Mayonesa

Mayonesa
Mayonesa

Esto es mayonesa. La mayonesa de toda la vida. La mayonesa que sabe como la que hace mi madre. Así que no la voy a llamar “mayonesa de anacardos” ni “veganesa de anacardos” ni nada, porque a la mayonesa no la llaman “mayonesa de huevo”. Y porque estoy muy cansada de acotar: la leche es leche de vaca, pero no la de avena o la de soja (en Estados Unidos te preguntan ‘what kind of milk’, no hay tantas zarandajas como aquí, que parece que la nomenclatura de los alimentos veganos es ofensiva).

Vamos, que yo os pongo una ensaladilla rusa con esto y ni os dais cuenta de que no lleva huevo. La receta es de Miyoko Schinner. Creo que voy a acabar haciendo todo lo de su The Homemade Vegan Pantry.

Y sí: tiene grasa por un tubo. Es mayonesa. Y esta tiene aceite en cantidades industriales y anacardos. Superadlo.

Ingredientes:

  • 70 gramos (1/2 taza) de anacardos
  • 1/2 taza (120 ml) de agua
  • 3 cucharadas (45 ml) de zumo de limón
  • 1 cucharadita de sal
  • De 300 a 400 gramos de aceite de girasol alto oleico (es decir, de 1 y 1/2 tazas a 2). Yo usé 300 gramos y quedó a mi gusto
  • 1/2 cucharadita de goma xantana si quieres que quede como cemento. Yo no le puse
Mayonesa
Mayonesa

Preparación:

Yo la preparé en la MyCook. Puse los anacardos, el agua, la sal y el zumo de limón y también coloqué el cestillo para que los anacardos no salieran volando por todo el vaso. Se trata de batir, tengáis o no MyCook o Thermomix, hasta que quede una crema. Id parando la máquina y raspando. Sí, en MyCook también hay que hacerlo porque se queda en la base del cestillo. Ha de quedar muy fina. Yo lo tuve 1 minuto a velocidad progresiva 6-10, paré, raspé la base del cestillo y luego lo puse 2 minutos a velocidad progresiva 6-10.

Ahora, hay que añadir el aceite en hilo muy fino. Yo lo puse en una taza y fui añadiendo el aceite poco a poco por la tapa de la MyCook, con el cubilete colocado. Lo puse en velocidad 6, 2 minutos. Así quedó como veis en la foto. Si queréis que quede más espesa, añadid más aceite y, si queréis que quede como para enfoscar, la goma xantana. En el frigorífico se espesará más.

En el frigorífico, por cierto, en un bote bien tapado, dura un mes.

Y está tremenda.

Quinua con pistachos y pasas

Quinoa con pasas y pistachos
Quinoa con pasas y pistachos

Hace algún tiempo, estuve en Sevilla y Gema me llevó al mercado del Arenal para comer en Veganitessen. Por qué no vivo en Sevilla es algo que me he preguntado desde que acabé la carrera, pero ya no la echo de menos tantísimo como antes, porque en Mérida he descubierto mi lugar. Allí, un chaval muy amable que vendía productos ecológicos y artesanales (cosas que no significan “vegano”), me vendió quinoa sevillana. Ahora, en una de mis fruterías, la tienen salmantina. A mí me da igual de dónde sea, siempre que sea española y que su lugar de cultivo esté cerca (es decir, para qué voy a comprar de Galicia teniendo de Sevilla, que está más cerca). Por cierto, ya que hablo de Galicia, aprovecho para poner música. Es que adoro a esta mujer. Se llama SES. Y esta canción es muy bonita. Sí, compro quinoa sevillana o castellana, pero pongo música gallega en lugar de flamenco. Soy así de mestiza.

La primera canción que le canté a mi sobrino fue en gallego. A Carolina. Yo no sé gallego, pero me sé algunas canciones en gallego. Aunque ahora vamos a preparar quinua sevillana. En olla rápida. La receta es de Jill Nussinow.

