Savecc (Un montón de psicólogos y una periodista)

Me robaron la cartera. Vamos a empezar por lo peor, porque ahora mismo soy una indocumentada y me siento más indocumentada que cuando estuve sin renovar el DNI cinco años. Y pobre. También estoy pobre, porque, claro, yo saqué una pasta en Madrid. Antes de ir a comisaría a que me tuvieran allí dos horas sin arreglarme mucho (es decir, sin darme un papel que atestigüe que, por lo visto, yo soy quien soy y de pasarme más de 45 minutos intentando demostrarle a la página que hay que usar para pedir cita para el documento nacional de identidad que mis padres son mis padres. Datos de filiación incorrectos, me decía una y otra vez. Y yo: «Bueno, a ver: incorrectos no son». Y es que allí mismo, que es donde se gestiona, no te pueden dar la cita, señores, y estoy empezando a echar de menos los tiempos en los que las cosas se hacían a mano y no con un ordenador)… antes de ir a comisaría, repito, yo, que he trabajado con toxicómanos y tengo cierta conciencia social, pensaba: «Bueno, que se meta muchos picos a mi salud». Ahora rezo para que le dé una sobredosis. Pero, claro, él qué culpa tendrá de… Ah, sí: sí tiene culpa, que me ha robado la cartera, el DNI, la tarjeta sanitaria, las tarjetas de los bancos, del Carrefour, del Corte Inglés y 20 pesos mexicanos que me dio Jorge Posada. Que es lo que más me duele, por cierto. Los 20 pesos mexicanos y la foto de Martina que yo veía cada vez que iba a pagar algo.

Pero yo iba a hablar del Congreso de la Savecc (Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento). ¿Qué pintaba yo en un congreso de Psicología? Pues que, por razones que ya conté aquí, hago un programa de radio en Canal Extremadura que se llama Las Perras de Pavlov. Me han pedido una crónica de todo lo que ocurrió, pero, ay, almas cándidas: si yo no me enteraba de la mitad de las ponencias. Eso sí: había una chapa. Una chapa. Con el nombre del programa. La chapa dio para una anécdota, porque, en el rato del desayuno, alguien me dijo: «Hay una chapa del programa» (se vendía con la de «Yo he leído ‘Ciencia y conducta humana’ de Skinner») y yo le respondí que anda ya. «Que sí, vamos a verla». Y yo: «No, que me estás tangando». No me estaba tangando, pobrecito mío, y encima no me pude disculpar porque no recuerdo quién es. A ver si lee esto.

La chapa existía. Really. Es esta. Tuve que traerme cinco para mis amigos.

Escuché charlas tituladas: «Efecto de variar condiciones espaciotemporales dinámicas sobre la distribución espaciotemporal del desplazamiento en humanos», «alfagramas sin solución: ¿indefensión aprendida o extinción?», «efectos del orden de exposición a diferentes procedimientos de autocontrol», «formulación de la regla de ejecución: efectos del tipo de efectividad». Y acababan y, en el turno de preguntas, saltaba alguien diciendo: «Esto me ha parecido muy interesante». Y yo ahí: «Ajá». Pero el viernes por la mañana llegó esta mujer:

Mariana Segura

Se llama Mariana Segura, por lo visto es una leyenda, todo el mundo ha estudiado con su «Análisis funcional de la conducta», yo no la conocía de absolutamente nada y acabé queriéndola sacar a hombros (y luego, como es habitual en mí, se lo dije). Qué maravilla de exposición, qué humor, qué claridad de ideas y qué adecuado para todo tipo de público. Si os interesa el tema, la podéis ver aquí.

