Brea y Coyote

Pasaste días encerrada en la caseta del rascador. Yo no te miraba a los ojos, me acercaba siempre de lado para no intimidarte y te metía, a duras penas, el comedero por la puerta para que no te murieras de hambre. También te puse el arenero debajo, por si no querías salir, de lo asustada que estabas. A los dos días, volví a ponerlo en el baño y, cuando creías que no te veía nadie, salías allí despavorida. Corres como si tus patas fueran dos pompones, moviendo el culo que ni las modelos calzadas con 17 cm de tacón de aguja. Las Navidades me las pasé apuntando tus vómitos, echándote colirio en los ojos y observando cómo Coyote te mimaba porque Ororo te odiaba desde que llegaste. El día 27 de diciembre os encontré a las dos así, tras una semana de carreras y zarpazos y por poco no lloro:

Las primeras noches maullabas mucho porque no querías estar sola, pero tampoco que yo me acercara. Coyote iba a cuidarte: se pasaba las horas de tu cueva a mi cama. El 13 de enero, lo apunté, tuviste por primera vez la nariz húmeda, después de un constipado tremendo que me asustó muchísimo. Fue, también, el primer día que Coyote me besó. Tú lo hiciste el 19. El 27 me demostraste que estabas feliz de verme saltando sobre tus cuatro patas y haciendo la croqueta. No sabía que podías ser tan cariñosa. Luego descubrí, cuando ya fuiste valiente y saliste del rascador y permitiste que te acariciara, muy poquito cada día, que necesitas dormir muy pegada a mí: en verano, que hace calor, te separas mucho, te estiras todo lo larga que eres… y pones tu patita en mi brazo.

Eres la primera que se viene conmigo. Sin molestar. No te peleas con nadie, como hacen los otros dos, venga carreras y bufidos antes de dormir. Solo los miras, muy atenta, sentada a mi lado. Me das cabezazos para que te acaricie, caminas por la almohada maullando bajito, te tumbas a mi costado y me agarras el brazo con las dos patitas para darme mordiscos pequeños y para que te toque la barriga. Te encanta que te toque la barriga. Luego esperas a que Ororo termine de mamar para que vaya contigo y durmáis juntas.

Quién te lo hubiera dicho a ti, que pasaste la primera semana en casa intentando jugar con ella y ella parecía la hidra de siete cabezas. Cuando te esterilizaron (el mismo día que descubrimos que la mancha blanca de tu pecho es un corazón perfecto) y llegué sin ti, se volvió loca y comenzó a llorar. Siempre pienso que ojalá os muráis las dos el mismo día con dos minutos de diferencia, porque no sé cómo voy a lidiar con la depresión de la que sobreviva.

IMG_20150918_130957

Tengo una cicatriz en el brazo de la última vez que te llevé al veterinario. Odias que te coja en brazos, odias el transportín, amas cualquier comida húmeda por encima de todas las cosas (amas comer por encima de todas las cosas: a quién habrás salido) y me llamas justo cuando acabo de sentarme para que te abra el grifo del bidé. Siempre lo digo: para Ororo soy su madre; para Coyote, su novia; para Brea, su esclava. A veces te vuelves loca de amor y te pones a aporrearme la barriga con mucha fuerza y mucha fruición mientras me miras a los ojos y ronroneas muy bajito. Ronroneas tan bajito que tengo que tocarte el cuello para saber que estás feliz. Juegas a lo bruto con los plumeros: así haces ejercicio, porque te has puesto como un trullo: yo, que pensaba que iba a tener un gato negro estilo egipcio y tengo una ballena varada de ojos amarillos con legañas todo el día. También odias que te limpie las legañas.

No tienes ni idea de la ternura que me produces.

Desde hace un par de días, te ha dado por subirte a mi hombro, poner las patas alrededor de mi cuello y plantarte ahí, como si fueras un trofeo. Ororo hace lo mismo para refregar su cara contra mi mejilla. Tú, para enseñarme el culo primero. Eres un romántico.

Yo iba a acogerte. Iba a acogerte hasta que alguien te quisiera y te largaras de mi casa. El primer día me diste un zarpazo porque pasé cerca (ahora sé que aquello no era un zarpazo, pero esa noche me acosté con taquicardia y me desperté a las dos de la mañana para darte comida húmeda y ganarte: está en casa, no le puedes abandonar, no le puedes tener miedo, me decía. Esas primeras noches, también, Brea maullaba porque estaba solita pero no se atrevía a salir del rascador y tú ibas a verla, la lamías, te venías conmigo. Pasaste meses maullando lastimeramente: ya no lo haces. Ahora llegas, pones tu cara al lado de la mía y te duermes ahí. Cuando Brea y Ororo pasaron una semana bufándose (bueno, cuando Brea quería jugar y Ororo era la princesa destronada), tú te levantabas y las vigilabas. Si veías que la cosa se ponía fea, te metías en medio.