Ingredientes para 3 raciones:

  • 1 o 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 chalotas picaditas o 1/2 cebolla grande picada
  • 1 diente de ajo muy picado
  • 160 gramos (1 taza) de quinoa, enjuagada y escurrida
  • 1 cucharadita de cardamomo molido
  • 70 gramos (1/2 taza) de zanahoria a rodajas muy finas
  • 300 ml (1 y 1/4 tazas) de caldo vegetal (yo cojo 300 ml de agua y le pongo un cubito de caldo concentrado)
  • 1 palito de canela de unos 2 cm.
  • 30 gramos (3 cucharadas) de uvas pasas
  • 30 gramos (3 cucharadas) de pistachos, picados y tostados en una sartén sin grasa 3 minutos
  • Si el caldo no está salado, 1/4 cucharadita de sal
  • pimienta negra recién molida
  • 1/4 taza de cilantro fresco picado
  • 1/2 cucharadita de ralladura de limón (yo le puse la ralladura de medio limón pequeño, porque estas no las mido)
  • 1 o 2 cucharadas de zumo de limón (exprimí el medio limón pequeño y se lo eché)
  • la parte verde de una cebolleta para decorar
Quinoa con pasas y pistachos
Quinoa con pasas y pistachos

Preparación:

Calienta la base de una olla rápida a fuego medio, o enciende la función de saltear de una olla eléctrica (yo tengo una Instant Pot). Añade el aceite, la chalota y el ajo y saltea 2 minutos. Ten cuidado si la olla es eléctrica, porque la función de saltear calienta más que el fuego normal, así que remueve y vigila. Añade la quinua enjuagada y escurrida y el cardamomo y remueve durante otros 2 minutos. Ahora, echa las zanahorias, el caldo, las pasas y el palito de canela y remueve.

Pon la tapa, lleva a alta presión durante 5 minutos y luego deja salir el vapor de forma natural. Quita la tapa, remueve un poco, investiga dónde está el palo de canela, quítalo y tíralo. Ahora, si tu caldo no es salado, echarías la sal y probarías a ver si está a tu gusto. Puedes ponerle también pimienta. Ahora, pon el cilantro, los pistachos, el zumo de limón y la ralladura y remueve. Ya lo puedes servir decorado con la cebolleta… o meter en tuppers, etiquetar y congelar.

Tú no tienes fuerza de voluntad

Tú no tienes fuerza de voluntad.

Que levante la mano cualquiera que haya intentado hacer dieta y que no haya oído eso.

También oímos otras cosas. Cuando llevamos la comida a algún sitio para no saltarnos la pauta dietética: que si por un día no pasa nada, que menudo aburrimiento tanta lechuga; que sí, que eso es cara a la galería, pero seguro que en casa nos hinchamos a patatas fritas. Que no vamos a poder adelgazar nunca y que un día es un día y por un día te la puedes saltar y coge un trocito de esto y otro de lo otro. Y postre, café, copa y puro.

Patatas fritas de bolsa
Patatas fritas de bolsa

Súmale cinco máquinas con bollería, patatas fritas y chucherías varias en el trabajo, más ese café al que hay que echarle azúcar (ya saben: lo llaman ‘café de máquina’ porque ‘dame veneno, que quiero morir’ ya estaba cogido por Los Chunguitos). Platos tamaño pizza familiar en los restaurantes, cinco amigos pidiendo siete raciones más vino más postre. Todos delgados, cago en la puta. Vida social. Bodas, bautizos, comuniones. Mucha más vida social. Vino. Bizcochos con chocolate.

Al final, el único lugar seguro es tu propia casa.

En casa no tengo nada que pueda picotear. Y, cuando lo tengo (confieso que, en mi despensa hay, ahora mismo, una barra de turrón de almendra marcona artesanal -solo lleva almendra molida, ralladura de limón, canela y, por supuesto, azúcar- y cinco tabletas de chocolate negro) y me entra hambre, ni siquiera me acuerdo. Cojo un par de nueces y me quito la gazuza. Pero, cuando entra el estrés o salgo fuera… y ese “salgo fuera” implica las ocho horas de trabajo de lunes a viernes, los bares, las casas ajenas y todo lo que no sea la propia… Ah, cuando salgo fuera… Carta blanca, señores. Yuju y viva. Vivan la pizza, vivan las patatas fritas, vivan las croquetas de boletus y las de espinacas con piñones.

