En los primeros días del año

Escribo esto la noche de Reyes, que es mi primera noche de Reyes sin Reyes de las todas que vendrán. Siempre ha sido la más especial del año. Si yo hubiera estado mejor, me hubiera pedido un libro envuelto para regalo y lo hubiera puesto en algún lugar al que los gatos no pudieran acceder, pero todo ha sido un caos emocional. Cerré varias puertas, descubrí que no sé nada de la vida de una persona con la que llevo hablando casi diariamente desde hace tres años, asumí que los contextos sociales me importan más de lo que yo pensaba y dejé de fumar.

A pelo.

Y me puse hasta el culo de comer.

Una foto que hice en Elvas hace mucho tiempo y que recortó José María Méndez

Y el día 2 de enero me saqué la segunda muela del juicio, me mareé en la operación y he estado mareada tres días. Luego me resfrié, me quedé sin pañuelos, tuve insomnio, me desperté a las tres de la mañana más veces de las que hubiera sido saludablemente necesario; lloré más a menudo de lo que me hubiera gustado, que fue todos los días, y he seguido viviendo como buenamente he podido, sin mucho entusiasmo, sin ningún entusiasmo y obligándome a hacer… Obligándome a hacer cualquier cosa.

Esta ha sido la historia de mi vida desde que recuerdo.

Dicen que, si te obligas, luego vienen las ganas. Yo ya no lo creo, pero qué más da. Sin ganas, limpié la habitación de los gatos y fregué los areneros (pagaría porque alguien me fregara los areneros) y fui a comprar calabacines para hacer puré porque, en algún punto de mi vida, debería comenzar a cocinar y a comer bien.

Eso me dije cuando pedí comida al chino no sé cuántos días (le he hecho el mes de diciembre al chino) y cuando me compré un roscón de 420 gramos lleno de nata para mí sola. Bastante jodida ha sido ya la Navidad como para quedarme sin roscón. Era el más pequeño que había, diré en mi descargo. También diré que me hubiera comido el doble con toda la fruta escarchada de la tierra, porque aquí somos de tortilla de patatas sin cebolla; de fruta escarchada en el roscón, sola y donde haga falta y de piña a la plancha en todas partes, pizza incluida.

Ororo detrás del ordenador mientras yo escribo en el blog

Escribí sobre infancias que no he tenido nunca.

Al final, uno quiere un lugar al que volver: los suelos de terrazo de la infancia en Navidades, los bizcochos de tu abuela, el corral con las gallinas, el perro moviendo la cola y ladrándote de alegría en la cancela, un zaguán, un portal reconocible, ese sofá de la casa de tu amigo, ese amor de carne y sangre y respiración que es tu sola patria. La gente, al fin, porque los lugares, si están vacíos, no son nada.

Yo nunca he tenido cancelas, ni gallinas, ni abuelas que hicieran bizcochos, ni suelos de terrazo, ni amores. Sí algún sofá en la casa de una amiga. También Navidades dormida en un gabinete o un salón, con una veintena de primos más, esperando a Papá Noel y con Miliki cantando Navidad con paz.

Y, realmente, yo escribo esto porque, después de los kilazos que he puesto en Navidades y por dejar de fumar, necesito volver a la rutina. Hasta mediados de mes no podré hacer deporte (llevo desde noviembre sin ir, por un brote de colitis ulcerosa. Las agujetas van a ser una fiesta el primer día), sé que me va a costar la misma vida encerrarme a cocinar (lo sé porque no he hecho el puré de calabacín) y elegir las recetas y hacer la lista de la compra e ir a comprar y asumir un cierto tipo de rutina.

En ese cierto tipo de rutina debería incluir estrenar la pesa rusa y las mancuernas y la colchoneta que compré hace tres años, volver a subirme a la elíptica (es decir, ir al entrenador dos veces por semana y hacer deporte en casa otras dos mínimo), no tardar tres días en recoger un lavavajillas ni dos meses en poner una lavadora ni cinco días en recoger la ropa ni dos semanas en guardarla en los cajones. Que yo no sé si a alguien le cuesta tanto trabajo hacer las cosas más nimias de la vida, pero a mí me cuesta mucho esfuerzo. Unas veces más y otras menos. Últimamente, demasiado.

A ver si estos días acabo con las existencias del congelador (kale, zanahorias, potaje de lentejas) y el fin de semana planifico un menú apetecible, porque el problema que tengo cuando me cuesta cocinar es que, al final, termino comiendo cosas que están pasables, pero no tremendamente buenas. Y, si no están tremendamente buenas, es mucho más fácil comer mal y asaltar la máquina y terminar pensando que total qué más da si ya estás gorda y guapa no has sido nunca.

Qué peligroso es ese total qué más da y qué interiorizado lo tengo.

Ya no le pido cosas al año. No solo porque un año es una convención, sino porque este no pinta bien y para qué vamos a pedir futuribles que no vamos a poder cumplir.

Pero, de verdad, con que las cosas no me costaran trabajo yo me conformaba.

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9 thoughts on “En los primeros días del año

  1. Ay Olga, hay algunas cosas con las que me siento tan identificada contigo. Yo hoy no tengo roscón ni nada bajo el árbol. Con el dinero que me han regalado (no concibo regalo peor) mañana me iré a autoregalarme, seguro que acierto además.
    Sí he tenido zaguán, cancela, suelo de terrazo, gallinas y un montón de primas alrededor de una mesa o en el zaguán esperando que pasara por la puerta de mi abuela la cabalgata de los reyes. Pero mi abuela no hacía bizcochos, me hizo aborrecer la ternera que había que comer por narices porque tenía mucho hierro.
    Eso sí, tuve, hasta hace exactamente 8 navidades una abuela paterna excepcional, una mujer adelantada a su tiempo y quien ,estoy segura, le debo la cordura.
    Sé muy bien como es eso de que te cueste un mundo hacer las cosas, por eso te deseo más que nada que aparezcan las ganas. Ojalá lo consigas pronto.
    Es obvio que no te conozco, pero por experiencia personal sé que dejar de fumar es echarle muchas ganas.
    Que en los días que siguen las vayas encontrando para el resto de cosas.
    Un abrazo.

  2. Me ha gustado mucho leer tu post, porque aunque te noto triste, también es una tristeza cotidiana que echaba de menos en estos días que todo es alegría y hay que estar contenta si o si.

  3. Perdone usted, señora, pero siempre ha sido la más rápida con el teclado a este lado del Guadiana. Y esta vez, a lo mejor, se ha precipitado. Porque le recuerdo que al menos en Reyes, no está usted sola. Le recuerdo que tenemos reserva en el restaurante para comer juntos nuestra última comida chunga de las fiestas antes de volver a cuidarnos como usted y yo sabemos. Y le comunico, (aunque era una sorpresa, que haces hablar a las piedras) que los Reyes se han pasado por nuestra casa para dejar un regalito a su nombre. Se ve que no ha sido usted muy mala este año, señora. Y el que viene será (ya se lo digo yo) mucho mejor. Hacia atrás, sólo para coger impuso.

  4. Y después de escribirte el primer comentario ha llegado un roscón a casa, y ahora estoy oyendo Las perras de Paulov y cómo sobrevivir a las navidades, a ver si tomo nota para próximas.

  5. Son duras estas fechas, lo se, también me pesan cargas. Espero que sientas que el año mejora. Por el comentario de Alista te se querida y cuidada. Deseo que los Magos de Oriente te traigan la energía de la gratitud, cuando nos centramos en ella, las cosas cambian.
    Te envío un cálido abrazo ??

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