Gorduras y autoestima

Es Raquel Welch. La llamaban “el Cuerpo”.

Hace algún tiempo, que en internet es como decir hace dos años, apareció un post de Dime qué comes que hizo reventar los comentarios, el Twitter y demás. Varias personas, por privado, me preguntaron a qué me refería yo con mi respuesta, que decía lo siguiente:

Ser obesa SÍ está reñido, MUY REÑIDO, con tener autoestima. MUY reñido. De hecho, son incompatibles.

Si estás obesa, es que no te quieres. Punto.

¿Puedes ser obesa y follar como una loca y pintarte los labios y comprarte ropa mona? Sí. ¿Eso es autoestima? UNA MIERDA.

Muchos infirieron que, si estás gorda y no te quieres, las flacas son felices por siempre jamás y se aman locamenti y con fruición. Pero yo nunca hablé de la gente delgada ni establecí ese paralelismo absurdo. Y, además, pensaron que yo me refería a algo tan etéreo como ser feliz. La felicidad. Bueno, vale. Yo, por ejemplo, considero que, en mi baremo de felicidad, entran tener un trabajo estimulante mentalmente por el que me paguen un sueldo digno; tener un techo y comida, agua, luz; que mis amigos estén cerca o que haya maneras de comunicarme con los que están lejos (ahí entra la conexión a internet) y gente alrededor que me haga la vida bonita y fácil y aquí incluyo a los que tienen cuatro patas, además de dinero suficiente para mis vicios, que son muchos y variados y que contemplo como necesidades básicas (teatro, libros, conciertos, viajes). Para otros es tener un armario lleno de ropa: yo tengo dos pantalones y voy que me mato.

En realidad, si abrís mi armario, hay como diez o doce pantalones, todos de segunda mano… que no me puedo poner. ¿Por qué? Porque estoy gorda. Y no me entran. No es que me haga muy feliz, eso, si es que hablamos de felicidad.

Cuando una dice las palabras mágicas (“estoy gorda“) enseguida salen muchos (bienintencionados, pero mentirosos), que te dicen que estás estupenda. No, a ver. Me sobran kilos. Un huevo de kilos. Yo he sido obesa y ahora tengo sobrepeso. No es un sobrepeso leve. Sé por qué lo tengo, de dónde viene mi ansiedad y por qué como y cómo funciona mi cerebro con la comida: saber todo eso es el primer paso para cambiarlo, con mucho esfuerzo y haciendo cosas de yonki, como no llevarse dinero al trabajo para no asaltar la máquina y pasar la ansiedad como se pasa un buen mono: a pelo. Con taquicardias y asfixiándote, sí. Con un par.

La gente no engorda así, sin más. Ahora saltará alguien que es que hay enfermedades que… Sí, claro, y las tienen uno de cada cuatro adultos y uno de cada tres niños. Que no comamos verduras ni legumbres no tiene nada que ver. Que no hagamos ejercicio tampoco. El boom de la repostería americana seguro que no. Por eso los posts más comentados y más vistos del blog llevan brócoli. Al vapor. Sin sal.

¿Se puede querer una persona que se ha dejado poner treinta kilos, así, uno detrás de otro? No. ¿Se puede querer a sí misma una persona gorda de toda la vida? Menos. Porque la gordura es el centro de la vida, señores. Nadie te pregunta si eres feliz cuando hace tiempo que no te ve: te dice si estás más delgada y más guapa o cuánto has engordado.

Qué delgada estás, qué bien te veo.

Hay grandes diferencias entre una persona que está gorda por algún problema (tiroides, genes, yo qué sé) y los que estamos gordos de comer. Que somos la inmensísima mayoría, aunque nadie admite nunca que está gordo de comer (preguntadle a mi nutricionista: fui la única que se lo dijo en años de consulta). Y, en general también, la gente no adelgaza por salud. De repente un día se levantan y dicen: Ay, me voy a ocupar de mi salud. No. La gente adelgaza porque se ve mal. Y porque, además, les cuesta subir las escaleras y se asfixian. Y, cuando adelgazan, dicen: “Mira qué mona estoy”, no te dan las cifras de cuánto les ha bajado la presión arterial. La salud es muy importante como concepto elevado, pero a nadie le importa una mierda cuando tiene 20 años. Ni a los 40 tampoco, aunque ya vayas notando achaques. Nadie va a admitir nunca que adelgaza para enfundarse un traje apretado sin parecer un morcón, porque también consideramos los cánones estéticos como algo frívolo y superficial. Pero yo soy una impúdica: me he pasado la vida comprando sujetadores horrendos de señora de 70 años, jerséis que me sentaban como un tiro porque eran los que me cabían y, de resultas de mi realidad (me compro lo que me cabe), ni sé cómo combinan los colores ni tengo un estilo propio. Tengo que ir con gente a comprar porque miro un jersey y, salvo que sea negro, no sé si me gusta o no. No sé si es choni. No sé si es hortera. Me he pasado la vida vistiendo fatal. No quiero vestir hortera ahora que la industria se ha dado cuenta de que más de la mitad de la población española está gorda como un trullo.

