Tofu tandoori

Tofu tandoori con arroz integral
Tofu tandoori con arroz integral

Desde que se fueron los chavales, he ganado en silencio, pero mi casa está muy vacía. El primer fin de semana tras el Festival de Mérida pretendía descansar. Mucho. Todo el rato. Es decir, no hacer nada. Al final, para no comer ragú todos los días, eché tofu natural (este sí hay que prensarlo, pero para eso tengo TofuXPress) en una sartén y añadí especias. Y esto es lo que traigo. Comida rápida y versátil, que lo mismo se mezcla con más verduras al vapor, que se hace un salteado con fideos soba, que lo que se os ocurra.

Porque yo me dediqué a la vida contemplativa. Es decir, a ver el final de The Handmaid’s Tale, los seis capítulos que me faltaban de Game of Thrones y comencé con The Affair. Esta semana trabajo, pero la que viene ya estoy de vacaciones. Nunca pensé que yo diría esto, pero quiero ordenar. Sobre todo, quiero tirar. No tirar del todo, pero regalar sí. Yo, que tengo poca ropa, no tengo espacio en los armarios. En la vitrina de los platos que está en el salón tengo los juguetes de los gatos y la cámara de fotos. Y agua oxigenada y Betadine, que no me cabían en otra parte. Necesito que el espíritu de Marie Kondo me invada, aunque tenga que hablar con mis calcetines y decirles: estáis roídos, creo que es hora de que os deje marchar, gracias por haber calentado mis pies en invierno… Y, sobre todo, necesito doblar la ropa de modo que me quepa bien y no se arrugue, sobre todo cuando decidí no volver a planchar nunca más.

Parezco una mari. Pero el orden es muy importante, porque, cuando hay desorden externo, lo hay interno. En esa semana de vacaciones (luego trabajo otra más y luego me vuelvo a ir: pero esto sí que pretenden ser va-ca-cio-nes) pretendo ordenarlo todo. Empezando por la ropa y terminando por los libros (me hacen falta estanterías, por cierto). Otra cosa es lo que me dure el orden a mí…

La cocina también necesita ordenación. En la vitrina están todos los cargadores de los móviles. Ahí sí que no me caben las cosas… Menos mal que el tofu se guarda en la nevera… ya os contaré si consigo mantener los armarios con la ropa en paquetitos…

Ingredientes para 2 raciones de tofu:

  • Un bloque de tofu natural prensado, porque tiene mucho líquido. Si no sabéis prensar, en ese enlace tenéis explicaciones.
  • 3/4 cucharadita de sal y una pizca
  • 1 cebolla y media cortada en cuartos y luego en tiras finas
  • 3 dientes de ajo muy picados (le podéis echar más o menos: esto, a vuestro gusto)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • De 1 y 1/2 a 3 cucharaditas de especias tandoori (las podéis encontrar en tiendas de especias, si vivís en alguna ciudad grande. Yo las compré en Granada. Si no, siempre quedará internet)
  • 2 cucharadas de levadura nutricional
Tofu tandoori con arroz integral
Tofu tandoori con arroz integral

Preparación:

Calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio. Añade la cebolla con una pizca de sal y sofríe, removiendo de vez en cuando, hasta que se dore, lo que te llevará unos 10 minutos. Luego, añade el ajo y tenlo 30 segundos, hasta que desprenda aroma.

Ahora, agrega el tofu y el resto de la sal y fríelo 10 minutos, dándole unas vueltas de vez en cuando para que se dore por igual. A mí me gusta crujiente, pero el tofu natural no queda tan crujiente, aviso. Ten al lado de la sartén un vaso de agua, por si se queda seco, que puedas echar un pelín de agua. Yo lo que hago es meter los dedos en el vaso de agua y salpicar la sartén. Sí, en mi casa se cocina con las manos.

Tras este tiempo, espolvorea las especias y la levadura nutricional y ten el tofu de 5 a 10 minutos más, removiendo y añadiendo salpicaduras de agua si ves que le hace falta. No, la cebolla no se quema, si lo mantienes a fuego medio y si le das vueltas y estás pendiente. Prometido.

