FanCineGay: Veinte años de colores y de cine

Cartel FanCineGay 2017
Cartel FanCineGay 2017 realizado por Ricardo Cavolo.

Que el cine, por sí solo, no cambia la realidad, ya lo sabemos, como ha recordado Mamen Briz (y de eso sabe, que es cineasta y tiene un Goya y un FanCineGay y un Miradas del Festival de Cine Inédito de Mérida), pero que influye y puede cambiar algunas mentalidades, poco a poco, sí que es cierto. Al menos, hay un puñado de personas que, durante muchos años, se vieron reflejados en personajes muy estereotipados (o malos muy malos o jocosos muy jocosos) y que ahora, en una pantalla de cine, ven historias de gente corriente (malos, buenos, reprimidos, desenvueltos, guapos, feos, mayores, jóvenes y de todo tipo). Creo que es importante sentirse identificado: ver cómo otros escriben historias que hablan de ti.

Desde que se proyectó El celuloide oculto en Badajoz y la policía les quitó los carteles que colgaban en las calles, han pasado muchas cosas. Entre otras, veinte años. Hace tres, presenté un premio con Alfonso Suárez, que ha terminado trabajando para Fundación Triángulo. Hace dos, me dieron el Premio Las Horas, que fue uno de los dos premios más bonitos que me han dado jamás (es que solo me han dado dos). Y este año he presentado la gala.

Y era la gala del vigésimo aniversario. Que es algo gordo.

Realmente, sé que ha sido uno de los favores más importantes de mi vida (luego han llegado algunos más, porque Pablo es así). Por eso, cuando faltaban días para que empezara la ceremonia de ese vigésimo aniversario, escribí esto:

Palacio de Congresos de Badajoz
Palacio de Congresos de Badajoz. La foto no sé ni de quién es.

Este sería mi discurso de apertura de la gala del FanCineGay, que no lo voy a dar porque mi vida no le interesa a la gente que hay allí. Pero sería este.

El 12 de noviembre de 2016, yo estaba en este mismo escenario recogiendo el premio Las Horas. Ahí acabó mi 2016, que fue un año maravilloso, con el mejor colofón que algún día pude pensar. Por aquellos entonces, mi padre vivía. Mi mejor amigo también estaba vivo. Una de mis mejores amigas podía correr detrás de sus hijos. No había tenido unos exámenes de selección que me tuvieron enclaustrada más de seis meses. Salía para ir a hospitales. A hospitales de Badajoz. A hospitales de Sevilla. A hospitales de Granada. A morirme de miedo, porque en un hospital te mueres de miedo aunque nadie te lo note.

Este año ha sido el más mierda y el más doloroso que recuerdo. Y el dolor no se va. Ni se va a ir, por mucho que se viva con él, porque con el dolor se vive igual que se vive con la alegría: de a poquitos.

Durante todo este tiempo de hospitales, de exámenes y de mierdas, en persona, por WhatsApp o por teléfono, el director del FanCineGay, que se llama Pablo Cantero y es mi amigo, estuvo pendiente en todo momento. Estuvo pendiente cuando yo estaba en Badajoz, cuando estaba en Sevilla, cuando murió mi mejor amigo (que era mi hermano, aunque no lo fuera) hace menos de dos meses y me pasé las vacaciones en Granada. Y, como Pablo es así de generoso y, además, me quiere, me dijo en verano (un verano que fue esperanzador, aunque luego se fuera todo al carajo) que se le estaba ocurriendo una cosa y que ya me la comentaría.

Y esta es la razón por la que yo me pruebo vestidos, mis amigas me mandan un chal y dos pares de zapatos desde Málaga, salen conmigo a comprar ropa y tengo estrés. Porque Pablo sabe hacer estos regalos.

Y yo, que sé que este año ha sido una mierda, también sé que tengo mucha suerte.

Pablo Cantero y yo
Pablo y yo. Foto de Karel Fernández.

