Dietista enfurecida: el libro

Portada del libro de Virginia

Mañana sale a la venta el libro de Virginia Gómez.

Virginia es, posiblemente, la mayor experta en tripas de España. Y es mi (actual) nutricionista. La podéis encontrar escribiendo sobre nutrición e intestinos y cacas (¿hay alguien que no vaya nunca al baño aquí? Pues de las cacas y los gases hay que hablar más) en varias redes sociales:

Me mandó varios documentos, después de pedirme análisis hasta de la primera papilla que tomé (bah, soy una exagerada: solo los últimos análisis de sangre) y me puso dos pautas dietéticas: una, para cuando estoy asintomática, cuyos objetivos son dos: adelgazar (algún día lo conseguiré) y, cito literalmente, «que tu flora intestinal esté como el Amazonas»; y otra para cuando estoy con brote.

Virginia Gómez, con su cafelito

El libro tiene mucho humor y párrafos como éste (más o menos, que yo tengo los documentos en formato de Word y lo mismo la editorial ha metido mano en alguna cosa). Habla, cómo no, de los influencers gastronómicos de Instagram: «Desayunan tranquilamente irrigados por los rayos del sol (eso de madrugar ya tal), lo menos en 45 minutos, un porridge de finos copos de avena integral ecológica certificada sin gluten, con bebida vegetal de nueces de macadamia, ecológica también (bueno, para abreviar, que todo ecológico) sin azúcares añadidos con una cucharada de chía y otra de avellanas. Acompaña un batido hecho en licuadora de presión en frío con bayas de açaí, de Goji y de cualquier baya que crezca a más de 10.000km de distancia. Fresas y cerezas no son suficiente».

Una cosa así como la que nos muestra Emily

Hasta el coño de boles monos con todo colocado. Pero a ver, que yo me hago un pan tostado, con tomate a rodajas, sal Maldon y un chorro de aceite de oliva y luego lo pongo en la mesa y me lo pimplo intentando que Brea no me robe el pan o se ponga a chupar las migas sin que yo me dé cuenta…

Y Virginia, que fue la primera persona que me habló, hace muchos años, en las I Jornadas de Nutrición de la AEXDN, del trastorno por atracón. Mi viejo amigo al que nunca le había puesto nombre porque yo comía por estrés. En el enlace podéis escuchar la entrevista que le hice a Andrea Arroyo hablando de este tema.

Yo la conocí cuando aún no era famosa.

De hecho, esta foto se la hice yo, en aquellas jornadas

Así comienza el prólogo: «Yo la conocí cuando aún no era famosa». Me lo pidió. Y le dije que sí. Y me hizo muchísima ilusión, porque Virginia es mucho más conocida que yo y podía haber contado con personalidades mucho más potentes. El epílogo, por ejemplo, lo firman Luis Cabañas (si necesitáis un nutricionista oncológico, acudid a él) y Eva Gómez.

Y Carlos Moratilla, de Movêre Psicología, firma uno de los capítulos. Es el único que no he leído y, obviamente, tengo muchas ganas de leerlo porque sé cómo funciona Carlos. Es decir, hay muchos condicionantes para comer de más. O para comer de menos. O para cuidarse. O para no hacerlo. Y los contextos y los modos de aprendizaje y los modos de resolución y el capitalismo y el comer miseria también influyen.

Fernando Blanco (sí, tengo muchos psicólogos favoritos) lo ha explicado aquí. Ojo: es un hilo. Pinchad en el Twitter, que lo explica maravillosamente.

Y aún más. Lo vuelve a explicar, porque cuñados hay tantos…:

En su libro, Virginia habla de la dieta paleo, que a mí no me interesa lo más mínimo porque terminé de los paleos hasta, como diría ella, el tulipán y, por supuesto, también de las dietas vegetarianas y vegetariana estricta (el veganismo asume muchos más posicionamientos que el comer). Y dice:

«Entre las cosas que nos quitan el sueño tenemos la corrupción política, el paro, la aplicación del 155 y que los veganos llamen “hamburguesa” a cosas que no llevan carne».

