Salsa de pistachos

En un mes, estaré de vacaciones. Realmente me voy antes, pero pretendo dedicarme a leer y a rascarme la barriga en el sofá, hacer deporte, volver a comer bien (los veranos son la anti-pauta-dietética, porque estoy todo el día fuera). En un mes, estaré viendo teatro como una loca, con gente en casa para cuidar de mis gatos (ladrones, go home, que no hay nada que rascar aquí: los libros en el mercado negro no se venden bien). No he comprado las entradas aún porque primero quería hablar con los chicos de la empresa que va a venir a vigilar que mis gatos no se mueran de hambre. De hecho, no me muevo de España para poder venirme si pasa algo (soy así de histérica, qué pasa). Y programo las entradas porque van a venir tres adolescentes y estoy cocinando para ellos. O lo pretendo, porque no he hecho nada de lo que quería hacer: voy falta de tiempo siempre. El verano para mí es un horror de trabajo y de cansancio. Pero los pistachos le gustan a todo el mundo y esto es poner cosas en una batidora y darle. Yo uso la Nutribullet, que lo hace en un momento. Pero se puede usar cualquier batidora potente. La receta es de The Blossom Cookbook, que es otro de los restaurantes que voy a visitar cuando vuelva a Nueva York.

 

Salsa de pistachos
Salsa de pistachos

Actualización:

Los adolescentes llevan aquí desde el sábado, yo he puesto dos kilos o tres de tanta juerga flamenca y tanto comer fuera y las comidas están siendo divertidas: el maravilloso ragú no les hace chiste (de hecho, he guardado cinco tuppers). La Heura ha triunfado, porque sabe a pollo y solo dos han probado el tofu. Yo me he vuelto una madre: “Pues esto es lo que hay para comer”. Y nos hemos ido un montón de días a tapear. Fuera, puedes hacer lo que quieras. Dentro, no se comen animales. Ay, qué difícil es educar para que unos adolescentes coman verduras…

Ingredientes para unas 2 tazas (cunde bastante):

  • 140 gramos (1 taza) de pistachos crudos sin sal y, por supuesto, pelados
  • 1 cucharada de levadura nutricional
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de sal
  • 1/8 cucharadita de pimienta negra recién molida (unos toques de pimienta, vamos, al gusto)
  • 440 ml (2 tazas) de agua o más (o menos, depende de para lo que lo quieras)
Salsa de pistachos
Salsa de pistachos

Preparación:

Esto consiste en ponerlo todo en una batidora y batir hasta que quede cremoso. No tiene más ciencia. Yo comenzaría con una taza de agua si lo queréis para mojar nachos, por ejemplo. Pero usaría dos si lo queréis como salsa para pasta o aliño de ensalada. Queda cremosa y líquida. Si lo queréis más líquido, añadid agua de cucharada en cucharada mientras batís. También queda maravilloso como salsa para platos de setas. O con verduras al vapor. O con lo que queráis, porque está muy rica, es suave y una maravilla (algún día los frutos secos no serán tan caros: esto es un deseo que no se me va a cumplir en la vida; pero, por pedir, que no quede).

Filetes con salsa al vino

Cuando esto salga publicado, hará dos o tres días que tres adolescentes camparán por mi casa. Con mis gatos. Con carteles en todas las ventanas, para que no las abran. Con orden de no salir hasta las cuatro de la tarde, que yo llego, que tampoco van a querer porque hará 40 grados. Con los quebraderos de cabeza que puede suponer darles de comer durante un par de semanas a tres personas de edades comprendidas entre los 18 recién cumplidos y los 13, que son omnívoros, cuando en mi casa, animales muertos no entran, pero ellos piden hamburguesas de ternera, jamón York y atún. Así que aquí estoy, recopilando recetas que tengan texturas a las que ellos estén acostumbrados y, tratándose de eso, el producto estrella es este. Que he hecho con una receta de lo más tradicional: al vino. Para no meterle muchas especias. Mi madre, lo que usa en la cocina es ajo, perejil y vino blanco. Y pimentón. Todo lo que salga de ahí, pimienta incluida, lo rechaza porque dice que enmascara la comida. Su hija tiene más de 70 especias distintas, en tres muebles. Ver para creer.

