Not nogg – Ponche

Not nogg. Ponche de huevo vegano.
Not nogg. Ponche de huevo vegano.

El ponche de huevo es una bebida que tiene leche, azúcar y huevos. Y aquí, Miyoko Schinner no usa ninguna de las tres cosas, porque, ya que vas a innovar en la cocina, innova bien. Ea. Sí que lleva azúcar añadida, ojo, porque el sirope de arce es un azúcar añadido. Pero es Navidad, va a empezar el 2017 y esperemos que sea mejor que las cinco últimas semanas del 2016, que fueron el puto caos y la mierda enteros, uno detrás de otro, pero en las que también hubo momentos especialísimos. A saber: una borrachera con amigos, una charla con adolescentes y preadolescentes en Granada, mucho amor, muchas risas. Hablando de borracheras, esto también lleva alcohol, pero no en cantidades industriales. Si hay niños, se omite.

La  jarrita tan mona la compré en A loja do gato preto. Viene con un azucarero, pero yo lo compré todo por la jarra.

Ingredientes para algo más de 1 litro:

  • 1 litro de leche de almendras sin azúcar añadido
  • De 160 a 250 gramos (de 1/2 a 3/4 de taza) de sirope de arce (yo puse media taza y ya queda bien dulce)
  • 70 gramos (1/2 taza) de anacardos. Si vuestra batidora no es muy potente, remojadlos al menos una hora antes y tirad el agua de remojo.
  • 1 cucharada de extracto de vainilla
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada molida
  • 120 ml (1/2 taza) de brandy o de ron (yo puse ron)
Not nogg. Ponche de huevo vegano.
Not nogg. Ponche de huevo vegano.

Preparación:

Pon la leche, el sirope de arce, los anacardos y la vainilla en la batidora y bate bien hasta que sea una crema y todos los anacardos estén bien molidos. Pásalo a un bol grande, añade el ron o el brandy y la nuez moscada y mezcla. Sirve en vasos: los puedes decorar con nuez moscada también. Embotella, tapa bien y mete en la nevera: durará allí tres o cuatro días.

 Solidifica, por cierto. Cuando lo vayáis a servir, hay que agitar mucho la botella. Sin romperla.

Cheddar vegano fácil

El queso vegano realmente no es queso. Oh. Pero por qué las llamáis hamburguesas. Porque “pastel redondo de legumbres, cereales, soja texturizada, seitán, cocinado al horno, en sartén o en parrilla y que se come entre dos panes igualmente redondos, con verduras crudas, como el tomate y la lechuga, con mostaza y ketchup” no es económico de decir. Y al queso vegano se le llama queso por lo mismo. Y a la bebida de avena o de arroz. Superadlo.

Me lo han dicho hasta escritores que están muy orgullosos de su prosa porque juegan mucho con el lenguaje. Ay. Oh. Interjecciones varias. Una carcajada que es más un resoplido.

John Schlimm ha escrito un libro, The Cheese Vegan, con quesos más fáciles que los de Miyoko. Y, como no me salió bien mi primer rejuvelac pero quería probar un queso vegano y tenía agar agar por ahí desde hace tiempos inmemoriales, el primer fin de semana de noviembre que me quedé en casa, aproveché para ver The man who shot Liberty Valance, de John Ford (por qué he tardado tanto en acercarme a este hombre, por qué) y The Ballad of Cable Hogue, de Sam Peckinpah (a él ya le conocía mucho). Y para cocinar un poquito. No mucho, la verdad. Pero un poco sí. E hice este queso, que me quedó muy bajito porque no tengo moldes de todas las medidas. La próxima vez que haga queso, lo pondré en un tupper cuadrado y alto que tengo y así quedará con más pinta de queso.

Ingredientes:

  • Aceite de girasol para pincelar un molde de 7×17 cm o de 10×20 cm. Usad el que tengáis. Yo escogería uno de plum cake muy pequeño.
  • 5 cucharaditas (15 gramos) de agar agar en polvo o 5 cucharadas de agar agar en copos
  • 350 ml (1 y 1/2 tazas) de agua
  • 75 gramos (1/2 taza) de anacardos crudos sin sal
  • 20 gramos (1/3 taza) de levadura nutricional
  • 3 o 4 cucharadas (de 45 a 60 ml) de zumo de limón, dependiendo de lo fuerte que quieras el queso
  • 2 cucharaditas de cebolla en polvo
  • 1/4 cucharadita de ajo en polvo
  • 1/2 cucharadita de mostaza de Dijon

Preparación:

Engrasa el molde que quieras con aceite. Como si es redondo y no en bloque, como el cheddar. Total, esto no es queso: son frutos secos batidos, aromatizados y solidificados. Innova. Como con el lenguaje.

En un cazo pequeño, a fuego medio, pon el agua y el agar agar. Remueve bien y a menudo hasta que comience a hervir. Una vez que hierva, baja el fuego para que siga cociendo lentamente y deja así, removiendo de vez en cuando, 5 minutos.