Y allí que fui. A presentar. La cosa había empezado mucho antes, con una llamada de Javier Herrera, que trabaja como actor, como educador, como director y como lo que le echen. Siguió con un guion que era muy Javi (Javi escribe maravillosamente bien, pero es tan simbolista él y yo soy tan tabernera y tan directa yo) y muy poco Olga y continuó conmigo disfrazándome de mujer, tacones incluidos, para presentar un acto con ropa de todas mis amigas: el vestido, de Charo; los zapatos, de Claudia; el chal, de Cristina; el maquillaje, de Ana; la peluquería, de Blanca…

Yo antes de presentar la gala
Foto de Karel Fernández

Pasé toda la semana con taquicardias. Porque yo tengo ansiedad, lo he contado en varias ocasiones, y solo pensaba que era el vigésimo aniversario, que había regalado todos mis zapatos con tacón, que yo me caigo en lo más llano y que… A ver: cuando a una mujer se le dice que presente algo, la primera pregunta es: ¿Qué te vas a poner? Se da por hecho que el guion se lo escriben o, en todo caso, que lo más importante es el vestido. Y los zapatos, porque con vestido largo hay que llevar tacones. Los domé y a las tres horas me dolían los pies: me salió una ampolla en la planta, al principio de la gala se me cayó el guion (menos mal que estaba ya casi detrás del escenario) y allá que me bajé, subida en tacones (todo el mundo diciendo: «Pero si no son altos») y pensando: me voy a matar. Porque yo, con tacones, no sé andar.

Yo sin tacones en mitad del escenario
Y así presenté. Foto de Pablo Cantero

Y justo después, salió Jesús Murillo, subido encima de unos taconazos de aguja de vértigo y dijo: «Yo sí sé andar con tacones». Oscilaba entre «te odio y esto no se hace» y ponerme de rodillas a suplicarle que me enseñara. Antes había salido Pablo, como director del FanCineGay que es, a dar un discurso que no escuché porque desde donde yo estaba no se oía nada. Y a mí me gustan mucho los discursos de Pablo. Mirad qué artículo más bonito sobre lesbianismo y cine ha escrito para la revista Versión Original. Yo quería haber dicho lo mucho que admiro a este señor, que es terapeuta ocupacional, profesor de Universidad, presidente de Coptoex y muchas otras cosas. Pero me dio vergüenza.

Soy así, yo qué le hago.

Por estos 20 años, se premió a gente que ha trabajado para que la visibilidad sea real. Mai Saki, fotógrafa, realizó una exposición sobre transexualidad e hizo subir a todos al escenario. Habló del pudor que le daba hacer las fotos, meterse en las vidas de gentes que lo han pasado muy mal: «Tenía miedo de llegar a las casas y hacerle daño a gentes, a personas, que ya han sufrido mucho. Yo soy homosexual. Tengo 44 años y salir del armario ya era difícil. (…) Esta mañana he estado con una persona trans que se ha intentado suicidar. Una persona con una luz maravillosa, que está llena de sensibilidad. A mí me parece una persona con talento. Creo que es totalmente injusto [que exista] una sociedad que lleva a una persona a suicidarse». Algunos de sus trabajos antiguos los pueden ver aquí. Fue emotivo, directo y precioso. A mí es que esta mujer me gusta mucho, qué queréis que os diga.

Mai Saki
Mai Saki. Foto de Karel Fernández

También le dieron galardón a Createatro, a Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte, que son de esa clase de personas que te trae tu trabajo y que se convierten en amigos después. Han hecho obras de teatro con muchas historias: también de personas a las que no podríamos llamar heteronormativas. El teatro es maravilloso para mostrar otras realidades, aunque a veces haya trabas en determinadas localidades: que las ha habido. «No programéis la de los gays».

Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte
Joserra Rodríguez y Juanjo Calamonte. Foto de Karel Fernández

Premiaron también a la revista Pikara, a Olga de Dios y al corto Princesa de Hielo. Y Javier Pizarro, que escribe en El Asombrario, y María José Garrido, que es antropóloga y una de las personas más brillantes que conozco, entregaron premio. Y son amigos y también les admiro mucho, por muchas cosas.

José María Cumbreño y María José Garrido
José María Cumbreño y María José Garrido. Foto de Karel Fernández

Pero, por encima de todas las cosas, le entregaron el premio Las Horas (uno de ellos) a Ángel Briz y Ángel recibió el mismo galardón amarillo que está colgado en mi cuarto. Y el premio se lo entregó su hermana Mamen y se lo dieron al final para que Israel, que es su novia y una de mis mejores amigas y que hace las mejores rutas por Mérida, pudiera llegar a tiempo porque tenía que trabajar y yo, saltándome todos los protocolos habidos y por haber, cuando le presenté, dije que respira cine y que lo sé bien porque tengo la fortuna de apoltronarme muchos domingos en su casa para ver películas y tomar café y que es una de las personas más importantes de mi vida. Adoro a este hombre. Con fruición y pasión y con todo el amor del mundo.

Ángel Briz con su premio
Ángel Briz con su premio

Y comimos vegano y todo. En el Masumi Convento (que tardaron en servirnos un montón, por cierto) yo comí sushi. De aguacate…

Sushi de aguacate en Masumi Convento
Sushi de aguacate en Masumi Convento

Y un conito con aguacate y pepino. A ver: lo más elaborado del mundo no es, pero yo me doy con un canto en los dientes con que haya algo vegano en la carta a estas alturas de mi vida. Siempre me martillea la frase de Lucía: que haya una ración proteica de calidad. Juas.

Cono en Masumi Convento
Cono en Masumi Convento

Lo de las proteínas, a los caterings, se les olvida. Con lo fácil que es hacer un hummus… Y poner bandejas con cosas veganas al mismo tiempo que las omnívoras. Que la gente se las come, señores. Y tú no estás allí, con tus platos aparte, sintiéndote el puto bicho raro de la fiesta y temiendo que la gente te pregunte qué es eso y vuelva a sacar el tema del veganismo, que qué cansinos que son los carnívoros, rediós.

Señores de los caterings. Tú coges a un par de cocineros y te pones a cocinar cosas molonas que, además, se pueden comer frías. Que os voy a decir una cosa: van a desaparecer antes que los bocadillos de ensaladilla rusa. Porque la gente le da al hummus y al guacamole y al salmorejo hasta en invierno que da gusto. Y a las hamburguesitas de legumbres. Y hasta a la tortilla de patatas sin huevo. Que como les llegue un alérgico al huevo no saben ustedes cómo hacer una tortilla de patatas… Pero vamos, yo me los comí muy a gusto. Con tristeza por la poca formación de los cocineros en esta santa tierra, que deberían de correrse vivos cuando les llega alguien que no les obliga a hacer empanadas de atún y hamburguesas de carne, que llevan haciéndolas toda la vida… A mí, si fuera cocinera, me gustarían los retos. Digo.

Moraleja: llévate un hummus la próxima vez.

Cuscús y macarrones con verduras
Cuscús y macarrones con verduras

Sobre si la presentación salió bien o no salió bien, yo no lo sé. Porque tú estás arriba y no te enteras de nada y además, el guion no te lo sabes muy bien porque lo de aprenderte cosas al pie de la letra a ti no se te da y, entre otras cosas, tú eres de esa clase de mujeres que son agresivas hablando de ciertos temas y el tono dulce y calmado no te sale y, encima, luego hubo un lío con la foto de familia que te da vergüenza hasta contarlo y la gente te dijo que muy bien porque no te van a decir que eres un desastre en tu cara…

Pero conocí a Marc, del cine club El Gallinero, y a su novia (y él ya me gustaba, pero ella… Madre, qué mujer: qué pena no vivir más cerca de cierta gente) y abracé mucho y vi por fin a Josémari, que es el presidente de la Fundación Triángulo y el pobre estaba malito, pero allí estaba (y todavía me tiene que dar un regalo que me trajo este verano). Que aquí lo de ver a gente es solo eso: verla. Porque no puedes hablar con nadie. Zascandileas de un sitio a otro y ya.