Nosferatu. ¿Qué hace aquí? Ahora lo veis

Imaginemos: tú creces con mensajes todo el día del tipo: “estás gorda”. Vas a comprar ropa y no te cabe nada. Te plantas desnuda en el probador, con esa luz que te hace parecer Nosferatu y los pantalones no te suben de la rodilla. Y eso en la temporada de verano y en la de invierno. En verano, no te puedes poner faldas porque los muslos te rozan. Y te sale sangre. Sangre, señores. Y, por supuesto, con 14 años, 15 o 22, tú sales del probador cagándote en el capitalismo, pensando en que estás buenísima y en que el sistema patriarcal permite solo un determinado tipo de mujer para poder objetivarla. Y el chico que te gusta, que no es el gordito del fondo, sino el tío bueno (y gilipollas) de la clase, se lía con una rubia que está buenísima. Pero tú sigues ahí, con tu autoestima a prueba a bombas y saliendo a la calle con la cabeza muy alta y comiéndote el mundo y sin sentirte insegura cuando ves toda tu celulitis, porque tú estás muy buena. En la adolescencia. Anda y no me jodáis.

Pero a lo mejor es que no ha sido en la adolescencia… A lo mejor engordaste después, a los 25. Claro. Y te encerraste a comer como una vaca por cualquier cosa que te pasó y ahora me intentas convencer de que te querías horrores en ese momento. Y durante el proceso. Y después, cuando fuiste a comprar y no te cabía nada. Porque tú te pusiste hasta el culo en un año de comer, pero te quieres un montón, ¿eh?

No está escribiendo esto una tía con la 38. Yo tengo la 46. He tenido la 52 y la 54. He estado ahí. Y no he sido la única. Muchas de mis amigas también han estado ahí. Con obesidad. Varias, con obesidad mórbida. Las hay más seguras y menos seguras y con problemas de kilos de más por diferentes cuestiones. Pero siempre han sido “problemas de kilos de más”. Nunca me han dicho “mis kilos de más son una bendición porque el sistema capitalista y el patriarcado hacen que yo no encaje en un cuerpo heteronormativo. Yuju. Alabado seas, Señor, por la pizza, los donuts y las patatas fritas”.

¿Que, de pronto, un día, una puede hacer click y dice: oh, estoy gordibuena, voy a escribirlo, a contarlo y a poner morritos en las fotos de Instagram? Yo paso, perdonen. Me parece hasta peligroso. Si estás gordibuena (y el movimiento de aceptación de las gordas surge de la misma base del sistema capitalista, que eso ya lo explicó Lucía mejor) y te conformas con estar gordibuena, no adelgazas. Y, si además, fumas, como yo, y tienes una enfermedad crónica, como yo, vas a tener muchas papeletas para muchas otras cosas feas: y yo, con mi bruxismo, mi férula de descarga y mi colitis ulcerosa ya tengo bastante, muchas gracias.

Una gordibuena. Idos a tomar por culo. Despacito. Desfilando.

Además, a quién pretendes engañar: tú no encajas. Porque, para ser gordibuena, hay que ser guapa. Si no tienes una cara que encaje en los cánones occidentales del siglo XXI, date por jodida. Y yo no la tengo. Es decir, lo primero no es la autoestima. Lo que importa es ser guapa, chicas. Y tener un cuerpo proporcionado. Si tienes forma de pera o unas piernas de palillo y una barriga como la catedral de Burgos, no encajas. Porque, en la sociedad, se trata siempre de encajar. También tienes que gastarte los cuartos en ropa, pasar dos horas maquillándote y comprar collares, pendientes y tacones y esas cosas. O sea: tienes que ir a la moda y vestir bien y sacarte partido. Las mujeres siempre tenemos que sacarnos partido. Porque tú, tal y como eres, sin pintar, y con una sudadera, pues eres una gorda sin más. Tienes que taparte la cara y el color natural de tus labios, alargar tus pestañas y ponerlas más espesas. Pero, ojo ahí, te tapas porque te quieres. Luego ya, al final del todo, están tener el guapo subido y mucho sentido del humor. O sea, de lo importante, que es la base de todo (la base de algo que ya sabemos: que no hay objeto deseado, sino sujeto deseante), de las cosas que te dices a ti misma, de tu carácter y de tu personalidad, de lo que dices a los demás, algo deslavazadito: transmitir. Aunque no hables. Porque, para qué vamos a decir que puedes ser culta, experta en cómics, feminista, segura de ti misma, extremadamente buena en tu trabajo, inteligente hasta el descaro y comprometida socialmente. Lo que importa es que seas divertida. Y que transmitas. El aura, supongo. La caída de pestañas. Algo.

