Berza con pasas

Berza, acelga y hojas de daikon con pasas
Berza, acelga y hojas de daikon con pasas

Ya hice una entrada de la berza o kale o col rizada, donde expliqué cómo se cortaba y cómo se almacenaba. En teoría, este blog debería haber estado lleno, desde noviembre, de recetas veganas festivas navideñas, pero yo soy un desastre organizativo que al final no sabe qué hacer para cocinar hasta cuatro días antes, que elige recetas y recetas de patés y demás. Lo que sí tengo claro es que, desde hace años (desde que me hice vegetariana), las verduras no faltan en la mesa navideña ni después. Entre otras cosas, porque después a veces siguen las comidas navideñas: yo tengo el fin de semana que viene una. Sí: juntarme con gente que vive en distintas ciudades cuando todos tenemos mil compromisos es bastante complicado. Y, como las verduras no pueden faltar nunca, y a mí me encanta comerlas solas, esta receta es maravillosa. Es del The Vegetable Butcher.

Ingredientes:

  • Unos 300 gramos de berza (yo puse berza, acelgas y hojas de daikon: sí, se comen), ligeramente húmedas, después de lavarlas bien.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo picados
  • 2 cucharadas de agua
  • 2 cucharadas soperas bien colmadas de pasas
  • 2 cucharaditas de vinagre de Jerez
  • sal
  • pimienta negra recién molida
Berza, hojas de daikon y acelgas con pasas
Berza, hojas de daikon y acelgas con pasas

Preparación:

Calienta en una olla grande el aceite de oliva, a fuego medio. Añade los dientes de ajo picados y remueve 30 segundos. Luego, agrega las hojas de berza (o de cualquier hoja verde que tengas) junto al agua y las pasas y sube el fuego a medio-alto. Añade sal y pimienta. Cocina, removiendo de vez en cuando (puedes usar unas pinzas de barbacoa) durante 3 o 4 minutos.

Añade el vinagre y remueve hasta que se evapore: tarda uno o dos minutos, no mucho. Ya lo puedes servir. Si quieres, le puedes añadir piñones tostados o nueces.

Puré de guisantes

Hoy es 22 de diciembre y comienza oficialmente la Navidad. Yo mañana me largo a Granada, con esos sobrinos que me regaló una de las personas más definitorias de mi vida hace 18 años, porque es la primera Navidad que pasan sin su padre. Noviembre fue una vorágine de eventos y no he vuelto a ir. No he vuelto a ir y no llevo bien el duelo. Bueno, sí lo llevo bien: sigo de duelo. Y voy a seguir de duelo mucho tiempo.

Conocí a un tipo. Una de esas personas con las que conectas de inmediato y con las que es fácil la intimidad, como hacía 14 años que no me resultaba fácil la intimidad con absolutamente nadie nuevo. Y no se lo he podido contar.

Pensando en él y en otras cosas y en otras historias, escribí un texto en El Periódico de Extremadura que titula Vindicación del dolor. Deberíamos poder relacionarnos mejor con el dolor. Mandar abrazos, hacer comidas, estar presentes.

Luego trabajo, ando haciendo comidas de Navidad (o intentándolo) que colgaré aquí cuando hayan pasado las fiestas, porque me voy a Granada, luego trabajo, luego iré a comprar regalitos, luego saldré de comidas y luego… Pero aquí está una de las recetas que tenía pendientes.

Puré de guisantes
Puré de guisantes

Me encanta cuando, en los libros de cocina, pone que las recetas se hacen en 30 minutos y han pasado dos horas y tú sigues ahí, picando cebolla. Y lo comentas con tus amigas (con esas amigas a las que escribes a todas horas) y te dicen: “Pero tú para qué quieres la MyCook, ¿para picar a mano?” y se te queda cara de gilipollas y te acuerdas de Gina diciéndote “Piensa, Olga, piensa”.

Yo tardo mucho en cocinar. Y, además, voy paso a paso porque, cuando he querido hacer dos recetas a la vez, me he liado con los ingredientes. Admiro a los que, como mi amiga Lucía, tienen cuatro fuegos encendidos y el horno (y no le saltan los fusibles), porque yo, lo máximo que hago a la vez es dejar la crock pot enchufada ocho horas mientras hago otras cosas. Además, si se me ocurre cocinar por la tarde, es mucho peor porque, por la tarde, mis gatos están activos. Y Coyote está enamorado de mí. Y quiere entrar en la cocina a todas horas. Si no le hago caso, aporrea la puerta, maullando de dolor porque resulta que no me ha visto y, cuando la abro, le tiemblan la cola y medio cuerpo de la alegría que siente.