José María Núñez y yo.
José María Núñez y yo. Foto de Karel Fernández

Y luego salimos, bebí garrafón (porque yo, con dos copas, no tengo el resacón que tuve al día siguiente); Ángel, Israel y yo nos fuimos a Portugal a comer y, en la Adega Regional, me comí un arroz con miga de pan y cilantros y mucho ajito. Que no me acabé porque era una jartá de grande.

Migas con cilantros y arroz en Adega regional
Migas con cilantros y arroz en Adega regional

Y comencé, por fin, mi año nuevo.

La gala del FanCineGay ha terminado poniendo el punto y final al 2017. Solo espero que este 2018 tempranero no tenga tantos sustos.

FanCineGay. Una noche feliz

No es una receta. Ni siquiera va de cosas de comer. Si queréis recetas, os lo podéis saltar. Esto es un «voy a contar mi vida porque este es mi blog y en él hago lo que quiero».

-¿Qué tienes la noche del 12 de noviembre?

-Ir a la gala del FanCineGay.

-Mándame tu mail, please, para que te mande una cosita sobre la gala.

Esa charla la tuve a finales de septiembre con el director del FanCineGay Extremadura. Se llama Pablo Cantero y dijo de mí esto que apunto para que no se me olvide:

En medio de la vorágine de un FanCineGay de hace unos años me entrevistó una periodista que no conocía. Y cuando uno pensaba que sería la clásica sucesión de preguntas sobre el festival, ella empezó hablando de Didier Eribon y de su «Reflexiones sobre la cuestión gay«. Y ante eso uno no puede más que enamorarse de ella, de su trabajo, de su forma de contar.

Sí, se llama Olga Ayuso. Y ayer estuvimos charlando de nuevo sobre el festival, sobre el nuevo libro de Luisgé Martín, sobre el compromiso, sobre las pésimas comunicaciones de esta tierra que tanto nos gusta.

He presentado premios en la gala, así que pensé que, o bien me quería para presentar otro, o bien me mandaba el guión para que le echara un vistazo o me pedía opinión sobre algo. Pero no. Me quería para esto.

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El premio se llama Las Horas, que es la película que Stephen Daldry dirigió para hablar, entre otras cosas, de la señora que nos enseñó que, para escribir, había que tener dinero y una habitación propios. El festival lo anunció así: «La periodista Olga Ayuso será reconocida con el Premio Las Horas por su profesionalidad a la hora de  incluir y difundir contenidos LGBT en los diferentes espacios culturales en los que trabaja, por su convencimiento de que la cultura puede servir para luchar contra la homofobia».

Mi respuesta fue: «Hotia, qué fuerte. Y QUÉ ME PONGO».

Hay que recibir premios con todo el glamour del que uno sea capaz.

***

Yo nunca me presento a concursos.

Me han dado dos galardones en mi vida. Uno, de AGCEX, la Asociación de Gestores Culturales de Extremadura: «El premio no es para el Canal. Es para ti», recalcaron. Otro, Las Horas del FanCineGay. Los dos, por lo que significan, han sido un honorazo.

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Vinieron conmigo dos de esos amigos que son tu familia. Ángel Briz tuvo clarísimo desde el principio que me acompañaría, porque… Bueno, yo no sé cómo decir lo importantísimo que es ese hombre en mi vida y es que ni lo voy a intentar. Y Ana Galán estuvo acariciándome toda la gala por si me ponía nerviosa.