Otro de los capítulos, que yo veo imprescindibles, es el de la logística. Porque la logística yo la llevo mal. Por eso cocino comidas y cenas, porque, si no, acabo comiendo (sobre todo para cenar) cualquier cosa. Y, si tengo pan en casa, esa «cualquier cosa» suele ser un bocadillo: lo que implica meterme más hidratos para el cuerpo de los que tengo pautados y no ver mucho las verduras, salvo el tomate que le pongo. Pero un tomate es poca verdura. Al menos, para mí. Yo tomo, mínimo, 250 gramos de verduras en cada ingesta (en la comida y la cena y también desayuno con verduras, porque pido tostada de pan integral con tomate a rodajas), o lo procuro, al menos.

Y explica esto, que es algo que también os va a decir cualquier psicólogo:

«Y, por último, pero no menos importante, pensemos: ¿cuál es uno de los hándicaps de acudir a una consulta de dietista-nutricionista? Pues el famoso “así tengo a alguien que me controla y me lleva firme”. Indudablemente esto ayuda y no deja de ser una presión, pero ¿qué puedes hacer para tener un control propio si no puedes permitirte acudir a una consulta privada de nutrición? ¡Haz autorregistros!«

Yo tengo el mío en Trello. También apunto en mi calendario de P.nitas cuándo he comido bien y cuándo me he saltado la pauta y por qué (por ejemplo: «Me comí una tableta de chocolate negro 85 por ciento -sí, muy buena la elección del chocolate: lo de pimplarse la tableta entera en una tarde, no tanto- porque me vino la regla»).

Mi tablón de Trello para registrar las comidas. También tengo uno para el peso y otro para las pautas dietéticas, además de un bullet journal.

Habla del azúcar y de las proteínas, desmenuza los mitos contra las grasas y se fija en otras poblaciones, para desmontar también nuestro etnocentrismo, porque, si algo tiene la nutrición es que, como decía Gaspar Rey, «comer es un acto político». Es política dónde compras, a qué productores sostienes, dónde pones tu dinero. Aunque no valga para mucho en el cómputo global. Algo hará, me digo.

Algo hará.

Si tenéis problemas de tripas, llamadla.

Eliminar la culpa si uno no la tiene, porque hay más factores en tu alimentación que tu fuerza de voluntad: ofrecer información divertida, porque el humor es un ancla; desgranar aspectos relacionados con la salud, como el colon irritable, la dieta baja en FODMAP (no la hagáis por vuestra cuenta, por favor, porque podéis tener problemas: baja ingesta de fibra, falta de vitaminas y minerales…).

Creo que este libro habla de aspectos interesantes, si os importa la nutrición, que generalmente no se suelen tocar tanto, como la fuerza de voluntad, las técnicas para plantearse propósitos a largo plazo que puedan funcionar si realizamos ciertas pautas… Y el tono en el que está escrito es una alternancia entre el rigor y la risa que a mí me tranquiliza mucho, porque creo que la divulgación ha de llegar al máximo número de personas posible.

No se me escapa que el gran público no existe y que, posiblemente, las personas que más necesiten un libro de nutrición o acudir a una consulta de nutricionista y/o psicólogo, posiblemente no lo tengan, porque no hay nutricionistas en el Sistema de Salud (los hay, pero son pocos) y el número de psicólogos es escaso también (y deberían estar en Atención Primaria). Pero nunca sabemos a dónde puede llegar la información. Cómo se pueden expandir los mensajes.

Ojalá podamos. Ojalá os guste este libro. Ojalá los mensajes de Virginia, de Carlos, del resto de los nutricionistas y psicólogos serios de España, comprometidos políticamente, puedan llegar a cuanta más gente mejor.

Vive vegano

Se acaba un enero frío y lento, en el que la inmensa mayoría de la gente habrá visto cómo han tirado a la basura, otro año más, todos sus propósitos del recién estrenado 2020. Yo tenía muchos: siempre he tenido muchos. Llevo siete años intentando estar en normopeso, por ejemplo. Sin conseguirlo. Llevo un par o tres intentando dar el paso de ser vegana de una vez. Queriendo hacer deporte en casa. Queriendo ir más al cine. Queriendo quedar más.