Los filetes de no ternera parecen ternera, tienen la misma textura, pero no son ternera. Y a mí esta soja es que me encanta. Estoy un poco harta de soja con textura de esponja marina, sinceramente. Además, el guiso es parecido al que hace mi madre para los filetes de pollo (ella creo que echa media pastillita de Avecrem, pero yo cosas de estas no uso) y me gusta comer platos tradicionales de vez en cuando. 😉

Filetes de no ternera al vino blanco
Filetes de no ternera al vino blanco

Ingredientes para 3 raciones:

  • 150 gramos (1 paquete) de filetes de no ternera
  • Cebolla al gusto (yo uso mucha, aunque en la foto no lo parezca)
  • De 2 a 4 dientes de ajo muy picados, al gusto también
  • Un buen puñado de perejil
  • 50 ml de vino blanco (le podéis echar más)
  • Sal al gusto
  • Pimienta
  • Aceite de oliva
Filetes de no ternera encebollados
Filetes de no ternera encebollados

Preparación:

Pon un litro de agua o litro y medio a hervir. Mientras hierve, actualiza el Facebook y echa los filetes de no ternera en un bol grande. Una vez que hierva el agua, cubre los filetes y pon un plato encima del bol. Hidrata así los filetes 10 minutos. El agua seguirá hirviendo y caliente. Yo, para escurrirlos bien, lo que hago es esperar un poco más. Mientras espero, voy picando la cebolla en cuadritos (una, dos o tres, las que queráis), pelando los ajos y colocando una sartén grande o una cacerola al fuego. A fuego medio. Se añade un chorrito de aceite, que cubra la base (unas 2 cucharadas va bien) y se pocha la cebolla, con un poco de sal, durante 10 minutos. Luego se añade el ajo picado y se da vueltas durante 30 segundos.

El agua no estará del todo fría. Se puede añadir agua fría al bol para no quemarte las manos porque ahora tienes que escurrir la soja y yo la escurro estrujándola. No quiero que me salte todo el aceite. Una vez escurrida, se echa en la cazuela y se va friendo hasta que esté doradita. Esto tarda otros 10 minutos más o menos (depende de lo “doradita” que la queráis. Eliminará agua, así que lo que hago yo es esperar a que la inmensa mayoría del agua se haya evaporado. Luego añado el vino, doy unas vueltas y espero a que se evapore, removiendo de vez en cuando. En este punto añade sal al gusto y dale más vueltas, prueba la sazón y echa más sal y pimienta negra si quieres. Espolvorea con perejil picado (sí, yo echo los tallos también, dan mucho sabor) y sirve.

Se puede comer sola o mezclada con arroz integral, por ejemplo, o bulgur.

Guisanmole y la tragedia

Mi vida está llena de teatro últimamente, como todos los veranos. No solo el obligatorio (hay que ir a grabar los ensayos generales y hay que asistir a los estrenos), sino el que me busco por gusto. Por ejemplo, estoy mirando entradas para ver Incendios, que me la perdí en su día, pero sigue de gira. Si alguien se apunta, bienvenido sea. También quiero ver Yo, Feuerbach y pasarme por el Pavón Teatro Kamikaze (se lo prometí a Miguel del Arco) y ver La Latina por dentro y el Bellas Artes y también le prometí a Luis Luque que iba a ver Oleanna y Dentro de la Tierra.

Acabo de mirar alojamientos. Los hoteles salen, una semana, por más de mil euros y un apartamento para ti sola por 300. Tengo mis muchas reservas por la profusión de apartamentos turísticos y lo que están haciendo con el centro de las ciudades, pero veo lo que cuesta un hotel céntrico con baño y habitación individual y me caigo de espaldas. Porque a eso le tengo que sumar que he de contratar a Can de Luna para que me cuide a los gatos. Sería la primera vez que me voy una semana fuera y creo que la ansiedad por separación la voy a tener yo. Seguiremos buscando.

Además, en pleno Festival, me colé (previa invitación) en una clase magistral de Alberto Conejero: Tentativas de lo trágico en el teatro contemporáneo. Hablamos del surgimiento de la tragedia en Atenas, de la diferencia entre tragedia y drama y de por qué estamos tan necesitados de tragedias ahora, en este principios del siglo XXI. Analizamos las obras de Angélica Liddell (“¿Qué haré yo con esta espada?“), Wadji Mouawad (“Incendios”. Por cierto, Denis Villeneuve la llevó al cine y amamos a Villeneuve, aunque le quitó todo lo teatral -nunca comparo discursos distintos-) y David Harrower (Blackbird). Y aprendí en tres horas sobre historia, concepto y misterio del hecho teatral lo que no he aprendido en once años de profesión. Ahora sabré leer mejor. Es importante leer bien. Hasta los hechos que le han ocurrido a tu propia vida.