Ana, Ángel y yo
Ana, Ángel y yo

A María Hurtado le robé unos pendientes. Blanca Moreno me puso el pelo de colores. Pupe andaba por Canarias e Israel tenía que trabajar. Pero estaban allí algunas de las personas que más admiro y más quiero: José Vicente Moirón, que presentaba la gala, y Gabriel Moreno, ambos de Teatro del Noctámbulo, que es una de las compañías más comprometidas que conozco. Mis amigos Fernando Nieto y Marisol. Ese hombre del Renacimiento que es Juan VázquezJoserra Rodríguez y Juanjo Calamonte, de CreaTeatro, a los que adoro con locura; Alfonso Suárez Pecero, a quien conocí presentando el premio Krampack hace un par de años y que se ha ocupado (maravillosamente) de la comunicación con los medios del FanCineGay y que, además, es un amor (tenemos que vernos más: tú que tienes coche); Águeda y Gregorio Zarco (Ague fue jefa de informativos en Canal Extremadura Televisión. Ahora está en la Asamblea de Extremadura y siempre ha confiado mucho en mí); Silvia Tostado, embarazadísima porque van a ser mamás Noelia y ella, otra vez. Conocí a su hermana Olga Tostado, vocal de Igualdad del Consejo de la Juventud de Extremadura. Y estaban también Chesku, que ha comenzado un proyecto muy bonito, Fran Amaya y Raúl, siempre tan lindos. Y el cariño que me transmitieron Paloma Morcillo e Isabel Gil Rosiña.

Y Josémari.

Y Pablo.

***

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De izquierda a derecha, Alfonso Suárez, Pablo Cantero, Paco Rodríguez, Pepi Cardenete (con gorra), Alejandro Melero, Isidro Romero, Olga Ayuso, Alba Martínez e Isabel Gil Rosiña (agachadas), Fernando J. López, Joan Laínez, Elisa Barrientos y José María Núñez

La gala comenzó con Pablo citándome: «El silencio es el arma más violenta que existe».

La memoria no guarda películas: guarda fotografías.

Carlos Rodas subido a una silla queriendo volar en su segundo baile (en el primero homenajearon a Andrés Lewin). Fernando J. López dando el discurso sobre la cultura (¡la cultura!) que me hubiera gustado dar a mí. Fran Amaya hablando de toda la tradición literaria que va de Lorca, Gil de Biedma y Cernuda a Gloria Fuertes. El corazón saliéndose por la boca hasta que me puse delante de un micrófono, porque delante de un micrófono o de un teclado, siempre está todo bien. Pepi, de Hay una lesbiana en mi sopa, ajustando el pie del micro y diciendo: «Definitivamente, acabo de bajar el listón». La belleza de Alba Martínez, del corto Víctor XX (tengo muchas ganas de verlo). Mi beso con Paco Rodríguez, de Laindalo creaciones (qué bien que se premie al teatro). Abrazar a Javier Herrera, que dirigió la gala, por fin. Besar a ese sexalescente maravilloso que es Cándido Gómez (el 3 de diciembre se estrena El mundo entero en Badajoz). La voz de Anna Picornell, el cuarteto Il Sentimento y Joan Laínez, el director del Mallorca Gay Men’s Chorus, cantando que, si volviera a vivir, sería él mismo.

Conocer a Joan, a Marisa Goñi (que es la directora del documental cuyo vídeo pongo más arriba) y a Fernando fueron algunas de las mejores cosas de la noche. Con los dos primeros y con Miguel Vagalume acabamos cenando el día anterior, hablando de relaciones poliamorosas, de ética sentimental, de desfases indignos, de música, de periodismo («no perdono», decía Marisa: no perdono que, por la precariedad y por las circunstancias en las que se hace nuestro trabajo, se incurra en mala praxis).

