Champú y pasta de dientes sólidos de Lamazuna

Voy de gala en gala y de cita literaria en cita literaria y comienzo a necesitar un fin de semana para mí, que no consista en llegar el sábado de una fiesta y pasarme el domingo hasta las once de la noche cocinando (¿hay alguien que se planifique igual de mal que yo? ¿Que compre más de lo que puede cocinar en un día porque piensa que le da tiempo y luego ve que no le da aunque se meta en la cocina a las ocho de la mañana? ¿Soy yo, que cocino lento? Grandes preguntas sin respuesta). Así que tengo pendientes muchos temas.

-Prueba de productos de Lamazuna, que me mandó Cristina de Vegan Place. Ha metido cosmética vegana. Esta BBCream es magnífica y cunde muchísimo.

-El libro de Jenny Rodríguez: Vive vegano, que ha publicado Diversa Ediciones.

-El libro de Lucía Martínez, Vegetarianos ConCienciaDos.

-Varias recetas que tengo pendientes de colgar, junto con algunas que tendría que repetir porque me las inventé yo y me quedaron muy ricas y resulta que me las he comido antes: ni tiempo para hacer las fotos he tenido. Ni ganas, que todo hay que decirlo. Yo, para los dolores, soy lenta.

Eso sí. Mi cafetera, una de cápsulas que me regalaron hace eones, murió y me compré una más acorde con mi modo de pensar, que es una cafetera que utiliza café normal, del de toda la vida y que, además, hace capuccinos y latte machiatos con un montón de espuma. Pero, ¿no tenías una italiana, como todo el mundo? Sí, pero también tengo gatos que se vienen a la cocina por la mañana y, aunque Coyote no se sube a la vitrocerámica, Huck sí que lo hace y no me veía con ese peligro andante todas las mañanas laborales de mi vida, así que quería una cafetera con su enchufe y moler granos de café de comercio justo en una batidora que solo uso para ello y ahora desayuno capuccinos y de vez en cuando me meto un latte para el cuerpo. Con leche de soja, que, como todo el mundo sabe, no crea nada de espuma. Qué de sacrificios tiene que hacer alguien que no toma leche de vaca, oigan. Así no se puede vivir.

Cappuccino con canela. Sin espuma, como podéis ver, porque la leche de soja no crea esp… Oh, wait.

Lamuzuna. Con eso voy primero. He probado el champú y la pasta de dientes.

Champú sólido de Lamuzuna

El champú sólido, sí que lo puedo decir, es el mejor champú que he tenido. Cunde muchísimo, huele maravillosamente bien y, sobre todo, me deja el pelo brillante. Eso, en Mérida, con un agua que tiene cal como para hacer un pueblo blanco, es algo casi imposible de conseguir. Además, se me ponía muy graso y no me aguantaba dos días. Lavarse el pelo todos los días cuando lo tienes graso y cuando, además, le vas a poner nombre a tus folículos capilares, no es muy bueno (según mi peluquera, el dermatólogo dice que sí, que total es pelo: yo no he investigado las cuestiones científicas del asunto, así que no tengo ni idea de si es “malo” o no), así que ya me lavo el pelo día sí y día no. Y sigue suavito. Milagro. Hace espuma. Te mojas el pelo, coges el jabón, te lo pasas varias veces por la cabeza y añades un poquito de agua. Y ya. Es genial. Y dura eones. Yo lo tengo hace mes y pico y está entero.

Pasta de dientes sólida de canela

Ahora bien, la pasta de dientes que yo tengo, pues tiene un problema. No crea espuma. El proceso es el mismo: humedeces el cepillo de dientes, pasas el bastón y te lavas. Realmente, leí por ahí una vez que los dientes se lavan por la acción del cepillo, que lo de la pasta es para tener sensación de aliento fresco. El problema es que, como sabe tan neutra, tú te tocas los dientes con la lengua y sí, los notas sin sarro, pero no te huele la boca como cuando usas un dentífrico industrial. Creo que Cristina, por eso, ha traído el de canela, que es más fuerte y aromático. Este lo tengo que probar, porque me sigo lavando los dientes con el otro… y sigo echando de menos notar que la boca está limpia, aunque lo esté. Las sensaciones, esas cosas tan importantes.

Los realiza una empresa francesa (no sé si hay españolas que hagan cosas así, podéis dejarlos en los comentarios) artesanal y no tienen envases de plástico. Es todo reciclable, porque es cartón, o compostable, como la madera.

