Pastel de carne Tito Andronico

Tito Andronico alimenta a Tamora. Foto de Diego Casillas para Teatro del Noctámbulo.

José Vicente Moirón vino al magazine de la radio el viernes pasado. Escribo esto el sábado: esta noche voy a verles otra vez. Hoy domingo (qué trasiego) es la última oportunidad que tienen para asistir a su función en Mérida. Carmen Mayordomo, su alter ego en Tito Andronico, ha de comer un maravilloso pastel de carne aderezado con ciertos ingredientes secretos que Tito le cocina con frialdad y relamiéndose. Habían leído mi blog (la última entrada, Festivales y descontroles) y me dijo: «¿Por qué no haces un pastel de carne?»

Sus deseos son órdenes:

Pastel Tito Andronico

Carmen Mayordomo tampoco come animales. Hice una receta enorme, en un molde alargado, pero el pastel grande se me desparramó porque desmoldar nunca ha sido lo mío y he optado por hacerle la foto a los más pequeños: al fin y al cabo, se comen un pastel de carne individual.

Está tremendísimo de bueno

Pasteles de carne hay muchos. Quizá uno de los más conocidos no sea un pastel de carne propiamente dicho, sino un estofado con una cubierta de hojaldre por encima o un Shepherd’s pie, el pastel de pastor inglés, que lleva patata. Pero yo estoy muy trabajada, señores: cubrir el Festival de Mérida es un palizón. Un palizón enorme. No iba a ir a comprar hojaldre ni me voy a poner a hacer pastel con una cubierta de patatas que no se puede congelar. Así que lo hice desnudito. El típico pastel de carne inglés. Con su sangre (su ketchup casero) y su todo. Os pongo la foto del pastel desparramado, en la cocina (mi cocina es un campo de batalla) y hecha con el móvil.

Queda muy rico, la verdad. Aquí está a mitad de cocción. Luego se desparramó.

¿Habéis leído Tito Andronico? Hay dos personajes que me fascinan: Tamora y Aaron. Con Tamora recordé a Denis Rafter (director de muchos de los montajes de Teatro del Noctámbulo y autor de una tesis magnífica titulada «Hamlet y el actor. En busca del personaje«) cuando me dice que los personajes femeninos de Shakespeare son mucho mejores que los personajes masculinos. Lo son, lo son.

Eso sí, permitidme que ponga otra imagen. Es Cándido Gómez, que BORDA el papel de mensajero. Es un mensajero un tanto particular, todo hay que decirlo: ¿por qué? Eso sí que tendrán que ir a verlo. Llevo entrevistando a Cándido unos 20 años, creo. Fue el primer actor al que entrevisté, de hecho. Y le quiero locamente. Que lo sepa.

Rústico y Tito Andronico. Imagen de Jero Morales para el Festival de Mérida.

La receta está sacada de la plantilla de hamburguesas que Heather Crosby hace en Pantry to Plate. Si no sabéis qué libro vegano comprar, comprad este. Son plantillas, así que admiten infinidad de posibilidades.

Ingredientes para alimentar a los protagonistas de una tragedia. Salen 8 raciones.

  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • 320 gramos de cebolla picada a cuadraditos
  • 4 dientes de ajo muy picados
  • 1 cucharadita de sal (o más, al gusto)
  • 600 gramos de remolacha cocida cortadas en cuadraditos
  • 150 gramos de zanahorias cortadas a cuadraditos
  • 280 gramos de champiñones a láminas
  • 175 gramos (2 tazas) de garbanzos cocidos, bien escurridos
  • 325 gramos (2 tazas) de lentejas de Puy cocidas
  • 35 gramos (1/2 taza) de soja texturizada fina
  • 4 cucharadas de hierbas frescas (yo puse tomillo, perejil, romero y cebollino), bien picadas
  • 2 cucharadas de mostaza de Dijon
  • 4 cucharaditas de levadura nutricional
  • 2 cucharaditas de humo líquido
  • 4 cucharaditas de psyllium en polvo (es el aglutinante: funciona maravillosamente bien, pero SUPONGO -no lo he probado- que le podéis poner huevo de lino). Yo lo compro en Vegan Place. Si no lo tienen en la página, se lo podéis pedir a Cristina sin problema.
  • Pan rallado, copos de avena o gluten por si acaso. Si sois celíacos, no uséis el gluten, claro está y mirad la etiqueta del pan rallado y de la avena
  • Ketchup para pincelar
En formato individual quedan muy monos

Precalienta el horno a 180º C. Hidrata la soja texturizada: ponla en un bol y añade agua hirviendo. Espera 10 minutos y escurre bien.