Mariana Segura, José Santacreu, Santiago Benjumea, José Carlos Caracuel y Marino Pérez

La mesa de los seniors, que fueron los pioneros del análisis de la conducta en España, era un homenaje a Ramón Bayés. Me dieron un premio, por la labor de divulgación que hago en el programa, y lo dije (porque yo quiero un micrófono para echar broncas): «Tenéis un problema de comunicación hacia la sociedad. No puede ser que yo me haya enterado hoy de quién es este señor». Bayés fue la primera persona en publicar estudios científicos sobre el comportamiento y se ha dedicado también a analizar diversos aspectos de Psicología de la Salud (oncología, SIDA y VIH, sufrimiento al final de la vida). A ver, ¿por qué este señor no tiene una calle en Barcelona, en Madrid, en Bilbao, en cualquier parte? No me cabe en la cabeza. Tampoco me cabe en la cabeza que las Universidades españolas tengan gabinetes de prensa para arreglarles la agenda a los rectores únicamente.

Ya que no podemos dinamitar el sistema, intentemos que algunas estructuras funcionen bien. Por favor.

Una de las noches convencí a Santiago Benjumea de que se quedara a tomar copas… pero se sentó con tres hombres más guapos que yo.

LA MESA del Congreso. Interesantísima. Gladis Lee, Jesús Alonso Vega, Ricardo de Pascual e Isabel Ávila.

Una de las mesas más interesantes del Congreso (para mí, obviamente, que no me enteraba de la mitad de las ponencias), fue una que englobaba varios estudios: un análisis de conducta y sociedad que hizo Jesús Alonso Vega, una propuesta de estudios de género que planteó Ricardo de Pascual; la demostración de que el análisis de conducta es una herramienta que no implica, per se, abogar por la instauración de un régimen totalitario (eso lo planteó Gladis Lee, que la noche anterior estaba vestida de flamenca y debatiendo con Eduardo Polín hasta las seis de la mañana: dos horas más tarde, fresca como una lechuga, habló de experiencias comunitarias interesantísimas -qué maravilloso es ser joven, añado-). Isabel Ávila nos habló de los retos medioambientales que tenemos entre manos conseguir parar el cambio climático a la cabeza) y Carolina Trujillo de redes sociales y su funcionamiento. Obviamente, son temas que me interesan en sí y sospecho que, si tuviera los conocimientos suficientes, también habría disfrutado de las otras ponencias. Pero estas me gustaron especialmente, así que no se hizo tan duro haber dormido solo dos horas y media para escucharlas. Porque la noche se nos lió. De verdad, si tenéis tiempo, escuchad las intervenciones, porque son cortitas y muy interesantes y accesibles.

La accesibilidad: esa cosa. ¿Cómo conjugar un lenguaje riguroso en el que hay expresiones como «tactos impuros» -no me preguntéis qué es eso, que a mí me suena a sexo sucio- con la posibilidad de que se enteren los legos en la materia? Al fin y al cabo, los vídeos están en Facebook para que los escuche todo el mundo (por cierto, no sé si se recoge, pero yo soy la loca que está todo el rato diciendo: «No se oye, poneos el micro así y asá»).

Hasta aquí, las ponencias. No destaco la de Marino Pérez porque ya es suficientemente conocido y porque menos mal que tenía al lado a mi amigo David (filósofo, filólogo, futuro matemático y una de las personas más interesantes que conozco) que me iba explicando algunos de los términos con los que yo no estoy familiarizada porque la depresión y la vida han hecho que no lea un libro ni más de un párrafo de algo que no sea un libro de cocina durante años.

Pura vida

Y comimos. Comimos bastante, la verdad. A ver, todo lo que aparece aquí no me lo he comido yo, ¿vale? pero comimos. Y, además, como la sede del congreso estaba al lado del Pura Vida, allá que nos fuimos dos días. Yo comía casi siempre con esta gente:

David, Carlos, Manuel, Andrea, Miriam, Rebeca, Fran, Mónica, Jesús, Ruth y yo.

