Cuatro años y mil cambios

“Yo no soy vegana. No sé si puedo serlo ni sé si quiero serlo. Quizá dentro de cinco años me vuelva ovolactovegetariana, ovovegetariana y vegana”.

Yo, hace mucho tiempo, aquí.

Hace cuatro años justos, yo compraba mi primer libro de gastronomía vegana (Appetite for reduction, de Isa Chandra Moskowitz) y me metía en la cocina a hacer algo un pelín más elaborado que un cocido (tocino fresco, tocino añejo, chorizo, morcilla, ternera, pollo, hueso de jamón, agua, garbanzos: todo a la olla unas horitas al chup chup) o que una pasta (siete minutos, escurrir, abrir una lata de atún, echar tomate frito de bote y queso rallado) o que un filete de pollo a la plancha o un estofado de carne al vino o un arroz a la cubana con salchichas frankfurt o una dorada a la sal.

Yo comía mierda.

Ahora como mierda también (recordemos: tengo ansiedad crónica y constante. Para los que no me conozcan: no, no se me nota. Parezco la persona más equilibrada de la tierra. De hecho, soy muy equilibrada. Pero tengo ansiedad crónica y constante, que precisaría de bastante medicación si yo no fuera la bestia psicológica que soy -y esto, para mi desgracia, es un diagnóstico médico-). La diferencia estriba en que ahora sé cuándo me estoy metiendo mierda.

Así empezó todo

Hace cuatro años, yo creaba este blog.

A mí me gusta la carne. Y me gusta el pescado. Y el marisco. Me gusta todo eso, mucho. Me gusta hasta el chopped, que es una fregona triturada. Me gusta la ternera muy poco hecha: con sangre en el plato, que huela a sangre y mojar pan. Adoro el salmón crudo, el atún marcado a la plancha, la merluza, la pescadilla, el pastel de cabracho y el pescado con mayonesa. Comería jamón por la mañana en el desayuno, a mediodía y por la noche, con chorizo, morcón y lomo (doblao, por favor). He pasado años sin apenas verdura y sin fruta. La verdura no me gustaba (sí: sigo odiando el pimiento, gracias). La fruta, si no está muy ácida, aún me cuesta. Pero dejará de costarme.

Me gustan la carne, el pescado y el marisco, digo. En presente. No me dan asco y que se mate a ciertos animales para que sirvan de alimento a ciertas poblaciones del planeta (muy pocas) tampoco me apena. Me parece una gilipollez pretender que un inuit se vuelva vegetariano. Eso sí: me resulta más imbécil que me hablen de que la carne es necesaria e imprescindible para sobrevivir porque existen los inuits. Sobre todo cuando lo dicen personas que no saben dónde está Nunavut.

Iqaluit – ᐃᖃᓗᐃᑦ – ‘Lugar de abundante pescado’

Ojalá hubiera sabido antes todo lo que sé ahora. No solo sobre comida, sino sobre modos de producción, hambre (sí, hay 800 millones de personas que no tienen qué comer), medio ambiente, destrucción de ecosistemas y cambio climático.

Con toda esa información en la mano, con mi concepción del mundo y mis ideas políticas, no se trata de que quiera o no ser vegetariana. Se trata de que no puedo ser otra cosa sin llevar una vida con una coherencia interna de morondanga.

¡Pero todos somos incoherentes!, dice la turba.

Y una polla.

Una cosa es que yo compre el papel higiénico en un supermercado porque no hay otro lugar donde comprarlo; una cosa es que yo compre ropa en multinacionales porque no existe otra opción (y puedo elegir comprar menos ropa, o apañarme con lo que me dan de segunda mano, que es lo que hago) y otra cosa es cagarla en el resto de las decisiones que uno sí puede tomar porque la pureza no existe.

He tenido mis primeras Navidades sin crueldad (sí, le he puesto ojitos a la sapateira, pero no me la he comido. Es que yo me he hinchado de jamón ibérico, ¿saben? Pero la sapateira es solo una vez al año) y el único escollo ha sido tener que cargar con la comida desde Mérida a Badajoz.

Yo, que soy muy radical pero no tanto como quisiera, ahora veo a un ecologista comiendo carne y me parto. De hecho, he dejado de pagar la cuota de organizaciones ecologistas porque no dicen nada de dejar de comer carne. Que, por cierto, tardas más en borrarte de Greenpeace que darse de baja de Telefónica cuando tienes un contrato de permanencia. Cuando no hagáis listas rojas y verdes de peces y digáis claramente que comer pescado en el primer mundo sobrealimentado es innecesario, insolidario y antiecológico  me volvéis a llamar, chicos. Mientras tanto, prefiero sostener a otras organizaciones que no son tan laxas.

No me gustan las medias tintas. No me han gustado nunca y no voy a comenzar a la vejez.

Dentro de cuatro meses cumplo 40. No me he hecho propósitos de año nuevo que no pueda cumplir. Aumentar la ingesta de fruta, no llevarme dinero al trabajo para no asaltar la máquina (la drogadicción es lo que tiene), hacer deporte e ir andando a todas partes (salvo en circunstancias climatológicas adversas). Adherirme a la pauta dietética por fin y aprender a controlar la ansiedad.