¿Quiérete como eres? O sea: ¿me estáis contando que la base de esta historia es: quiérete mucho aunque peses 50 kilos de más y que no te importe si pesas 50 kilos de más, porque tú te vas a querer mucho igual? Quererse no es esto. Esto, vamos a llamar a las cosas por su nombre, es aceptarte. Que está muy bien, ojo. Es mejor aceptar 15 o 20 o 30 kilos de más que no mirarte al espejo y creer que eres la mujer más fea que hay sobre la Tierra. Pero aceptarse no es quererse. Si uno se quiere, se cuida. Lo demás es un parche. Hay grandes diferencias entre decirse (sí, decirse a uno mismo) mensajes incapacitantes y violentos, dejar de decírselos y aceptar tu realidad, pasar a decirte cosas bonitas mientras estás en el proceso de quererte mucho y luego ya sí: quererse.

Píntate y tápate. Que al natural eres una gorda sin más.

Quererse mucho, por cierto, no es estar gorda y, además, follar con muchos tíos. ¿Desde cuándo quererse es follar? Porque es lo primero que me dicen: “Pues yo follo todo lo que quiero”. Ajá. ¿Me estás diciendo que te crees lo de los cuerpos heteronormativos, voy a ser rebelde porque el mundo me ha hecho así, pero que tu baremo de aceptación social es el éxito sexual? ¿Tú te crees que yo soy gilipollas? La autoestima es unidireccional, cariño: no tiene nada que ver con cómo te vean los demás. Ni siquiera si esos demás te ven mucho rato desnuda.

El mensaje no es: “qué guay, chica, hay un movimiento, las gordibuenas, no adelgaces nunca aunque no puedas caminar diez pasos sin asfixiarte, porque tú también puedes estar buena”. El mensaje es: “Comienza a quererte de una puta vez, analiza por qué tienes este problema con la comida (hola, psicólogos del mundo), mira a ver cómo lo puedes solucionar, levanta el culo, haz deporte y vete a un nutricionista”. Porque, si comes mal, te estás maltratando. Y te estás maltratando por esto.

Que, si no queréis leer a la Organización Mundial de la Salud, yo resumo:

  • enfermedades cardiovasculares en general
  • accidente cerebrovascular
  • cardiopatía
  • diabetes
  • trastornos del aparato locomotor, en general
  • osteoartritis
  • cánceres (endometrio, mama, colon).

 

Esto es maltrato, señores. ¿Me estás diciendo que eliges tener un cuerpo enfermo porque tú te quieres mucho?

¿De verdad?

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Adenda: Este último párrafo no haría falta escribirlo, pero lo voy a escribir. No estoy diciendo, bajo ningún concepto, que las chicas guapas que van al gimnasio, y se cuidan y comen bien, se quieran mucho todas y sin excepción. Pueden estar llenitas de complejos, ir al gimnasio para no poner un gramo porque se ven feas y maquillarse como si estuvieran enfoscando paredes porque les da vergüenza que les vean la cara tal y como es. Las conozco. Gente que tiene una inseguridad tan brutal (y, oh, sí: follan mucho. Y vuelta la burra al trigo) que no abren la puerta de casa sin una máscara de pestañas en el ojo. Lo único que estoy diciendo, y siento joderos los mundos de Yupi al resto de las que ven este movimiento de gordibuenas con simpatía y condescendencia (porque las que estamos gordas y tenemos criterio lo vemos peligroso) es que, si eliges estar gorda pudiendo estar delgada, no te quieres. Y sí: hablo de mujeres y en femenino. Porque los tíos son otra cuestión. Y aún más: otra cosa es que estés empezando a quererte y te digas: esto hay que pararlo. Porque la cuestión final es que, si te quieres, esto lo tienes que parar.

