Los sabores de la infancia

Cuando comencé a comprar libros de cocina veganos, que es algo que sigo haciendo con profusión a razón de uno o dos al mes, me percaté de una cosa. Al principio todo está muy bien: todos esos sabores nuevos por descubrir: los curries, la comida americana, la cocina india, la brasileña, la japonesa… Luego comienzas a aborrecer el curry, por razones obvias (porque se lo echas a todo, con ansia viva, porque está muy rico pero creo que tardaré dos años más en probarlo, salvo en este tofu, del que nunca me canso) y comienzas a añorar la comida de tu madre. Los canelones de tu madre. Hasta esos rollitos fritos que dejó de hacer cuando fuimos mayores y que consistían en una loncha de jamón York y otra de Tranchetes, empanados y sumergidos en aceite bien caliente y que ahora no comería ni atada y no solo por el cerdo, sino porque no hay ningún ingrediente que merezca ser llamado “alimento”. Que tampoco me he vuelto la más sana del planeta: a mí me ponen unas patatas fritas delante o un cacho de tarta y soy feliz. Pero.

Comida gris.
Comida gris.

Mi madre, como la de Gema (que se ha abierto un blog del que me declaro fan desde ya y que se llama Kiss the cook) nunca ha probado nada de lo que he hecho, salvo el paté de tomates secos (“está fuerte”). Porque no le gustan las legumbres. Porque mi comida es gris (eso me lo dijo pimplándose un solomillo de cerdo al roquefort, mientras yo tenía al lado una ensalada con col lombarda, lechuga, zanahoria… Porque la verdura en mi casa ha sido más testimonial que otra cosa, salvo en verano con el gazpacho. Mi padre sí ha probado, porque mi padre es como mi hermano mayor: si se trata de comer, venga lo que sea. Por ejemplo, a mi hermano le encantan mis patés (todos) y la sopa de tomate al rooibos.

De mi madre recuerdo el cocido, que hacía muy poco porque le dan arcadas (odia los garbanzos como yo el pimiento), los canelones (mi comida favorita por siempre jamás: tengo que intentar hacerlos con soja texturizada y seitán) y la tortilla de patatas, los sándwiches de jamón y queso con su margarina en el pan por fuera, a la plancha y la coliflor con bechamel. Las endivias y el solomillo al roquefort. Los filetes de pollo empanados. Echo de menos algunos de esos sabores. Otros no, porque el cocido ya lo hice. En realidad, yo creo que echo de menos el sofrito. El sofrito de la fabada, que lleva pimiento pero lo bate para que no se note. El sofrito de la carne en salsa…

Sabores que ahora, en vacaciones, me iba a poner a replicar, con milanesas de soja y vino blanco, ajo y mucho perejil, por ejemplo. Pero hace calor. Cuarenta y dos grados en mi cocina. Y sigo queriendo morirme.

Otoño, ven ya
Otoño, ven ya

Ah, pero llegará el otoño. Y con él, llegarán los canelones. Porque yo tengo una máquina de pasta por estrenar. Y la receta de la mejor salsa de tomate de la Tierra.

Mientras tanto, estoy atacando todos los libros de cocina española que tengo. Sobre todo, el 1080 recetas  de cocina, ese que usa medidas como “1/2 vaso de vino” (que son 50 mililitros, por cierto) y “80 gramos de cebolla” en la misma receta, pero con el que han aprendido a cocinar todas nuestras madres. Con su salsa de jerez y champiñones, siempre con concentrado de carne, que yo le quito. Con su salsa de tomate al vino blanco para un seitán o una soja texturizada. Con sus sabores españoles, franceses e italianos… Porque yo echo de menos esas cosas: el majado de ajo y perejil, para el que me compré un mortero de mármol que casi no utilizo y, desde luego, nunca para eso.

Mi cocina y mi librería siguen creciendo. Con un tarro germinador para hacer rejuvelac y hummus de garbanzos germinados, porque me quiero poner con los quesos ya. Con una Chufamix, porque al final no hago leches vegetales por no sacar la bolsa, que se puede usar para mil cosas más…

Todo lo que ocurre últimamente ha tenido un proceso. Ciertas elecciones. Muchos abandonos.

Pero qué bien sienta.

Otoño, ven pronto.

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11 comentarios en “Los sabores de la infancia

  1. Me siento muy identificada. Amo los canelones. Tengo varios proyectos en mente (entre ellos seguir intentando hacer quesos, que de momento mi unica experiencia de queso fermentado con rejuvelac terminó en la basura). Y una máquina de hacer pasta olvidada en un armario que me gustaría volver a sacar. Tengo dos hijos que no me dejan mucho tiempo, pero tu tienes un montón de gatos.
    Y mis padres, por suerte, no son nada cerrados con la comida (hablando de canelones, mi padre hace unos canelones de seitán con bechamel vegana que están para morirse). Pero mis suegros ponen mala cara a todo lo que cocinamos. Aunque sean garbanzos estofados con verduras. Si no llevan chorizo arrugan la nariz. Así que cuando vienen a visitarnos se alimentan de mierdas que se compran o se toman por ahí (pan bimbo con jamón, donuts, patatas fritas) para no comer esas cosas tan raras de veganos que hacemos en casa como ensalada de lentejas, macarrones con pisto (¡horror! ¡los macarrones son integrales!) o brócoli con garbanzos.
    Me voy a pedir tiempo en la carta a los reyes, a ver si cuela.

