Chorizo para cocido

Chorizo al corte

El fin de semana que llega la cesta de Las Huertas del Abrilongo, que vienen una vez cada quince días, toca encerrarse en la cocina. La mitad de las veces acabo creando recetas que luego no cuelgo en el blog o copiando recetas de los libros que tengo, cocinándolas y terminando con ataques de ansiedad porque son las once de la noche, no hay luz para hacer una mísera foto, estoy agotada del todo, hay cacharros en el fregadero como para poner dos lavavajillas y meto la comida en tuppers y me digo: otra vez será. Voy a procurar tomarlo todo con más calma y más alegría, porque lo cierto es que, con lo que pago al año por el servidor, yo debería actualizar el blog bastante más. Aunque no hubiera comida de por medio. Y ojo, que estoy muy contenta con Dinahosting.

Soy muy estacional comiendo. Muchísimo. Las verduras crudas, en invierno, me cuestan lo mismo que las cocinadas en verano: me alimentaría (y lo hago) a base de puré de calabacín y pinchitos de soja texturizada (que dan gases, así que no los como tan a menudo como me gustaría).

Además, he dejado de fumar. Hace casi un mes.

Y he comido lo más grande.

Y he engordado lo más grande.

Pero he dejado de fumar.

Y me acuerdo del tabaco, pero menos de lo que yo pensaba. Muchísimo menos. A veces, cuando acabo de grabar una entrevista o cuando termino de ducharme. Pero me acuerdo de que no fumo casi al instante y no tengo ansiedad. La tuve toda durante algo más de quince días, que viví a base de arroz frito, fideos fritos, roscón, turrón de almendras, más roscón, más arroz frito y pan, tartas, pasteles de chocolate y no sé cuántas cosas más y sin ver casi una verdura.

Luego me pesé y «oh, Dios mío, qué cantidad tan obscena de kilos». «Y qué te esperabas».

Como lo que me esperaba era volver a comenzar a seguir mi pauta dietética por enésima vez y regresar al deporte tras más de dos meses sin ir (por el brote de colitis ulcerosa y porque me quitaron la segunda muela del juicio que me tenían que quitar), me puse a remojar garbanzos y me dije: «prepara chorizo», que así haces cocido y te lo cenas.

Sí, ceno legumbres.

Chorizo de seitán entero
Chorizo de seitán en un bloque

Podía haber hecho uno de los chorizos que tengo aquí ya (este o este), pero me había propuesto actualizar el blog. Así que encendí la Cook Expert e hice seitán.

Es la primera vez que hablo de la Cook Expert, a la que yo nombro en femenino, pero ya haré un mensaje más grande sobre ella, que la tengo machacada. No la iba a comprar: iba a ser para un regalo, pero al final me la quedé. Y estoy más que contenta (aunque le vea algún inconveniente, como que los botones deberían ser de rueda, para que el proceso fuera más rápido).

Si tenéis Thermomix o MyCook, los principios y las velocidades son casi los mismos, porque todos estos robots funcionan de la misma manera, así que no es complicado adaptar las recetas.

Ingredientes para un seitán de unos 450 gramos:

  • 150 gramos (1 taza) de gluten
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 15 gramos (3 cucharadas) de levadura nutricional
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • 1/2 cucharadita de orégano
  • 1 cucharada de pimentón dulce de La Vera
  • 65 ml (1/4 taza) de salsa de soja
  • 115 ml (1/2 taza) de caldo vegetal
  • 2 cucharadas de tomate concentrado
  • 2 cucharadas de aceite de oliva

Preparación:

Pon en el bol los ingredientes secos: el gluten, el ajo en polvo, la levadura nutricional, el comino, el orégano y el pimentón y remueve pulsando 5 segundos a velocidad 5 en modo Experto.