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43 comentarios en “Gorduras y autoestima

  1. Creía que no iba a estar de acuerdo contigo….pero resulta que sí. Cuando me miro al espejo (que no es habitual) y veo mi cuerpo deformado por los kilos (tengo sobrepeso, no obesidad) me digo que cómo puedo hacerme eso a mí misma…no me quiero mucho, no.
    Y me gustaría añadir: los padres que obligan a comer a sus niños pequeños cantidades absurdas, obsesionados con que hay que acabarse el plato, metiéndoles la cucharada de puré a presión (he visto a unos sujetar las manitas de la niña para que no protestase 🙁 ), aunque quizás no se den cuenta, tampoco les están queriendo.
    Por último: enhorabuena por estar en el camino. Lo del dinero no se me había ocurrido….voy a ponerlo en práctica. Por cierto, esas máquinas deberían estar prohibidas.

    1. Lo de los padres es un horror. Realmente, no nos enseñan a comer. Yo tengo por ahí un post (Qué hubiera pasado si… en el que lo explicaba también. Ahora que lo releo, me hace gracia, porque sí como acelgas. Juas juas juas. Y me gustan mucho. El paladar va cambiando, eso es así.

      Y sí: esas máquinas deberían estar prohibidas. Debería haber fruteros. Pero no los hay.

    2. La culpa es de los padres que dan de comer mucha cantidad…. La culpa es de la sociedad que nos vende un imagen de mujer no realista….
      En fin, a ver cuándo hacéis un poco de autocrítica, admitís una gran parte de culpa y ponéis solución. Dieta, ejercicio, etc… Que es muy fácil echar balones fuera, y más en internet

      1. Obviamente, si en casa no te enseñan a comer, lo vas a tener más complicado. Y sí, la sociedad vende una imagen de mujer que no es realista: ni siquiera es real, está basada en retoques fotográficos. Y no solo es la imagen: es el tipo de mujer que se vende.

        Lo de a ver cuándo se hace un poco de autocrítica y ponéis solución es básicamente lo que yo he dicho, pero con menos suficiencia. Entre otras cosas porque yo hablo en primera persona del plural y tú en segunda persona del plural. Vosotros. Que yo soy guay, ¿eh? Y me dedico a decirles a los demás que hagan autocrítica y que tienen “culpa”. Así, judeocristianamente.

        Yupi y viva.

  2. Enhorabuena por exponer de forma tan clara tu punto de vista, contando además con tanta sinceridad y sin tonterías tu experiencia propia. No es fácil.
    Yo ya lo dije en el post de Lucía, a mí esta moda de alabar la gordura porque sí, me da miedo. Es peligroso, como muy bien dices tú también. El sobrepeso, la obsidad, no es salud. Y hay que ponerle remedio si uno realmente se quiere, porque se trata de algo mucho más importante que cuestiones de belleza, y por desgracia es verdad que casi todas las mujeres que quieren perder peso lo hacen por otros motivos, no pensando sólo en su salud. Mi suegra lo ve en su consulta todos los días… Tiene que convencer muchísimo a sus pacientes de que, o pierden kilos, o perderán calidad de vida, y esperanza de vida también.
    Yo ahora tengo un problema, tras tener sobrepeso en la adolescencia caí en trastornos alimentarios y me sucede al reverés, cuando tengo ansiedad o épocas de nerviosismo adelgazo mucho casi sin darme cuenta. Me he jodido mucho la salud con ello… Lo peor es que, aunque sé que tengo que coger peso, cuando la báscula marca más kilos por un lado me alegro, pero por otro siempre está esa maldita voz de fondo que me susurra que jamás de los jamases tengo que engordar… Es todo una mierda, la verdad.

    Al finl he desvariado, pero he visto tanta sincerdidad en tu post que no he podido evitarlo. Que yo sólo venía a plaudirte 😉

    Un abrazo y mucho ánimo

    1. Ay, la báscula… Yo creo que también debería estar prohibida, la báscula, salvo en la consulta de un nutricionista, si es que la usa (hay algunos que no la usan). La percepción de una misma puede ser aterradora. Y además, irreal. Casar la realidad con tu percepción es el meollo del asunto. Negar cosas, engañarte y demás (qué buena estoy aunque me sobren 30 kilos), pues no lo es.