A Joan siempre le preguntan por qué un coro gay: y por qué no, responde él. Hablamos también de los espacios seguros. Moirón, sobre el escenario, nos recordó que la palabra «familia» tiene muchos significados, y me miró: «Tu gato es tu familia. Tu perro es tu familia».  Se habló de los insultos, de la masacre de Orlando (qué bien queda la palabra «odio» cuando puedes usarla para no decir «homofobia»), del reto que supone ser uno mismo en una sociedad en la que, desde pequeño, en el aula, uno es sistemáticamente heterosexual. Del armario, ya lo dijo Beatriz Gimeno, no se acaba de salir nunca.

***

Me entregaron el premio María José Espinosa y Peligros Folgado, de la ACCP y de Atabal. Siempre salen dos personas a entregarlos, pero, cuando me tocaba a mí subió al escenario también José María Núñez, que dijo que todos los premios le gustaban mucho, pero que este (el mío) le hacía una ilusión especial. Yo me quedé tan boba que no recuerdo qué dijo después.

No me han aplaudido ni gritado tantos bravos en toda mi vida.

Me salté el protocolo («señor Pablo Cantero, suba, por favor») porque, además de Josémari, a quien yo pensaba llamar si no había subido ya, él tenía que estar ahí arriba. Lo que en realidad quería hacer era ponerme de rodillas y pedirle en matrimonio, pero se me olvidó. También se me olvidó decir que José Vicente Moirón es uno de los mejores actores de este país. Y se me olvidó dar las gracias y de ahí viene este post.

Hablé de periodismo. De cómo lo que no se nombra no existe («el silencio es el arma más violenta») y de que, durante muchos años, solo estaba el niño afeminado del colegio con el que todo el mundo se metía, pero no se contemplaba la posibilidad de que a un hombre le pudiera gustar otro hombre o a una mujer otra mujer («si te quedas en blanco, di ‘lesbiana’, que es importante», me dijo Silvia). Hablé de Djuna Barnes, Judith Butler y Monique Wittig, pero se me olvidó Paco Vidarte (lo que echo yo de menos a Paco Vidarte). Y cité a Toni Morrison: «El lenguaje es violencia». Lo explicó Moirón: «Maricón, sidoso». El lenguaje es violencia y construye el mundo y, desde que el primero de mis amigos salió del armario, yo he tenido mucho cuidado con eso. Porque leí a Eribon diciendo que siempre es el heterosexual el que dice cómo ha de ser el homosexual: si puede ser machorra o no, si puede tener o no pluma, si ha de manifestarse el día del Orgullo, si les hacen o no un favor determinadas actitudes.

Se me olvidó también hablar de ese cierto tipo de periodismo que consiste en sacar del armario a la gente a la menor ocasión, con titulares como «¡Bombazo!». Mi postura ética con el outing tiene matices, de todos modos.

De izquierda a derecha, Fernando J. López, Joan Laínez, Olga Ayuso,
De izquierda a derecha, Fernando J. López, Joan Laínez, Olga Ayuso, Isidro Romero (detrás), Alejandro Melero, Alba Martínez, Pepi Cardenete, Paco Rodríguez Orozco y Pablo A. Cantero.

Desde que el primero de mis amigos se confesó gay y me dijo: «esto es como un yunque», yo empecé a leer los incipientes estudios que se publicaban en España y los reportajes de Emilio de Benito como si no hubiera un mañana y el lenguaje, el mío, cambió. Comencé a no dar por hecha la heterosexualidad de la gente: no digo novio ni novia: digo pareja: ‘¿Tienes pareja?’ Y, cuando empecé a ejercer, teniendo en cuenta que la capacidad performativa del lenguaje es mi tema favorito, en todos los lugares donde he trabajado he pedido llevar políticas sociales. Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales incluidos. Porque yo soy hetero, pero al menos tengo un marco teórico. Así que, de vez en cuando, hago reportajes en la radio. Como este, sobre el día de la homofobia (a partir del minuto 2), con Miriam Raposo (es la reina de los reportajes, Miriam) y hablo, todos los 28 de junio, del día del Orgullo en el programa de cultura y en los informativos. Y siempre los leo y los releo y algún artículo hasta lo envío antes de que se publique. Por si acaso. Por si no me doy cuenta de algo.

