Recetas fáciles para un encierro

La pandemia ha dejado encerrados en casa a un montón de personas que no sabe cocinar más allá de cocer pasta o arroz y echarle una lata de atún. La cosa se complica si eres vegano, pero, generalmente, los veganos saben cocinar. O sabían, que ahora hay muchísima comida vegana precocinada. Así que voy a colaborar con platos sencillos para que podáis sobrevivir mejor durante este encierro.

Soja con sofrito

QUÉ COMPRO

Hay que tener una despensa bien surtida. Eso, para empezar. Voy a dividir la lista en los grupos de alimentos, para que os sea más fácil:

Proteínas.- Son indispensables en cada comida principal (comida y cena). Podéis comprar legumbres (garbanzos, lentejas de varias clases, alubias de varias clases y soja blanca y verde). Compradlas secas, si queréis aprovechar este encierro para manejaros mejor en la cocina. En los enlaces, al final del post, os pongo cómo cocinarlas con todas las garantías. Si estáis vaguísimos o sois de esos profesores a los que el teletrabajo os tiene liados hasta la noche, comprad botes de legumbres cocidas.

En las proteínas también entran el tofu, el tempeh y la soja texturizada. Si no sois celíacos ni tenéis intolerancias, podéis comprar gluten para hacer seitán, que es lo más fácil del mundo.

Cereales.- Aquí incluimos los arroces, la quinoa, el mijo, la polenta y la pasta, con o sin gluten.

Verduras.- Para esto, lo mejor es hacerte un plan de recetas, comprar tuppers para congelar y dedicar un día a la semana a cocinar. El día anterior decides qué quieres comer y qué ingredientes necesitas. Muchas verduras duran bastante tiempo en la nevera.

Otros ingredientes.- Podéis aprovechar para comprar otros ingredientes, como tahini, natas para cocinar (las hay de avena y de almendra), semillas (sésamo y lino o cáñamo -las semillas de cáñamo son proteína, por cierto-), levadura nutricional o de cerveza y mantequilla de cacahuete, además de leche vegetales. Pasaos también por el apartado de las especias, hasta que llegue el tiempo en que podamos pasarnos por alguna tienda y coged laurel, pimienta negra en molinillo, comino y pimentón de La Vera. También un curry, si lo hay.

Fabada

Las recetas

¿Habrá algo fácil de hacer? Pues mira, si te pones, cualquier receta sólida y bien explicada suele ser fácil, a no ser que no hayas cocido pasta nunca y te pongas a manejar pasta filo y cosas así.

  • Un sofrito es la base de muchas recetas. Con tofu, con lentejas, con soja texturizada. El sofritos es el rey. Todas las culturas tienen su Santísima Trinidad en sofritos. En España, usamos cebolla, tomate y pimiento, pero en Italia usan apio, zanahoria y cebolla, por ejemplo. Puedes hacer sofritos más historiados, como este que propone Su.
  • También puedes hacer tomate frito casero. Es imbatible. En la red hay un sinfín de recetas, como estas de El Comidista. O una fritada de tomate.
  • Los risottos pueden parecer difíciles, o si tienes dos cazos y una cuchara, o puedes hacer. Aquí te dejo el de champiñones y el de berenjenas.
  • Lo más fácil de cocinar, si eres vegano y no te has puesto nunca a ello es la soja texturizada. Si estáis muy vagos, los pinchitos siempre sacan de apuros.
  • Toda la sección de purés del apartado de recetas. Hacer un puré es muy fácil. Las sopas también. Igualito que el seitán.
  • A las verduras puede costarnos más cogerles el punto, pero, en la cocina, la práctica hace al maestro, así que no les tengáis miedo a las verduras. De todos modos con una ensalada de lechuga, pepino y tomate; o un par de tomates a rodajas con orégano y un chorro de aceite hacen mucho apaño.
  • Las legumbres, aunque no os lo parezca, son fáciles de cocinar. Sobre todo si hacéis unas lentejas en crudo: se pone un tomate limpio y picado, cebolla picada y un pimiento picado en una olla con las lentejas (ojo: las lentejas hay que lavarlas en un colador bajo un chorro de agua antes de ponerlas en la olla), añadís una hoja de laurel y luego agua que cubra las lentejas un par de dedos. ¿Cuánta cantidad de lentejas? Si queréis para muchas veces, poned un par de vasos de los de agua. Las legumbres crecen mucho. Llevad a ebullición, tapad la olla, dejad que hierva 30 minutos y luego, id viendo si las lentejas están blandas por el muy difícil método de meter una cuchara, coger algunas lentejas, soplar para no quemaros y comer. Añadid sal (media cucharadita de las de café e id probando) y a comer cuando estén listas. La hoja de laurel no se come. Otra receta de legumbres facilísima son estos garbanzos de Miriam.
  • Que una receta tenga muchos ingredientes no significa que sea difícil.
  • Que una receta implique tiempo, no significa que sea difícil. La cocina tarda, a veces.