Luego añade los ingredientes líquidos: el caldo, la salsa de soja y el tomate concentrado. Pulsa Amasado y pon el programa Pan / Brioche. A mitad de programa, suena el pitido. Raspa las paredes con una espátula para que todo se integre bien y vuelve a pulsar Auto para que el programa continúe. Se hará una bola. Sácala a un bol y amasa un poco con la mano para unirla bien (por si queda masa debajo de las cuchillas, porque es una masa más bien húmeda).

Lava el bol. Yo lleno de agua hasta la señal del vapor, pongo un poco de detergente y pulso el programa Aclarado. Luego enjuago bien.

Haz un rollito grueso con la masa y envuélvela bien, pero que quede un poco holgada, en papel de aluminio.

Rellena el bol hasta la marca de agua del vapor. Pon el cestillo y, encima del cestillo, el seitán envuelto. Programa 45 minutos en la función Vapor y luego deja reposar hasta que se enfríe, dentro del papel para que no se reseque.

Para utilizarlo, yo lo corto en trozos y lo frío en un poco de aceite de oliva para que quede más crujiente.

No tengo Cook Expert:

El proceso es el mismo exactamente. Mezclas, por un lado, los ingredientes líquidos (el caldo, la salsa de soja, el aceite de oliva y el tomate concentrado).

Mezclas, por el otro, los ingredientes secos (gluten, ajo en polvo, levadura nutricional, comino, orégano y pimentón) en un bol grandecito. Haces un volcán y añades los ingredientes líquidos.

Mezclas con una cuchara de madera (yo ya no tengo utensilios de madera: solo de silicona, por las bacterias) y amasas durante 3 minutos. Dejas reposar 5 minutos, amasas otra vez un poquito más (un minuto o así) y envuelves en papel de aluminio. Cueces al vapor 45 minutos y dejas enfriar sin desenvolverlo.

Potaje de garbanzos con verduras

Comencé el año con un resfriado considerable, que me tuvo durmiendo algún día desde las ocho y media de la tarde y con dos cojines para poder respirar, con las mejillas, la nariz y la boca en carne viva y los ojos lagrimosos, lo cual no deja de ser un buen reflejo del estado de ánimo en el que he estado el último mes: lloroso y asfixiante. 

A mí solo se me nota cuando escribo. En la vida diaria, bastante menos porque soy resolutiva y voy a trabajar con humor y esas cosas. El blog es otra clase de reducto: me sirve para anclarme, como una especie de diario en el que cuento muchas menos cosas de las que contaría en un diario escrito a mano (hace siglos que no escribo) y en el que intento diseñar una ruta de autocuidado. No es algo que no haya intentado antes, ojo. Lo intento siempre, de hecho, y en algunas épocas lo consigo y en otras no. He dejado de buscar explicaciones porque me cansé de mirarme. De hecho, el cansancio es una constante.

Tan lloroso y asfixiante ha sido mi mes que, en mi cocina, hay pañuelos por todas partes

Sí es cierto que, cuando retomo la rutina (y aún no he vuelto al deporte, porque comencé el año sacándome la segunda muela del juicio que me tenía que sacar -y mareándome en la operación, por cierto, tres veces-), todo se vuelve más fácil. Pero querría obligarme a hacer más ejercicio por las tardes y eso pasa por no pensar que ir a hacer deporte es “no tener la tarde libre”. A ver cómo me voy apañando en esta reestructuración de pensamiento.

En mi mundo perfecto e ideal, como escribo asfixiadita, con congestión nasal y más mocos de los que pensaba que mis fosas nasales podían acumular en la vida, los cuidados pasarían por relaciones vecinales cohesionadas y perfectas, con la suficiente confianza como para que supieran que no como animales y me hicieran puré y calditos y sopas de verduras, que es lo único que me apetece comer cuando tengo frío en todo el cuerpo. Y que me arroparan. De verdad: necesito que alguien me arrope algún día. Y que me traiga una sopa. Y me la caliente. Y luego recoja y me acompañe a la cama y me dé un besito en la cabeza, me ahueque las dos almohadas que necesito ahora mismo para no morir sin aire en los pulmones y luego se vaya a su casa.

