Esas cocineras veganas que me cambiaron la vida

El 8 de marzo había huelga feminista convocada en infinidad de países. Yo vivo en Mérida (España), una ciudad apática, según los propios emeritenses, en las que siempre nos manifestamos los mismos, salvo el jueves. Yo hice huelga, no ese paro ínfimo de dos horas que se nos pidió (estoy en contra del paro: creo que ha sido una traición ideológica de los sindicatos mayoritarios de mi país). La hice con todas las dudas que conté en este artículo del Periódico: “La opinión es un espacio de poder“. Y se me olvidaron (siempre se aprende) las mujeres con discapacidad intelectual, que salieron conmigo a la Plaza de España desde las 11:30 de la mañana a ocupar las calles.

Concentración en la plaza de España de Mérida. Fuente: Cadena SER

Yo no había visto algo así en la vida. No sé qué consecuencias tendrá. Pero ver a miles de mujeres, en Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Turquía, Portugal… me demuestra que lo mismo es que algo está cambiando en las mentalidades. Que queremos leyes nuevas, espacios públicos colectivos, una nueva política de los cuidados que no recaiga en nosotras y no nos esclavice. Otra manera de ejercer autoridad. Otro imaginario colectivo. Etc.

Este fin de semana lo he pasado cocinando y leyendo. También libros de cocina. El otro día pensaba en que no tenía recetas nuevas para el blog, pero quería escribir más y más variado. Recordé algo que decía mi tío Javier: que las mujeres no estaban en primera línea de la gastronomía (esos renombrados chefs) porque quizá han tenido que cocinar, por obligación, toda la vida. Yo creo que hay más causas, además de esa: una, que no somos competitivas. Otra, que el espacio público y de las noticias en los medios de comunicación corresponde al hombre. El techo de cristal de la visibilización también funciona en áreas que son casi de nuestra exclusividad. Como coser (destacan los modistos). Como cocinar.

Salvo en el mundo de los chefs veganos. Ganan las mujeres. Y son ellas las que me han abierto el camino a cocinar bien, a aprender qué es pochar una cebolla, a saber cuál es la textura que ha de tener una hamburguesa para que no quede durísima, a conocer procesos, a adaptar recetas y a no tenerle miedo a la cocina.

La primera fue Isa Chandra Moskowitz. El primer libro que compré fue el Appetite for reduction. Me enamoré tanto que ahora los tengo todos. En español está la primera edición del Veganomicon y el V de vegano, que en realidad es Isa Does It. Si queréis recetas fáciles y rápidas, este es vuestro libro.

V de Vegano - Isa does it
V de Vegano – Isa does it

A Isa Chandra Moskowitz no se la entiende sin Terry Hope Romero, con la que ha escrito desde el imprescindible Veganomicon hasta enciclopedias de cupcakes, pasteles y galletas.

Pero hay muchas más. Están Kathy Hester, Jill Nussinow, Chloe CoscarelliAllyson KramerDreena BurtonKris Holechek PetersKristy Turner y mi adorada Miyoko Schinner. Todas ellas escriben libros que yo compro compulsivamente… y con plena confianza: siempre saldrá bien. Siempre me descubrirán combinaciones y sabores nuevos. Siempre serán estimulantes.

Hay hombres cocinando, sí, y al frente de restaurantes veganos de renombre. Pero creo que ellas han sido las pioneras y han sido, además, las más visibles, extrañamente en un mundo, el de la gastronomía, dominado también por ellos. Son los referentes, lo mismo que Ginny Messina lo es en nutrición vegana por su cientifismo, su apego a la realidad y a los estudios y su compromiso con el paciente. Y que, en un campo, los referentes sean mujeres es algo que a mí me hace tener esperanzas. El techo de cristal se puede romper. Se debe romper.

Brotes verdes en Cáceres

Desde que abrieron el Brotes Verdes en Cáceres, Pablo y yo siempre habíamos dicho que teníamos que ir juntos. La primera vez que comí allí, el primer fin de semana de febrero, fue sin él. Porque llegó Cristina, la dueña (y la india) de Vegan Place. Y, como no conoce Extremadura, la llevé al Museo Vostell-Malpartida, que es uno de mis sitios favoritos del mundo. Entre otras cosas, por esta obra llena de cigüeñas, que se titula “¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos?”. La he fotografiado de día, de noche, con sol, con nubes, con los nidos que se llevan mucha parte del presupuesto del museo en restauración (pesan mucho). Pero también por el lavadero, por la imagen de los Barruecos que se ve desde él y por otras muchas razones más.

¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos? Obra de Wolf Vostell en el Museo Vostell Malpartida.
¿Por qué el juicio entre Pilatos y Jesús duró solo dos minutos? Obra de Wolf Vostell en el Museo Vostell Malpartida.

Cristina es una mujer muy convincente. Y muy tranquila. Así que, como mi vida personal ha cambiado últimamente por razones que no vienen al caso, me planteó que, teniendo el carnet de conducir como lo tengo desde hace diez años, podría tomar clases de refresco y luego alquilar un coche cuando me apeteciera, con un seguro de conductor. Yo me conozco bien (me conozco muy bien) y, lo de las clases, vale. Pero si tengo que alquilar un coche, vuelvo a pasar otra década sin conducir: yo he de terminar el periodo de readaptación a la carretera con un coche en las manos. Y saliendo y perdiendo el miedo. Miedo que, como tengo estas taras mentales, pensaba que era la única persona que los sufría (a matar a alguien, a que se me abalance un niño a las ruedas, a no ver a un peatón, a matarme yo), hasta que les fui preguntando a todos mis amigos cómo fue su primer viaje. Un horror y muy despacio.