Enlaces de la entrada:

  • Cocinar sopas en una olla rápida. Si no tienes olla rápida, lo puedes hacer al fuego. Lleva la sopa a ebullición, tapa la olla, baja el fuego y ponlo a fuego bajito sin que se pierda el hervor (lo puedes comprobar abriendo la tapa, claro. Mi vitrocerámica va del 1 al 9 y lo pongo en el 2 o el 3) y cuece hasta que las verduras más duras (que suelen ser las zanahorias, los boniatos y las patatas) estén blandas. Lo sabrás pinchándolas con un cuchillo.

Cotidianeidad fallida

Imagen de la app My Colitis con los tipos de heces, moco, color y demás parámetros

La primera semana de confinamiento la pasé, como varias de las anteriores, apuntando los datos exactos del color, tamaño, forma, dolor, tipo de dolor y consistencia de mis heces. Uso la aplicación My Colitis, que está en inglés, pero es la más completa que he encontrado. El único punto negativo es el registro de comidas, que es lo más farragoso del mundo, pero para eso utilizo la app de la Monash University.

Tener colitis activa con una pandemia mundial de coronavirus es añadir un plus de desasosiego. O lo sería, si yo no fuera tan inconsciente. Tomo precauciones, pero sin obsesionarme. Uso guantes al salir de casa. Observo las calles, las puertas cerradas, la reja blanca del Costumbres argentinas, mi lugar de desayuno diario en días laborales, el mejor café de Mérida; a las cajeras del Día con las manos protegidas también, pregunto en el Carrefour qué tal lo llevan. Anotar en Trello qué tareas he querido programar para el día de hoy, algunas tan simples como «hacer la cama», que la hago todos los días, pero así me refuerzo. Porque, con anemia, cualquier tarea cotidiana es un esfuerzo titánico.

  • Hacer la cama
  • Recoger el lavavajillas
  • Poner el lavavajillas
  • Redactar una lista de la compra semanal
  • Hacer la cama
  • Poner una lavadora
  • Recoger la ropa del tendedero
  • Doblar la ropa y guardarla en los armarios
  • Dos pastillas de Mezavant y dos de Clipper en el desayuno
  • Glutamina entre las comidas
  • Un supositorio de Claversal y dos Mezavant en las cenas
  • Hierro a la hora de comer, con dos horas de separación entre café y té y con un plus de vitamina C. No hay mandarinas ácidas. Se las echo a la ensalada.

Check, check, check, check.

Ensalada de lechuga con aceitunas y mandarinas

A Ororo le sale otra herida en el cuello y se pela. La curo con agua oxigenada porque ya la tiene seca. La próxima vez que me toque ir a la farmacia, que será en quince días, tengo que hacerme de Betadine.

Se me quema el cargador del ordenador. No voy a pedir un cargador online porque no quiero que venga ningún repartidor más a casa. Vino uno para traer comida que necesitaba, de Vegan Place, y el hierro. Sobre todo el hierro. «Dale una semana», me dijo Cristina. Llevaba cuatro días y estaba mejor de ánimos, pero seguía mareándome.

Leo artículos. Bastantes. Leo a la gente, a mi gente virtual, que se ha quedado sin trabajo o que no sabe cómo va a poder sobrevivir el tiempo que dure la cuarentena. Llamo a la mujer que me limpia la casa para decirle que le pagaré igual aunque no venga, porque yo sí me lo puedo permitir. Comienzo un plan para limpiar la casa a plazos: hoy, mi habitación y los dos baños; mañana, el cuarto de invitados y el de los gatos; pasado, el salón y la entrada. El siguiente, terminar la cocina y darle a la terraza de la cocina.