      Yo, si tengo ansiedad, como. Pero mucha gente adelgaza muchísimo porque se olvida de comer. Sobre trastornos alimentarios yo no sé mucho (un par de amigas los han tenido y me parecen terribles también), pero supongo que la vocecilla interna (no engordes, no engordes) siempre se queda ahí…

      🙂

      Besos, cariño.

  3. Bueno… La verdad es que no se que decirte, estoy algo conmocionada. Pero voy a empezar por un gracias para ti y por un “se acabó” para mi… O “empezó” no se muy bien como enfocarlo.

  4. Siempre pienso lo mismo cuando te leo: honestidad brutal. No sé si es bueno, pero siento que escribes desde la mala hostia y el cabreo, lo cual hace que tus posts siempre sean tan honestos, auténticos y tengan la cualidad de involucrar a la gente.

    Me quedo con la conclusión, muy certera: “El mensaje es: “Comienza a quererte de una puta vez, analiza por qué tienes este problema con la comida (hola, psicólogos del mundo), mira a ver cómo lo puedes solucionar, levanta el culo, haz deporte y vete a un nutricionista”. Porque, si comes mal, te estás maltratando.”

    Y el regusto que me queda para el día de hoy, después de leerte, es que odiarse, aceptarse o cualquier otra cosa, es a veces mucho más sencillo que quererse. Yo que nunca he estado gordo, ni soy mujer, ni he tenido problemas con la comida… me involucro con tu texto en que, al final, el camino largo y difícil es aprender a quererse, y que buscamos todas las máscaras posibles para retrasarlo y no hacerlo, si podemos.

    Un abrazo

    1. Parece que estoy cabreada porque hablo como una tabernera. Y también porque me aterra este movimiento de las gordibuenas. Adoro que haya vestidos de mi talla, ojo. Que me he pasado la vida vistiendo mal. Pero, mientras vistes bien, tienes que saber que ahí hay un camino: no te puedes quedar en: qué bien me sienta este vestido.

      Quererse es muy complicado. Pero comienza con saber quién eres, no dañarte y no lanzarte mensajes de mierda. 😛

      Muchos besos, cariño. Vente a Mérida. Que tengo ganas de verte.

        1. La autoafirmación está muy bien. Es el primer paso. Pero no conozco a ninguna gorda que se haya pasado todos los minutos de su vida diciéndose a sí misma: estar gorda mola, voy a comer más.

          De verdad que no. 😉

  5. Miedo me da la banalización de la obesidad, lo digo yo con mis muchos kilos de más, con mis años trabajando en sanidad y con mis miles de lágrimas al salir de un probador, ser gordo no es sano, nos pongamos como nos pongamos, que si que se pueden tener unas analíticas maravillosas (como dicen algunos pacientes) pero es una bomba de relojería, efectivamente puede que no sean los déficits vitamínicos, pero serán sin duda los motores, los cardiovasculares, los reproductivos, ser gorda es reducir la calidad de vida ¡JA! me diréis, si yo misma soy gorda. Pues es con conocimiento de causa que lo digo, yo acepto mi sobrepeso pero no lo abrazo, me niego a aceptar que porque se hagan vestidos cada vez más grandes -en plan tirita emocional- esté bien perpetuar la obesidad; el término gordibuena me sienta fatal, me alegra no ser la única.

    Gran post, un abrazo.

    1. Yo es que lo de las analíticas maravillosas no lo veo, la verdad. Sí, puede que no te falte de nada. Pero maravilloso no estás. Creo, también, que la mejor manera de aceptar el sobrepeso es no permitirte kilos por encima. Yo en verano engordo: el pasado puse como cuatro kilos (tengo problemas de control cuando salgo fuera de casa). Me los he quitado. En Navidad me llevé la comida, comí dulces (obviamente) pero muy pocos. Y no puse nada. Ahora me tengo que quitar el resto, porque estoy igual que cuando lo dejé: llevo dos semanas, pero no sé de dónde partía, porque me pesé ayer por primera vez… 🙂

      Y sí: la banalización de la obesidad. Esa es la frase.