David se unió el último día: el resto son psicólogos, pero ya los nombraré y diré dónde trabajan, porque, si hay profesionales de los que me fío, son de estos. Por cierto, Rebeca es Rebeca Pardo, a la que alguien (hola, COP de Madrid) debería contratar para dar cursos de oratoria y divulgación y de «cómo se presenta una comunicación de quince minutos en un congreso» porque… qué gusto oírla hablar, qué brillante es, qué interesante el debate socrático en terapia y qué capacidad para ordenar ideas y exponerlas convenientemente. Una ola tamaño tsunami para Rebeca.

Miriam (en el enlace está su blog, que no tiene desperdicio: es una enorme divulgadora) es de las personas más generosas con el trabajo de los demás que me he encontrado. Cada vez que se emite un capítulo de Las Perras de Pavlov, hace un hilo en Twitter y me manda WhatsApps. Con ella quedé en aquella noche genial en la que probé por vez primera las croquetas de kimchi: qué ricas, las croquetas de kimchi.

Y, ya que este es un blog de cocina, en teoría, voy a poner otras cosas que comimos en el Shanghai Mama, que no es un restaurante vegano pero que tiene cosas aptas.

Luego hubo una cena consistente en pacharán y patatas del McDonald’s que… En fin: de eso no hay foto, claro está. Y menos mal.

La gente: el off del congreso

Las relaciones siempre comienzan por alguna parte. En la infancia, cuando se comparte un secreto, decía Antonio Gala. En la adultez también, creo yo. O cuando se comparte la intimidad, si llamamos intimidad a lo que no se cuenta normalmente. Luego van cambiando, también: se afianzan o se dejan (esto último, después de mensaje va y mensaje viene me ha pasado ya tantas veces que soy experta en estallidos de dos meses. No recuerdo con quién demonios hablé en el Congreso -sí, el alcohol hace estragos- de que necesitábamos coherencia emocional en la gente que aparece en nuestras vidas). Lo resumió Ricardo así:

En el off del congreso me faltan muchas fotos. Me falta, por ejemplo, Irene Fernández Pinto, que es de las mujeres más brillantes que me he encontrado últimamente y con la que no comí ni cené porque acaba de ser madre y los horarios y la vida. Habrá que quedar para cafés en un parque infantil, que aquí nos adaptamos a todo. Voy a hacer publicidades varias, porque lo mismo alguno de los que me leen busca psicólogo. Ella está en Libertia.

Hay tres mujeres, Marisol, Toñi y Sonia, que van a montar una clínica y que también son maravillosas. No tengo fotos de ellas, pero compartimos muchas charlas y me gustaron muchísimo. Prometo actualizar cuando se pongan en marcha.

Andrea, de la que solo tengo la foto de arriba de la comida comunitaria, pero con la que me fui de copas también, está en Gijón. Asturias es ese sitio donde la gente confía en las sidras del chigre (el chigre es el bar) antes que en un psicólogo, pero, por experiencia os lo digo, la sidra está muy rica y los amigos son la cosa más maravillosa de la tierra, pero tienen un alcance limitado. Ella ha trabajado con niños con discapacidad también: lo digo por si buscáis algo específico.

En esa foto también está Mónica, a la que conocí el primer día y ya estuvimos juntas casi todo el rato. Mónica está haciendo una tesis sobre personas a las que les falta un trocito del brazo largo del cromosoma… 22, creo recordar, y cursa con autismo (mi lenguaje técnico es un horror, pero es el que tengo). En brazos largos del cromosoma 6 me volví casi una experta cuando nació mi sobrino. El mutante, le llamamos.

Tampoco tengo fotos de los estudiantes, como Álex Sancha. Sí, va a haber también un montón de enlaces de Twitter. Pero vamos, yo me quedo con las charlas con Álex antes que con las fotos, aunque ahora me dé rabia no tener foto con él, lo mismo que con Eva Franco, que solo tenemos una comunitaria y, encima, sale una chica maravillosa con la que estuve hablando de poesía y no sé cómo se llama. Le recomendé varios libros de Ediciones Liliputienses.