Pero existen los amigos. Y Mané, que antes estaba en la tele y ahora ha venido a la radio y que es el marido de mi amiga Sandra, me hizo una sopa de ajo (ella la odia, pero come fabada de lata. Sin comentarios) y también me regalaron unas cremitas para el cuerpo.

Sopa de ajo hecha por Mané y regalito de Sandra

Y me puse a hacer potajes y cocidos como si no hubiera un mañana. Tenía un montón de verdura del grupo de consumo de Las Huertas del Abrilongo, toda ecológica y de temporada, así que cocino con eso: con calabaza, brócoli, coliflor, zanahoria, acelgas… También tenía una mezcla de pimientos verde y rojo, cebolla y tomate deshidratado que me regalaron, pero, como nadie los va a tener, pues haced un sofrito de tomate, cebolla y pimiento como lo hagáis normalmente (yo, más tomate que pimiento) y tan ricamente.

Ingredientes para 4 raciones de las mías:

  • 280 gramos de garbanzos lechosos puestos a remojo toda la noche
  • 75 gramos de cebolla (1 cebolla pequeña)
  • 100 gramos de zanahoria (un par de zanahorias), cortadas a trozos pequeños, del tamaño de un bocado
  • 275 gramos de calabaza cacahuete
  • 2 cucharadas soperas (25 gramos) de mezcla de pimiento, cebolla y tomate deshidratados
  • 100 gramos de acelgas, limpias y cortadas a tiras
  • 2 cucharadas de tomate concentrado
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 720 ml (3 tazas) de caldo vegetal
Potajito calentito para el invierno helado

Preparación:

He utilizado la Instant Pot, que es una olla rápida, pero eléctrica. Pulsa el botón Sauté y añade 1 cucharada de aceite de oliva. Agrega la mezcla deshidratada de cebolla, tomate y pimientos y la cebolla cruda y saltea unos 5 minutos. Ahora, añade la calabaza y la zanahoria y dale unas vueltas unos 3 minutos más.

Agrega los garbanzos y el caldo. Cancela el programa Sauté y pon la tapa. Ten cuidado de que la válvula esté en posición Sealing y programa en modo manual 15 minutos. Cuando acabe, deja que el vapor salga de forma natural.

Quita la tapa y vuelve a pulsar Sauté. Agrega las acelgas en tiras y sal al gusto y deja cocer unos 2 minutos, hasta que se rindan. Deja reposar un poco y ya lo puedes servir.

Tengo olla rápida normal, de las que se ponen al fuego:

Pues es exactamente lo mismo, pero con la olla en el fuego y sin pulsar botones.

No tengo olla rápida. Solo tengo un perol de los de toda la vida:

Pues también es exactamente igual. Se sofríen los ingredientes, se echan el caldo y los garbanzos, se lleva a ebullición, se tapa y se baja el fuego. Eso sí: tendrás que ir comprobando qué tiempo tardas en cocer los garbanzos.

En los primeros días del año

Escribo esto la noche de Reyes, que es mi primera noche de Reyes sin Reyes de las todas que vendrán. Siempre ha sido la más especial del año. Si yo hubiera estado mejor, me hubiera pedido un libro envuelto para regalo y lo hubiera puesto en algún lugar al que los gatos no pudieran acceder, pero todo ha sido un caos emocional. Cerré varias puertas, descubrí que no sé nada de la vida de una persona con la que llevo hablando casi diariamente desde hace tres años, asumí que los contextos sociales me importan más de lo que yo pensaba y dejé de fumar.

A pelo.

Y me puse hasta el culo de comer.

Una foto que hice en Elvas hace mucho tiempo y que recortó José María Méndez

Y el día 2 de enero me saqué la segunda muela del juicio, me mareé en la operación y he estado mareada tres días. Luego me resfrié, me quedé sin pañuelos, tuve insomnio, me desperté a las tres de la mañana más veces de las que hubiera sido saludablemente necesario; lloré más a menudo de lo que me hubiera gustado, que fue todos los días, y he seguido viviendo como buenamente he podido, sin mucho entusiasmo, sin ningún entusiasmo y obligándome a hacer… Obligándome a hacer cualquier cosa.