  6. Un olé para ti. Yo hace 3 meses decidí que tenía que buscar ayuda, porque no me gustaba estar gorda, así de claro y por lo que he visto a mi al rededor a nadie le gusta estar gordo.. ni por estética ni por problemas de salud… (las dos cosas!!) estar ágil es indispensable si eres una aventurera como yo, viajar, conocer gente, ser social.. para mi es importante sentirme bien, que no hable 5 frases y me falte el aliento.. ¿porque nadie habla de esto? el sobrepeso afecta físicamente hasta en el habla, el que puedas pasear son cansarte, poder seguir el ritmo de tus amigos.. y poder disfrutar plenamente de una actividad física y social…

    Yo empecé a engordar con 25 años por una depresión tras sufrir un desengaño amoroso y no me di cuenta hasta años después.. reconocerlo es un paso grande y que ayuda mucho a solucionarlo. Pero estas campañas y esta gente que se suma a ellas están haciendo algo peligroso, porque lo que hacen es disuadir a personas, sobre todo adolescentes, de que vean un problema en estar obeso y que los padres con esa disonancia cognitiva no vean un problema en tener un hijo obeso…

    En fin, este tema es grave, más de lo que se piensa.. y hay que parar estos pensamientos auto destructivos, que lo son.
    Gracias por tu artículo, muy revelador 😉

    1. Yo no me acuerdo de cuándo empecé. Sí tengo una foto en casa con 16 años y un cuerpazo… que yo veía gordo y quién lo pillara. Y sí: yo he ido andando lentamente por la calle y hablando por teléfono y me han preguntado si estaba subiendo escaleras. Y ni siquiera he notado que estaba jadeando. Era una cosa tan interiorizada que no la he notado…

      Y el tema de los niños gorditos y saludables también me mata.

      Muchos besos.

  7. Genial, toda la razón, mi hermana mayor tiene obesidad, su primera dieta a los 12 con la endocrina, luego vinieron otras, siempre fracasando, operación… vuelta a engordar…nunca la vi feliz con su cuerpo, llorando al ir a comprar ropa… le pasaré tu artículo a ver si se le enciende la luz y cambia el chip. Gracias,

    1. Yo creo que a lo mejor, psicólogo y nutricionista, le vendrían bien. Después de una operación (que supongo que fue reducción de estómago) es muy peligroso engordar… Espero que pueda superarlo (sí, de superarlo se trata, la verdad) y que pronto esté feliz. Un abrazo para las dos.

  8. ¡Hola! Yo ya te dejé mi opinión en facebook, y vaya, sí que has escrito prácticamente lo mismo pero con otras palabras, se ve que estamos de acuerdo y pensamos igual.

    Yo creo que se nos está yendo mucho la cabeza. Por un lado el ideal estético social ha sido desde hace mucho tiempo unos cuerpos que no se corresponden con los de la mayoría de la sociedad, fíjate lo que le pasó a Inma Cuesta con el photoshop, porque se supone que así tenía que ser ella para ser perfecta según los que le hicieron el reportaje…O los ángeles victoria secret, que muchas para llegar al desfile con ese cuerpo se pasan días sin comer para tener ese cuerpo el día x… Esto es muy peligroso y ha hecho mucho daño, y lo sigue haciendo. Por otro lado surgen las gordibuenas, como en contraposición con el grupo anterior, y acabamos alabando el sobrepeso y la obesidad…

    Pues bien…¿y donde queda la gente normal con peso saludable? Porque yo no me veo representada en ninguna parte…¿Debería engordar de nuevo para ser gordibuena?, porque total, ahora estar gorda es lo más, a ver si es que yo estaba buenísima ya con los 20 kilos más que pesaba antes y he perdido el tiempo cambiando hábitos y haciendo deporte… O no, más bien como mi imc es de 23, que no es especialmente bajo (creo, no me lo sé de memoria) y tengo cartucheras y celulitis, y mido 1,47 m y no se me ve nada estilizada, sino que estoy bien lejos de tener la imagen de las chicas de victoria secrets a pesar de estar en normopeso (mi normopeso va de los 40 kilos a los 54, la horquilla es grande estéticamente hablando, yo estoy en 49,5 kilos)…pues para mucha gente sigo estando “gorda”, porque hija, ese culo no es medio normal, tanto adelgazar para haberte quedado así, que pena, con el culo celulítico a pesar de hacer deporte… Pues nada, como mi cuerpo se ha estancado en ese peso a pesar de comer super bien, tendré que empezar a ayunar, a hacer deporte hasta que me lesione o algo, que sino no puedo encajar en ninguno de estos dos grupos y me quedo en el limbo, en tierra de nadie…

    Marylin hoy sería casi una gordibuena ¿nos hemos vuelto locos o que? ¿Solo nos van los extremos? ¿Ahora vamos a pasar a la obesidad para vernos bien?