Tres segundos después: ya lo sé. Anaís. Porque Twitter es muy bronco, pero también una maravilla para preguntar.

Julia, Anaís, Eva Franco, Manuel, Rodrigo, Ruth, Jesús, Cristina, Ángela, Vaiorel, yo misma, Exit Music y Venus on crack.

Son estudiantes, la mayoría, creo recordar (menos Manuel, por supuesto, y yo, que terminé la carrera hace dos décadas y pico) y los miras y piensas: qué he hecho con mi vida. Que les llevo 20 años como poco, por Dios santo y por la Virgen de la Misericordia.

Carlos Moratilla

Carlos es el responsable de que yo esté en Mérida ahora porque, en cuanto dije que me habían robado, se vistió, se cogió el metro y se vino a Méndez Álvaro a comprarme el billete de vuelta. Le vi el jueves por vez primera, ojo. Que, por muy bien que nos lleváramos en Twitter y por WhatsApp, a ver, señores, es un gesto tamaño catedral y tiene mi amor y mi lealtad eternos. Lleva Movêre Psicología. Si tenéis algún problema con la comida o con las drogas o con cualquier otra cuestión, lógicamente, (pero, sobre todo, comida o drogas), yo me pondría en sus manos sin dudarlo. Trabaja codo con codo con varios nutricionistas: entre ellos, Virginia Gómez (Dietista Enfurecida en Twitter: pongo también su Instagram y su Facebook, que no tienen desperdicio. Si tenéis algún problema intestinal -Chron, colitis ulcerosa, intestino irritable-, además de que queráis perder o ganar peso o aprender a comer, acudid a esta mujer) o Victoria Lozada. Es decir, Carlos conoce todas las partes de la historia. Estar con él y ponerle cara y abrazarle y hablar y contarnos en este Congreso ha sido de las mejores cosas que me han pasado. Y me han pasado muchas. Excepto lo de la cartera. Snif.

Manuel y yo

Un amigo mío decía: «Si alguna vez me vuelvo loquer, quiero que me trate él». Trabaja en ITEC, con Rebeca y con Carla (a la que abracé mucho, pero de la que tampoco tengo foto). Su perfil profesional está aquí. Varios de los hombres y mujeres que nos encontramos con él en persona por vez primera en el SAVECC hemos acabado rendidamente enamorados de este señor (a este señor le llevo casi diez años: repito: qué he hecho con mi vida). Yo, que estoy trabajando ahora la asertividad, me llevé un ejemplo en persona de Manuel hablando con un relaciones públicas que nos quería convencer de que fuésemos a su local y al que yo no hubiera sabido responder sin que pareciera que me había tragado un palo. Tengo el correo lleno con series que me recomendó. Es atrayente, interesante y yo también me pondría en sus manos, en las de Rebeca o en las de Carla.

Ricardo de Pascual

Qué voy a decir yo a estas alturas de este tío que no haya dicho ya, si es que me gustó desde la primera letra que le leí. Le debo unas cosas que no le he podido llevar, y menos mal, porque con el calor que pasamos el jueves, se hubieran estropeado. Pero las tengo apuntadas para la próxima, que no se me olvida. Es brillante, es comprometido, su tesis doctoral es canela fina y es riguroso. Yo qué queréis. Su Twitter es éste. Y trabaja en ITEMA.

Miriam, Ricardo, María Xesús y Gala

ITEMA casi al completo: Miriam Rocha, Ricardo, María Xesús Froján (¿quién tuvo la suerte de irse con ella solitas las dos hablando de todo un poco la primera noche? Si algún psicólogo llega a este párrafo, voy a ser su envidia total y lo sé) y Gala Almazán. También me pondría en sus manos con los ojos cerrados. De hecho, estuve a un tris de contratar a Ricardo, pero Ricardo me gustaba demasiado. Y a mí cuando la gente me gusta mucho, no me da por pensar: «Qué buen terapeuta va a ser», sino «yo a este tío lo quiero en mi vida de la manera que sea, aunque nos veamos una vez cada dos años. Pero que nos veamos en un bar».

