Los primeros quince días

Los primeros quince días de la pandemia los pasé con una anemia de caballo, mareándome cada vez que me levantaba y con el colofón de una regla horriblemente dolorosa que me mantuvo en casa el día que iba a salir a comprar.

Acabé Liar, Succesion, Westworld, Picard, The Mandalorian y no sé cuántas series más. También todas las de Vengadores y de los X Men. Me leí, por fin, el libro de Virginia Gómez.

Ororo con el libro de Virginia. Detrás está Breíta.

Y me dio una llorera un día porque mis gatos no me dejaban dormir. Los saqué fuera a voces, lloré, llamaron a la puerta, les grité, maullaron más fuerte, volví a llorar, perdí los nervios, grité más, lloré, pensé que me estaba volviendo loca, di las gracias por no tener hijos y, como soy una floja, abrí la puerta de la habitación… y, desde entonces, no me han puteado.

Tostadas de pan con aceite y tomate kumato

Cuando llevábamos once días de encierro, las jornadas comenzaron a licuarse. El tiempo fue una cosa esponjosa y lenta, un día era igual a otro: baño, sangre, mareo, dolor, gases, corticoides, simeticona, mesalazina, sangre, hierro, farmacia, dieta baja en Fodmaps, cansancio.

El día 2 cociné. El 2 de abril hice la cama de limpio y cociné. Por vez primera hice algo más elaborado que abrir una bolsa de ensalada y echarle tofu ahumado o pasar por la mandolina unas patatas para ponerlas en la freidora sin aceite.

Patatas

Los altibajos emocionales han tardado más en venir, pero llegaron, porque las hormonas siempre mandan y porque se puede tener estrés de no hacer nada. Duraron poco: mi objetivo ha estado en tener fuerzas para desempeñarme en cautividad (bueno, el resto de la gente lo llama confinamiento) como una persona normal. Es decir, como una persona sana.

Eso sí: no me gustaban las llamadas antes el #yomequedoencasa y siguen sin gustarme ahora. Sí me emociona el contacto. Bajo a tirar la basura, a una hora intempestiva, para no salir de casa más de una vez y me encuentro con el barrendero. No sé su nombre. Yo siempre saludo a los barrenderos: lo hacía antes de todo esto: «Buenos días, caballero». Me ayuda con la basura. Voy a la farmacia. En la farmacia se hace cola. Nadie protesta porque nos detengamos a hablar: eso sí me resulta casi más extraño: que las prisas se hayan diluido, porque ya no tenemos que corriendo a ninguna parte y nuestra casa puede esperar 10 minutos más.

No sé en qué nos cambiará esto. Edu informa por Twitter del fallecimiento de su padre. No quiero imaginar su proceso de despedida. Le mando un guasap. Abrazos. Te quiero.

Mientras los demás luchamos con estados de salud o las hormonas, hay vivencias que esta pandemia está volviendo mucho más dolorosas.

No sé qué clase de cuidados vamos a necesitar cuando esto acabe.

Enlaces de la entrada:

Virginia Gómez es Dietista Enfurecida. Tiene Instagram, Facebook y Twitter. De su libro hablé en esta entrada.

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