Imaginaos un amor así. Qué maravilloso sería un amor así.

No es el que yo le tengo a la sopa de guisantes. El puré de guisantes lo como porque está calentito en invierno, porque soluciona una cena y porque está rico. Pero creo que mi nivel de exquisitez está ya en la estratosfera y solo lo aplico a las croquetas de Gema. Amo tanto las croquetas de Gema que el sábado pasado me lo pasé cocinando puerro, calabaza y nueces para un risotto que tenía que compartir… solo porque ella me hizo unas croquetas (las más maravillosas del mundo) que llevaban calabaza, puerro y nueces. Pero, como ese risotto no lo monté en casa, sino que me lo llevé a casa de un amigo (me llevé las verduras y el paquete de arroz y el vino en otra parte, quiero decir), no hay foto. Ya lo haré de nuevo, porque tengo calabaza como para parar un tren.

La receta es de Thug Kitchen: Fast as fuck. Amo a estos dos. Si tenéis muchos guisantes partidos y queréis probar más recetas, aquí hay otra bien rica de una sopa al curry.

Ingredientes:

  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1 cebolla grande picada
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1/2 cucharadita de pimentón de La Vera, dulce o agridulce
  • 1/4 cucharadita de curry en polvo
  • 300 gramos (1 y 1/2 tazas) de guisantes secos partidos, puestos a remojo al menos 8 horas
  • 1320 ml (5 tazas y media) de caldo vegetal
  • 2 cucharadas de zumo de limón
  • 1/4 cucharadita de sal
Puré de guisantes
Puré de guisantes

Preparación:

Calienta, a fuego medio, el aceite de oliva en una olla. Sofríe la cebolla durante 4 minutos o así. Añade el ajo, el curry, el pimentón y la sal y cocina 1 minuto más, removiendo constantemente para que no se quemen las especias. Luego, agrega los guisantes escurridos y el caldo vegetal y cocina hasta que estén blandos, que tardará unos 20 minutos. Si los guisantes son viejos, tardan mucho más, ojo. Solo hace falta probarlos y ver cuándo se hacen.

Añade el zumo de limón y bate. Puedes batir parte de la sopa o hacer un puré. Yo hice un puré porque los purés con tropezones los odio. También lo puedes decorar. Yo no lo hice porque luego tenía que congelarla.

Breíta y Coyote – Tres años

Breíta
Breíta

Hace tres años llegó para quedarse días en un rascador sin salir nada más que al arenero, muerta de miedo, maullando por las noches, porque no quería estar sola, pero yo no lo sabía. Sigue huyendo cuando llega gente. Si se quedan mucho tiempo, sale del cuarto en dos días y salta como una ballena varada en el sillón, porque está gorda a pesar de mis esfuerzos para que adelgace.

Brea me produce tantísima ternura que la llamo Breíta siempre. Cuando llego a casa, Huck y ella hacen la croqueta: ella salta sobre sus cuatro patas, a la vez. Si la acaricio, se posa sobre las dos traseras para llegar mejor a mi mano. Me habla mucho (sobre todo cuando quiere que le abra el grifo del bidé: le he comprado dos fuentes y no las quiere salvo para chapotear en ellas y llenarme el pasillo de agua). Cuando dormimos y es invierno, se mete debajo del edredón, pegadita a mi barriga, y me muerde la manga del forro polar y ronronea tan bajito que le tengo que poner el dedo en la garganta para notarlo. Le gusta jugar con Huck a meterse en el túnel sonoro que les compré. Le gusta pelear con Ororo por las tardes y tumbarse a mis pies cuando duermo la siesta.

Breíta y Coyote
Breíta y Coyote. Sí, está Breíta también

Coyote tiene el cerebro jodido porque le abandonaron, así que, cuando no me ve en 10 minutos, se desespera y aporrea la puerta y llora un montón. Es un poco tontorrón, porque no se ha dado cuenta de que la cocina tiene dos puertas. Cuando le dejo entrar, se pone a temblar de la emoción. Creo que nadie me quiere así, qué queréis. ¡Al menos, nadie tiembla cuando me ve! Le gusta estar en la terraza, menos cuando llueve, que no se atreve a salir. Le gusta darme besitos en la cara por las noches. Adora pelearse con Ororo, a veces encima de mi cara. Le gusta estar con Huck y montar a Huck, pero eso solo lo he visto una vez y espero no verlo nunca más, que me crea trauma. A veces se tumba encima de mí y me abraza el cuello con las dos patas y me mira entornando los ojos y ronronea.

Hoy hace tres años que son mi familia. Soy una suertuda.