Para otros no es la casa. Porque en casa se aburren y picotean. El único remedio a eso es no tener nada que se pueda picotear: ni patatas, ni frutos secos fritos, ni pastas para el té ni galletas ni gominolas. “Es que los tengo por los niños”: esa es una de las excusas más frecuentes que se escuchan. Pues precisamente por tus niños tampoco los compres: es mejor que no coman mierdas de estas.

Coaching nutricional
Coaching nutricional

Hace algún tiempo, Julio Basulto recomendó el libro Coaching nutricional y dijo que era el único científico que se había escrito en España, con sus referencias bibliográficas y de estudios comprobados. Desconozco en profundidad los planteamientos del coaching, pero, cuando la palabra “coach” va unida a “nutrición”, yo desaparezco. Porque prefiero que ponga “técnico superior” o “dietista-nutricionista”. La nutrición es una disciplina lo suficientemente seria como para exigir que una persona tenga conocimientos actualizados y, sí, con diploma oficial acreditativo. Y además un coach no es un psicólogo, pero a veces se le parecen y yo, psicóloga, ya tengo una. Muy buena. Buenísima. Se lo digo en cada consulta: “Es que eres muy buena”.

Después de dos meses poniéndome hasta las trancas, decidí comprarlo y leerlo, con una libreta al lado para apuntar. Realmente, es psicología cognitivo-conductual, así que, como primer punto de partida, está muy bien si uno sigue una terapia. Supongo que, si nos encontramos con un caso de obesidad que, además, esté asociado con ansiedad crónica, depresión o maltratos, su mente no va a tener la suficiente capacidad como para, con ayuda de un libro, poder cambiar su comportamiento de la noche a la mañana. Pero, si ya hace terapia (cosa que recomiendo a todo el mundo), le será más fácil descubrir qué puede hacer para evitar dejar de adherirse a una pauta dietética y por qué, hasta la fecha, no ha sido capaz de adherirse.

Leer este libro con un cuaderno al lado para ir apuntando cuáles son tus pensamientos boicoteadores (sí, la gente que nunca ha estado gorda lo ve todo muy fácil: “pero te puedes comer de Pascuas a Ramos una galleta de chocolate” -no, vamos a ver: yo me como el paquete entero-) y por qué los tienes (sobre todo, por qué los tienes y a quiénes se deben) no es un ejercicio fácil. Hay que pensar mucho y más allá: cuál es tu relación con la comida, cuál era la relación de tus padres y abuelos con la comida y con las pautas dietéticas, con la culpa, con los caprichos de “por un día no pasa nada” (aunque luego pase esto que contaba El Mundo Today: “Un gordo en dieta estricta lleva acumulados 1063 días especiales consecutivos“), cuáles son los mensajes que has recibido sobre tu comportamiento durante toda tu vida y qué estás dispuesto a hacer y qué no, con sinceridad. Y, lo aseguro, colocarse, definirse, en relación con la familia, los padres, los hermanos, tíos, sobrinos, primos y demás, amigos y compañeros de trabajo no es fácil. Es un pequeño camino de enfrentamientos constantes y faltas de respeto y resistencias. Porque, no nos engañemos, el común de los mortales construye sus relaciones basándose en parámetros de fuerza y dominación, de juzgar vidas ajenas y de pretender que te comportes como siempre lo has hecho o como ellos querrían.

Aún no he acabado de leerlo (porque voy apuntándolo todo y además tengo un examen para no perder mi empleo un día de estos), pero creo que es una buena herramienta y que Yolanda Fleta y Jaime Jiménez han hecho un buen trabajo.

Al principio quería hacer una entrada con todos esos pensamientos erróneos que todos tenemos cuando queremos adelgazar y vamos muy lentos y no nos controlamos y de pronto, ah, hay patatas bravas en la mesa. Pero, después de leer mi libreta, no se me ocurre ni aunque me maten… 😉