  2. Yo también me he propuesto veganizar los platos de mi infancia, este verano he veganizado muchos y he descubierto cosas nuevas, como los batidos verdes (Mi favorito es: Kale, chlorella, manzana verde, melón, plátano, leche de avena y gel de chía + Almendras y nueces activadas y picadas y cacao puro en polvo como toppings) o la pasta de legumbres (Compré la de garbanzos para probar y cuando empiece la uni haré ensaladas de pasta de vez en cuando porque muchos días saldré tarde y almorzaré arriba). A día de hoy tengo un recetario vegano de unas 200 recetas y creo que soy capaz de veganizar casi cualquier plato (He logrado hasta las papas con costillas, piña y gofio canarios). No sé si lo conoces pero hay un producto que sirve para hacer tanto “carne” desmenuzada como “atún” de lata: la jaca (jackfruit in brine), yo la consigo en el mercado, en la parte de productos asiáticos (asiáticos, no chino ni japonés). Para hacer carne mechada la salteo con salsa de soja y le pongo el sofrito clásico, o le añado yogur de soja y mostaza para hacer un sándwich de pollo. Y para hacer atún la guiso con cebolla picada, alga (yo uso nori) y un poco de jugo de limón; y queda un salpicón y una boloñesa de atún estupendas : )

    1. El jackfruit lo conozco, pero no sabía traducirlo. Jaca. Me gusta. Vamos, lo conozco porque sale en todos mis libros veganos, pero aquí no lo venden ni creo que lo vayan a vender en mucho tiempo. Si me puedes mandar una foto de la que consigues tú, me encantaría.

      Creo que deberías hacer un blog! 🙂
      Yo sería muy fan.

      1. No sé como hacer lo de la foto pero pon en google imágenes: jackfruit in brine Aroy D y te sale. Y lo del blog lo he pensado muchas veces y creo que cuando termine el recetario (me faltan las fotos) lo haré. Pero de momento creo que me centraré en estudiar, ya que voy a empezar mi primer año en la uni y supongo que será duro, pero si algún día lo logro me gustaría que la gente a la que sigo y mis amigos lo vieran. Aunque si quieres alguna receta te la paso : )

        1. El primer año en la Universidad es genial. Te digo lo que me dijo mi padre: “Estudia, que esto es caro, pero sobre todo, disfruta mucho, porque van a ser tus mejores años”.

          No fueron mis mejores años, porque yo he tenido muchos mejores años en mi vida. Pero de los mejores sí.

          Y puedes desengrasar con el blog cuando tengas tiempo. El ocio es importante 🙂

  3. Hola Olga, yo tengo más suerte que tú con mi madre (y con mi suegra, aunque ella no puede cooperar en eso de “los sabores de la infancia” porque es alemana y tienen otros sabores muy distintos, a los que incluso después de más de 20 años me cuesta a veces acostumbrarme, como poner cosas dulces para almorzar, pero ese es otro tema). Mi madre era muy de aprovechar restos y hacía unas comidas inventadas y económicas (al fin y al cabo éramos 5 niños con hambre canina) a las que les ponía unos nombres muy bonitos y estaban muy buenas. Y tanto mi madre como mi suegra están muy abiertas a probar cosas nuevas y comer vegano (son muy agradecidas y se comen todo lo que guiso).

    Lo que pasa es que las recetas antiguas eran más simples que todas las cosas raras que sacamos hoy en los blogs, y unas lentejas viudas o una cazuela de fideos no las pone nadie, y mira que nos gustan, eh? Yo un día cogí la libreta de recetas de mi madre y copié todas las que pude (sobre todo muchas salsas) para veganizarlas, a ver si me pongo. Un día me dió un antojo agudo de unos bollitos que vendían cuando yo era chica (yo es que soy muy de dulces) y que se llenaba la calle con el olor, era todo un reto, porque encima no uso azúcar, pero mira por donde que me salieron y están de muerte (los tengo en mi blog, se llamaban “bollitos de María Manín”: https://lascosasderocioblog.blogspot.ch/2016/03/conejitos-de-pascua-osterhase-la.html).

    Tengo una receta de canelones muy rica, te aviso en cuanto la suba a mi blog

  4. Por Dios, sí. Canelones vitales. Yo creo que los haré estilo madre. Es decir, con el guiso de la soja texturizada con mucho ajito (bueno, mucho mucho tampoco) y perejil y vino tinto del bueno y luego con su bechamel encebolladísima y tal.

    Me tengo que poner a copiar más recetas. Es verdad que en los blogs de cocina a mí lo que me ha pasado es que sí, muy monos, pero parece que a veces se compite en a ver quién saca la receta más rara y más laboriosa. A mí cocinar me gusta lo justo. Es decir, no me apasiona en plan “Oh, estaría todo el día cocinando” (en invierno un poco más que en verano), pero sí me gusta comer bien. Y rico. Así que cocino y sigo recetas. Pero creo que ya es hora de crear recetas 🙂 Como tú con los conejitos.

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