Comienzo en marzo. Que Dios nos coja confesados.

No conozco ningún medio de transporte público que vaya al Vostell, así que, si venís a Extremadura en coche (que será antiecológico, pero nuestras comunicaciones son nefastas en pleno siglo XXI), deteneos también aquí:

Las cigüeñas de Los Barruecos
Las cigüeñas de Los Barruecos

Como venía Cristina e íbamos a pasar el día a Cáceres, nos fuimos al Brotes Verdes, sin Pablo pero con mucho apetito. Es un restaurante que está en uno de los puntos álgidos de Cáceres: una plaza horrible, pero con una vida tremenda. Se llama Plaza Marrón, pero en realidad ni es plaza ni es nada: es un aparcamiento. Eso sí: enfrente está el Psicopompo, en el que hay una vida cultural impresionante. Pedimos sopa de tomate, que es un plato tan típicamente extremeño que yo no lo he cocinado nunca… (como la tortilla de patatas).

Sopa de tomate. Un plato típico extremeño
Sopa de tomate. Un plato típico extremeño

Y ramen, que es más mi estilo porque yo soy de la de los platos exóticos…

Ramen
Ramen

Y también pedimos croquetas de calabaza. Yo adoro las croquetas de calabaza, pero a estas (idea para los cocineros) le hubiera echado nueces también, que le dan un toque brutal. De todos modos, sin nueces también están riquísimas.

Croquetas de calabaza
Croquetas de calabaza

También pedimos falafel, porque somos así de clásicas. Jugosos y con salsa de yogur de soja. Como hay que hacerla. 😉

Falafel
Falafel

Y patatas, zanahoria y yuca con tres salsas. La rosa era de remolacha. Todas eran veganas. No me acuerdo de qué eran las otras dos, pero estaban muy ricas. Sabrosas. Y crujientes.

Patatas, zanahoria y yuca con salsas
Patatas, zanahoria y yuca con salsas

Y de postre pedimos un bizcocho de zanahorias vegano, con su bien de nueces y sus especias y un té pakistaní… de los que no hay foto. Es que llegó el bizcocho y lo atacamos. Como si lo fueran a prohibir. Y a mí se me olvidó coger la cámara. Tendréis que ir a probarlo.

Y yo tengo que volver. Con Pablo. Para probar el resto de la carta. Y con Cristina, cuando vuelva a venir.

Al día siguiente, fuimos a ver el teatro romano y nos encontramos la manifestación del No a la caza. Así que nos unimos. El día anterior, era la manifestación del No a la mina de Cáceres. Fuimos de manifa en manifa…

Y hablamos mucho y nos abrazamos y nos reímos, y desayunamos tostadas con mantequilla de aguacate y especias para guacamole y comimos y nos reímos y hablamos, que es para lo que están los fines de semana compartidos.

No a la caza
No a la caza

Breíta y Coyote – Tres años

Breíta
Breíta

Hace tres años llegó para quedarse días en un rascador sin salir nada más que al arenero, muerta de miedo, maullando por las noches, porque no quería estar sola, pero yo no lo sabía. Sigue huyendo cuando llega gente. Si se quedan mucho tiempo, sale del cuarto en dos días y salta como una ballena varada en el sillón, porque está gorda a pesar de mis esfuerzos para que adelgace.

Brea me produce tantísima ternura que la llamo Breíta siempre. Cuando llego a casa, Huck y ella hacen la croqueta: ella salta sobre sus cuatro patas, a la vez. Si la acaricio, se posa sobre las dos traseras para llegar mejor a mi mano. Me habla mucho (sobre todo cuando quiere que le abra el grifo del bidé: le he comprado dos fuentes y no las quiere salvo para chapotear en ellas y llenarme el pasillo de agua). Cuando dormimos y es invierno, se mete debajo del edredón, pegadita a mi barriga, y me muerde la manga del forro polar y ronronea tan bajito que le tengo que poner el dedo en la garganta para notarlo. Le gusta jugar con Huck a meterse en el túnel sonoro que les compré. Le gusta pelear con Ororo por las tardes y tumbarse a mis pies cuando duermo la siesta.

Breíta y Coyote
Breíta y Coyote. Sí, está Breíta también

Coyote tiene el cerebro jodido porque le abandonaron, así que, cuando no me ve en 10 minutos, se desespera y aporrea la puerta y llora un montón. Es un poco tontorrón, porque no se ha dado cuenta de que la cocina tiene dos puertas. Cuando le dejo entrar, se pone a temblar de la emoción. Creo que nadie me quiere así, qué queréis. ¡Al menos, nadie tiembla cuando me ve! Le gusta estar en la terraza, menos cuando llueve, que no se atreve a salir. Le gusta darme besitos en la cara por las noches. Adora pelearse con Ororo, a veces encima de mi cara. Le gusta estar con Huck y montar a Huck, pero eso solo lo he visto una vez y espero no verlo nunca más, que me crea trauma. A veces se tumba encima de mí y me abraza el cuello con las dos patas y me mira entornando los ojos y ronronea.

Hoy hace tres años que son mi familia. Soy una suertuda.