Jenny Rodríguez. Foto de Diversa Ediciones.

Y queriendo reseñar libros que me regalaron hace tiempo, pero de los que nunca escribí. Siguen en las librerías, de todos modos. Pero este me lo dedicó Jenny, a la que no conozco, pero sigo en redes. Es joven: nació en 1994. Cada vez conozco a más gente joven que da el paso de eliminar todos o la mayoría de productos animales de su dieta y su vestimenta: hijos de amigos que consiguen que, en sus casas, poco a poco, vayan aprendiendo que hay modos de consumo que son insostenibles.

Vivir es insostenible, en general. Y, además, nuestras acciones individuales tienen poco peso en el calentamiento global que estamos viviendo, porque nos hemos olvidado de nuestro ser colectivo (qué triunfo del capitalismo: qué sistema tan asombrosamente listo). Pero, ¿cómo saber y no hacer nada? Hay quien quiere no dañar, que es dañar lo menos posible. Y, por esto, por si le sirve a alguien, la primera parte de este libro es un tratado sobre veganismo y sus implicaciones desgarrador y muy bien escrito.

Foto de Jenny en su blog

Y, cómo no: tiene recetas. Porque Jenny cocina. Y, antes, te ha explicado las razones para hacerse vegano (incluidas las políticas, muchas gracias, porque es algo que siempre se suele olvidar en el movimiento animalista) y cómo puedes ir dando los pasos. Cuando uno tiene un objetivo, no hay nada mejor que desmenuzarlo lo más exhaustivamente que se pueda. Haré esto tal día, a tal hora, con tales medios. El primer día y los siguientes.

Para comer bien, hay que cocinar. Y sí: hay recetas sólidas y probadas. Tengo que hacer las gyozas: siempre me digo que he de intentar trabajar con masas, casi diez años cocinando y nunca hago masas porque las asocio (sí, aun sabiendo comer, tengo estas taras que no se me van) con engordar, cuando sería tan fácil como dividir y congelar… Y eso que me compré una máquina para hacer pasta que me facilitaría mucho las cosas. Pues así vamos: sin cumplir los propósitos de año nuevo…

Hay hasta panes y postres suaves y otros mucho más festivos.

Una buena ración de autocuidado puede ser hacer un par de recetas de Jenny para congelarlas y comer sano y rico toda la semana.

Ah. Y, si viajáis, ella también lo hace y tiene otro blog con consejos: Una vegana por el mundo.

Si queréis comprar el libro de Jenny, podéis hacerlo en su blog o en la web de Diversa. Y, sobre todo, lo podéis comprar en las librerías de vuestro barrio.

Vegetarianos ConCienciaDos – Lucía Martínez

Vegetarianos concienciados
Vegetarianos concienciados

Ahora que se acerca la Navidad, un buen regalo que pedirle a los Reyes, si estáis en contacto con gente que quiere ser vegetariana o que está empezando o que no sabe qué pedir para hacer una ingesta normal cuando sale por ahí a comer en cualquier pueblo perdido de la mano de dios (nutricionamiente normal en el sentido que yo le doy: esto es, verduras a cascoporro y proteína de calidad -tofu, soja texturizada, tempeh, legumbres: el natto no lo he probado porque no lo venden en ninguna parte de las que yo conozca-) es este libro del que os voy a hablar: Vegetarianos concienciados.

Lucía Martínez, Dime qué comes
Lucía, en una charla en Extremadura, hace tiempo ya

Lo escribe Lucía Martínez. Es decir, Dime qué comes. Aquí están su Facebook, su Twitter y su Instagram para que, en caso de que no la conozcáis, podáis mirar su trabajo en la red social que más os guste. Pongo esa foto para indicar dos cosas:

La foto se la hice yo. Es decir, nos conocemos. De hecho, la primera pauta dietética que tuve en mi vida me la hizo ella, cuando no hacía pautas dietéticas y trabajaba en el hospital. Ahora no las hace tampoco, ojo. Y le revisé y corregí y añadí y quité cosas de su primer libro, Vegetarianos con ciencia. Este es el libro al que hay que acudir cuando uno se quiere hacer vegetariano, pero no sabe qué raciones comer, ni si le van a faltar proteínas y de pronto se asusta porque toda la gente que conoce le dice que tiene un amigo que acabó en el hospital por ser vegetariano y le pregunta por el hierro hemo y la vitamina B12.

