Alguien tendría que hacer algo

Algún día, cuando pase un tiempo y lo mismo no haya servido de nada, o sí (espero que sí), o cuando comience a perder la fe en las luchas colectivas, me acordaré de este tweet.

Haced algo, respondí.

Haced algo por mí, porque considero que un Colegio General de la Psicología no solo debe amparar a los psicólogos, sino y sobre todo (sí: sobre todo) a los pacientes.

En el hilo de Ricardo de Pascual (sí: algún día abrazaré muy fuerte a ese hombre) hay muchas conversaciones paralelas. Una es esta (si pincháis en los tweets, os lleva al hilo en cuestión):

Y la otra esta:

Y sí: así comenzó Dietética sin Patrocinadores y así comenzaron a renovarse las asociaciones de dietistas-nutricionistas en España. Porque alguien se quejó. Porque alguien dijo: «Habría que hacer algo».

Y de este algo salieron muchas charlas, muy rápidamente, como si estuviéramos en un bar. Así funciona Twitter, con hilos y sub-hilos y otras madejas que van tejiendo la trama. Este es uno de los más interesantes:

Pero se detonó la cosa cuando Eparquio Delgado escribió:

Y Chema dijo:

Y así entré yo. Se lo debo a mi alma de portera.

Y, con esta frase de Eduardo Polín, organicé un blog (otro), hice publicidad y notas de prensa, compartí en redes muchos llamamientos y comencé a hablar con 21 psicólogos a todas horas. En mi vocabulario actual hay palabras y expresiones como «iatrogénico», «elicitar respuestas condicionadas», «terapias de tercera generación» o «contingencias operantes» (sigo sin saber qué significa ninguna de ellas):

He pedido un nuevo programa en la radio. Se va a llamar «Las perras de Pavlov», será semanal, comenzaremos la segunda semana de febrero (la primera tengo una colonoscopia y voy a estar un poco liada) y la sintonía es esta:

La Carta al COP es, creo, la cosa de la que más orgullosa me siento de todas las que he hecho en los últimos años. Y, os lo aseguro, hago muchas cosas. O lo intento, con mayor o menor fortuna, depende de cómo esté. Que ahora no ando muy bien. Si anduviera bien, no hubiera conocido a esta gente ni hubiera dedicado una semana de vacaciones entera, después de Navidad a montar un cisma en el Colegio de Psicología, que salió en muchísimos medios. En Eldiario. En El País. En El Periódico. Y en El Faro de Vigo.

He aprendido de psicología más en quince días que en los años que me he tirado en terapia. Por ejemplo, varias de las cosas que escribí aquí, en el post «Depresiones funcionales o cuando todo cuesta mucho esfuerzo«, ya no las pienso. Sobre todo la parte clasificatoria. Me quedo con que es una respuesta adaptativa… pero a muy corto plazo, porque luego ya no te sirve.

La pelota está en el tejado del Consejo General de la Psicología de España. Yo no me atrevería a tirar a la basura unas firmas entre las que están decanos de colegios autonómicos, investigadores, catedráticos, profesores de Universidades y profesionales muy reconocidos, pero en las organizaciones todo puede pasar.

Lo que no puede pasar es que, después de la lucha por ser considerada una profesión sanitaria, uno piense que hablar soluciona una depresión, que el psicoanálisis es efectivo, que se pueden hacer constelaciones familiares o que algo que podría ser considerado pseudoterapia lo mismo funciona.

Los pacientes no merecemos eso. Merecemos estar bien lo antes posible. Porque puede que quien sea no tenga la suerte que he tenido yo: primero, la de darme cuenta de que no funcionaba. Segundo, la de saber cómo buscar. Tercero, la de decidir con quién me quedaba. Y cuarto, la de intentar cambiar el modo en que un paciente puede saber quién es fiable y quién no lo es.

Me he hecho un máster en quince días. Si alguien me lee y precisa de algún profesional, que me silbe. De verdad. Al menos no va a gastar dinero en balde.

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