mayoría de los bares), es que no como dulces salvo en los cumpleaños. Y yo comería dulces a todas horas, por muy insanos que sean.

Así que hice galletas. Le hice estas galletas (y aproveché para actualizar el post con el peso en gramos) y estas otras que voy a poner aquí debajo y que quedan así:

Es decir, quedan cada una de su padre y de su madre, que es como quedan las galletas caseras. Inmensamente ricas, pero irregulares. Y eso que aquí he puesto las más monas.

Se vino un amigo mío que además de ser comunicador audiovisual es cocinero. Pero en la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura no enseñan nada vegano. Los cortes de la carne y el pescado, todos. Las legumbres, poco. Las verduras, de guarnición. Viva la dieta mediterránea, esa que pensamos que seguimos todos y que es sanísima. Del tema que nos ocupa, solo ha hecho una clase de galletas: de mantequilla. Que a ver qué ciencia tienen las galletas de mantequilla, si son las primeras que yo hice y repetí y repetí y repetí porque son hipermegafáciles y con unos moldes salen igualitas. Ya sabéis: la mantequilla y el huevo son imprescindibles y no se pueden replicar…

¡Anda, unas galletas sin huevo!

Por cierto, están tomadas, pero tuneadas, porque ya me atrevo con estas cosas, del Vegan cookies invade your cookie jar.

Ingredientes para unas 24 galletas:

  • 260 gramos (2 tazas) de harina de trigo normal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 130 gramos (2/3 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 150 gramos (2/3 taza) de azúcar blanquilla
  • 100 gramos (3/4 taza) de azúcar moreno
  • 75 mililitros (1/3 taza) de leche vegetal (yo usé de avena)
  • 1 cucharada de semillas de lino molidas
  • 150 gramos de nueces picadas
  • 1 y 1/2 cucharaditas de jengibre molido
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC. Esto lo pone siempre al inicio de todas las recetas de repostería pero, o la gente trabaja muy rápido, o yo soy muy lenta, así que yo precaliento cuando las galletas están a punto de hacerse (es decir, cuando voy a hacer la masa). Prepara dos bandejas con papel de hornear.

En un bol, tamiza, juntos, la harina, el bicarbonato, el jengibre en polvo, la sal y la nuez moscada.

En otro bol o en el vaso de la batidora, bate con varillas el azúcar, el aceite, el azúcar moreno, la leche vegetal y el extracto de vainilla. Cuando esté bien batido, échalo en el bol de la harina y mezcla con una cuchara de madera hasta que no veas harina en la mezcla. Cuando esté casi mezclado del todo, agrega las nueces picadas.

Ahora, forma montoncitos con una cuchara (yo tengo una cuchara expulsora de helado, que viene genial para estas cosas). Separa los montoncitos unos 5 cm. porque se expandirán. Hornea 14 minutos (esto depende de cómo te gusten las galletas: yo unas las dejé 14 y otra tanda 16, porque depende de si te gustan blandas -es decir, gomosas, no blandas como un bizcocho- o duras. A mí me gustan duras, pero a Sandra le gustan blandas y al fin y al cabo, salvo un par que nos comimos para probarlas, se las va a comer ellas.

Se meten en una lata de galletas bien hermética. Y se pueden congelar. Sí. Se congelan envueltitas en papel film, una por una. Para descongelar, se dejan fuera del congelador sin el papel film pero envueltas en papel de cocina para que absorba la humedad. Y quedan de muerte. Sí, he comido galletas congeladas (una vez descongeladas, tampoco soy tan ansia).

Las galletas, recordad, son repostería. Por muy caseras que sean.