Pienso en la solidaridad vecinal, que ha hecho que aparezcan cartulinas verdes al lado del ascensor, por si alguien no puede ir a comprar por sí mismo. Salgo a la terraza y me saludan mis vecinas más pequeñas con alegría. Ojalá pudieran bajar a desfogarse.

Me parece una reflexión acertadísima, la de Carlos Barea

El miedo también deja aflorar lo peor, como siempre. No sé qué me esperaba en esta España de la Inquisición. Muchos han defendido denunciar a la policía a sus vecinos que salen a la calle. Delaciones en masa, oigan, venga la barra libre. «Me paso el día en la ventana para ver algo de calle porque me agobio encerrado y ese vecino sale mucho». De ahí se pasa al: «Qué bien que voy a poder llamar para dar por culo un ratito al tipo del tercero, que me cae mal».

No sé dónde ha quedado la capacidad de sacrificio. Lo llamo sacrificio. Pueden poner la palabra que quieran. Detrás de mi casa hay un parque. Me daría igual que las familias con niños se turnaran para usarlo. ¿De verdad a alguien le parece apto que un niño salga a jugar a un parque vacío, sin ninguno de sus amigos? Yo no salgo, pero hay quien lo precisa.

Con lo que ha ocurrido culturalmente en el país, tengo mis opiniones encontradas. Como siempre. La cultura es un sector de resistencia. Enormemente precario. No creo que la gente que antes no la valoraba se haya planteado que, cuando acabe todo esto, deben contribuir a la enorme generosidad de tantos artistas y escritores y cantantes que han liberado sus contenidos. No creo que vayamos a dejar de comprar en Amazon para acudir a nuestras librerías. No sé cuántas librerías sobrevivirán a unos meses de cuarentena. Ni cómo de tocadas quedarán las compañías de teatro. Ni si será tiempo de hacer conciertos. Ni de quiénes irán a esos conciertos, cuando tantísima gente se ha quedado sin trabajo. ¿Volverán esos mismos trabajadores a sus empresas o se abrirán nuevos procesos de selección?

Imagen de 72kilos

¿Qué fractura social dejará esto? ¿Cuánta gente no descubrirá ahora que su casa no es lo que ellos hubieran definido como un hogar, por no hablar del más grave hecho de que hay mujeres y niños confinados con sus agresores?

Obra de Alejandra Caballero

Hablan del fin del capitalismo y de una nueva era de los servicios públicos. Y, sin embargo, yo creo que esto también se olvidará antes de que nos pongamos a privatizarlo todo de nuevo, antes de que el dinero se destine «a lo que realmente importa», que nunca es la cultura, porque la cultura sobrevive a base de pequeñas empresas de autónomos que las crearon para poder contratarse a sí mismos y las plataformas digitales son poderosas y los Ayuntamientos volverán a usar el dinero público para las fiestas de los pueblos, porque las orquestas populares también son cultura (no, no lo son) y no se van a potenciar las cooperativas ni otros modos de gestión. Esos otros modos de gestión que crean ciudades, que sostienen no solo el tejido cultural, sino el barrial (qué sería del centro de las ciudades o de algunos barrios de ciudades más grandes sin librerías ni bibliotecas) y que desaparecen poco a poco porque hay empresas mundiales que cambian los modos de consumo. Esos modos de gestión que implican crear huertos urbanos de autoconsumo, ahora que hemos oído hablar tanto de soberanía alimentaria.

Tampoco habrá conciencia planetaria. Nos preocupamos de Italia, de México, de Argentina, pero no de Irán. Qué pasará en los países africanos, que no están preparados para esto. Cuánta gente va a morir. Cómo se afronta un proceso de duelo cuando no te puedes despedir.

También os digo que, a pesar de mi escasa fe en las organizaciones políticas del ser humano, le pongo ojos rijosos a la idea de equivocarme.