Añado: a mi psicólogo también me lo llevaría de bares, pero a alguien había que sacrificar. No se puede tener todo en esta vida, Olga. Yo lo único que espero es que no me quiera derivar a ninguna parte, porque con los demás ya tengo relación personal.

En la gente de ITEMA también confío para una terapia. No hace falta que lo diga.

Ruth y yo

Si había alguien a quien yo tenía ganas de conocer en el SAVECC era a esta mujer. Casi por encima de cualquier otra persona, de verdad. 22 añitos tiene. 22. Y es más guapa por dentro que por fuera (y por fuera ya la veis). Y divertida e inteligente y graciosa y no nos separamos en todo el Congreso y quiero más. Qué maravilla. Ruth Gay, se llama. Echadle un ojo. Va a ser una psicóloga magnífica.

Rocío Castaño

Ella ya es una psicóloga magnífica. Está en Neuromottiva. Bueno, y en cien sitios más, investigando, formándose y qué buena charla compartiendo patatas y preguntándole un sinfín de dudas. Entre ellas, mi favorita: uno va al psicólogo porque cree que tiene un problema, pero el meollo de la cuestión está en otra parte. ¿Cómo lo saben? Pues lo averiguan. Si el cliente se deja, obviamente, que milagros no hacemos.

Fran

Fran es psicólogo de empresa y con él tengo una anécdota divertidísima. Yo le veía las fotos en el Facebook y los pelillos medio pelirrojos y creía que era escocés. Escocés de la mismísima Escocia. Total, que llego, me presento, hablamos y… Oh, Dios mío, qué bien habla este tío español, no tiene ni acento. Tardé dos días más en preguntarle de dónde era. Creo que le pregunté por su ascendencia o algo así. Español de pura cepa. He pasado meses pensando que era escocés, lo juro. Qué pedazo de novelista se ha perdido el mundo, añado también.

Jesús Gómez Bujedo

Jesús, como Andrés, el presidente del SAVECC, venía de Huelva y el grupo de Huelva se hizo fuerte en un restaurante que yo no conocía y, como este muchacho me cae muy bien (y además tengo un libro suyo, que me dieron como premio por mi labor de divulgación), tengo que hablar más con él en otras ocasiones. Yo solo digo que Huelva=playa. Dios, el tiempo que hace que no veo el mar. También digo que quiero su pelazo.

Noe y yo.

Noe no pudo venir al Congreso, pero la vimos en el Pura Vida. Está estudiando el Máster que es necesario para poder ejercer como Psicólogo General Sanitario (esto es como ser médico y se gasta uno la pasta que no tiene), pero con ella ya compartí noche de vinos hace nada, así que no me dio tanta pena que no viniera. Si no hubiera habido esa noche de vinos y croquetas de kimchi de por medio, mato a su jefe.

Rodrigo, Venus on crack, yo, Ruth, Vaiorel y Jesús.

No puedo ser más fan de estos niños. Vamos, que llegaron cuando estábamos escuchando el espectáculo y nos subimos arriba para poder hablar. Es una de las cosas que más me ha gustado del Congreso: que yo era la mayor (si exceptuamos al grupo de seniors): es decir, estaba llenito de estudiantes de 20 años y de profesionales de unos 30 que no sé si van a poder hacer cosas grandes pero, con que le cambien la vida a sus clientes (la gente va al psicólogo tarde: que me lo digan a mí) yo ya tengo bastante. Primero, me gusta porque han elegido bien la filosofía de la ciencia que harán. Segundo, porque yo no iba a congresos cuando tenía su edad. Ni a casi nada. Y ellos hasta preparan póster. Varios.