También he visto que tienen desodorantes. Yo ando buscando un desodorante que sea efectivo, porque yo sudo. Como todo el mundo, pero a mí me parece que sudo mucho, así que necesito algo que cree barrera. También lo probaré, porque estoy muy contenta con el champú. Sí: son caros, comparados con los productos industriales, pero si tenéis la suerte de tener un trabajo con un sueldo en condiciones, son una opción. Lo digo porque, claro, recomendarle a un mileurista que se gaste casi 12 euros en un champú, no parece lógico ni empático ni nada.

FanCineGay: Mi mejor fin de año

La gala del XXI FanCineGay Extremadura se celebró el sábado 10 de noviembre y así la vivimos. Todas las imágenes son de Visual Nue.

Yo me rodeo siempre de hombres guapos, creativos, inteligentes, interesantes…

No pude desear mejor fin de año. Como ya he contado, Cristina de Vegan Place, se vino a verme porque yo no andaba muy bien y luego un hecho lo acabó de rematar. Este fin de semana fue más especial porque mi amigo Raúl, al que no veía desde hacía año y pico porque, cuando intentamos quedar, o estaba en Arabia Saudí o yo trabajaba, se vino a verme. Y le dije: “pues yo tengo que ir a la gala del FanCineGay, así que nos vamos los dos, nos quedamos a dormir en Badajoz y no te preocupes, que hay un sinfín de gente que no conoces, pero te lo vas a pasar muy bien”.

Acabamos comiendo migas a las siete de la mañana en el Venero. Disclaimer: si vais a pinchar, la empresa es de desayunos con su jamón y su carne, ojo, que en Extremadura, establecimientos veganos solo hay uno recién abierto: el Agave de Cáceres. Pero repito: acabamos a las siete de la mañana comiendo migas en el Venero. Hacía más de 20 años que yo no aguantaba hasta las siete de la mañana, para empezar, y que no acababa la noche en el Venero, para seguir. Al Venero se va en la adolescencia todos los fines de semana. Y luego ya cambias las copas por las cañas y no regresas hasta… hasta que tienes 42 y te corres la juerga padre.

Eva Romero, en el centro de rojo, con sus alumnos de la Escuela de Teatro de Guareña. A la derecha, el director de la gala, Javier Herrera.

Las galas del FanCineGay siempre tienen un motivo (un concepto) en torno al cual gira toda la construcción de la presentación y, también, las actuaciones musicales. El año pasado fueron los colores: los colores que servían para responder a las agresiones, la bandera arcoíris como símbolo de protesta. Este año fue el YO. El yo como reivindicación de un espacio propio, como asunción de la propia identidad real cuando uno nace con el género y el sexo que no les corresponden, el yo que se afirma delante de sí mismo y delante de los demás: este es mi espacio, esto soy, me estoy creando así. Eva Romero fue la presentadora. Nos tenemos un cariño infinito la una a la otra. Nos buscamos en el cóctel de después de la gala y en el bar. ¿Os podéis creer que no nos vimos en toda la noche? Pues no nos vimos. Y, os lo juro, en el cóctel no había tanta gente. Y ella estaba y yo también. Esta foto lo atestigua.

¿Veis a Eva y a la chica que está a su lado? Sí, ¿verdad? Pues bien: ¿veis la cabeza con el jersey negro que está de espaldas? Pues soy yo.

En la gala, además, se ve a los amigos.

Hay un grupo de gente que, en el norte de Extremadura, ha montado un cine club. Se llama El Gallinero. Da igual que no viváis en Jaraíz de la Vera: sus newsletters de cine son las mejores que vais a encontrar. En esta dirección os podéis suscribir. El año pasado, llegó Marc, que es quien las escribe, y nos conocimos por fin. Marc es un tío muy interesante, que apareció allí con su novia, Fanny. Al acabar la noche (que acabó a las tres, creo recordar, para mí) le dije: “Tu novia me gusta más que tú”. Este año lo he refrendado. Qué divertida es, qué cariñosa, qué íntima, qué inteligente, qué desenvuelta, qué placer compartir la noche con ellos, primero en un bar y luego en otro, bailando, hablando, riendo, bebiendo (sí, el alcohol es un neurotóxico y yo no me emborracho desde tiempos inmemoriales, pero qué bien sienta una noche así).

