Salvo el día en que leí

Si no hubiera estado enferma, el confinamiento hubiera ido muchísimo mejor. Me he leído un libro estos días: uno de mil páginas. Ha sido lo que más he disfrutado, sin dudar. Ojalá mi salud me hubiera permitido hacerlo más. Me he pasado más de cuarenta días sentada en una silla con reposapiés, tapada con dos mantas, con varios gatos encima (a veces los cuatro) y enganchada a Filmin, HBO, Amazon Prime, Disney+ y Netflix.

Ororo
Ororo en el baño. Si: no tengo intimidad

El tiempo se me ha hecho espesamente acuoso. Comencé la cuarentena viendo las ruedas de prensa del Gobierno: de todos, del nacional y del autonómico (el mío, el extremeño). Ya no veo ninguna, desde hace un par de semanas, de tal manera que he tenido que preguntar si ha cambiado algo en el plan de cuarentenas, si se había acabado el confinamiento, si se habían dado plazos para que podamos salir algo más a la calle, de manera escalonada.

Se me hizo tan mucoso, el tiempo, que creí que había perdido los papeles de los análisis exhaustivos que me mandó la digestivo (tengo cita a mediados de mayo), cosa extrañísima porque siempre los guardo en el mismo sitio. Supuse que, si no estaban en mi cajón, andarían en mi trabajo hasta que me acordé de unos botes para las heces (sí: la colitis ulcerosa tiene mucho de hablar de cacas) y de que me sacaron un montón de tubos y busqué en los tablones de Trello, que son como mi agenda (Trello es una web para organizar trabajos) y ese papel ya lo había entregado el 10 de marzo.

Cuatro días después comenzó el confinamiento y todo se diluyó.

Coyote durmiendo en el sofá

No recuerdo casi ningún día, salvo el día y medio que leí.

Salvo el día y medio que pude leer.

Los demás han sido una sucesión de reglas cada 12 días, anemias, cansancio, muchas series de televisión, todas las películas de superhéroes que os podáis imaginar, las de Harry Potter, las de Star Wars, The Mandalorian y mi descubrimiento de la temporada: Pure, de Filmin. Una serie estupendísima (2).

Ver series y comer peor de lo que acostumbro, porque las fuerzas que he tenido las he gastado en ir a comprar y no en meterme en la cocina, que es una empresa algo compleja cuando andas sangrando más de 10 veces al día. Así que he sobrevivido a base de gazpacho García Millán (3), que es el más ríco de los industriales que he probado; bolsas de ensalada y hasta un hummus de bote (que los odio).

Yo quería hacer pasta casera, pero en todas partes se ha agotado la harina. Cualquier clase de harina. Primero fue el papel higiénico. Luego, las cervezas. Después, las pipas y los cacahuetes. Ahora no quedan harinas ni levaduras ni palomitas de maíz: me temo que no soy la única que se ha puesto a ver series como si las fueran a prohibir.

Ni la única que está engordando, por lo visto.

Ha fallecido mucha gente durante estos días de confinamiento y no hemos podido estar ni acompañar. Se nos fue Juan Copete, dramaturgo, escritor, adaptador. No le pudimos despedir. Le voy a echar de menos siempre. Le voy a echar de menos cada vez que vea una obra de teatro. Nadie sabe las ganas que tengo de ir al teatro y a un concierto de la Orquesta de Extremadura para poder cenar después.

Y a un bar y a cenar con mis amigos. Y abrazar.

Enlaces de la entrada:

(1) Trello.

(2) Artículo de mi adorado Borja Crespo sobre Pure.

(3) García Millán.

Para suscribirte...
Muchísimas gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estoy harta de spam... :) *