    Vamos, que al final o gordibuena o supermegadelgada…¿y no se puede estar en normopeso, cuidarse, quererse, disfrutarse como se es, y ya está? Ya me lo dijo Lucía en consulta, ¿vas a ser más feliz pesando 2 kilos menos y que te cueste la misma vida mantenerlos? ¿te va a querer más tu familia, tu marido? ¿vas a ser mejor en tu trabajo?…Menos mal que puso un poco de cordura, porque la necesitaba.

    1. “¿vas a ser más feliz pesando 2 kilos menos y que te cueste la misma vida mantenerlos? ¿te va a querer más tu familia, tu marido? ¿vas a ser mejor en tu trabajo?”: Ahí hay una clave brutal. A ver: una cosa son las presiones sociales sobre los cuerpos femeninos (y sobre los masculinos también, ahora: pero digo bien: AHORA. Antes no y no de la misma manera) y otra cosa es de lo que yo hablo aquí, que es quererse. Si me meto con la representación de la mujer en la sociedad, es que me dan los siete malos.

      Lo de Marilyn lo he pensado yo cientos de veces. De hecho, una vez escribí una cosa sobre ella que terminaba diciendo: Hoy la hubieran retocado con Photoshop.

      1. Sí, ya sé que me he desviado del tema del que hablas aunque esté relacionado, pero como ya te di mi opinión sobre él iba a repetirme…así que me he metido en otra senda…A mi también me dan los siete males, me gustaría saber como contribuir un poco a cambiar todo esto. Me encanta como escribes. ¡Un abrazo!

  9. Ay mare, que difícil es todo a veces.

    Ya lo comenté en el post de Lucía, me da pánico el movimiento del capital en torno a las gordas (en estricto femenino, al menos hasta que los hombres consuman ropa en vez de comics o cerveza en montos suficientes para resultar un negocio).

    Pienso que por nuestra salud mental deberíamos promover un modelo de mujer real, dentro de los límites de lo razonable para la salud. No podemos balancearnos entre las 36 y las 54 y decir que cualquiera de ellas es bella. No lo son. Las 36 no obedecen a un canon de belleza realizable a partir de los 14 años; y las 54 no son un canon de salud aceptable.

    La liberación de la heteronormatividad pasa por abandonar la simbología tradicional femenina obligatoria (mierda de tacones, rimmel y collares, mierda cuando los imponen y no los elijo) y entender que un cuerpo es como tiene que ser, la 38, 40, 42, 44, 46 son tallas adecuadas a un cuerpo sano, más o menos regordete, pero sano. Y entender que no podemos poner como punto de partida a mujeres que no son reales para establecer a partir de ellas [o sus imágenes manipuladas hasta el hastío] el canon de lo que está bien o está mal.

    Pero … el capitalismo manda. Al menos por ahora.

    1. La cuestión es que nosotros, como individuos, no promovemos nada. Son las diferentes industrias las que lo hacen. Lo que no sé es cómo funcionan, sinceramente, porque, obviamente, lo que no se consume no se produce (cuerpos incluidos).
      Yo mido 1,70, tengo la 46 y peso 84 kilos. Mi talla no es la de un cuerpo sano. A no ser que midas 2,05… Yo estoy en el 29 de IMC y en el 30 comienza la obesidad.

  10. Hola a todo el mundo. Les escribe un hombre; una persona del género masculino, vamos… Sólo quiero decir que siempre me ha parecido la obesidad un problema de salud. En casa también ha estado, y de hecho está, presente ese problema. Dejo a un lado toda la cuestión de aceptarse, quererse, tener más o menos relaciones sexuales y todo eso. Para mí, como digo, se trata de salud, como se apunta en el artículo. Sufre el corazón, sufren las arterias, sufren el páncreas, el hígado, las glándulas que generan hormonas, los huesos, los músculos, el cerebro… sufre TODO el cuerpo. Adelgazar es luchar contra uno mismo. Luchar contra tus pocas ganas, contra la frustación, contra la ira, contra la desgana, la impotencia y el sentirse fracasado. Y por supuesto, contra tu cuerpo que te chantajea para que sigas así. Espero que esto que voy a decir a continuación no se considere SPAM. Es un consejo. Un recurso. Un inicio. Una inspiración. Como quieran interpretarlo. Hay una web que a mi me ayudó mucho y que se llama http://www.fitnessrevolucionario.com. Aquí un señor explica muchas cosas sobre la alimentación y el ejercicio, desde un punto de vista a mi entender muy lógico: el de “si la naturaleza ha hecho evolucionar al ser humano durante cientos de miles de años de una manera determinada y la humanidad ha llegado hasta aquí sin desaparecer, ¿por qué cambiarla?”. Pues nada, ahí lo dejo. Mis mejores deseos para todas las personas.