-Estoy de acuerdo en ella en el 99,9 por ciento (tirando por lo bajo) de las cosas que escribe. Sobre todo cuando se mete en política. Porque esto, señores, es política. Y este también, que me encanta, el «Radicales vosotros«. En esta sociedad polarizada en la que, de pronto, la extrema derecha ha irrumpido en un Parlamento que se quiere cargar, eso le ha traído no pocos problemas. Porque mucha gente piensa que, si eres nutricionista, solo puedes hablar de nutrición y el resto del cerebro te lo han lobotomizado. Y aquí ando yo, periodista cultural, con un blog de cocina, política, nutrición y casi psicología, porque de la ansiedad he hablado más de una vez. No, no somos planas. Acostúmbrense.

Vegetarianos con ciencia
Si quieres saber si te van a faltar proteínas, este es tu libro

También tiene la misma lucha que yo contra la industria alimentaria. A mí hasta me revienta comprar leches vegetales a marcas que tienen también leche de vaca (sí, las llamo leches. Y digo: «me estoy tomando un café con leche» y no añado «de soja» porque no me da la gana: a ver si la leche que merece llevar el nombre en mi vocabulario, que es mío porque lo uso yo y porque nombro yo, va a ser la leche de vaca: lo que me faltaba, vamos). Esta empresa, Liquats, solo hace leches vegetales, es española, está en el Montseny, que es un sitio que amo y comercializa las bebidas con la marca Yosoy. No se puede tener mejor declaración de intenciones. Gracias, Vegan Place, por investigar por mí.

En el Montseny, hace años. Qué día más bonito pasé
En el Montseny, hace años. Qué día más bonito pasé

Ese conocimiento de quién es el enemigo hace que el libro tenga un apartado de «vamos a dejar de alegrarnos por cada mierda con sellito Vegan que hay en el supermercado». Puedo contar con los dedos de una mano lo que compro en un súper: lejía, polvos aromáticos para los areneros de los gatos, tomate concentrado, lavavajillas, detergente y suavizante para la ropa, papel higiénico, arroz integral y alguna legumbre española cuando me he quedado sin ellas y no he ido a Semilla y grano (aunque las últimas las compré a granel en una pequeña frutería de Portugal). Y sí: he probado las salchichas veganas de Taifun en algunas ocasiones, pero no forman parte de mi dieta habitual. Y son de Taifun, no de Campofrío, que se reía de los vegetarianos en un anuncio y luego saca una línea de carnes vegetales y ya es guay cuando sigue matando cerdos a tutiplén y siendo poco sostenible medioambientalmente.

Pero antes hay más.

Antes hay un prólogo de Virginia Gómez. Es decir, de Dietista Enfurecida. Adjunto también su Twitter y su Instagram. Por cierto: si tenéis algún problema digestivo, esta es vuestra referencia. Está en el Centro Aleris de Valencia.  Virginia habla de lo que sabemos todos: que, a poco que tengas un pelín de conciencia social, te vas a informar sobre el vegetarianismo y el veganismo y darás el paso. O, cuanto menos, reducirás mucho la carne y el pescado. Y mucho es mucho: no es quitarse el jamón de la tostada del desayuno. Que a mí me encantan los de «yo como poca carne», que, cuando les analizas las ingestas, resulta que comer poca carne es que comen pescado dos veces por semana. Y, cuando comen legumbres, es con su chorizo, porque la carne, todos los sabemos, no es caldo de gallina: es el filete de ternera nada más.

