Hamburguesa de alubias y lentejas con calabaza, coliflor y zanahoria

Hamburguesa y tenedor de gatito

La primera frase. No todos nos inventamos (ojalá) un «Call me Ishmael» o un «Nació con el don de la risa y la certeza de que el mundo estaba loco» o un «En la ciudad había dos mudos y siempre estaban juntos». Quizá pegue más, para un blog como este, el de «Escribo esto sentada en el fregadero de la cocina», pero se le ocurrió a Dodie Smith antes que a mí y mi fregadero está como para sentarse en él. Sí: ahora tengo un cajón del congelador entero llenito de hamburguesas y varios tuppers de albóndigas; es decir, cena para dos regimientos. No sé calcular cuánto tardo en cocinar, cuánto me entretengo y cuánta verdura he de comprar en la frutería y, por primera vez, me ha ocurrido que tengo muchas hamburguesas para las cenas… pero poco para las comidas.

He leído 800 capítulos de libros sobre «Cómo planificar correctamente la compra y la cocina». Sin resultado. A mí toda verdura me parece poca. Así que luego me paso cocinando (y con un poquito de ansiedad, porque yo lo que quiero es acabar y sentarme) los 15 kilos de coliflor, calabaza, zanahorias, calabacines y guisantes que he comprado… y los tres kilos de alubias que cocí.

Están saliendo muchas hamburguesas en el blog y veréis que la base es la misma: guisantes, coliflor, calabaza, zanahoria. Era lo que tenía en casa y lo que tenía que gastar. Lo bueno es que, teniendo la misma base, si se varían las especias, las hamburguesas saben completamente distintas y hasta tienen otro color. Allá vamos:

Ingredientes para 10 hamburguesas (depende del tamaño que las hagáis):

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 150 gramos (1 taza) de calabaza picada en cubitos pequeños
  • 150 gramos (1 taza) de zanahoria picada en cubitos pequeños
  • 160 gramos (1 taza) de cebolla picada en cubitos pequeños
  • 145 gramos (1 taza) de guisantes frescos o congelados (y descongelados)
  • 110 gramos (1 taza) de coliflor picada pequeña
  • 160 gramos (1 taza) de alubias pintas cocidas y bien escurridas
  • 200 gramos (1 taza) de lentejas cocidas y bien escurridas
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharada de cebollino fresco picado
  • 1 cucharada de perejil fresco picado
  • 4 cucharaditas de levadura nutricional
  • 2 cucharaditas de salsa de soja
  • 2 cucharaditas de psyllium en polvo
  • gluten o harina de arroz, avena o garbanzo por si acaso

Preparación:

Calienta una sartén a fuego medio. Cuando esté caliente, añade 1 cucharada de aceite de oliva. Deja que se caliente y echa la zanahoria y la calabaza en la sartén. Dale unas vueltas y deja sofreír, removiendo de vez en cuando, durante unos 20 minutos, hasta que estén blanditas y doradas. Agrega los guisantes, la coliflor y la cebolla y sofríe, removiendo de vez en cuando, de 5 a 7 minutos, hasta que la cebolla esté dorada. Agrega el ajo y dale vueltas durante un minuto, hasta que desprenda el aroma. Luego, echa en la sartén las alubias y sofríe un par de minutos más. Ponlo todo en el bol del robot de cocina, pero no batas aún.

Añade la salsa de soja, el perejil, el cebollino, la levadura nutricional y la sal. Espolvorea el psyllium en polvo. Pulsa a intervalos cortos: no quieres hacer un puré, sino que quede textura: tendrás que ir quitando la tapa del robot y raspando las paredes con una espátula de silicona para integrarlo todo bien. 

Forma hamburguesas. Yo hago una bola con 1 o 2 cucharadas de masa y las aplasto entre las manos. Calienta una sartén con la otra cucharada de aceite y fríelas, a fuego medio bajo (yo lo pongo en el 3 de una vitrocerámica que va del 1 al 9) durante 15 minutos. Dales la vuelta y déjalas 10 minutos más.