Un verano con adolescentes

Cuando estudiaba en la Universidad, los dos primeros años de Publicidad y Relaciones Públicas, Comunicación Audiovisual y Periodismo eran comunes. Yo tenía 18 y en mi clase había un chico que me llevaba 10 años, que luego se fue a Rumanía y se enamoró. Su primera hija nació allí y yo me recuerdo visitando tiendas en Melilla, hace casi 18 años también, para comprar ropa que no fuera rosa. Un pluma rojo, un pantalón de pana amarillo con pollitos, una sudadera azul marino con pollitos. Por si acaso tenía más hijos algún día. Miento, no era por eso: era porque, en aquellos tiempos, odiaba el rosa y su adherencia de género.

Ahora hay tres niños, de 17, 15 y 13 que han estado en mi casa diez días. Solos. Sin sus padres. Yo, poniendo kilos. Por lo visto, ellos también.

Viriato, de Verbo Producciones
Viriato, de Verbo Producciones, en el Festival de Mérida. Foto de Jero Morales.

Mi verano ya lo he contado muchas veces. Desde La Orestiada a Viriato han pasado dos meses de no tener tiempo ni para rascarme. Que lo hubiera tenido si no me hubiera echado siestas de dos horas y si no hubiéramos tenido no sé cuántas olas de calor y alertas naranjas, que a mí me dejan con ganas de echar tomates en la batidora y hacer gazpacho nada más.

Con dos botes de tomate frito casero, gazpacho de cerezas y ragú de soja texturizada en el congelador, aparecieron estos tres omnívoros irredentos en casa. También había cantidades industriales de Heura, pero cuando supieron que no era pollo, ya la textura no les convencía. El año que viene me plantearé hacer otras cosas… pero están acostumbrados a… pues a los sabores fuertes, como todos los adolescentes, y a no ver las verduras más que en forma de purés o ensaladas: no como yo las uso, quiero decir. En mi casa no se comen animales, pero fuera han comido lo que han querido, obviamente, así que he visitado el Burger King un par de veces, el 35 Burger otra vez más (yo hubiera querido que fuera al revés, porque allí hay una hamburguesa vegana) y varios de los restaurantes de tapas de Mérida… menos el que más me gusta, que es el Fusiona. Han visto un concierto de fado y flamenco de Katia Guerreiro y Arcángel en el teatro romano (mientras, en mi casa, sonaban Melendi, Dani Martín y Macaco (me niego a poner enlaces) y también La comedia de las mentiras.

Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida
Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida. Foto de Jero Morales

De este periplo he aprendido varias cosas. Una, que criar hijos es agotador. Dos, que soy mis padres, los dos: qué hacen las luces encendidas a todas horas, poned la mesa ya, cuando yo digo que pongáis la mesa es que pongáis la mesa, os créeis que soy de la compañía eléctrica, lo que hay para comer es esto: si no lo coméis, de hambre no vais a morir; come un poco más, que no has comido nada y de mierdas no te puedes alimentar todo el día; ni se os ocurra comer guarrerías antes de comer, no estáis en un hotel, os creéis que soy vuestra esclava… Todo el repertorio. Todo. Completo.

También he aprendido que, cuando viene gente a casa, con las comidas hay que planificarse muy bien: no se trata de que yo no haga platos apetecibles: se trata de que hay que cocinar con antelación y hablar con los padres, no ir improvisando sobre la marcha. La próxima vez saldrá mejor. Porque vendrán en invierno y no todos a la vez.

Hice un brownie, por cierto, y Nutella vegana con receta de Mi vega blog. Del brownie hay una foto penosa de móvil, que es esta: ya lo repetiré en otra ocasión y pondré la receta correctamente.