Y es importante saber qué diferencia una tragedia de un drama. Al menos para mí, que me enfrento a ellos muchos días del año. Conejero me ha colocado en un punto de partida: yo ya entendía a Antígona (y digo Antígona porque es uno de mis personajes favoritos) y sabía que su conflicto real no era elegir entre la ley natural y la ley social, sino que eligiendo enterrar a Polinices, elige abandonar a su familia, elige morir socialmente, elige el suicidio en vida. Entendía a Antígona, pero no entendía del todo a otros personajes, porque la tradición (la mía, hecha de lecturas y obras de teatro) me los ha entregado mucho más limpios, más asumibles por la burguesía intelectual que somos, con conflictos chiquitos. Y porque siempre he pensado en el teatro como pienso en historias finitas: no en lo que ocurre después. No en lo que sería el espacio entre viñetas en un cómic.

De análisis del discurso periodístico tengo formación académica (y lectora). De análisis del hecho teatral (lenguaje de la tragedia, sus partes, cómo descubrirla, cómo analizarla) no. Y ahora estoy deseando leer mucho más y ver mucho más teatro.

No sabemos enfrentarnos a la muerte, al horror, al maltrato y a la sangre. Ni ponerlos en el centro del relato. Y, sin embargo, nuestras vidas están llenas de todo eso.

Tampoco sabemos deshacernos del yo. El teatro, ahora, la tragedia contemporánea, ha dejado de enfrentar al hombre con Dios y al hombre con la comunidad. Ya no hay Dios, no hay polis, no hay patrias, no hay siquiera familias. Existe la obsolescencia programada, las relaciones son sustitutivas, nos destinan a un sitio u otro, nos mudamos… y nuestro yo siempre está en el centro. Por eso, vamos al teatro y compartimos las fotos, vemos una serie y tuiteamos sobre la serie a la vez que la vemos, usamos el móvil en el cine. Nuestro yo va por delante de todo: de los otros espectadores también. Nos da igual si sacamos a alguien de la obra porque nosotros hemos de hacernos una foto sonriendo. Y chatear si no nos gusta lo que nos están contando. Y joder al de al lado, porque el de al lado no me importa.

Luego nos preguntamos por qué no protestamos contra corruptos y ladrones que gobiernan. Cómo vamos a hacerlo, si nos importa una mierda todo lo que no seamos nosotros.

Cuando surgió internet, era un lugar que creaba comunidad. Había foros de debate, que ya casi no existen. Había trabajo comunitario (traducción de subtítulos, ripeo de películas que no se encontraban editadas en España). Ahora, internet es una marca personal. Se quieren conseguir seguidores y ser un influencer. No se interactúa. Uno se sube al púlpito, suelta su rollo y ya. Ponemos “Me encanta” o “Me gusta” en Facebook, pero hablamos poco, nos paramos poco con los otros. Echo de menos el internet primigenio y echo de menos que haya fotos de comida con el plato pelado y mondado: sin especias por ahí, sin bayas, sin flores.

Lo sé: este es mi blog y en él escribo lo que quiero.

Guisanmole
Guisanmole

Y doy un volantazo, porque somos así de poliédricos y podemos hablar de dolor e individualismo y luego decir: qué rico está esto, aunque no sepa a guacamole. Porque a guacamole no sabe. Sobre todo si no tienes una lata de jalapeños a mano y si recuerdas que los jalapeños pican y que tú, con el Festival de Mérida, ya tienes suficiente descontrol como para meterte picante en el cuerpo.

A esto, Robin Robertson lo llama Cheapamole, pero Sonia Canteli lo llamó Guisanmole y me gusta muchísimo más.

Ingredientes para unos 400 gramos:

  • 2 dientes de ajo sin el germen muy picados
  • 250 gramos (1 taza y 1/2) de guisantes congelados, pero descongelados
  • 150 gramos (1 taza) de alubias blancas cocidas
  • 1 lata pequeña (unos 100 gramos, pesan) de jalapeños, escurridos y picados
  • 45 ml de zumo de lima (3 cucharadas: la receta original pone 2)
  • 1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharadas de cebolla roja muy picada. Yo esto ni lo peso. Cojo media cebolla y jau.
  • 2 cucharadas de cilantro fresco muy picado
  • sal al gusto
  • pimienta negra
  • Yo, como no le eché jalapeños, le puse 1/8 cucharadita de chile en polvo
Guisanmole
Guisanmole

Preparación:

En un robot de cocina o una batidora, pon las alubias, el ajo, los guisantes y los chiles y bate. Puedes batirlo muy bien o dejarlo con un poco de textura. Añade el aceite y el zumo de lima (también puedes usar limón) y bate de nuevo un poco, hasta que se mezclen.

Pásalo a un bol, añade la cebolla y el cilantro y el chile en polvo si lo usas. Remueve, prueba y agrega sal y pimienta negra al gusto. Tapa y refrigera media hora. Sabe mejor el mismo día que se hace, pero yo lo he comido los días posteriores y estaba igual de bueno.

Lo sé, vale. Esto es alta cocina. Es verano: nada de encender fogones.