Esta ha sido la historia de mi vida desde que recuerdo.

Dicen que, si te obligas, luego vienen las ganas. Yo ya no lo creo, pero qué más da. Sin ganas, limpié la habitación de los gatos y fregué los areneros (pagaría porque alguien me fregara los areneros) y fui a comprar calabacines para hacer puré porque, en algún punto de mi vida, debería comenzar a cocinar y a comer bien.

Eso me dije cuando pedí comida al chino no sé cuántos días (le he hecho el mes de diciembre al chino) y cuando me compré un roscón de 420 gramos lleno de nata para mí sola. Bastante jodida ha sido ya la Navidad como para quedarme sin roscón. Era el más pequeño que había, diré en mi descargo. También diré que me hubiera comido el doble con toda la fruta escarchada de la tierra, porque aquí somos de tortilla de patatas sin cebolla; de fruta escarchada en el roscón, sola y donde haga falta y de piña a la plancha en todas partes, pizza incluida.

Ororo detrás del ordenador mientras yo escribo en el blog

Escribí sobre infancias que no he tenido nunca.

Al final, uno quiere un lugar al que volver: los suelos de terrazo de la infancia en Navidades, los bizcochos de tu abuela, el corral con las gallinas, el perro moviendo la cola y ladrándote de alegría en la cancela, un zaguán, un portal reconocible, ese sofá de la casa de tu amigo, ese amor de carne y sangre y respiración que es tu sola patria. La gente, al fin, porque los lugares, si están vacíos, no son nada.

Yo nunca he tenido cancelas, ni gallinas, ni abuelas que hicieran bizcochos, ni suelos de terrazo, ni amores. Sí algún sofá en la casa de una amiga. También Navidades dormida en un gabinete o un salón, con una veintena de primos más, esperando a Papá Noel y con Miliki cantando Navidad con paz.

Y, realmente, yo escribo esto porque, después de los kilazos que he puesto en Navidades y por dejar de fumar, necesito volver a la rutina. Hasta mediados de mes no podré hacer deporte (llevo desde noviembre sin ir, por un brote de colitis ulcerosa. Las agujetas van a ser una fiesta el primer día), sé que me va a costar la misma vida encerrarme a cocinar (lo sé porque no he hecho el puré de calabacín) y elegir las recetas y hacer la lista de la compra e ir a comprar y asumir un cierto tipo de rutina.

En ese cierto tipo de rutina debería incluir estrenar la pesa rusa y las mancuernas y la colchoneta que compré hace tres años, volver a subirme a la elíptica (es decir, ir al entrenador dos veces por semana y hacer deporte en casa otras dos mínimo), no tardar tres días en recoger un lavavajillas ni dos meses en poner una lavadora ni cinco días en recoger la ropa ni dos semanas en guardarla en los cajones. Que yo no sé si a alguien le cuesta tanto trabajo hacer las cosas más nimias de la vida, pero a mí me cuesta mucho esfuerzo. Unas veces más y otras menos. Últimamente, demasiado.

A ver si estos días acabo con las existencias del congelador (kale, zanahorias, potaje de lentejas) y el fin de semana planifico un menú apetecible, porque el problema que tengo cuando me cuesta cocinar es que, al final, termino comiendo cosas que están pasables, pero no tremendamente buenas. Y, si no están tremendamente buenas, es mucho más fácil comer mal y asaltar la máquina y terminar pensando que total qué más da si ya estás gorda y guapa no has sido nunca.

Qué peligroso es ese total qué más da y qué interiorizado lo tengo.

Ya no le pido cosas al año. No solo porque un año es una convención, sino porque este no pinta bien y para qué vamos a pedir futuribles que no vamos a poder cumplir.

Pero, de verdad, con que las cosas no me costaran trabajo yo me conformaba.