Brownie con mermelada de frutos rojos
Brownie con mermelada de frutos rojos

Y hemos hablado mucho. De muchos temas. He descubierto que Martina es como su padre. Igualita. Nos hemos confesado cosas, nos hemos abrazado mucho, nos hemos dicho que nos queremos, nos hemos puesto hasta las trancas de comer, hemos dormido siesta y hemos visto la trilogía de Jesse y Celine de Richard Linklater (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight) y hemos debatido sobre las relaciones de pareja, sobre las relaciones de amistad, nos hemos reído mucho, hemos dado alguna que otra voz y nos lo hemos pasado muy bien. Es agotador, pero muy divertido. Les dije que me pusieran un mensaje en la agenda del año que viene, el día de su cumpleaños, y Martina nos dibujó.

Familia de Mérida
Hasta los gatos están tal cual. Yo, ni os digo.

Luego han ocurrido más cosas que no voy a contar, porque Mérida es como Las Vegas. Lo que pasa en Mérida, se queda en Mérida. Lo que más les gustó fue la ruta Mérida Secreta. Lo que menos, me temo que mi comida. Snif.

Sí: ha sido agotador y sí, me he quedado con ganas de más. Pero no lo digáis muy alto

El fin de semana espero tener tiempo de cocinar, por cierto. Estoy del ragú que sobró hasta atrás.

Salsa de pistachos

En un mes, estaré de vacaciones. Realmente me voy antes, pero pretendo dedicarme a leer y a rascarme la barriga en el sofá, hacer deporte, volver a comer bien (los veranos son la anti-pauta-dietética, porque estoy todo el día fuera). En un mes, estaré viendo teatro como una loca, con gente en casa para cuidar de mis gatos (ladrones, go home, que no hay nada que rascar aquí: los libros en el mercado negro no se venden bien). No he comprado las entradas aún porque primero quería hablar con los chicos de la empresa que va a venir a vigilar que mis gatos no se mueran de hambre. De hecho, no me muevo de España para poder venirme si pasa algo (soy así de histérica, qué pasa). Y programo las entradas porque van a venir tres adolescentes y estoy cocinando para ellos. O lo pretendo, porque no he hecho nada de lo que quería hacer: voy falta de tiempo siempre. El verano para mí es un horror de trabajo y de cansancio. Pero los pistachos le gustan a todo el mundo y esto es poner cosas en una batidora y darle. Yo uso la Nutribullet, que lo hace en un momento. Pero se puede usar cualquier batidora potente. La receta es de The Blossom Cookbook, que es otro de los restaurantes que voy a visitar cuando vuelva a Nueva York.

 

Salsa de pistachos
Salsa de pistachos

Actualización:

Los adolescentes llevan aquí desde el sábado, yo he puesto dos kilos o tres de tanta juerga flamenca y tanto comer fuera y las comidas están siendo divertidas: el maravilloso ragú no les hace chiste (de hecho, he guardado cinco tuppers). La Heura ha triunfado, porque sabe a pollo y solo dos han probado el tofu. Yo me he vuelto una madre: “Pues esto es lo que hay para comer”. Y nos hemos ido un montón de días a tapear. Fuera, puedes hacer lo que quieras. Dentro, no se comen animales. Ay, qué difícil es educar para que unos adolescentes coman verduras…

Ingredientes para unas 2 tazas (cunde bastante):

  • 140 gramos (1 taza) de pistachos crudos sin sal y, por supuesto, pelados
  • 1 cucharada de levadura nutricional
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de sal
  • 1/8 cucharadita de pimienta negra recién molida (unos toques de pimienta, vamos, al gusto)
  • 440 ml (2 tazas) de agua o más (o menos, depende de para lo que lo quieras)
Salsa de pistachos
Salsa de pistachos

Preparación:

Esto consiste en ponerlo todo en una batidora y batir hasta que quede cremoso. No tiene más ciencia. Yo comenzaría con una taza de agua si lo queréis para mojar nachos, por ejemplo. Pero usaría dos si lo queréis como salsa para pasta o aliño de ensalada. Queda cremosa y líquida. Si lo queréis más líquido, añadid agua de cucharada en cucharada mientras batís. También queda maravilloso como salsa para platos de setas. O con verduras al vapor. O con lo que queráis, porque está muy rica, es suave y una maravilla (algún día los frutos secos no serán tan caros: esto es un deseo que no se me va a cumplir en la vida; pero, por pedir, que no quede).