La olla rápida VIII – Cómo cuidar de la olla rápida

Si coges una olla buena, pesada, entre las manos, podrías pensar que eso no lo estropea ni Hulk. ¿No sabéis quién es Hulk? Es este señor verde:

Hulk

Qué bien poner a Hulk en una entrada sobre cómo cuidar de una olla rápida…

  • El fuego.- Cuando cocines, tienes que procurar que el fuego (la llama) no sobresalga de la base de la olla. Eso, con respecto a las cocinas de gas. Si tienes una vitrocerámica o una cocina de inducción, procura poner la olla en el hornillo que más se ajuste a su tamaño. Como la inducción no quema, ten cuidado de dónde pones la tapa. Nunca la pongas encima de los hornillos.
  • La olla se me ha quemado enterita.- Si se te quema la comida, que todo puede pasar, tiene arreglo. Si se te quema la olla por fuera, tendrás que comprar otra. Y a saber qué habrás hecho…
    • Si se quema la comida, retira toda la que puedas y deséchala. Si no se te ha quemado mucho, la parte superior la podrás aprovechar seguro porque no sabrá a quemado. Ahora, añade 2 tazas de agua a la olla, tápala, ponla al 2 (alta presión) y cocina al vapor unos minutos. Deja que el vapor salga de forma natural y luego, deja reposar unos 10 minutos después de que se haya eliminado el vapor. Algunas ollas se atascan si las dejas más tiempo, pero es porque se atasca el sistema de la presión residual y hay que pinchar con una aguja en un orificio (lo verás en tu libro de instrucciones). Ahora, tira el agua. Friega la olla, pero no uses un estropajo de metal. Si sigue quemada, pon unas cucharadas de bicarbonato (2 o 3) disueltas en al menos 2 tazas de agua, vuelve a hervir a alta presión, deja que el vapor se escape de forma natural, deja reposar 10 minutos (vamos, lo mismo que antes), tira el agua y friega. Repite esta operación tantas veces como sea necesario. Si no tienes bicarbonato, puedes hacerlo con vinagre de vino blanco. Si en casa tienes las dos cosas, ojo, no las uses juntas.

Si cuidas bien de tu olla, te durará mucho tiempo. Vamos a ver cómo.

La tapa

Muchas tapas son desmontables. Por un lado, tienes la parte metálica de la tapa, con su goma, que puedes meter en el lavavajillas (la goma no) y, por otra, con el mango. El mango se puede limpiar bajo el grifo, solo con agua y sin jabón. Luego, sécalo muy bien.

La goma de la olla es mejor lavarla a mano, porque el lavavajillas es más agresivo. Aunque la goma esté muy limpia, desprende olores, así que, cuando guardes la olla, no la guardes con la tapa encajada del todo: ponla encima, pero sobrepuesta. La goma también hay que secarla bien después de lavarla. Si ves que huele mal, sumérgela en agua con vinagre blanco o bicarbonato.

Cuando veas que la goma está rota, tiene grietas o no sella bien, es hora de cambiarla. Algunos fabricantes recomiendan cambiar la olla una vez al año, pero dura muchísimo más tiempo. Recuerda que si la goma está mal, no podrás cocinar a presión.

Hablando de presión, la válvula de la presión es muy importante. En muchas ollas se puede quitar y en otras no. Si se puede extraer, lávala con agua y sécala tras cada uso. Si no, lávala con agua sola cuando laves el mango. En el mango también hay más válvulas, con sus recovecos (están la de presión, que es la que si pulsas, consigues que suba la válvula con sus líneas de colores y la de seguridad de la presión residual, que no se puede mover). Cuida de que las hendiduras estén limpias y no haya comida obstruyendo.

La base de la olla

Obviamente, tras usar la olla hay que lavarla. Si el fabricante lo permite, puedes hacerlo en el lavavajillas. Hay productos especiales para mantenerla brillante, por dentro y por fuera (por ejemplo, el Borrador Mágico), pero una mezcla de agua y vinagre blanco funciona también.

Si tienes una olla eléctrica, lávala también tras cada uso, pero si la cazuela es antiadherente, no uses estropajos abrasivos.

Los mangos

En la olla tienes el mango con las válvulas a presión y, en la otra punta, otro mango para que la puedas coger. Algunos vienen con tornillos visibles, que podrías tener que apretar de tanto en cuanto si se sueltan. Otras ollas los tienen de quita y pon y otras los llevan integrados. Salvo apretarlos si se aflojan, no precisan de muchos cuidados.

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