Cuando se escribe más tarde, los recuerdos se desdibujan y quedan solo las sensaciones: ya lo dijo Milan Kundera: la memoria no guarda películas; guarda fotografías. Recuerdo a Ángelo Néstore, poeta magnífico, hablando de soplar para parar el terror que está viniendo, toda la xenofobia y la LGBTIfobia, en un discurso precioso. Le entregamos el premio Leo y yo. Leo ha sido un descubrimiento: espero que haya más oportunidades de encuentro. Hace un par de años, el director del FanCineGay, Pablo, leyó un poema en la Asamblea de Extremadura: quizá fue la primera vez. Durante la gala, yo leí un poema de Néstore, para presentarlo antes de darle el premio: quizá fue también la vez primera. Premiaron a dos escritores: a Isabel Franc y a Néstore. Quizá no os guste la poesía. Quizá solo hayáis leído poesía de pequeños. Pero dadle una oportunidad a ese extrañamiento del lenguaje: toca áreas del cerebro que no se activarían de otra manera. Yo leí este:

Poema de Ángelo Néstore

Los poemas (los buenos) exploran, viven en los márgenes, se preguntan, retuercen y amplían la comunicación. Y, siempre me lo ha parecido, hay un cierto tipo de resistencia en hacer algo que no es mayoritario. Que, de hecho, es muy minoritario. En demostrar que todo sirve y vale, aunque le sirva y le valga nada más que a un centenar de personas. Si queréis adentraros más, podéis escuchar un maravilloso programa de Lara López que se llama Venga la vida. En este, además, salen amigos míos y escuchar a Mario Montalbetti es una maravilla.

Isabel Franc y Ángelo Néstore, los dos escritores premiados este año en el FanCineGay

Pero, como el FanCineGay es también original, premió a un maestro. Un maestro de Educación Infantil. Un maestro que, además, cuenta cuentos y es uno de los mayores expertos en literatura infantil y juvenil que conozco. Lo pueden comprobar periódicamente en su sección de El Asombrario. Y David y yo nos levantamos para aplaudirle, porque es amigo. Se llama Javier Pizarro y, por supuesto, reivindicó también una educación pública, con fondos suficientes y de calidad. Por si se nos olvida lo que costó.

Silvia Tostado y su mujer, Noelia Velarde, con Javier Pizarro.

Un programa de la casa en la que yo trabajo, 168 horas, ganó también un galardón. Fue por este episodio, Somos divers@s. Su director, Diego González, que también escribe y hace cortos y documentales, contó que la primera vez que pidió a gays y lesbianas y transexuales que se pusieran delante de una cámara, consiguió a muy pocos que aceptaran y pocos años después, de este programa se quedaron fuera más de veinte. Eso demuestra lo que ha cambiado la percepción no solo social, sino también la propia, la individual: de ahí el YO que se reivindicó en la gala. La importancia de decir “soy”. Diego se emocionó mucho, lloró (qué importante esto: llorar de emoción) y nos hizo reír también.

Rebeca Aparicio (mujer de Diego y productora del programa 168 horas), Silvia Tostado y Diego González.

Pero estamos hablando de un Festival de Cine y se premia el cine también: Carmen y Lola y el corto Nomeolvides ganaron premio. Los dos hablan de lesbianismo: el corto de Ferran Navarro-Beltrán se centra en el silencio, también, en esa generación de mujeres calladas, que se reconocían sin decirse. Además, hablar con Ferran de cine, de cultura en general, de publicidad y de cualquier otra cosa es maravilloso: eso propicia también el FanCineGay, que acabes compartiendo mesa y cafés con gente que no hubieras conocido de otro modo. .

Ferran Navarro-Beltran y Javier Pizarro

Y fue la primera gala de David. Y David… Bueno, estos tiempos hubieran sido mucho peores sin David. Estaba malito, pero aguantó hasta las migas. Por cierto, hemos descubierto que en el norte de Extremadura se hacen con pimentón de La Vera. Nunca las he probado con pimentón. Habrá que ir a Jaraíz…

Alfonso, Pablo y Karel

En esta foto están Alfonso, que se ha ocupado de la producción del FanCine hasta este año (en que decidió estudiar oposiciones a profesor de Secundaria y se sacó la plaza a la primera), Pablo (su director) y Karel (su madre vino a saludarme para darme las gracias por un artículo y fue emocionantísimo), que ha sustituido a Alfonso en todo este maremágnum. El Fancinegay da mucho trabajo y es estresante y yo supongo que todos los años todo el mundo dice: este es el último. Porque todo cuesta mucho esfuerzo y hay frentes abiertos que no deberían estar abiertos y parece que las cosas salen solas y que se hacen porque hay que hacerlas: no, se hacen porque hay quienes se quitan horas de sueño organizando esto, en muchos municipios de Extremadura, ocupando mucha parte del territorio, hablando con productoras, directores, abriendo concursos de cortos y eligiendo películas por puro compromiso cultural y, en este caso, especialmente, por puro compromiso con construir una sociedad más amable, más acogedora, más cuidadosa y mejor.

Espero que (les) siga mereciendo la pena muchos años.