Pon una cacerola a fuego medio. Una vez esté caliente, añade el aceite y deja que se caliente a la vez. Agrega ahora la cebolla y la zanahoria y sofríe unos 5 minutos. Luego añade la remolacha y los champiñones y deja sofreír a fuego vivo (súbelo un poco) hasta que los champiñones eliminen toda el agua. Debe quedar sequito, sin quemarse. Añade el ajo, baja el fuego y deja sofreír 1 minuto o así. Ahora, agrega la soja texturizada, las lentejas bien escurridas y los garbanzos y y la sal y dale unas vueltas un par de minutos más para que se impregnen los sabores.

Ponlo en un robot de cocina, pero no pulses todavía. Añade las hierbas frescas, la mostaza, la levadura nutricional y el humo líquido y espolvorea el pysillium. Dale unos toques y ve parando la máquina para raspar las paredes. No quieres un puré, sino que quede textura, pero que todo esté mezclado. Prueba ahora la sazón: puedes añadir lo que quieras: más hierbas, sal, pimienta, copos de chile, tomates secos muy picados…

Ahora tienes que ver si la masa está muy húmeda. Si es así, añade avena en copos (que sean pequeños) o pan rallado, de cucharada en cucharada, mientras remueves. Al mío no le hizo falta, pero puede que sí te sea preciso. No ha de quedar seco ni muy compacto, que luego va al horno.

Prepara un molde de plum cake o moldes individuales. Si son de silicona, no hace falta engrasarlos. Si son de metal, fórralos con papel de cocina o engrásalos con aceite. Pon la masa en los moldes y aplánala con ayuda de una cuchara.

Mete en el horno 30 minutos, tapados con papel de aluminio. Luego, quita el papel, pincela con ketchup y deja 15 minutos más. Deja enfriar unos minutos y ya está listo para comer.

Se lo podrías servir a tus enemigos, pero está demasiado bueno como para eso. Es mejor dárselo a los amigos antes de ver una tragedia potente y sangrienta y culinaria como esta…

Festivales y descontroles

Teatro del Noctámbulo saludando tras la función de Tito Andronico.

Se ha acabado el Festival de Mérida. Se ha acabado para mí, porque Tito Andronico, de William Shakespeare, dirigido por Antonio C. Guijosa, adaptado por Nando López, va a estar hasta este domingo, 25 de agosto, en el teatro romano de Mérida. Ya he hablado muchas veces de la paliza que supone el Festival.

Esta gente que está ahí arriba, subida en el escenario de ese teatro que amo y que miro cada año desde la última fila de todas las caveas, durante las noches de los martes, como si fuera un ritual, son miembros de la compañía Teatro del Noctámbulo.

Cuando se presenta el Festival y dicen que Teatro del Noctámbulo va a estar, yo respiro tranquila. Sé que voy a ver algo bueno, bien hecho, con concepto, con amor al oficio y, sobre todo, sé que no me van a tratar como si fuera gilipollas, que no van a hacer obras con parlamento final de moraleja (se resumen en lo mismo: por qué el ser humano es tan malo, tenemos que ser buenos. Me revienta. Luego me revienta más cuando dicen: «Pero es que a la gente…». Miren, yo no soy gente. Yo veo mucho teatro. Y vería mucho más si tuviera más dinero y no costara tanto llegar a Madrid. Quiero que me tengan un mínimo de respeto intelectual).

