Verano, teatro y descontrol

Llevo comiendo mierda más tiempo del que puedo recordar. No os digo en qué consiste mi ingesta diaria por la mañana porque me da hasta vergüenza. El verano, que para todo el mundo consiste en colgar fotos en la playa (o de los pies o de sí mismas en bikini, si es que están delgadas y son monas), para mí significa más trabajo del que puedo asumir. Miento: más trabajo del que pienso que puedo asumir. Y eso se traduce solo en una cosa: ansiedad.

Raúl Arévalo en Nerón. Imagen de Jero Morales. Festival de Mérida.
Raúl Arévalo en Nerón. Imagen de Jero Morales. Festival de Mérida.

Si a esto le añadimos varios problemas personales, la muerte de una persona a la que admiraba mucho (y muy joven: a los 46 años se nos fue ayer Fulgen Valares, director de teatro, dramaturgo, actor… y un amor de hombre que colaboraba muchísimo con la radio autonómica, en la que trabajo. De hecho, escribo esto después de haberme hartado de llorar), un estado emocionalmente inestable en estos momentos de mi vida y un ambiente en la redacción absolutamente obesogénico, con bombones, pasteles y tartas durante casi todos los días de la semana, no sé cuántas máquinas de patatas fritas, Coca-cola, quicos, Chaskys y palmeras… pues ya os imagináis el panorama. Descontrol.

Ratones la dirigió Fulgen Valares
Ratones la dirigió Fulgen Valares

El estrés, las minitaquicardias, las máquinas de vending, el trabajo por la noche, el no dormir y el no tener tiempo ni para ir a comprar (o, cuando lo tienes, lo dedicas a dormir la siesta porque el día anterior te acostaste solo tres horas) hacen estragos. El problema es mental: llevar una pauta dietética en situaciones de descontrol es complicado. Se hace, se deshace y así se va. Una ya sabe qué tiene que comer: la cuestión es luchar contra una ansiedad estratosférica.  Sumadle el «no tengo casi comida congelada» y «se me ha acabado el gazpacho» y el «hace 43 grados: estoy yo como para encender una vitrocerámica» y tenéis el caldo de cultivo perfecto. Porque, señores, la ansiedad se quita con mierdas: no con fruta. Y eso que mi media mañana, cuando como fruta y no asalto la máquina, es contundente, porque le meto dos manzanas con leche de soja, semillas de chía y frutos secos crudos y unos buenos toques de canela, clavo, nuez moscada y pimienta de Jamaica… que parece que estoy comiendo una tarta de manzana.

Pero ni por esas. Vosotros, ¿cómo lo hacéis? A terapia ya voy, pero lo de la gestión del estrés va lento, va lento… Y a mí me encantaría que mi cerebro me dijera: «Cómete la manzana», en lugar de «compra mierda, compra mierda, compra mierda».

Qué difícil es todo, a veces…