¿Y si quedan húmedas? 

Pues si quedan húmedas, tenéis la opción de añadir gluten (de cucharada en cucharada) y amasar con las manos. También podéis añadir pan rallado sin gluten, si sois celíacos, o harina de avena, de arroz o de garbanzo: cualquier cosa que quite la humedad. La humedad depende de si las legumbres estaban bien secas: se pueden secar poniéndolas en una bandeja forrada con papel de cocina durante media hora. Ponéis otro papel de cocina encima y dejáis que el papel haga su trabajo: han de estar en una sola capa: ese es el truco que dan todos los libros, pero yo paso de ensuciar bandejas, así que siempre tengo a mano gluten o harinas por si acaso. 

Albóndigas verdes de guisantes y carillas

Las albóndigas son verdes porque llevan guisantes, claro está, y los guisantes le dan un colorcillo vivo a todo.

«Aproximadamente, la mitad de lo que recordamos, es inventado». Fue Ricardo quien, en el SAVECC, me dijo esta frase cuando yo le conté que había estado, seguro, segurísimo, en la Feria del Libro de Madrid con mi amigo Pablo el pasado año y que David tenía unos calzoncillos azules con listas amarillas formando cuadros. Esos dos recuerdos permanecen vívidamente en mi cabeza. Y son falsos.

Quizá sea por eso por lo que me fascinan las obras que reflexionan sobre la memoria personal, los recuerdos, las reescrituras, sobre cómo construimos.

El fin de semana que hice todas estas albóndigas y hamburguesas, el viernes 11 de octubre, abrí el ordenador y apareció una foto de mi padre conmigo y mi prima Melele de la mano: tendría yo tres años o así. Luego, puse la cámara para fotografiar, cogí una tarjeta, saltó un aviso: «Tarjeta llena» y revisé. Eran las fotos de la graduación de Miriam, la hija mayor de Jandro, cuando Jandro vivía. Días antes me había llamado para decirme que su hija me quería invitar, que si yo podía hacer de él en caso de que él no pudiera asistir. Pero estuvo. Al final estuvo.

Tengo poquísimas fotos con él. Y en una en la que estamos los dos juntos yo estoy horrorosa.

Qué día más bonito de mayo

Por la noche de ese viernes apareció alguien con quien no hablo desde hace diez años.

Soy experta en relaciones fugaces. Relaciones fugaces que yo no pretendo fugaces, pero que lo son. Siguen siempre el mismo patrón. Llega un tío (siempre es un tío), habláis, te cuenta algo que no le ha contado a nadie, se va. Luego yo me quedo meses pensando qué habrá pasado o qué he hecho mal o si es que ahora la intimidad hace que se mueran de la vergüenza, porque suele ser gente brillante pero que confía poco en los demás, solo mantiene charlas relacionadas con el trabajo o con… ¿los podemos llamar «hechos intelectuales» -carrera, cine, libros, ensayos, teatro, música-?

Yo solo le dije «Hola». Ni sé qué pasó ni lo quiero saber a estas alturas porque, además, temo que, cuando lo conocí, cuando me contó, cuando se fue, yo estaba, como siempre, con depresión. Y sin asertividad. Y sin otras quinientas habilidades de relación.

A veces pienso: «Si hablara con sus amigos, le dirían que soy muy maja» (tenemos amigos comunes, con los que, a diferencia de lo que ocurrió aquí, sí me he ido de cañas, a cenar y a desayunar). También pienso que diez años no son nada y una semana parece un siglo.

Y que no quiero más relaciones así, pero cómo detectar si son así, si siempre me doy cuenta tarde.

Lo que da de sí un viernes cocinando cuando estás sola en casa y lo surrealista que se puede tornar no lo sabe nadie.

Pero al menos comí albóndigas verdes. Y gazpacho. Y comencé a ver Bo Jack Horseman. Se viene hilo de Ris sobre esta serie.

