Puré de calabacín con anacardos

Hay una manera de hacer cremoso un puré: añadir grasa. Puede ser nata, puede ser mantequilla (yo uso estas palabras para referirme a sus equivalentes veganos, aclaro) o puede ser con aceite de oliva o frutos secos, que es lo que he usado yo. Anacardos. Tan versátiles, los anacardos. Y entonces, con una buena batidora, queda así de cremoso.

Puré de calabacín con anacardos y cucharita de gatito

Sí: es un puré. Y no tiene mucho más. De hecho, este fin de semana solo he hecho puré y un kilo y medio de bacon de tempeh porque tengo un sinfín de verduras de todo tipo congeladas, pero no demasiada proteína (solo garbanzos). Y me he quedado en casa, leyendo, por primera vez en muchos meses (leyendo y disfrutando el Piedras Negras de Eugenio Fuentes, al que tengo que entrevistar) y sin excesivo quebradero de cabeza, también por primera vez en meses.

No canto victoria. Hasta dentro de un año, no cantaré victoria con nada. Pongo aquí la información nutricional por 100 gramos. Recordad que, si tomáis más, porque 100 gramos no es ni verdura, hay que sumar.Ingredientes para 4 raciones:

  • 1 puerro (unos 100 gramos), limpio y picado
  • 2 dientes de ajo picados
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 calabacines grandes (1 kilo, más o menos)
  • 150 ml de agua
  • 17 gramos (1/4 taza) de anacardos (si no tenéis batidora potente, dejadlos a remojo al menos dos horas)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • Pimienta, nuez moscada…

Preparación:

Calentad una olla y, una vez caliente, a fuego medio, añadid el aceite. Cuando el aceite esté caliente, sofreíd el puerro y los ajos 5 minutos. Agregad los calabacines, sofreídlos 10 minutos. añadid el agua y la sal y dejad cocer 20 minutos. Luego, batid con los anacardos (si vuestra batidora no es potente, es mejor dejarlos a remojo, desde 2 horas a toda la noche) y la levadura nutricional y añadid pimienta negra, nuez moscada o copos de chile o lo que queráis.

Del resto de las cosas

Así se llamaba una cinta de cassette que me regaló Nerea hace mucho tiempo (estábamos ambas en la Facultad), con poemas de Jorge Riechmann y de otros, recitados por ella, textos suyos. Yo escribo bebiendo un purgante. Que ya podría elegir días más bonitos, pero qué mejor que estar de baja y tener que hacerte una colonoscopia a las tres de la tarde para ponerte a escribir tranquilamente. Sobre todo porque el día siguiente estás de baja también y porque estás pagando un servidor carísimo que no usas y luego te entra complejo de culpa por no tener tiempo siquiera para tu ocio y…

¿En qué momento comenzamos a ir tan rápido y a no tener tiempo para nada? A ver, yo ahora lo tengo claro. Salgo del trabajo a las cuatro. Me largo al hospital a rehabilitación una hora y pico. Llego a casa, me visto y me voy al deporte dos días por semana. Otros días he tenido fisio. Un día tengo que escribir el artículo del periódico… Y no sé cuántos libros por leer y ni ganas de nada salvo de estar en mi casa calentita.

Autoestima

He comenzado un nuevo programa en la radio. Se llama «Las perras de Pavlov«. Esta es su página de Facebook. En el primero, hablamos con Daniel Palacino sobre qué es un psicólogo. También se ha colgado en iVoox. En el segundo, llamamos a José Manuel Campo para que nos explicara qué es la autoestima (también en iVoox). Imanol es un magnífico divulgador. Le podéis encontrar en Facebook e Instagram.

Yo, generalmente, llevo cultura. Desde hace diez años ininterrumpidamente. Pero esto me sirve para aprender cosas nuevas, porque de ciencia sé bastante poco (más bien, nada).

He cocinado durante todos estos meses de «no quiero hacer nada, pero hago porque me obligo» infinidad de platos a los que no me ha dado tiempo de hacerles una mísera foto. He hecho un seitán exquisito, puré de calabacín con anacardos y salsa de berenjenas con tomate para pasta… Pero me digo: a ver, tampoco se acaba el mundo porque no tenga tiempo de hacer fotos. Ni porque calcules mal las verduras y estés cocinando hasta las once de la noche sin parar y ya se haya ido la luz. Escribe cuando tengas ganas y ya.

Nunca había tenido esta sensación de no llegar a todo. Y creo que es algo que nos pasa mucho a todos: el no llegar ni hasta el ocio. Y mucho menos a conjugar todas las parcelas vitales (y eso que yo tengo pocas: es decir, no tengo pareja ni hijos a los que atender) para que haya un cierto tipo de equilibrio entre unas y otras. Hablamos de parar, de descansar y no paramos ni centramos la atención en lo que hacemos porque estamos pendientes de otras cosas.

Por lo pronto, me planteo no agobiarme porque no he hecho las fotos. Ya vendrán las recetas. Ya vendrá la vida.

Tendinosis y lo demás

Valentina Varas

No leo, no cocino y no hago NADA desde hace eones. Esto, realmente, no es del todo cierto, como casi ninguna de mis afirmaciones categóricas. Lo que no hago es cocinar, salvo comida de supervivencia: puré de calabacín, puré de calabaza y zanahorias, berenjenas fritas en cubos con cebolla y calabacín y fabada y garbanzos. Y con eso voy tirando. Con eso y con alguna ensalada y el tofu ahumado del Aldi y un tahini que compré por no hacerlo.

Hasta ahí llego. Y, lo aseguro, me obligo. Me obligo porque primero viene el hacer y luego la motivación. Es decir, tú haces y luego ya vas viendo. Como esperes a tener ganas para ponerte en marcha, no sucede nada. Mi problema es que a mí no me apetece. Pero hago. A veces. El pasado fin de semana no cociné, pero recogí ropa que llevaba varios días tendida, limpié areneros, ordené los libros que tenía metidos en bolsas, puse lavavajillas, limpié la cocina, leí un libro que me han mandado leer (cambié de psicólogo, montamos un pollo en el COP que ha pasado sin pena ni gloria por ahora, porque quiero creer que las cosas de palacio, van despacio -el COP es el Consejo Oficial de la Psicología-). Y quiero tener ganas. Y que la rehabilitación que hago todos los días durante una hora, más el deporte, más las visitas al fisio, más los ejercicios, surtan efecto porque estoy harta de tener el hombro izquierdo inmóvil (y el derecho, por supuesto, se me está fastidiando).

«Adiós, ansiedad», té, Ororo. Bodegón.

Estoy un poco harta de que todo me suponga un esfuerzo sobrehumano, salvo el trabajo. Y, por eso, aunque en mi casa haya más libros de recetas desde la Navidad y aunque quiera hacer reseñas de algunos de ellos, resulta que como a salto de mata lo que pillo. Lo que pillo es que un día compro mucha verdura, hago purés, meto al horno la coliflor, enciendo el aparato de cocer al vapor con judías verdes y brócoli y con eso tiro hasta que se me acaba.

Y, lo juro, me gustaría vencer muchos más «no puedo» ahora mismo. El único libro que me han entrado ganas de leer desde el inicio del año ha sido este que hay arriba: «De todas las cosas que nunca entendí siempre vas a ser mi favorita«. Es tan todo lo que no me ha pasado a mí y que no me va a pasar que ha sido estimulante y luminoso.

A veces se encuentra redención en la poesía.