Puré de patatas y boniato

Así de cremoso queda

Siempre dudo a la hora de colgar recetas tan simples, pero luego me recuerdo a mí misma que este blog no se hace únicamente «para los demás»: lo hago por necesidad individual (por eso no es un blog de cocina al uso: de esos hay infinidad en la red y algunos buenísimos, con fotografías mucho mejores que éstas y con la historia al dedillo de cada receta) y para no tener que mirar en no sé cuántos libros qué hice tal día que me gustó tanto.

También me recuerdo que éste es un blog de comida de diario. No pongo en la mesa alta cocina. Pongo comida que está más o menos rica (sí, hay cosas que me gustan menos) y que me nutre. Esta receta también es una manera de reivindicar la comida humilde.

Repito pocas recetas. Como, en general, pocos hidratos (que no vengan de las legumbres o las verduras, quiero decir: o sea, como, en general, poco arroz, poca pasta… salvo el pan del desayuno, que yo soy de tostadas), pero adoro las patatas y los boniatos, así que cuando me llegaron en el grupo de consumo, me dije: voy a hacer un puré, a ver qué tal. Porque nunca he hecho puré de patatas y boniato. Y tampoco había estrenado nunca la mariposa (lo llaman batidor), quise hacerlo con este puré… para descubrir después que, a mí, con los purés muy espesos, como éste, lo que me gusta es usar el programa Smoothie, que queda todo cremosísimo.

Ingredientes para 2 o 3 raciones:

  • 1 boniato de tamaño normal (el mío pesaba 280 gramos una vez pelado)
  • 2 patatas medianas (las mías pesaban 250 gramos una vez peladas)
  • 100 ml de leche vegetal. Yo usé leche de anacardos, que hice muy espesa para otra receta
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Unos toques de pimienta negra
  • Unos toques de nuez moscada

Preparación:

En Cook Expert:

Llena la jarra de agua hasta la marca de vapor. Pon el cestillo de vapor y, encima, las patatas y el boniato cortados en trozos medianitos, no demasiado grandes, pero tampoco minúsculos (de un centímetro y medio de ancho, más o menos) y programa Vapor 30 minutos. A mitad de cocción, dale vueltas para que se cueza todo por igual. 

Comprueba que esté todo muy blandito.

Saca el cestillo, limpia la jarra (retira el agua y seca un poco, no hace falta que la laves) y pon la mariposa encima de las cuchillas.

Mete las patatas y el boniato cocidos en la jarra, añade la leche vegetal y programa 1 minuto 30 segundos, sin temperatura a velocidad 3.

Si las patatas y el boniato están muy blandos, debería bastar. Si no, ponlo un minuto y medio más de nuevo. 

Así queda como un puré machacadito, suave, pero, dependiendo de cómo estén los tubérculos, puede quedar con algún tropezón. Así que yo, que los purés me gustan untuosos, lo que uso es el programa Smoothie una vez y listo. Queda maravilloso.

No tengo Cook Expert:

Es tan sencillo como cocer al vapor las patatas y el boniato durante 30 minutos, en un cocedor al vapor o, también, en tu olla rápida (el tiempo que marque el fabricante, porque las instrucciones suelen venir con un cuadro de tiempos para cada ingrediente). Luego, bate en una batidora con la leche, la sal, la pimienta y la nuez moscada o machaca todo con un machacador de patatas en un bol. 

Brócoli con nata de anacardos

Brócoli con pasta de lentejas caviar

Voy a hacer unas aclaraciones a esta receta nada más comenzar. Una, la calabaza está ahí porque me había sobrado de otra preparación y no la iba a tirar. Dos: se puede hacer con los mismos ingredientes o con distintos, pero de la misma familia. Por ejemplo, yo hice este plato y, en otra olla (pero sin foto, porque es la misma receta), una variación: chalotas y cebollas con coliflor, nata de anacardos y levadura de cerveza.

¿Nata de anacardos? ¿Qué es esto? Pues esto es tan fácil como poner 200 gramos de anacardos a remojo y luego batirlos en la batidora con agua como para que quede una consistencia de nata algo líquida. Esto va en gustos, lo del agua. Comienza con 200 mililitros y luego añade hasta que veas que queda como a ti te gusta (yo soy de comidas muy espesas, lo reconozco y eso no le gusta a mucha gente).

Ingredientes para 3 raciones:

  • 125 gramos de cebolla (1 cebolla mediana tirando a pequeña), cortada a cuartos y, después, a medias lunas
  • 500 gramos de brócoli, las flores y los tallos, pelados y picados en trozos pequeños
  • 150 ml de agua
  • 350 ml de nata de anacardos (arriba pongo cómo se hace) o comprada de almendras
  • 100 gramos de calabaza
  • Sal
  • Pimienta
  • Nuez moscada

Preparación:

Calienta una cacerola grande o una sartén de paredes altas a fuego medio. Cuando esté caliente, añade el aceite de oliva y deja que se caliente también. Ahora, agrega la cebolla con una pizca de sal y deja pochar, removiendo de vez en cuando, hasta que esté transparente, unos 5 minutos.

Ahora, agrega la calabaza y el brócoli y sala al gusto: dale unas vueltas y sofríe unos 10 minutos. Agrega el agua y deja cocer hasta que la verdura esté blanda y se haya evaporado en su mayor parte. Ahora, añade la nata de anacardos, la pimienta negra y la nuez moscada. Deja cocer hasta que espese y sirve.