Las diferentes maneras

Hay que mantener una buena rutina de higiene

Vivo sola. Con gatos. Mi ración de palabras diarias, en casa, se limita a decir cosas como: «Hola, bebé», «Hola, bonita», «Ororo, no», «Huck, ven, bonito», «Breíta, ven», «Coyoteeee», «Eso no se lame», «No muerdas los cables», «Ay, mi chica», «Eres lo más guapo de la vida» y cosas así. El teléfono nunca me ha gustado. A mí me gustan los cafés cara a cara, qué se le va a hacer. Más de dos mensajes de respuesta en cualquier red social y tengo ganas de gritar: «Esto no es un chat».

Imaginad lo que supone para mí la hipercomunicación en tiempos del coronavirus. Memes por doquier, siempre los mismos, en varios grupos de WhatsApp. Más videollamadas de las que he hecho en mi vida (qué demonios: nunca había hecho una videollamada: la primera semana fueron tres y propuestas de algunas más). Fotos, mensajes a todas horas, gente que odia el móvil tanto como yo y gente que quiere hacer quedadas virtuales porque se aburre.

En casa yo estoy a gusto. Lo que no llevo bien es la anemia, porque quería cocinar, leer y hacer mucho más de lo que hago. Voy a comprar y me tengo que sentar dos horas porque estoy agotada y me quedo dormida o me mareo cuando camino. Sangrar ocho veces al día tiene también la consecuencia de que aguantas poquito. La colitis ulcerosa viene con su irritabilidad al canto, así que estoy silenciando a todos los amigos que nunca se quejan de los recortes en Sanidad pero que se han transformado en gestores de pandemias en dos días. Imaginad el ánimo que yo tengo para recibir 852 mensajes de móvil todas las mañanas hablando del coronavirus, con vídeos graciosos y fotitos o retos o actividades culturales. Si hubiera visto todas las actividades culturales… Qué coño: imposible ver todas las actividades culturales. Pero si no estoy ni estudiando Psicología porque no puedo con mi alma.

Portada de Eric Drooker.

Sé que cada uno lleva esta situación excepcional de una manera. Yo la llevo bien, por varias razones: una, no tengo estrés, así que no tengo trastorno por atracón y, como llevo dieta baja en Fodmaps, lo mismo la cuarentena me sirve para perder los 10 kilos que he puesto al dejar de fumar. Dos, tengo aficiones individuales: actualizar el blog y cocinar (cosa que he hecho menos de lo que quisiera por la flojera), leer, ver series, estoy estudiando una carrera y haciendo apuntes. Tendría muchas actividades en las que ocuparme, pero veo series solamente por el cansancio que arrastro, aunque, de aquí a que salga publicado ese artículo, espero que el hierro haya hecho su efecto. Tres: hay muchos fines de semana que no quedo con nadie. Y estoy tranquilita en casa, que es exactamente lo que estoy haciendo ahora, pero más días. Además, yo tengo una ventaja enorme:

Salgo a la calle lo estrictamente indispensable: para la baja por la colitis ulcerosa, para comprar frescos y medicinas o para bajar la basura. Es una sensación muy fantasmal: yo procuro sonreír a todo el mundo, porque la gente se aparta para mantener la distancia de seguridad de un metro y hay miradas torvas y de miedo. Me cruzo con cuatro o cinco personas. Con algunos más si voy a un supermercado. Por cierto, muchos hombres.

La última vez que fui a Carrefour, dos tiarrones hechos y derechos se decían uno al otro que, como nunca hacían la compra, no sabían dónde estaban los productos y tardaban mucho. Había una complicidad ahí. Y me dieron ganas de decir: «Ay, sí es que estáis descubriendo que esto cuesta esfuerzo».

El confinamiento va a durar mucho tiempo y, desde el primer día, como el pueblo exagerado sentimentalmente que somos, la gente empezó a contar las horas. Día 1 de confinamiento, decían. Día 2. «Hemos tenido resacas más largas», constataba un chaval en un vídeo.

Luego se sucedieron todos los estados de ánimo posibles. La gente comenzó a tener miedo y el miedo nos hace ser miserables. Se abuchea a la gente que sale a la calle. Se habla contra el gobierno, pero yo no sé si hubiéramos aceptado quedarnos así de encerrados con un caso o dos. Si hay quienes, ahora, con todas las cifras y los muertos en aumento, salen todos los días a comprar el pan o un periódico y lo cuentan por el Facebook.