Ángela y Cris

Como ellas dos (Ángela y Cris) y Juanan, que no pudo venir y al que le mandamos un mensaje un tanto etílico a las no sé qué horas eran de la mañana, yo en plan madre para ver cómo llevas el PIR, muchachito de mi vida, que no te he notao yo muy bien estos días en el Twitter. Yo solo digo que Cris debería escribir un post titulado: «Cómo entregué mi TFG». Impagable.

Edu y yo

No sé qué decir de Edu Polín. Ah, sí: que, además, tuve la suerte de conocer a su padre, que se puso en contacto conmigo en cuanto supo que me habían robado y que es Carlos Polín, economista y psicólogo. Yo a Edu le admiro mucho, intelectualmente (porque es imposible no admirarle intelectualmente: tuvo una discusión con Julio Varela de horas en la que yo estaba suspirando porque alguien me diera palomitas. Sin despeinarse). Y también le admiro personalmente, por razones en las que no me voy a extender.

Julio Varela y Eduardo Polín tras más de cinco horas de discusión, que acabaron con firma en documento oficial y todo.
El documento oficial casi ante notario.

Hubo un día en el que me preguntó qué tal estoy y le contesté la verdad. Ese es el resumen de la historia: que me preguntó qué tal y le dije la verdad.

Tofu otomano

El Imperio Otomano, situado por allá por Turquía, acabó con el bizantino (con lo que quedaba de él). Fue el del sitio a Constantinopla y andaba conquistando tantos territorios que Europa Occidental, siempre pendiente de los infieles, organizó Cruzadas para atacarle. Su máximo esplendor ocurrió en los siglos XVI y XVII pero duró seis centurias y no fue hasta el XIX cuando muchos de sus territorios comenzaron a independizarse.

Y su gastronomía cogía platos de la persa, la india y la árabe, con un enorme predominio de las verduras y sirvió para que otros territorios adoptaran algunos de sus productos y alimentos. Las especias tenían que pasar por el Imperio Otomano sí o sí. Y así, tenemos una mezcla de especias, llamadas «especias otomanas», de las que no puedo encontrar qué demonios llevan, pero yo las compré en Granada, porque, cada vez que voy a Granada, me aprovisiono de especias. Adoro las especias.

Ingredientes para 400 gramos de tofu:

  • 400 gramos de tofu extrafirme escurrido y prensado
  • 2 cucharaditas de especias otomanas
  • 1 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharaditas de vinagre de vino blanco
  • 1/2 cucharadita de ajo en polvo
  • 1/2 cucharadita de cebolla en polvo

Mezcla los ingredientes de la marinada (es decir, todo menos el tofu) en un bol pequeño y remueve bien. En una fuente de horno (no una bandeja plana, ojo: una fuente, con sus bordes y todo) se coloca la marinada (que es el contenido del bol) y se pone el tofu. Ahora, enciende el horno a 210ºC. Deja que el tofu se macere unos 20 minutos y dale la vuelta de vez en cuando, para que se empape bien.

Mételo al horno 20 minutos. Saca la fuente con la ayuda de unas manoplas para no quemarte. Dale la vuelta a los filetes de tofu y déjalos de 20 a 24 minutos más. Luego ya lo puedes usar.

Yo me lo como solo, la verdad, pero lo puedes poner en una ensalada, en un bol con cereales (arroz, pasta, espelta, quinoa, mijo) y verduras, en sopas y en lo que te apetezca.

Hamburguesas de garbanzos y guisantes

He tenido, a menudo, varios problemas con las hamburguesas vegetales, cuyos ingredientes han de estar bastante secos para no ponerte ahí a echar gluten, avena, copos de centeno o pan rallado a cascoporro. Desde que descubrí la plantilla de Heather Crosby, en su libro Pantry to plate, soy feliz. Muy feliz. Sí, llevan un ingrediente raro: psyllium en polvo. Yo se lo pido a Cristina, de Vegan Place. Si no lo tiene listado en la página, os lo solicita al distribuidor. Se usa como se utilizaría el huevo, pero es mucho mejor amalgamante. Si usáis semillas de lino mezcladas con agua o cualquier otra cosa, tened en cuenta que os puede quedar más líquida y necesitaréis algún aglutinante más.

