Veganeando por Granada

Granada desde el Paseo de los Tristes.

-Recuerdo cómo abrazabas a mi padre.
-Es que yo a tu padre le quería mucho.

Me lo dijo, después de cenar, la hija mediana de Jandro. En mi Facebook, durante cinco días, el año pasado, no sale ningún recuerdo: ni actualicé, ni podía, ni quería. Las cosas importantes no se cuentan ahí, aunque el resto del tiempo parezca una impúdica. Volví a irme a Granada este año. Comencé a llorar en el autobús de ida (“vosotros estáis en vuestra casa y ya no lo notáis tanto, pero, para mí, llegar a la estación y que no esté vuestro padre…”) y terminé de llorar en el autobús de vuelta, cólico menstrual mediante que me tuvo postrada viendo de golpe las dos temporadas de Stranger Things.

Te compré una gerbera roja.

Los niños no me dejaron pagar nada. Y, tras un día casi sin comer, porque justo antes de salir a Granada firmé un contrato indefinido tras doce años presentándome a exámenes y cogí el bus (sí: cogí un bus: ahora que tengo coche, descubro que me sale mucho más barato el bus para ir a Granada y, además, tengo una tendinitis que me hubiera impedido conducir aunque me hubiera atrevido a circular cinco horas yo solita), nos plantamos en el Hicuri Art Vegan. Y comimos muchas cosas ricas. Bueno, comimos Marcos y yo, porque Miriam tenía la boca llena de llagas y la pobre, comer, no ha comido mucho estos días.

Aperitivo de zanahorias con salsa de yogur

El camarero que nos atendió era majísimo. Majísimo, eficiente y de todo lo bueno. No tenían bacon, así que nos puso aguacate en las hamburguesas. Y el aguacate siempre ganará por goleada a cualquier bacon y a cualquier cosa. Como si me quieres poner un bocadillo de aguacate solo. Aquí, la hamburguesa Hicuri:

Hamburguesa Hicuri

Y aquí, la hamburguesa de pollo que se pidió Marcos y que es una cosa exquisita. Marcos es vegetariano desde hace meses (Jandro, la de cosas que te estás perdiendo es que ni te las imaginas).

Burger estilo pollo con patatas
Burger estilo pollo con patatas

Miriam se pidió una lasaña de verduras súper suave que, como tenía tomate, no se pudo comer, porque le dolía la boca una barbaridad, así que acabó en mi estómago.

Lasaña

Y, de postre, como estamos concienciados de no engordar (yo: ellos están en normopeso) compartimos una tarta crudivegana de queso. Una cosa voluptuosa y riquísima. Ha sido mi primera tarta crudivegana. Nunca las había probado. Hay que reconocer, también, que a mí me ponen algo ácido encima de una tarta y soy feliz y aquí había fresas y frutos del bosque y todo esto… con una base exquisita y crujiente.

Tarta crudivegana de queso

Al día siguiente pedimos comida de El tablón verde. Salmorejo, tortilla de patatas vegana y cuscús con verdura, que Miriam adora pero que tampoco se pudo comer.

Salmorejo. Sí, me acabo de dar cuenta de que la foto está movida

Eso sí: si queréis comer una tortilla de patatas como Dios manda, pinchad en Kiss the cook, que la de Gema es imbatible. Esta no está mala, yo me la comí con todo el gusto del mundo, pero después de haber probado la de Gema… Es que solo se le parece la de mi madre… (sí, mi madre cocina muy bien).

Tortilla de patatas. Como la de Gema no hay otra.

Y, viendo este cuscús con su mucho pimiento, pienso que debería poner algún día una receta de cuscús: cuando vuelva a comer hidratos en las comidas principales, que me los estoy recortando del todo estas semanas en previsión de lo que va a pasar durante el puente de octubre y el siguiente…

Cuscús

También (esto es un rito) nos fuimos a desayunar churros a la plaza de Bib-Rambla. Cada vez que iba a Granada, Jandro y yo lo hacíamos, así que ahora lo hago con sus hijos. Los churros, en Granada, que no falten. Además, tienen leche de soja, con lo cual yo soy muy feliz. En Extremadura hay muy pocos sitios donde tengan leche de soja. Te ofrecen sin lactosa. No quiero leche de vaca, señores: no es lo mismo una leche vegetal que una de vaca…

La tradición de los sábados

Al día siguiente, después de habernos comido la tostada, llegó Gina con más churros y redesayunamos. Porque lo mejor de los domingos es el re-desayuno. De eso no hay foto porque nos abalanzamos sobre ellos como si no acabáramos de comer. Además, estábamos muchos en casa porque el día anterior se quedó a dormir Cristina, que es la mejor amiga de Miriam.

Aprovechamos que íbamos a quedar ese sábado por la noche para comenzar la juerga por la tarde e ir al Mimimi y tomar café y tartas veganas.

Detrás están las gafas molonas de Miriam. Cuando adelgace, sé quiénes me van a llevar de compras…

Realmente empezamos por la mañana, viendo una exposición de instrumentos de tortura en la Inquisición, pero les ahorro las fotos del horror. La tarta de zanahoria y la de chocolate son mejores:

Tarta de zanahoria vegana

Lo sé: no tenemos fondo.

Tarta de chocolate y plátano

Por la noche, fuimos al Páprika. Qué calor, porque no hay aire acondicionado. Pero lo cierto es que, una vez dentro y pasado el primer golpe de calor, te acostumbras y ya no tienes. Del Páprika ya he hablado en otra entrada, pero probamos otros platos. Entre ellos, el Dip it, que es un entrante con muchos untables. Riquísimo:

Desde arriba y en el sentido de las agujas del reloj: hummus, salsa de remolacha, guacamole y algo que no sé qué es pero que fue lo primero que se acabó porque Cristina y yo le metimos mano que daba gusto

Marcos pidió las fajitas y yo, como estaba llena de la tarta del Mimimi, una quesadilla de tofu con tomate.

Quesadillas de tofu con tomate

Obviamente, este plato no tiene gracia si no abrimos la quesadilla…

Por dentro es así: tofu con tomate y hojas verdes.

Eso sí: el plato que triunfó fue el wok asiático que pidió Cris. Qué cosa más rica…

Wok asiático. Un must. Ya tenía yo ganas de poner “un must” en algo que no fuera de moda.

Por supuesto, me pasé por Especias Barranco para traerme un montón de té. Todos negros, porque verde tengo para poner una tetería en casa. Y a mí en invierno el té me gusta muchísimo, porque tiene especias y su canela y su anís y sus perlitas de azúcar y sus granos de pimienta rosa… Me traje muchísimos. Muchísimos son seis clases distintas. Y me regalaron este anillo tan precioso…

Gatitos!

Y esta taza tan monísima.

Todo lo que necesitas es amor y maullidos

Y llegué y el tiempo cambió. Escribo con calcetines en los pies y las zapatillas de invierno ya. Ha llegado el otoño. Viva el otoño, con sus purés, sus potajes, su fresquito al salir a la calle, sus hojas caídas, su vida renovada… Es mi estación favorita del año. Espero que la disfrutéis. Los del otro lado del planeta, ¡que disfrutéis de la primavera!

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