En la imagen está servido con espirales de lentejas caviar o lentejas beluga, que aportan la ración proteica al plato. Los hidratos, ya sabéis, son absolutamente opcionales, pero la proteína no y las verduras tampoco.

Potaje de garbanzos con verduras

Comencé el año con un resfriado considerable, que me tuvo durmiendo algún día desde las ocho y media de la tarde y con dos cojines para poder respirar, con las mejillas, la nariz y la boca en carne viva y los ojos lagrimosos, lo cual no deja de ser un buen reflejo del estado de ánimo en el que he estado el último mes: lloroso y asfixiante. 

A mí solo se me nota cuando escribo. En la vida diaria, bastante menos porque soy resolutiva y voy a trabajar con humor y esas cosas. El blog es otra clase de reducto: me sirve para anclarme, como una especie de diario en el que cuento muchas menos cosas de las que contaría en un diario escrito a mano (hace siglos que no escribo) y en el que intento diseñar una ruta de autocuidado. No es algo que no haya intentado antes, ojo. Lo intento siempre, de hecho, y en algunas épocas lo consigo y en otras no. He dejado de buscar explicaciones porque me cansé de mirarme. De hecho, el cansancio es una constante.

Tan lloroso y asfixiante ha sido mi mes que, en mi cocina, hay pañuelos por todas partes

Sí es cierto que, cuando retomo la rutina (y aún no he vuelto al deporte, porque comencé el año sacándome la segunda muela del juicio que me tenía que sacar -y mareándome en la operación, por cierto, tres veces-), todo se vuelve más fácil. Pero querría obligarme a hacer más ejercicio por las tardes y eso pasa por no pensar que ir a hacer deporte es “no tener la tarde libre”. A ver cómo me voy apañando en esta reestructuración de pensamiento.

En mi mundo perfecto e ideal, como escribo asfixiadita, con congestión nasal y más mocos de los que pensaba que mis fosas nasales podían acumular en la vida, los cuidados pasarían por relaciones vecinales cohesionadas y perfectas, con la suficiente confianza como para que supieran que no como animales y me hicieran puré y calditos y sopas de verduras, que es lo único que me apetece comer cuando tengo frío en todo el cuerpo. Y que me arroparan. De verdad: necesito que alguien me arrope algún día. Y que me traiga una sopa. Y me la caliente. Y luego recoja y me acompañe a la cama y me dé un besito en la cabeza, me ahueque las dos almohadas que necesito ahora mismo para no morir sin aire en los pulmones y luego se vaya a su casa.

Pero existen los amigos. Y Mané, que antes estaba en la tele y ahora ha venido a la radio y que es el marido de mi amiga Sandra, me hizo una sopa de ajo (ella la odia, pero come fabada de lata. Sin comentarios) y también me regalaron unas cremitas para el cuerpo.

Sopa de ajo hecha por Mané y regalito de Sandra

Y me puse a hacer potajes y cocidos como si no hubiera un mañana. Tenía un montón de verdura del grupo de consumo de Las Huertas del Abrilongo, toda ecológica y de temporada, así que cocino con eso: con calabaza, brócoli, coliflor, zanahoria, acelgas… También tenía una mezcla de pimientos verde y rojo, cebolla y tomate deshidratado que me regalaron, pero, como nadie los va a tener, pues haced un sofrito de tomate, cebolla y pimiento como lo hagáis normalmente (yo, más tomate que pimiento) y tan ricamente.

Ingredientes para 4 raciones de las mías:

  • 280 gramos de garbanzos lechosos puestos a remojo toda la noche
  • 75 gramos de cebolla (1 cebolla pequeña)
  • 100 gramos de zanahoria (un par de zanahorias), cortadas a trozos pequeños, del tamaño de un bocado
  • 275 gramos de calabaza cacahuete
  • 2 cucharadas soperas (25 gramos) de mezcla de pimiento, cebolla y tomate deshidratados
  • 100 gramos de acelgas, limpias y cortadas a tiras
  • 2 cucharadas de tomate concentrado
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 720 ml (3 tazas) de caldo vegetal
Potajito calentito para el invierno helado

Preparación:

He utilizado la Instant Pot, que es una olla rápida, pero eléctrica. Pulsa el botón Sauté y añade 1 cucharada de aceite de oliva. Agrega la mezcla deshidratada de cebolla, tomate y pimientos y la cebolla cruda y saltea unos 5 minutos. Ahora, añade la calabaza y la zanahoria y dale unas vueltas unos 3 minutos más.

Agrega los garbanzos y el caldo. Cancela el programa Sauté y pon la tapa. Ten cuidado de que la válvula esté en posición Sealing y programa en modo manual 15 minutos. Cuando acabe, deja que el vapor salga de forma natural.

Quita la tapa y vuelve a pulsar Sauté. Agrega las acelgas en tiras y sal al gusto y deja cocer unos 2 minutos, hasta que se rindan. Deja reposar un poco y ya lo puedes servir.

Tengo olla rápida normal, de las que se ponen al fuego:

Pues es exactamente lo mismo, pero con la olla en el fuego y sin pulsar botones.

No tengo olla rápida. Solo tengo un perol de los de toda la vida:

Pues también es exactamente igual. Se sofríen los ingredientes, se echan el caldo y los garbanzos, se lleva a ebullición, se tapa y se baja el fuego. Eso sí: tendrás que ir comprobando qué tiempo tardas en cocer los garbanzos.