El café azul vegano

¡Hola!

Antes de empezar con el tema de hoy, quiero pedir disculpas por mi inutilidad manifiesta. Resulta que yo puse un banner de «si te quieres suscribir» ahí, en la barra lateral, donde pone aquello de «1.-Recetas veganas, 2.- Recetas vegetarianas…». Pues bien: algún mes después, o varios, me escribió una chica para decirme que no funcionaba. La suscribí automáticamente, puse este otro banner que salta en cuanto abres el blog (el de la barra azul) y que además a mí me molesta un montón, pero que sí funciona… Y ayer, justo ayer, vi, en la barra lateral de la administración del blog, el apartado «Suscriptores». Con más de 300 correos electrónicos con la suscripción desactivada. Que había que activar uno por uno. Yo, que me debo a mis lectores (qué ganas tenía de decir esto), pacientemente, hasta las once de la noche, las estuve activando manualmente. Así que ahora deberían llegaros las nuevas entradas a vuestro correo sin problemas. Las 900 anteriores, no. Pero las nuevas, sí. Me he suscrito yo misma (como cuando le das Me gusta a tu propio mensaje del Facebook) para comprobar que todo está correcto.

Crucemos los dedos.

Tenía pendiente escribir una entrada sobre el tratamiento del veganismo en los medios de comunicación. Resumiendo: con el veganismo pasa como con el cómic. Durante mucho tiempo, era un «al menos salimos«, aunque, cuando se informara sobre el Salón del Cómic de Barcelona, solo aparecieran robotitos y cosplays de tías mostrando escote. Que sí, que la visibilidad es muy importante, que se lo digan a los colectivos marginados del mundo. Pero.

Hace pocos días, nos encontramos con esta gilipollez en El País. Siempre recuerdo a Santiago García: «¿Os acordáis de cuando leíais el País?». Cuando la compartí, mi amiga Gema dijo: «Parece que alguien lo han dejado por un/a veganx y no lo está llevando todo lo bien que creía«.

Soy periodista, aclaro. Adoro mi profesión, creo que es muy necesaria y, sí, también creo que el desprestigio que sufrimos es muy merecido. Pero, como algunos intentamos ejercer el oficio con dignidad, conocimiento y honestidad, y como además sabemos de lo que hablamos cuando hablamos de algo (mi área es cultura, pero también soy la referencia de la redacción cuando hay temas nutricionales) y, por si esto fuera poco, tenemos como tema favorito, periodísticamente hablando, la capacidad performativa del lenguaje (esto es, la capacidad que tiene para crear una realidad y anclarla a la mente de tal manera que, a fuerza de repetirla, se transforme en inamovible), sabemos cuándo hay mala praxis.

El café azul. Las fotos se firman, si se sabe la procedencia. En un periódico, siempre.

Esto es un despropósito desde el titular. Podemos dar una serie de clases sobre cómo analizar una noticia o un artículo de opinión. Son muy básicas, de primero de carrera. «Café de color azul: ¿el último disparate vegano?». El café es como el gazpacho o el pisto: son veganos desde que nacieron. Un periódico pretendidamente serio puede ridiculizar (y debe) comportamientos y actitudes de los estamentos de poder (no, con eso no se atreven): no de la parte que intenta luchar contra esos estamentos de poder (léase industria alimentaria, por ejemplo). Imaginemos: «¿el último disparate gitano?». Haced la prueba cuando os encontréis artículos criticando el feminismo: sustituid «mujer» por «negro»: si chirría, dejadlo.

Si no sabe usar los signos de puntuación, también: «Atención, lo último en café…». Detrás de «atención», no va una coma: no es un vocativo. Y es «pitufásico», no «pitufástico». Tiene más faltas, el artículo. A ver, esas cosas pasan. A mí me han pasado. Bueno, no. Yo puedo tener un error de concordancia, una preposición faltante. Pero no pongo «La curiosa mezcla se ha conseguido gracias al polvo de una especie de alga autóctona que tiene ese mismo color, limón, jengibre de ágave y, como no, leche de coco». Porque a mí la tilde de ese «cómo» me sale sola. El País tenía correctores, hace siglos: se los cargó. Si no los hay, revisa un par de veces el artículo antes de mandarlo, criatura. Que se te puede pasar una cosa, pero es que van demasiadas ya. Por ejemplo: «Lo más sorprendente de todo esto, es que…». Que esa coma qué pinta ahí.

Los titulares de El País, estaba yo diciendo: van por ahí. El veganismo es algo ridiculizable: el omnivorismo (que no es tal, porque las proteínas vegetales se ven poco y en los bares nunca hay) no se cuestiona. Les pasa como con el sistema capitalista. No se toca nunca. Veamos: luchas entre veganos y carnívoros, si un carnívoro y un vegano pueden follar juntos o no… Y, por supuesto, connivencia con la industria alimentaria y ampliación de nuevos mercados como un mandato legal. Porque la carne de caballo se debe comer. Por prescripción médica. Es que, si no comes carne de caballo, te mueres.

