Dos años contigo

Esta eres tú todas las mañanas.

Si no lames la taza del café, protestas.

Realmente, tú no sabes protestar. Tú solo haces prrrrr. Prrrr cuando quieres comer (porque, desde que ha llegado Huck, ya no puedes comer a discreción). Prrrr cuando quieres jugar. Prrrr cuando quieres mimos o mamar de mi cuello, porque aún no te has destetado. Ni te destetarás nunca, a estas alturas. Y, cuando me has visto mala, sobre todo esta vez del virus, no te has despegado de mí casi ni un momento (teniendo en cuenta que muchos días yo estoy en el salón y tú andas tumbada en mi cama o encima de mis libros). Dormías encima de mí y te pasaste los días lamiéndome el pelo y la cara: como no podía ducharme, me lavabas tú.

Te gusta dormirte en mi regazo cuando veo películas. Y curiosear con la comida cuando intento hacer las fotos del blog, en el suelo y casi siempre con el mismo salvamantel de bambú porque no tengo más telas bonitas. Y darme cabezazos en la cara cuando nos vamos a dormir, intentar mordisquear mis bolígrafos cuando escribo, ponerte entre mi cara y el libro cuando leo para que te mime, sentarte en la silla para mirarme, observarme mientras como, enroscarte en mi regazo y sentarte encima del sillón, detrás de mí. A la hora de la siesta, aunque estés en otra parte, vienes a tumbarte encima.

Fuiste, también, la primera que acogió a Huck y le lamió. Me recibes enredándote en mis pies todos los días. Sigues mordiendo los cables. Sigo cargando el ordenador en el baño y el móvil en el cuarto, con el cargador tapado por una sudadera. Mis armarios están llenos de cinta aislante porque los abres. Te encanta mirar por la ventana, subirte a lo más alto de la estantería, saltar y dar vueltas sobre tu eje mientras intentas cazar una caña de plumas y dormirte entre mis piernas, entre la colcha y la sábana. Y lamerme el pelo cuando me acabo de duchar y subirte en mi espalda y jugar con todas las cuerdas del mundo. Y cazar. También te encanta cazar. Una mosca en casa se ha vuelto lo más divertido del mundo. Y limpiar los areneros, porque no puedes esperar a que termine y los estrenas en cuanto me ves con la pala.

Hoy hace dos años que llegaste, Tormenta mía. Me has enseñado a cuidar.

De vez en cuando me entra un pánico tremendo, esa anticipación de que posiblemente me faltarás antes de que yo me vaya, y el miedo a qué será de ti si me pasa algo. Porque no hablas y eres un bicho y en teoría estás en una escala inferior porque a las personas hay que quererlas más y todas esas mierdas, sin importar de qué persona hablemos, por supuesto, y sin importar si solo eres tú, un gato, de todos los habitantes de la Tierra, quien se sienta encima de mí durante una semana entera, a todas horas, quien me da besos rabiosos cuando me ha visto llorar (una vez), quien controla que los demás no se desmadren cuando yo he estado enferma y quien se abrazaba a mi pierna para que no la dejara sola.

Qué haría yo sin ti.

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Muchísimas gracias

10 thoughts on “Dos años contigo

  1. Me encantan tus post sobre gatos ( y sobre Ororo en especial). Porque lo cuentas con ese amor y lo describes tan bien… Y me siento identificada yo contigo y a Ororo con Curro, que hace muchas de esas cosas que hace Ororo, deben ser almas gemelas ;). Porque Xisco, el pequeño, hace otras. Y todos los gatos que he tenido eran distintos entre sí, únicos y especiales cada uno de ellos. Que la vida os regale mucho tiempo juntas. Y ve buscando a alguien que se encargue de ella si tú no te puedes ocupar. No te va a pasar nada, pero yo eso lo he pensado muchas veces y siempre me he preocupado de que tuvieran un padrino/madrina por si acaso. Larga vida a Ororo.

    1. Yo es que no sé quién se podría quedar con mis gatos, la verdad. Es lo que más miedo me da del mundo, pero nadie quiere gatos. Mi amiga Claudia me lo dijo, pero es que ella ¡tiene seis!

  2. Ains, qué bonito ^_^.
    Esos que dicen que los gatos son ariscos, que no te quieren, que son independientes y pasan de ti… no han convivido con un gato. Y menos con uno adoptado, son un amor y se les llega a querer muchísimo. Yo echo mucho de menos a mi gato, me costó tanto separarme de él por primera vez al venirme a Madrid… Cuando me pilla un bajón de nostalgia y le escucho maullar de fondo por el teléfono, todavía me sale un nudo en la garganta.

    Qué guapa es y cómo se nota que os queréis tanto :). Me ha encantado todo lo que has escrito y me has traído buenos recuerdos, gracias y felicidades!

    Un abrazo

  3. Tendré yo el día tonto. O vendré del pueblo, de recibir un millón de mimos de mis gatos. O no se. El post me ha encantado. Destila tantas cosas que entiendo y con las que me identifico… Pero ese último párrafo me parece casi demoledor y casi hasta me humedece los ojillos (negaré eso en público, probablemente).
    Larga vida y prosperidad (tentado de meter un saludo vulcano aquí, jejeje) a las dos y a esa relación tan especial. Así son algunos jodíos mininos.

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