Puré de calabaza y zanahoria con leche de coco

El 27 de octubre, con los nervios de los primeros encuentros, por las calles de Madrid caminó, hasta llegar a la librería Lé, o a donde fueran antes, el chico que no sabía querer ni cuidar después de haberse hecho al menos 6 u 8 horas de viaje para querer y cuidar. El mismo del no me abraces y no me toques se fue a abrazar y a tocar a Madrid y demostró que sí sabe querer y sí sabe cuidar y sí sabe tocar y abrazar y es capaz de gestos grandilocuentes cuando alguien le importa y cuando alguien le interesa.

Ese alguien nunca fui yo. Ni por los textos que le escribí en una libreta, ni por las veces que compartí lo que hacía: fotos, poemas, libros, entrevistas. Yo compartía, pero nunca sellé nada: ni un gracias por darme un contacto, por ayudarme a maquetar, a corregir día tras día cinco veces seguidas los mismos textos, por llevarme aquí y allá, por aquella foto con Gamoneda, por escuchar y escuchar y escuchar, no voy a poner una foto tuya en Facebook, no voy a leerte, no me gusta que me toquen, yo no sé cuidar.

Hasta que descubrí que sí sabía pero no quería porque no se cuida a un instrumento. Un instrumento se usa y se guarda o se usa y se tira. No es más que un objeto y no vale nada. Por muy funcionales que sean, las cosas no existen. Son solo cosas.

El objeto llora durante una semana todos los días y a todas horas desde que se da cuenta de que el sujeto sí que sabe cómo cuidar y sí que sabe cómo querer y sí que sabe demostrarlo con muchos transportes y mucho dinero. El objeto no duerme bien. El objeto se devasta. El objeto no quiere salir de casa, pero sale y va a una gala que debería haber sido bonita pero llora de nuevo por la noche y se va. No quiere cocinar, pero cocina. Quiere comerse todas las tartas de zanahoria de la tierra, pero hace purés, porque tiene que adelgazar porque el objeto sabe que no es bonito y que no vale nada y que lo mismo si adelgaza puede ser más bonito o por lo menos no ser tan feo. Y deja de escribir y luego escribe porque escribir es la mejor manera que tiene de sacarse el dolor. Escribir y los amigos: Cristina, Chema, Israel, Ángel, Chose, Pupe, Julio, David, Pablo. Y compra verduras y pela calabazas y pone aceite a calentar a fuego medio y congela tuppers e intenta calmar las taquicardias e intenta no llorar todos los días. Y hace purés y se inventa una sopa pero no tiene ganas de hacer las fotos porque no sabe qué contar porque nada de lo que ha escrito ha servido de mucho y también tiene miedo de quedarse siempre así, porque ya ha pasado mucho tiempo.

Así que hace un puré y compra soja texturizada y cocina aunque no tenga ganas y llena los dos congeladores porque noviembre es el mes de su fin de año y porque hay que comer y es mejor no sentirse pesada y no jugársela con la colitis ulcerosa.

Y cualquier cosa caliente en invierno y cualquier cosa con calabaza, zanahoria y leche de coco está rica.

Ingredientes para 5 raciones grandes:

  • 1 kg de calabaza cacahuete pelada y picada en cuadritos
  • 1 cebolleta mediana a cuartos (la mía pesaba 120 gramos)
  • 2 dientes de ajo pelados y sin el germen
  • 300 gramos de zanahorias peladas y picadas a cuadritos
  • Un bote de 400 ml de leche de coco
  • Un trocito de jengibre pelado
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharadita de sal
  • 60 ml de agua

Preparación:

Calienta el aceite 1 minuto a 120º C y velocidad 1. Agrega la cebolla, el jengibre y el ajo y programa 5 minutos a 120º C y velocidad 1.

Ahora tendrás que picar en tandas la zanahoria y la calabaza, porque es mucha cantidad. Pícalas a velocidad 5 durante 1 minutos. Luego, añade el agua y programa 5 minutos a 100º C y velocidad 1, que así se sofríen/cuecen y se pican más.

Añade la leche de coco y programa 15 minutos a 120º C y velocidad 3.

Haz puré con unos toques de Turbo y listo.

No tengo MyCook:

Pon una cacerola grande a calentar a fuego medio y añade el aceite. Cuando el aceite esté caliente, agrega la cebolla y sofríe 5 minutos. Luego añade el ajo y el jengibre y sofríe 1 minuto más. Agrega la calabaza y la zanahoria y dale unas vueltas durante 5 minutos, removiendo de vez en cuando. Si ves que se va pegando, baja el fuego y añade un poco de agua para desglasar el fondo de la cacerola. Agrega la leche de coco y la sal, lleva a ebullición, tapa la olla parcialmente (casi del todo), baja el fuego y deja cocer 15 minutos o hasta que la verdura esté tierna. Mete una batidora de inmersión para hacer el puré y listo.