Yo también decido cuándo salir. Podría salir todos los días a comprar comida: nadie me diría nada: hay gente que lo hace. Pero soy responsable: en un confinamiento, la recomendación es salir de casa una vez por semana, a no ser que tengas alguna patología o alguna condición que precise que salgas más. Los frescos duran varios días en casa y, aunque yo tengo la alimentación más restringida por la dieta baja en Fodmaps, me voy apañando. Además, la recomendación en mi caso (brote activo de colitis ulcerosa y corticoides) es aislamiento extremo.

Pasta sin gluten, con tomate natural (poco) y quorn

Supongo que, si estuviera más activa y no anduviera con esta anemia, tendría más ganas de salir de casa. Ahora mismo, quiero estar tirada en el sofá viendo series. Y con un baño cerca. Antes rezaba para que los corticoides y los supositorios diarios de mesalazina me hicieran efecto, pero ya he perdido la esperanza y creo que me tocará nuevo tratamiento, porque no hay mejoría. Mientras no vaya a peor, todo estará bien. Como vaya a peor, tendremos un problema. Pero cruzo dedos.

M vecina Marta me regaló un bizcocho casero. Para el brote no viene nada bien, pero me lo comí on todo el gusto del mundo

El domingo, mi vecina Marta me regaló un trozo bien generoso de bizcocho de limón, que me bajaron con una cuerda. Siempre nos paramos mucho rato en el ascensor, me ha dicho alguna vez de tomar café, pero nunca hemos quedado.

Mis días los cuento, eso también lo sé, desde una situación cómoda. Trabajo por cuenta ajena en una empresa pública. No van a hacer un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo, lo que significa «despidos») ni soy autónoma. Mis ingresos están asegurados en estos meses de confinamiento (van a ser más de dos semanas, téngalo en cuenta). Vivo en una ciudad pequeña y barata. Mi único foco de posible ansiedad es que no puedo salir de casa por la cuarentena. La familia con la que me relaciono está bien. Tengo Filmin, Amazon Prime, HBO, Disney+ y Netflix. Hay un sinfín de libros en mi casa y muchísima comida en la despensa. Mis gatos me entretienen. Hay un calefactor debajo de mi mesa para estos días de más frío, porque la primavera ha llegado con lluvias.

Me pregunto qué pasará en México, Venezuela, Estados Unidos y Argentina, que son los otros países en los que tengo amigos. Me pregunto qué pasará en África cuando llegue el virus. Y aquí cuando todo acabe. Qué ritos íntimos para poder despedir a los muertos en paz y bien. Qué clase de crisis económica vamos a enfrentar y cómo. No creo que salga «una sociedad nueva» de una pandemia: creo que, como especie, somos un montón de mierda de proporciones considerables con muy poca memoria y que los cuidados seguirán recayendo en las mujeres y que las más precarizadas serán las mujeres y que las que más arrimarán el hombro serán, como siempre, las mujeres y los que se habrán enriquecido serán, como siempre, los dueños de las multinacionales que envían los paquetes a domicilio, para que no tengas que sufrir la incomodidad de salir de casa. Me encantaría que ahora queramos salir de casa. Pero lo dudo. Somos animales de costumbres y las rutinas se vuelven a adoptar fácilmente.

«Brindemos por los momentos que justifican la existencia, por lo que permanece, por las marcas indelebles como cicatrices al sol» 📘 «Brindis» de David Eloy Rodríguez. En «Diáspora. Poetas extremeños en el exilio» editado por Víctor Peña Dacosta para [Ediciones] Liliputienses. Texto y foto de Pablo Cantero en su Instagram.

Ojalá, cuando todo esto acabe, nos veamos más, trabajemos menos, ocupemos los teatros, las pequeñas librerías, los palacios de congresos para ir a los conciertos de la Orquesta de Extremadura (o a la que tengan en sus ciudades), viajemos más para ver a los amigos (hola, Madrid. Hola, Plasencia. Hola, Barcelona), llenemos los restaurantes y apoyemos a todos esos negocios que construyen ciudad.

Y que, cuando haya la enésima huelga o el enésimo paro por la sanidad pública, por la enseñanza pública, por cualquier cosa pública, salgamos a la calle a defenderlo, que eso sí es una guerra, y no digamos que esta gente de qué se queja, si son unos privilegiaos.

Porque, como dice Mario Pecheny (leed este artículo), «nadie se salva en soledad».