No, no está lo de disfrutar de la vida. Yo disfruto de todo.

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Muchísimas gracias

15 thoughts on “Cuatro años y mil cambios

  1. Me gustaba tu post mientras lo iba leyendo, pero cuando he llegado a lo de no llevarte dinero al trabajo para no asaltar la máquina (yo a la de mi trabajo la llamo Demonio) ha sido como si lo estuviera escribiendo yo.

    A mi también me gusta mucho el pescado y a veces echo de menos el atún, el salmón, las doradas… Las sardinas! Pero como tu dices, comerlo no es una opción cuando quieres vivir sin disonancia cognitiva.

  2. Yo, aprovechando que hoy cumplo años y que hace tres días salió el tema de “me acepto, pero estoy lejos de quererme”, me voy a montar en la elíptica a las 17:00 en punto. Porque necesito un horario y mentalizarme de que a las cinco de la tarde, yo estoy montada en una elíptica y luego ya veremos si entreno y esas cosas. Pero primero, conseguir una hora de elíptica y hábito. Sigo sin llevarme dinero al trabajo. Paso el mono a pelo. Porque además todo tiene grasa animal, pero mi ansiedad es capaz de decirme: “venga, por una bolsita, si total no comes carne ni pescado, qué más dará un trozo de grasa animal”… Y por ahí no paso. Que el otro día en casa de un amigo había aceitunas rellenas de anchoa y yo pasando.

  3. ¡¡Muchísimas felicidades!! Y ojalá este blog cumpla muchos años más. Y no te preocupes que vas a cumplir todos tus propósitos,son realistas así que con un poco de empuje y poco a poco, a tu ritmo, a por ellos. No digo que vaya a ser fácil, pero ¡a por todas! Tu puedes.

    Un abrazo, y ya sabes que aquí me tienes abonada al blog, que me gusta mucho. ¡Besos!

  4. ¡¡Felicidades, Sar!!

    Tienes algo de lo que carece la inmensa mayoría, y no me refiero a un par de ovarios XXXL: se llama honestidad mayúscula.

    Llegará el día en que pases justo por delante de la maquinita de Lucifer y ni te des cuenta de que la muy ****** intenta persuadirte con Risketos.

    1. Ya no hay Risketos, ahora hay Chaskis, pero leí los ingredientes y tienen grasa animal, así que me digo: grasa animal, grasa animal, no has dejado de comer jamón ni sapateira para comer grasa animal de una bolsa de guarradas…

      Lo que me funciona es no llevarme dinero. Así te lo digo.

  5. Creo que los naturales y los rancheros solo llevan aceite vegetal, pero es mejor no saberlo. Tú sigue dejando el monedero en casa.

    Tuve una época en la que me daba por las palomitas chocolateadas, las de mantequilla y las que llevaban ketchup, y ahora lo recuerdo y parece que fue hace un millón de años.

  6. Según la web de Facundo los ingredientes de los naturales son: Harina de maíz, Aceite Vegetal, Sal, Azúcar, Gasificante (Bicarbonato Sódico) y Acidulante (Ácido Cítrico). No contiene gluten. Puede contener trazas de derivados lácteos y soja.

    Parece que los únicos que llevan proteína animal son los barbacoa. Hay que joderse, que el cuerpo y la salud lo agradecen.

    1. Venden unos de queso y los naturales en la máquina de vending, no. Pero cuando paso por ella, como veinte veces al día porque está en el pasillo y porque hay cinco máquinas de vending en mi trabajo, me digo: esto ya no lo como. De todos modos, hoy he sacado mis cuatro euros con no sé cuántos céntimos del monedero, los he metido en la funda de las gafas que tengo en casa y ya está. No quiero tentaciones absurdas, ni en forma de Coca-Colas, ese invento del averno (que a mí me flipa) ni en forma de guarradas.

  7. Por supuesto que vas a cumplir esos propósitos! Y te aplaudo por cómo decidiste tomar cartas en el asunto y dar un cambio tan radical en tu alimentación. Mucha gente obvia que uno de los motivos por los que deberíamos comer menos animales y más vegetales es precisamente por la sostenibilidad, es que simplemente el planeta se va al carajo y gran parte de la culpa la tiene nuestra forma de alimentarnos hoy, es totalmente absurda. Yo dejé de comer carne primero porque me gustan demasiado los animales y soy incapaz de comérmelos, pero cuando abrí los ojos me di cuenta de que el tema va mucho más allá.
    Ánimo que le vas a ganar la batalla a las dichosas máquinas 😉

    Un abrazo

    1. Ha sido un proceso largo largo… Lo que temía, que era “cómo lo hago para comer fuera en esta Extremadura”, porque a mí me ha costado mucho tener amigos en Mérida (porque no estaba yo como para abrirme, ahora lo sé, pero antes no lo sabía) y no quiero dejar la vida social. Pero también creo que, lo mismo que hay gente a la que le funciona dejarlo todo de golpe, hay otra gente que precisa de un camino más pausado, para que luego así sea real (sobre todo cuando esa gente tiene ataques de ansiedad diarios y se lo come todo). 🙂

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