Pinchad en algún punto debajo del @rpascualverdu porque los hilos no se copian enteros y, después de unos 20 intentos, ya desisto

Vamos con las albóndigas, que me enrollo.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 4 dientes de ajo muy picados
  • 300 gramos (2 tazas) de patatas peladas, lavadas y cortadas a cuadraditos
  • 320 gramos (2 tazas de alubias carillas) cocidas y bien escurridas
  • 3 cucharaditas de las hierbas que queráis. Yo le puse all-purpose seasoning, que compré en iHerb cuando iHerb no tenía tantísimo gasto de envío.
  • 145 gramos (1 taza) de guisantes desgranados o congelados, pero descongelados
  • 1 cucharadita de sal
  • 2 cucharaditas de psyllium en polvo
Son albóndigas extraterrestres…

Preparación:

Calienta una sartén a fuego medio. Cuando esté caliente, añade 1 cucharada de aceite. Deja que se caliente (sí, la cocina va de dominar el calor) y añade las patatas. Deja sofreír unos 20 minutos, removiendo y dando vueltas de vez en cuando. Luego, añade la cebolla y los guisantes y tenlos 5 minutos, también removiendo de vez en cuando. Añade el ajo y saltea 1 minutito más y ahora, echa las alubias. Remueve bien durante una par de minutos y ponlo todo en un robot de cocina, pero no batas aún.

Ahora, en el robot, añade las hierbas, la sal y espolvorea el psyllium en polvo. Bate un poco, raspa las paredes y así. No quieres un puré, sino que conserve textura. Cuando esté todo integrado, pon a calentar otra sartén con otra cucharada de aceite a fuego medio-bajo. Luego, ve formando albóndigas (o hamburguesas) y sofríelas, dándoles vueltas de vez en cuando para que se doren por todos lados, durante 15 minutos.

Si haces hamburguesas, fríelas 15 minutos por un lado y 10 por otro, siempre también a fuego medio-bajo. Mi vitrocerámica es del 1 al 9 y yo lo pongo en el 3, para que os hagáis una idea.

Les podéis poner una salsa de tomate o de almendras con vino o lo que queráis. También se pueden comer solas, obviamente, porque están muy jugosas.

Un lustro a tu lado

Esta foto es de dos años. Ya solo tengo una tele plana, así que no se puede subir.

El veterinario me lo advirtió: «Es la gata con la que vas a tener la relación más fuerte porque habéis estado solas en casa». Eso duró dos meses nada más, luego llegaron Brea y Coyote, pero esta gata que está por socializar, sigue creyendo que soy su madre y me somete a la lactancia más prolongada de la historia:

Cuando la gente ve esto, dice: «Oh, qué bonito». Lo es. Pero también raspa, te araña cuando amasa y te deja el cuello que, como te eches colonia, ves las estrellas.

Hoy cumple cinco años. Cinco años desde que llegó a mi casa, siendo una enana que no llegaba ni al kilo de peso. Ahora pesa tres. Está fibrosa, musculosa, brillante, activa. Yo la miro y pienso: Qué envidia, hija. También, porque estuvo dos meses a solas conmigo y cree que soy su madre, es la que más me cuida cuando estoy mal (léase virus, reglas o algún constipado, porque yo no me enfermo casi nunca). El resto del tiempo, cuando no me cuida, se larga a una de las tres camas a dormir y puedo no verla hasta la tarde, en que vendrá a reclamar su ración de mimos y a pelearse con Coyote por un hueco en mi regazo.

Felicitad a la marquesa

Cinco años lleva aquí, viviendo conmigo, durmiendo en los sitios más insopechados (encima de mi cuello, con su cabeza apoyada en la mía -y no te muevas, que protesta-; con las patas bien apoyadas encima de tu garganta -cuando ocurre esto, porque si la aparto también protesta, siempre recuerdo el título de ese libro: «Cómo saber si tu gato planea matarte«; en el hueco entre mis piernas) y peleándose a bufidos con el resto hasta que le da por ir a por ellos con la cabeza gacha para que la laman y la rechupeteen. Así es ella: la más cariñosa y la más independiente y la más irritable y la más amorosa.

Se parece un poco a mí.