Caballo en Argentina, en la Patagonia. La foto es mía.

«Uno de los últimos coletazos del veganismo». Algo da coletazos cuando va a morir. No parece que el veganismo vaya a morir en ningún momento, si hasta en España, la muy carnívora España, se han comenzado a editar libros veganos. No sé si será tendencia, sinceramente, si habrá más cada día. Creo que, si se informara a la gente, en los medios generalistas, de todo lo que implica el consumo de carne, no habría un cambio radical en la sociedad de un día para otro. Pero a lo mejor subía un poco el porcentaje de vegetarianos o veganos en gente concienciada social y ecológicamente. Obviamente, poniendo el veganismo como algo hipster, caro y molón o hippie lo veo más difícil.

Un periodista debería hablar de lo que conoce. Lo mismo este chaval ha ido a Australia y ha probado el café, pero ahora (y esa es una de las razones del desprestigio de la profesión) se buscan cosas por Instagram y se escribe de lo que a uno le sale del potorro, presumiblemente robando la foto, además, porque no está firmada. Lo que él denomina como «leche vegana» no es más que leche de coco, que es, si nos atenemos a la nomenclatura legal española, bebida de coco y no leche. Lo demás, lo del alga y lo otro, es como si yo digo que he hecho un batido de tarta de manzana y el resultado es una leche vegetal. Porque total, el color es marroncito, que se parece más al de la leche de vaca que el azul de la leche de esta cafetería.

No voy a entrar en los «wanna be». Es una forma de escribir por la que les ha dado ahora a los periodistas jóvenes, que escriben todos igual: mucho argot, mucho it girl, healthy, hipster, cool, mustfoodie, hype… mucho humor que no es tal (no, no sois Mark Twain, chicos) y, además, aderezado con técnicas de las que dan visitas, como dividir un artículo en puntos. En esta época de información jibarizada, como la llama Pascual Serrano, hay que dividir los artículos en muchos párrafos con su correspondiente numerito porque leemos rápido, engullimos conoci… perdón: titulares y no tenemos tiempo ni de rascarnos aunque el día siga teniendo, para todos, las mismas 24 horas y pico. La frase de suficiencia del final no tiene desperdicio: «el veganismo se os va de las manos».

Ajá.

Es que es incontrolable, el veganismo. Un caballo desbocado, un toro enfurecido. Que, por supuesto, los veganos no pueden controlar: es una pulsión, oyes, no una decisión consciente.

Añado más. Esto es un artículo de opinión, una sección, que no es humorística. Esto es humor y es divertido:

El artículo en cuestión da como penita. Y no voy a entrar en que el veganismo es un posicionamiento ético, porque la sección es de gastronomía y da exactamente igual (sí, de verdad: lo da: el común de los mortales no distingue entre vegetarianismo estricto y veganismo, lo mismo que entre una soleá y una soleá del Charamusco). Y da penita precisamente por el tono de resentimiento. Que parece, realmente, que al chico lo han dejado con grande dolor.

Yo estas cosas las leo y, cuando veo que el tío pone mal las comas o no tiene puta idea de lo que habla, dejo de leer… Con dos párrafos, generalmente, voy que me mato. A veces con las tres primeras líneas.

Próximo capítulo: noticias pretendidamente serias. Esas tienen mucha más tralla que un artículo de opinión, porque parecen «objetivas». Nunca lo son. Pueden ser honestas, pero no objetivas.

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Muchísimas gracias

6 thoughts on “El café azul vegano

  1. ¡Bien! Se puede decir más alto pero no más claro.
    Me encanta tu blog. Hace poco que te sigo pero me has conquistado.

  2. Un consejo: No leáis el Tentaciones de El País. Es pura basura casi todo, me di cuenta a los pocos días que lo relanzaron. Dan mucha pena, porque pretenden ir de graciosos, o a la «última» con temas que están en boca de las redes, y encima suelen sacarlos ya tarde. Y con un tratamiento penoso, mal redactados, sin corregir, buscando la polémica a propósito y sin disimular, dándoselas de listos… Me da una rabia tremenda porque es patético y El País fue otra cosa. Me gustaba el Tentaciones antiguo, de papel, que venía con el periódico los viernes como suplemento…

    En fin, salvo pocos autores, es todo basura y no merece la pena ni dedicarles 1 minuto. Estoy contigo y solo de pensar en cómo os debéis sentir los periodistas con cosas así… El episodio de Last Week Tonight de John Oliver del pasado domingo está dedicado al periodismo y el futuro tan negro que tiene y es muy triste todo :(.

    1. A mí también me encantaba el Tentaciones de El País. Y me parecía serio, porque se puede hacer humor de manera seria. Tú lo has dicho: El País fue otra cosa. Mira que a mí algunas cosas de El País me encantan: por ejemplo, soy súper fan de El Comidista… Y de su sección Aló Comidista. Algunos artículos me parecen muy correctos (incluso alguno que aborda el veganismo), pero no se puede tener un libro de estilo en los temas tan errático, por Dios.

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