    1. Nos gusta mucho Marcos, que es el que está detrás de Fitness Revolucionario. También tiene Twitter y sus artículos están plagados de referencias científicas, que es como hay que hacer las cosas. No es spam recomendar una página seria (otra cosa son los anuncios de Viagra y los de ClubDietas, que sí que son spam y que además no son muy buenos para la salud). Yo tengo su plan de trabajo ahí, pendiente de leer, porque la verdad es que lo tengo pendiente de leer… Me pierdo un poco con sus recomendaciones! Pero eso es porque todavía mi cerebro está en modo “eres una patosa sedentaria”. Ay, no hay nada como conocerse.

      Muchas gracias!

  11. jajajajajaja Me ha encantado, te leí con tono irónico y me he partido de risa con tu realismo, de seguro que más cínica (sin ser en tono peyorativo, más bien lo contrario) puedes llegar a ser. Enhorabuena por esa lengua viperina, que cate o no mantequilla , tanta falta le hace al mundo. ¡Saludos lights!

  12. He llegado al blog buscando una receta vegana y he acabado cotilleando el resto. No soy de comentar, pero tras leer esta entrada he tenido que tirar mis costumbres por la ventana. BRAVO.

    Vamos a dejar de echar culpas (al patriarcado, a la sociedad o a la vecina del quinto) y empezar a llamar a las cosas por su nombre. De la misma manera que criticamos la delgadez extrema, ¿por qué ahora glorificamos la obesidad? No señores. Los extremos son malos y, como bien dices, hay que empezar por quererse más. Y quererse no es sinónimo de estar tres horas maquillándote o de follar como una loca. Ojo, que ni una cosa ni la otra tienen por qué ser malas; pero es que hay pocas cosas que en su justa medida lo sean. Esa es la clave. En su justa medida. Que no pasa nada por perder un kilo o engordar dos. De la misma manera que no pasa nada por saltarse un día la cena o comerse medio paquete de galletas otro. El problema viene cuando saltarse la cena se convierte en no comer más de 300 calorías diarias o cuando el paquete de galletas se transforma en 50€ diarios de comida basura.

    Yo nunca he sido gorda. Pero sí que he tenido una relación malsana con la comida. Lo comento porque, dado que tú te has desnudado emocionalmente en tu post, me parece justo que yo haga lo propio en mi comentario. Yo era anoréxica. Y después de 10 años, aquello mutó en bulimia. 5 años e infinidad de horas con nutricionistas y terapeutas más tarde, por fin tengo una relación adecuada con la comida. Mi problema se solucionó queriéndome más. Aprendiendo sobre nutrición. Dejando de ver la comida como el enemigo o el elemento mágico para solucionar todos mis problemas.

    La obesidad no deja de ser otro trastorno alimenticio – no es el aire lo que engorda sino los atracones. Una relación tóxica con la comida en la que entras en un bucle de amorodio. Y que se glorifique una cosa y se critique la otra me repatea enormemente. Vamos a dejarnos de tonterías y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Que si ponemos el grito en el cielo por cosas tan banales como no encontrar ese pintalabios rojo tan perfecto que hemos visto, deberíamos hacerlo aún más al ver como se maltrata la gente. Porque, como tan bien dices, el maltrato a la salud de uno mismo sigue siendo maltrato.

    1. Me ha encantado tu comentario (¿ves? Hay que comentar más, jijiji).

      Creo que has dado con una clave también fundamental y que yo no he puesto (debería investigar más con estudios y eso, a ver si encuentro algo) y es la relación psicológica que, en el mundo occidental, tenemos con la comida. Engordamos porque comemos, dejamos de adelgazar, usamos la comida como premio (cuando es premio, nunca es un atracón de judías verdes) o como castigo (comiendo menos de lo que necesitamos para estar sanos y fuertes). Mi relación con la comida está cambiando y con el deporte también (después de escribir este post, he comenzado a aplicarme el cuento, porque la escritura tiene algo de catarsis también): voy más o menos bien con ambas cosas (salvo cuando tengo picos de trabajo, que voy mal con las dos).

      Lo bueno es que ahora tengo un foco y me siento mal si no hago deporte. Antes dejaba el deporte y qué bien vivía. Ahora, cuando llevo tres días sin poder hacer deporte, ya mi mente comienza a decir: “Eh, a los abdominales, saca un rato”.

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