Seis eran seis

La maja desnuda

Hace nada, me fui a Sevilla y Granada de vacaciones (tengo pendiente post de exquisiteces y algo más), a ver a los amigos, varios días, más de los que he estado fuera otras veces. En uno de los vídeos que me mandaron los chicos de Can de Luna, que se ocupan de mis gatos cuando yo no estoy, se ve a Ororo refregándose contra la reja de gallinero que tengo en la puerta, pidiendo amor.

Desde que llegué, no para de mamar. Su madre la repudió cuando era pequeña, así que ella mama. Hasta que me destroza el cuello.

Así todo el día

Tenemos nuestros ritos. Si está excitada y yo camino por el pasillo, me agacho porque sé que quiere trepar por mi cuello. Generalmente, se larga sola a la habitación y viene cuando quiere socializar. Salvo ahora, que no se despega de mí porque tendría mono de no haberme visto. O eso quiero pensar.

Este año 2020, que está siendo tan horroroso en tantos aspectos de mi vida, estar con ellos (a pesar de mi irritabilidad, que ha sido estratosférica; a pesar de mi brote, que me ha tenido en estado semicatatónico) me ha anclado más de lo que hubiera pensado nunca.

En la mesa, mirándome mientras trabajo

Ahora está aquí, detrás de mí, sentada en una manta porque ha comenzado el frío casi de golpe. Ya comienza a meterse debajo de las sábanas (para afilarse las uñas con ellas, todo sea dicho: si tenéis animales, lo material pasa a quinto plano, aunque yo siga mirando las fotos de decoración) y a acurrucarse debajo de la manta de mi sofá, sin dejarme mover las piernas.

Feliz cumpleaños, preciosa mía. Te quiero con locura y te mereces doble ración de chucherías hoy.

Ayer mismo, con Breíta

El eterno cachorrito

Cajas y gatos

Hace cuatro años, me mandaron una foto de un gato astroso que intentaba lavarse y que acabó en mi baño porque… porque tenía cara de asustado y me dio una pena tremenda. Le busqué casa hasta que descubrí que, cuando le acercaba un dedo, se daba la vuelta para lamérmelo y me enamoré.

Desde esos 15 días en el baño, que he contado en varias ocasiones, este gatito y yo nos hemos ido conociendo. Ahora sé que se tira a plomo desde la estantería a mi cama, haciéndome saltar a mí también. Sé que se lava a todas horas. Que, en algún momento, va a venir a sentarse 10 minutos en mi regazo y que esos 10 minutos van a ser los más preciados. Que luego trepará a lo más alto y que, si acerco el móvil o la cámara para hacerle fotos, se acercará a olisquear.

Qué limpio es mi gatito

Llegó el último a casa y se puso a ocupar todo mi corazón, con esa alma de payaso que tiene y su manía de intentar abrir la puerta del armario para sacar toda la ropa y rebozarse en ella (es experto en estos menesteres). Tiene todos los ingredientes que hace que a mí me guste cualquier ser viviente: es cariñoso a ratos, besa mucho, es limpito, es curioso y es un gamberro.

Jugando sin parar, fíjense en la cola gorda…

Hace cuatro años que llegó. Cuatro años justos que se me han pasado volando porque sigue siendo un eterno cachorro. Hemos vivido, en este tiempo, varias muertes importantes (cuando murió mi padre, se pasó la noche lamiéndome la cara) y una pandemia y un brote grave de colitis ulcerosa que hubiera sido mucho peor sin él y sin Brea y sin Coyote y sin Ororo.

Felicidades, amor mío. Qué suertuda soy.

La boda del año

 

Así comenzó. Era la boda del año, la que llevábamos esperando algún que otro lustro y la que más ilusión me hacía, sin duda alguna.Se casaban dos de mis mejores amigos y yo oficiaba la ceremonia.

Israel y Ángel, molones con sus mascarillas

Israel y Ángel son muchas cosas por separado y muchas cosas juntos también. Israel investiga la cultura popular: es periodista, es antropóloga y es experta en leyendas y misterios y ritos de la región, de tal modo que relaciona narraciones del norte de Extremadura con otros mitos que se cuentan en Europa central. Ella me ha enseñado que lo popular es cultura al mismo nivel que lo es Shakespeare. Todo lo que sé sobre brujas, magas, hechiceras, lobisomes y confesionarios de piedra caliza se lo debo a ella.

Yo oficiando

Ángel ha conseguido que señoras de 70 años vean películas en versión original y se hagan socias del cine club. Es comprometido socialmente (un Orgullo sin Ángel no es Orgullo), es un magnífico organizador, está pendiente de todo y conozco a pocas personas que transformen su localidad y a las personas que viven en ella de una manera tan profunda.

Viendo a quienes les rodean, cómo se han implicado con la boda (decorando, comprando ramos, estando pendientes de todas las necesidades) he pensado en esa urdimbre que hace que la trama se mantenga a lo largo de toda la vida, de ese modo en que uno no sabe siquiera cuándo fue el primer encuentro, cómo se comenzó a quedar, qué fue ocurriendo para que a un día siguiera el otro.

Mamen Briz (primer Goya extremeño) contando anécdotas de su hermano

Altavoces, maquillaje, copas de vino, comidas a mediodía, rizos definidos, pestañas postizas, ponme natural, ponme lo más excesiva que puedas, corazones con arcoiris porque el día siguiente era 28J y había que celebrar Stonewall, champán, más champán, mucho champán, muchas risas y mucho hablar.

Pero este es un blog de cocina y comimos en el Parador. Este fue mi menú y el de Altea, que es la hija de Israel.

Y dos días de recuperación, porque ya tenemos una edad. Una edad magnífica, pero una edad algo… mayor, podremos decir. Una edad de esas de las de ahora que de todo hace ya 20 años.

Pero no importa.

Nos quedan muchos más años juntos.

Jimber y su hija

Sí: es el fotógrafo: el padre de Israel, que además es pintor. Si no conocéis su obra, estáis tardando. Yo le adoro.

Adoro las bodas. Supongo que es porque solo voy a las bodas de gente a la que amo.

¡Vivan los novios!