Respiro tranquila cuando dicen que va a estar una compañía extremeña, sin nombres de los que salen en las series de televisión, porque a las compañías de Barcelona y de Madrid, la bondad se les supone.

Se les supone aunque no la tengan. Porque muchas veces no la tienen. Llenan mucho más. Yo no soy gran público y al gran público no le entiendo en absoluto, pero lo dejo aquí por si, alguna vez, por su ciudad, pasan estos tipos. Vayan a ver cualquier cosa que interpreten: cualquier cosa. Tienen en gira ahora «Contra la democracia»: la he visto tres veces. Yo no veo una obra de teatro tres veces seguidas a no ser que la dirija Calixto Bieito o que la interprete Pablo Derqui.

Sopa fría tarator.

Escribo esto mientras me tomo un vaso de tarator como si fuera un café, a las ocho de la tarde. Esa será mi cena. El Festival es un descontrol y eso se traduce en que algunos días no puedo ir al deporte (luego intento recuperar las sesiones), en que como mal y en que no me organizo. Cada quince días, ahora, desde hace poco más o menos un mes, me llegan las cestas de verduras de la Huerta del Abrilongo, así que ese fin de semana me dedico a cocinar. Me he tirado meses (MESES) comiendo tempeh con leche de coco, zanahorias y calabaza. Creo que voy a empezar a odiar el tempeh. Y siempre me pasa lo mismo: acabo comiendo mierdas hasta que me vuelvo a centrar y a organizar. Luego esto es como el eterno retorno: una y otra vez se repite lo mismo.

Pero estoy haciendo terapia y me digo (sin conseguirlo mucho, porque luego no he comprado fruta, porque he dormido tres horas y he trabajado 13 y porque existen las máquinas de vending y los ambientes obesogénicos en la vida) que, si sigo haciendo lo de siempre, no habrá cambios nunca.

Me tengo que poner.

Tres años de risas

No tengo ninguna intimidad en el baño

Cumples tres años en casa y yo no estaré, pero ya lo celebraremos con mimos y cepillados. Te llamas Huck, como uno de mis personajes favoritos, y eres como él: un tanto gamberro, un tanto libre, un tanto perezoso, muy activo a la vez, divertido y ocurrente. Eres lo más gracioso que vive en mi casa y adquieres costumbres nuevas con los años, como este invierno, que te metías entre el edredón y mi cuerpo para tumbarte encima de mí a darme mordisquitos en la barbilla y a ronronear durante un rato. En verano, tu sitio de dormir es encima de la estantería. Sin nadie. Después de venir a mi cama a saludar.

En lo alto

Las alturas son tu sitio favorito. La estantería grande de los libros, a la que ya no puedes trepar porque cambié la tele y ahora la tele es plana; en el último piso del rascador. No haces como Ororo, que se sube al marco de las puertas en un descuido y luego no sabe bajar o que se pone en el tambor de las cortinas (menos mal: con una gata suicida tengo más que suficiente) y sigues asustándote de cualquier ruido raro y escondiéndote mucho rato cuando llega una visita. Cada vez lo haces menos porque te estás volviendo sociable: tampoco entra mucha gente en casa porque casi todos mis amigos tienen alergia a los gatos. Yo me ahorro sustos por si a Coyote le da por morder, que lo ha hecho más de una vez. Cuando no estás en lo alto y es invierno, te escondes debajo de las jarapas.

Qué suerte tengo de que te encontraran, sucio como estabas, asustadísimo, cachorro aún, poco más de mes y medio te echó el veterinario. Sigues lamiendo cada trozo de piel que me ves, te encanta chuparme el párpado y las mejillas (absténganse los de las bacterias: ya sé que lo mismo que me chupa a mí, se chupa el culo) y sigues siendo lo más divertido que hay en esta casa. Dejas casi pacientemente que Coyote te quiera montar, porque Coyote está castrado, pero aún no lo sabe (cada día estoy más convencida de que le castraron mal) y tú eres su gran amor.

Coyote y Huck queriéndose

Feliz cumpleaños, cosita linda. Te quiero muchísimo.