Se necesita más visibilidad, de todos modos: me ocurre lo mismo con las mujeres: de cada diez personas que entrevisto, una o ninguna es mujer: yo lo intento, pero me ponen con el director de la obra. Salvo cuando quise entrevistar a Fernando J. López, con quien hablaba ya por Facebook, por Las harpías en Madrid, pero terminé charlando (y qué placer) con Nuria González.

El chico que habla en este reportaje se llama Pau. Ayer entregó un premio. Yo le veo allí, encima de un escenario, y me dan ganas de ponerme de rodillas.

Creo que, en el ejercicio de la profesión, uno tiene que asumir un punto de vista. El mío lo tengo claro desde que comencé y va contra las estructuras de poder: discurso heterocéntrico y machista e industria alimentaria incluidos.

Eso dije, más o menos porque no llevaba papeles, después de abrazar muy fuerte a Josémari y a Pablo y de que me saliera la periodista cultural que llevo dentro para agradecerle a Teatro del Noctámbulo que haya estrenado Contra la democracia, que es un obrón maravilloso y necesario, como La decisión de John, como El hombre almohada, como El búfalo americano. «Si no fuera por ti, la cultura de esta región estaría huérfana», me dijo Moirón. Y eso es otro honor, porque sé muy bien que todo esto ocurre porque yo trabajo en un medio público. En una radio regional privada tener a alguien especializado en cultura es imposible. Y eso es una suerte, porque yo amo mi trabajo como amo pocas cosas en este mundo.

Hablando de no sé qué y qué sé yo
Hablando de no sé qué y qué sé yo

Se me olvidó decir esto y se me olvidó dar las gracias. Por el premio y por todo lo demás. Yo soy así. A veces se me olvidan las cosas importantes.

Gracias a la Fundación Triángulo y también a la otra asociación que tenemos en esta tierra nuestra, a Extremadura Entiende, por su trabajo, su apoyo y su construcción de redes. También por organizar exposiciones, charlas, festivales de cine, la cita del Orgullo y por dar visibilidad (nunca uso la palabra «normalización» porque me repatea los higadillos no sabéis hasta qué punto) hasta en los lugares más recónditos. Por seguir trabajando, sobre todo, pese a todo. Por hablar. Por denunciar. Por todas las iniciativas que se han organizado cuando ha habido actos homófobos bajo el lema «Ninguna agresión sin respuesta». Lo que no se nombra no existe y quedarse callado implica connivencia.

Gracias a Josémari, por toda la intimidad que podemos crear cuando estamos frente a un risotto de champiñones y un bol con hummus. Sí, este es un blog de cocina, qué se le va a hacer. Admiro mucho a este hombre, por muchas razones que no puedo contar aquí, pero que tienen que ver con que hemos tenido algunos procesos vitales más o menos parejos. Y bien resueltos, añado.

Pablo y yo
Pablo y yo

Pero -me lo van a permitir- yo sé que Pablo ha sido, en mucha parte, responsable de que yo estuviera allí subida. Es ese señor que cita cuatro veces en un día alguna palabra que he escrito en algún artículo y que dice cosas como: «Qué maravilla tener a Olga Ayuso. Qué maravilla tener a periodistas como ella cerca aunque el tren tarde mil horas en llegar hasta esta tierra». O que lee un texto mío y escribe: «Joder, joder, joder». Y Pablo lee mucho. Muchísimo. Y lee bien. Mi vida es mucho más bonita con él cerca. Con su compromiso y con su manera de mirar ciertas realidades. No solo las LGBT, porque los activismos siempre se expanden. Y, además de eso, además de compartir mi trabajo, cosa que es preciosa y que agradezco mucho, Pablo está. Está en Plasencia y Talavera, el hijoputa, que yo no sé qué hace viviendo tan lejos.

Cásate conmigo.