Me enamoré de ti un poco por eso y me enamoré aún más cuando Ororo llegó a gruñirte porque estabas comiéndote SU comida de SU comedero y la miraste como diciendo: “pero a dónde crees que vas y quién te crees que eres” y seguiste, con parsimonia. Y te amé con locura la semana en la que, durante tres días, paré en casa solo cuatro o cinco horas y te sentaste en mi barriga, pusiste las patas alrededor de mi cuello, enterraste tu cabeza en mí y te pusiste a maullar muy bajito porque me echabas de menos. Tardé tres días en decidir que no eras acogida: dónde ibas a ir tú, cariño mío, otra vez a estresarte (porque te estresas hasta cuando cambio los libros de sitio), de una casa a la perrera, de la perrera a casa de Agus, de casa de Agus a la mía. Así llegaste, malito malito.

Llegaste malito, a los diez días te llevé al veterinario porque si te tocaba cerca de la boca me dabas un golpe de aviso y pensé que te dolía (ahora no, ahora te acaricio donde quiero). Te moriste de pánico cuando quise meterte en el transportín. Cuando tuve que volver a hacerlo, tardaste dos segundos en entrar. Luego lo pensé: las cuatro últimas veces que te habían metido en el transportín, fue para abandonarte. Lo que lloré cuando me di cuenta.

Eres mi viejito protestón. El viejito protestón que gruñe cuando lo levanto de la cama, que gruñe cuando le quito del sillón para sentarme, que gruñe cuando le aparto del brazo que me quiere montar a todas horas (porque tú, cariño, llevas siete años castrado, pero todavía no lo sabes). Es que pesas ocho kilazos, precioso. Ocho kilos que están siempre y a todas horas encima de mí, porque cuando desaparezco para cocinar, tardas cinco minutos en aporrear la puerta de la cocina maullando como si te mataran para que te acaricie. Siempre he de estar dentro de tu ángulo de visión. Aunque vayas a dormir, porque te pasas el día durmiendo. Los gatos son independientes, me decían. Van a su bola, me decían. Son poco cariñosos, ariscos, traicioneros. Cuando te acaricio, levantas la cabeza, cierras los ojos y sonríes.

Porque tú sabes sonreír, sabes besarme apasionadamente y acercar tu nariz a la mía con los ojos muy abiertos. También has aprendido a jugar sin moverte y que esta es tu casa y yo te cuido. Has tardado mucho y ha sido un viaje fantástico.

Estás enamorado de mí.

No se lo cuentes a nadie, pero yo también estoy enamorada de ti.

Feliz cumpleaños, amores míos.

Para suscribirte...
Muchísimas gracias

16 thoughts on “Brea y Coyote

  1. ¡Muchas felicidades! Los gatos son un amor, podría pasar horas tan solo mirándolos, tienen algo mágico y muy especial que te atrapa. Me alegro mucho de que exista gente como tu capaz de dar tanto amor a estos pequeños bichillos. Si mi marido no fuera alérgico yo tendría la casa llena de gatos, supongo que si algún día (espero que muy lejano) me quedo viuda, no buscaré otro marido, sino que llenaré la casa de gatos y me volveré la loca de los gatos…De momento tenemos a Lupita, mi gatita de 10 años que no iba a abandonar por nada del mundo, y de hecho, su alergia ha mejorado bastante desde que vivimos todos juntos (no del todo pero se ve que ya se ha inmunizado mucho). El próximo miembro de la familia esperamos que no se haga mucho de rogar y sea un pequeño veggie humano 🙂

    Felicidades de nuevo, formáis una familia preciosa los cuatro. ¡Que lo disfrutéis mucho!

      1. Se ve que es bueno estar expuesto a ello, mi marido dice que es como una pequeña vacuna cada dia…jajaja Pero sí, no es un impedimento para tener gatos, aunque no me atrevo a meter más porque él no quiere, tiene miedo a ponerse peor y sabe que si entra un gato en casa ya no sale porque inmediatamente se convierte en miembro de nuestra familia…Pero muy contenta que estoy con mi Lupita. Por cierto me alegro mucho de que ahora tengas una familia y te haya cambiado tanto la vida, me alegro mucho por ti y por ellos 🙂 ¡Un abrazo!