Mientras tanto, pon los anacardos, la levadura, la mostaza, el zumo de limón, y el ajo y la cebolla en polvo en el vaso de la batidora. No batas todavía. Cuando el agar agar haya hervido los cinco minutos, verás que se transforma en una masa viscosa y de color marroncito. Échalo lentamente y bate a velocidad alta durante 1 minuto. Yo lo hice en la MyCook, poniendo el cestillo dentro para que no salpicara todo, 1 minuto a velocidad progresiva 6-10. Luego paré, removí un poco y otro minuto a velocidad progresiva 6-10. La jarra se calienta y cuando está por acabar, baja la velocidad y la pone a 5 pero no importa porque sale muy cremoso.

Vierte esta mezcla en el molde, tapa (si no tiene tapadera, con papel film) y deja reposar una hora en el frigorífico. Lo puedes usar a rodajas en sándwiches o rallado en tus platos favoritos. Ojo: no funde, porque lleva agar agar y no carragenato. Eso en el enlace de ahí arriba (el que pone “rejuvelac”) lo explica Gema mejor que yo.

En la nevera, dura cinco o seis días.

No esperéis que sepa a cheddar. El cheddar sabe a cheddar. Esperar que sepa a cheddar es como esperar que el roquefort sepa a Emmental. No seáis idiotas. Esto son anacardos. Y está rico, pero son anacardos con ajo y cebolla en polvo y mostaza. Los guisantes no saben a aguacate.

Comed frutos secos. Es una orden. Qué ricos y versátiles son.

Bisque de tomate

En realidad, un bisque es una sopa de marisco, pero no le voy a enmendar yo la plana al mismísimo Tal Ronnen. La receta viene en su libro The Concious Cook. A ver: el libro es fascinante, pero usa ingredientes industriales  (por lo visto de alta calidad, como una cosa que se llama Gardein Chicken. Bueno, la etiqueta de la criatura no está mal); otros que aquí no se encuentran, a no ser que tengas un restaurante, como una hoja africana que yo comí una vez en una ensalada en el Naguar de Oviedo (señores propietarios de los cocineros de España: no les cuesta nada tener, en la carta, dos platos veganos completos y otros dos vegetarianos. Desgraciadamente, cuando salimos por ahí nos conformamos con casi cualquier cosa) y, además, las recetas son de restaurante. No cocino platos que tengan diez preparaciones distintas incluidas en una (“para el coulis de frambuesa”, “para el crujiente de falsa piel de pollo”): yo cocino de diario y de andar por casa y como cosas como arroz integral con lentejas y tomate frito, que me han sobrado de hacer unas albóndigas. Cosas normales: salchichas con forma de cagarro que, sin embargo, están muy buenas; gazpacho de la tierra…

Como se están acabando los tomates del verano, pues compré los últimos buenos de pera que voy a encontrar de aquí al año que viene (adiós, veranito) e hice este Tomato Bisque. Que creo que es la única receta medianamente fácil de ese libro.

Ingredientes para 6 raciones:

  • 60 gramos (4 cucharadas) de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cebolla picada
  • 2 zanahorias picadas
  • 3 dientes de ajo machacados en el mortero
  • 2 cucharadas de harina de trigo normal o sin gluten
  • 1175 gramos (5 tazas) de caldo vegetal (mejor casero, que el de brik es una mierda)
  • 800 gramos de tomates de pera triturados
  • 1 cucharada de perejil fresco picado
  • Una pizca de tomillo seco o las hojas de 2 tallos de tomillo fresco
  • 1 hoja de laurel
  • sal
  • pimienta
  • 260 gramos de anacardos crudos puestos a remojo toda la noche

Preparación:

Pon primero los anacardos en el vaso de la batidora, una vez escurridos y enjuagados, y añade agua fría hasta que los cubra unos 2 cm. Bate muy bien. No queda mucho granito, pero si no tienes una batidora muy potente, cuela la crema con un colador de malla fina o una bolsa para hacer leches vegetales. Esto es tu crema de anacardos. Necesitarás 390 gramos, pero obtendrás mucha más crema, que te puede servir para otras preparaciones. También puedes añadir agua y tener leche de anacardos.

Esta es la crema de anacardos:

Calienta el aceite de oliva en una olla a fuego medio. Agrega la cebolla y la zanahoria con los ajos machacados y sofríe unos 10 minutos. Remueve de vez en cuando. Luego, agrega la harina y cocina, removiendo frecuentemente para que se tueste, durante un par de minutos más. Ahora, echa el tomate, el perejil, el tomillo y la hoja de laurel. Lleva a ebullición. Una vez que hierva, bajas el fuego y lo tienes así, sin tapar, durante 30 minutos. Sazona con sal y pimienta. Cuando haya transcurrido la media hora, añades la crema de anacardos, das unas vueltas y sigues cociendo otros diez minutos. Ojo, no dejes que hierva, así que baja el fuego. Yo lo que hice fue apagarlo directamente, porque mi olla es de hierro y mantiene mucho el calor.

Saca la hoja de laurel y bate muy bien con una batidora de inmersión. Si no la tienes y solo tienes de vaso, quita el vasito que viene en todas estas batidoras, pon un paño por encima y bate. Pero ten cuidado que la condensación de calor puede hacer que salte la tapa y te quemas viva. Vamos, que yo siempre que he tenido que batir algo caliente, he esperado a que se enfriara. Ya me salió una ampolla una vez y espero que ninguna más.

Sirve adornado con perejil picadito.

A marisco no sabe, pero está que te cagas.

Es acabar de escribir eso y escuchar interiormente la voz de mi madre: “Hija, cada día eres más fina”.