Luego hay una introducción en la que se explica algo muy obvio: ser vegetariano ahora no es como lo era hace 20 o 30 años (sí: había veganos en España hace 30 años). Las cosas han cambiado mucho en estas décadas y están cambiando aún mucho más, de manera muy exponencial, en los últimos años. Surgen empresas como Foods for Tomorrow, se habla de carne limpia, Mommus hace quesos maravillosos… Y hasta la industria cárnica fabrica productos sin ingredientes animales (les interesa vender: y no, no venden solo a los vegetarianos: venden a todo aquel que piensa que un sello verde es sano. Como si en vez de sodio a tutiplén y grasas malas estuvieran comprando dos zanahorias).

Y, sin embargo, hay veganos y vegetarianos felices con esto. Y eso no puede ser. Y yo estoy de acuerdo en que no puede ser. Y de ahí nace también este libro, que a mí me ha recordado en algunas cosas al Main Street Vegan: cómo es ser vegano aquí y ahora, en el Primer Mundo. Por eso hay apartados: en el primero no me detengo porque es un recordatorio de Vegetarianos con ciencia (no, no nos van a faltar proteínas ni nos vamos a morir por falta de omega 3) y un compendio en el que hemos participado unos cuantos contando por qué nos hicimos vegetarianos o veganos.

El meollo que a mí me sirve y que puede servir a personas que estén empezando y no sepan ni cómo comunicarlo en casa, ni qué comer, ni cómo organizarse la compra o qué llevarse al trabajo, viene en los capítulos siguientes, en los que se incluyen, además, recetas fáciles y se habla de algunos productos que a los que siguen comiendo carne les parecen una modernez, como el tofu, que tiene casi 2000 años.

Índice del libro

El primer capítulo que leí es en el que habla de comer fuera de casa. Porque yo, comer en casa, lo tengo más que superado. Realmente como en el trabajo, pero me llevo cuatro fiambreras:

  1. Leche de soja para el té que me tomo en el trabajo.
  2. Ensalada de primero o purés o sopas de verduras
  3. Proteína (tofu, soja, legumbres…)
  4. La media mañana: leche de soja con semillas de chia, frutos secos y una o dos frutas grandes (de 300 gramos a 450 gramos, más o menos: es lo único que me dura lo suficiente como para no asaltar la máquina del trabajo y es lo único que no me puede quitar ningún nutricionista que se precie. ¿Por qué? Porque no solo no asalto la máquina del trabajo. Es que a mí la fruta sola no me gusta, salvo que sean uvas o cerezas o fresas. Yo no me voy a comer en mi vida una manzana sola a bocados. Ni una mandarina. Ni na de na. Una naranja súper ácida sí, pero como a la humanidad le gustan dulces, ya ácidas no las encuentras, carajo.

De comer en el trabajo y comer de menú en restaurantes también habla. Me ha parecido especialmente curioso el de restaurantes veganos y vegetarianos, porque Cristina (Vegan Place) y yo lo hablamos mucho: no puede ser que todos tengan la misma carta, que estamos de guacamole, pizzas con queso guarrucho y hamburguesas hasta el moño.

Pero yo vivo en el páramo extremeño, en el que solo hay uno o dos sitios con opciones y la mayoría de ellos están fuera de la ciudad en la que vivo. Y a mí me gusta salir. Y comer, porque a mí lo que más me gusta es comer. Y en Extremadura, la opción de las ensaladas no vale siempre, porque llevan foie, o pollo, o ahumados y no tienen un tomate rajao que ponerte. Y, además, yo he pasado muchos años (cuatro o cinco) emparanoiada con las proteínas, porque en unos análisis que me hicieron cuando yo comía fatal, pero ya era vegetariana (sí, se puede ser vegetariana y comer mal), las proteínas (uno de los tres valores que hay) me salieron bajas. Mi médico me dijo que ni me preocupara, que era una pollez, pero yo me preocupé. Hay vida allá afuera. La semana que viene voy a llevar el bolso que va a parecer un supermercado (aquí no hay leche de soja en casi ningún bar). Da pautas para tratar el asunto en restaurantes y opciones que tenemos en las que yo no había caído. Porque no me veo llevándome un tupper de soja (entre otras cosas, porque a mí los planes que me gustan son los que surgen sobre la marcha) a un restaurante y pedir que me lo calienten. Me da vergüenza.