¿No os gusta ese guisantito que quedó entero ahí, a un lado? Qué mono es. Qué ricos están los guisantes. Qué versátiles son. Qué de todo. Iba a poner que se hacen en nada, pero no: hay que remojar los garbanzos, ponerlos a cocer, freír cosas durante media hora o así… Sin embargo, en la vida hay que comer y a la cocina hay que invertirle tiempo. Es una cuestión de supervivencia y de cuidado de una misma y del entorno: buscar ingredientes locales y de temporada (ejem: los guisantes son congelados), comprar en pequeños comercios, buscar un grupo de consumo para las verduras, comprar plantas aromáticas y rezar para que no se te mueran… Esas pequeñas cotidianeidades de la vida.

Ingredientes para 5 hamburguesas grandes:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 dientes de ajo muy picados: los míos son enormes. Esto va en gustos: le podéis poner o no, de 0 (jijiji) a 5 dientes de ajo.
  • 1 cucharadita de sal (o al gusto: probad la masa)
  • 1 taza (160 gramos) de cebolla muy picada
  • 2 tazas (300 gramos) de patatas peladas y a cuadraditos
  • 1 taza (150 gramos) de guisantes frescos o descongelados. 
  • 2 tazas (300 gramos) de garbanzos lechosos cocidos
  • 1 cucharada de cebollino fresco picado
  • 1/2 cucharadita de tomillo fresco picado
  • 1/2 cucharadita de perejil fresco picado
  • 2 cucharaditas de psyllium en polvo
  • 1/4 cucharadita de chile chipotle en polvo
  • 1 cucharada de mostaza de Dijon
  • 1/2 taza (120 gramos) de tomates secos. Los míos eran en aceite de oliva virgen extra porque no encontré tomates secos sin aceite. Lo que hice fue escurrirlos bien. Pero usadlos sin aceite, mejor.

Preparación:

Pon una sartén grande de paredes altas a fuego medio. Una vez que esté caliente, añade 1 cucharada de aceite. Deja que se caliente también (sí: la cocina va de dominar el calor) y agrega las patatas. Deja cocinar, removiendo de vez en cuando, durante 20 minutos o hasta que las puedas pinchar con un tenedor y las traspases bien, pero aún estén firmes.

Incorpora la cebolla y sofríe 5 minutos más, removiendo. Ahora, añade el ajo y saltea 1 minuto. Echa los guisantes y los garbanzos y tenlos un par de minutos más.

Pásalo todo a un robot de cocina, pero no batas aún. Añade el tomillo, el cebollino y el perejil y espolvorea el psyllium. Espolvoréalo por todas partes, no lo pongas de golpe. Ahora, espolvorea también la sal y el chipotle en polvo y añade los tomates secos y la mostaza.

Bate, con toques cortos. Tendrás que parar la máquina varias veces para ir integrando la mezcla, porque no quieres un puré, quieres textura, pero que esté todo picado a trozos uniformes. Algún guisante, como me ha pasado a mí, te puede quedar entero, pero no importa.

Forma hamburguesas: el tamaño depende de vosotros. Yo las hago grandecitas y así me como una de cena con una ensalada o gazpacho o un sofrito de verduras o lo que sea y voy que me mato.

Calienta una sartén a fuego medio y agrega la otra cucharada de aceite. Una vez que el aceite esté caliente, las pones 15 minutos por un lado y luego les das la vuelta con la ayuda de una espátula y las pones otros 10-15 minutos por el otro. Ya están listas. Se pueden congelar. Luego las descongelas en el frigorífico y las calientas como te venga en gana (sartén, microondas, lo que quieras) y ya tienes comida lista.