        1. Todo son decisiones! Y es verdad que a cada uno le afecta de una manera. El marido de mi prima se sentó una vez en el sillón favorito de otro gato que había muerto hacía tiempo ya y se puso fatal.

  2. Ay, ay, ay, qué cosa más bonita…¡cómo te ha cambiado la vida la pandilla este, nena!
    Y al hilo de tu comentario anterior, efectivamente se puede ser alérgico y tener la casa llena de gatos…nosotros tenemos 6 y somos alérgicos los dos…

    1. Me la ha cambiado un montón. Ya tengo una familia.
      Lo único que me jode es que no me acordé del cumple para poner la fecha del curso de cocina vegana, pero bueno, el dinero que saque va a ser para los gatos acogidos…

  3. Felicidades! Cuánto se puede llegar a querer a estos bichitos! Nosotros adoptamos una perrita viejita que nos tiene perdidamente enamorada, también nos tiene asignados roles, yo soy su mami y mi marido, para ella, es su novio, es divertidísimo ver las distintas maneras que tiene de comportarse con cada uno de nosotros. Feliz Navidad familia!

  4. Debo tener un día tonto. Las Navidades me los traen a montones. Además estoy muy muy cansado. Debe ser eso. O ver mucho de lo que que yo tengo con mis gatos, también. O como lo has contado y lo que transmites. Un poco todo. Solo se que he terminado tu post con una sonrisa y los ojos muy muy húmedos.
    Felicidades no tanto por el cumpleaños como por haberos hecho ASÍ de compañeros.

    1. Carlos Casabona, que es pediatra y es mayor ya, me dijo que también había llorado. La verdad es que no quería escribir un post triste!

      Disfruto mucho con ellos y los quiero mucho mucho. Ayer Ororo se cargó otro cargador del portátil. Me reí y pensé: ha sido culpa mía.

      1. Oye, que no me parece triste. Emocionante sí. Triste puede ser la vida que tuvieron los pobres hasta que llegaron a tu (SU) casa, pero a partir de ahí creo que es justo al revés.
        Pienso en mis propios gatos, en la relación que tengo con ellos, lo especiales que son y el inmenso amor que nos tenemos y chica, con las defensas bajas parece que las emociones, habitualmente bien controladas y encorsetadas, se desbordan un poquito. Tu historia con ellos me parece preciosa :o).

        1. A Ororo su madre la repudió. Ahora yo soy su mamá. Pero Brea y ella estuvieron solo mes y medio en la calle. El que me da más pena es Coyote, porque el abandono es muy duro. Creo que por eso ahora, si me voy un rato, maúlla mucho.

  5. Me encantas cuando escribes de comida …. pero es que cuando escribes sobre los gatos caigo rendida!! 🙂
    Felicidades a toda la familia!
    Ah! yo también tenía alergia a los gatos, así pasé toda mi vida queriendo tener uno y pensando que no podría nunca. Hasta que apareción Minchiña en el garaje 🙂 Mi novio la subió a casa, mis pulmones casi colapsan el primer finde que pasamos juntas y luego …. me curé, así sin más 🙂 Cada caso es un mundo, de todas formas pero siempre hay esperanza en el mundo de las alergias

    1. Sí, las alergias vienen y van, pero hay gente que se pone muy malita! El marido de mi prima se sentó en el sillón (ya limpio, en teoría) del gato de mi otra prima, que se había muerto hacía meses (el gato, digo) y casi se asfixia…

      Me gusta el nombre de Minchina!

  6. Pues he tardado dos días en leer este post. Ya me pasó con el dedicado a Ororo, y la emoción ha vuelto a repetirse. Es que leo un párrafo y me pongo a llorar sin parar… tus palabras reflejan tan y tan bien esa relación especial con los gatitos… Yo la vivo de la misma manera, para mi lo son todo. Espero que tengáis una larga vida juntos llena de felicidad!!! Enhorabuena por este post, el de Ororo y todos los demás. Buenas fiestas!!! Y un 2016 muy gatuno!!

    1. Ha sido lo mejor que he hecho, de verdad. Lo único que me molesta de vivir con ellos es cuando me tengo que ir, como ahora en Nochebuena, porque yo quiero pasar la Navidad con mis gatitos… (Claro que mis padres me matarían y adiós gatitos y adiós todo).

      Feliz 2016 lleno de prrr y miaus.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estoy harta de spam... :) *