¿Qué pasa si nos ingresan? ¿Qué pasa si nuestro hijo nos dice de pronto a los 14 que quiere ser vegetariano -¡hola, Marcos! Qué orgullosa estoy de ti-? ¿Qué pasa si estamos embarazadas? A mí no me ha ocurrido nunca ninguna de las tres cosas y las dos últimas (tener un hijo de 14 años de la noche a la mañana así de golpe y quedarme embarazada, digo) dudo mucho que me vayan a pasar jamás, pero nunca se sabe cuándo te pueden ingresar. De esto también se habla en el libro. Y se dan ideas para organizar menús semanales, para niños, adolescentes y adultos. También se habla de divulgación nutricional, aplicado a gente que quiere divulgar. Pero también puede servir para detectar a quiénes son malos divulgadores. De verdad, hay un sinfín de cuentas de Instagram diciendo gilipolleces sobre la salud. Para empezar, todos los que pongan «Herbalife«, fuera. Seguid a nutricionistas titulados. Hay un montón. Y, si no nombro a Pablo Zumaquero, reviento. Aunque a mí el que me pone es Marc. Pero Marc es para avezados, porque la mitad de las veces no te enteras de por dónde va.

Vegetarianos concienciados, Ororo y mi mesa de lectura y recetas
Vegetarianos concienciados, Ororo y mi mesa de lectura y recetas

Para quién no es este libro.-

  • Para vegetarianos y veganos hipermegasaludables que lleven muchos años de vegetarianismo y veganismo y que tengan el bolso siempre lleno de frutos secos y no hayan probado jamás un postre crudivegano ni una hamburguesa de Taifun ni del Mercadona y lo único considerado «postre» que se llevan a la boca es una onza de chocolate con un mínimo de 80 por ciento.
  • Para personas que busquen información sobre B12 exhaustiva, calcio, zinc, vitamina D y todas esas cosas de las que nunca nos preocupábamos cuando nos poníamos de ternera hasta el culo pero no veíamos una berenjena ni por casualidad. Para ellos, el libro anterior: Vegetarianos con ciencia.

Para quién sí es.-

  • Para vegetarianos y veganos recientes.
  • Para vegetarianos y veganos de larga duración apasionados por cada producto que aparece en el supermercado con el sellito V.
  • Para aquellos a quienes les cueste organizar un menú semanal (a mí me pasa) y estén a veces faltos de ideas (sí, a pesar de los 800 libros de cocina vegana que tengo: la sobreinformación atora).
  • Para nutricionistas que traten con pacientes vegetarianos y no sepan qué opciones tienen porque ellos coman carne y pescado a tutiplén (sí, los hay) y no hayan mirado nunca qué hay en una carta de un restaurante en esta Extremadura nuestra o en la meseta castellana o en Asturias. Por ejemplo.
  • Para quienes se plantean sus modos de consumo.
  • Para quienes quieren ser vegetarianos, pero piensan que es muy complicado comer fuera o comer en el trabajo o comer en un hospital o tener hijos vegetarianos.
  • Para sanitarios en general, aunque me temo que los médicos siguen en su atalaya y no leen sobre nutrición (espero que las generaciones jóvenes estén cambiando eso).

Por la red hay más reseñas menos personales que ésta: yo hablo de mí, que me tengo muy a mano siempre: si no, ¿qué sentido tendría recomendar algo?

Ah: se me olvidada. El libro se llama «Vegetarianos concienciados«. Comer es un acto político. Comprar también lo es. Pedidlo en la librería de vuestro barrio o de vuestra ciudad. Paidós es de Planeta: no hay problemas de distribución. Abandonad Amazon, que es un puto supermercado que lo mismo te vende libros que proteína de suero de leche o estanterías. Fomentad el pequeño comercio. Es indispensable para crear barrio y para crear conciencia social. Y necesitamos sociedades más cohesionadas, más conscientes, más cuidadosas. Nos está yendo la vida en ello.