Colitis ulcerosa. #DSPIntestinal

Hace unos días, participé en un evento de Dietética sin Patrocinadores sobre Enfermedades Inflamatorias Intestinales. Lo podéis ver aquí.

Colitis ulcerosa. El inicio.

Un día, hace cuatro años, creo recordar, comencé a sangrar. Dejé de fumar y zasca. Yo no he ido al médico desde que iba al pediatra, así que tardé una semana en acudir, que es el plazo que me di para averiguar dónde demonios estaba el centro de salud y qué tenía que hacer para tener un médico, cuestiones que, hasta el momento, no me habían preocupado lo más mínimo en ninguna de las ciudades en las que he vivido.

Me hicieron el sempiterno tacto rectal para colegir que no, que no eran hemorroides, cosa que yo ya sabía, y me mandaron a hacerme una prueba de heces. Había prácticas en el hospital, así que me dijeron mal cómo tenía que hacerme la prueba. A la semana fui, me dijeron que esa muestra no era correcta, yo sangraba ya diez veces al día y, después de un episodio muy desagradable en el que el médico ni estaba, ni se le esperaba, ni nada y encima había rellenado mal el papel de los análisis y no me los querían coger para llevarlos al laboratorio, me cagué en la puta de los enfermeros, puse dos hojas de reclamaciones, una en una cita y otra en otra cita posterior, cambié de médico y me fui con mi compañera de inglés (que lleva sentada a mi lado cinco años en clase) y me dijeron que me tenía que hacer una colonoscopia… seis meses después. Preferente.

Vivo en una ciudad de 50.000 habitantes. A 15 kilómetros hay otro hospital. Debe de haber un sinfín de personas con cáncer de colon en Mérida. Seis meses.

En el interín, yo me fui a Barcelona. Avisé a todos mis amigos de que cagaba sangre por las esquinas (sí, este post habla de mierdas. La colitis es mierda, gases, diarreas, estreñimientos y demás) y que necesitaba un baño cerca para después de comer. En seis meses pasan muchas cosas. Entre otras, que ya no sangras diez veces. Sangras todo el día. Llegó el día de la colonoscopia. La anestesia me funcionó después. Después, repito. Le eructé a una persona todo el gas que me habían metido bajando las escaleras del hospital. En toda la cara, pobre mujer. Yo tenía tal ataque de ansiedad que me tragué dos bolsas de minibollicaos.

Porque yo, señores, soy la única persona de España y del mundo mundial que, sangrando 40 o 50 veces al día y teniendo que hacer programas en directo, con sus gases y sus eructos, ni se dio de baja ni adelgazó. Ni un gramo. Engordé, de hecho. Es que yo comía cosas como esta:

Tarta Sacher en Barcelona. Mini, de una ración. Mini no era, pero me la pimplé igual

Porque yo tengo ansiedad. Pero eso vino después.

Moraleja: daos de baja. Sufrir no es necesario. Ni te hace más fuerte. Ni aprendes. Ni ninguna hostia de las que nos venden para que afrontemos los golpes de la vida. Sufrir es sufrir y es una mierda. Y no vale absolutamente para nada. Quedaos en vuestra casa con vuestros libros y vuestras películas. Es una orden.

Una vez diagnosticada, el digestivo lo único que me dijo fue que tenía 25 cm. de colon afectado, que moderara el alcohol y que no tomara picante, porque lo que pica en la boca, pica en el culo. Gran verdad. Lo sé porque lo he probado, en mis propias carnes. Y pica. Si tenéis colitis ulcerosa, no toméis picante. O no abuséis, porque yo sí sigo usando pimienta, cayena y chile. Pero en cantidades muy pequeñas.

Sexo, regla y compañeros mártires.

Me pasé seis meses tomando lo único que sabía que me sentaba bien: ternera a la plancha, pescado al vapor. Algún tomate de vez en cuando. Y, una vez con mi diagnóstico y mi Pentasa y mis pastillas, pensé que todo iría bien. Las pastillas son Mezavant, dos por la mañana. El Pentasa es un enema que tenía que ponerme por la mañana y por la noche y que además tuve que usar un fin de semana de lujuria, pasión y desenfreno: sí, así es la colitis ulcerosa: molesta hasta para follar. Lo cuento porque de eso no se habla: y es una de las cosas más incapacitantes de la enfermedad: que conoces a alguien, quedas el fin de semana, te vas a un hotel monísimo, y tienes que cargar con tu Pentasa. ¿Por qué no quedas otro día? Porque, cuando me vino la colitis e investigué por internet, me encontré con un foro lleno de tipos quejumbrosos al borde de la depresión con historias muy duras y que no salían de casa ni a la vuelta de la esquina y yo me dije que a mí eso no me iba a pasar. Que si hay que ponerse un pañal, una se pone un pañal. Total, a sangrar ya estamos acostumbradas: soy mujer, tengo la regla.

Monísimo, el hotel. Algún día lo usaré con alguien que no sea gilipollas. Prometido.

La regla. Otro episodio divertido. Pero antes, lo de follar. En la mayoría de los artículos que leí por internet, se hacía hincapié en que la mujer puede tener menos deseo y depresión. La mujer. Luego se mencionaba de pasada que los hombres pueden tener disfunción eréctil. Y algunos quizá menos deseo. No todos, por dios. El hombre es la potencia. El hombre siempre quiere. La mujer no, que somos todas unas frígidas y tenemos depresión. Ellos no. La depresión es cosa nuestra, que somos unas histéricas.

No conozco a ninguna mujer con colitis ulcerosa. Todos son hombres. Y todos tienen o han tenido depresión. Silenciar esto para mantener la imagen del macho alfa es una irresponsabilidad. También se hablaba de que muchos pacientes, por la enfermedad, tienen miedo al rechazo de su pareja y se preguntan si van a poder mantener relaciones sexuales.

Si tienes una pareja y tienes miedo de su reacción cuando te diagnostican una enfermedad crónica, vete a un psicólogo y corta con tu pareja, porque o tú eres imbécil o tu pareja es una hija de la gran puta. Lo pongo en femenino porque pareja es femenino, no por referirme a la mujer como género. Que conste. Y no: relaciones sexuales cuando tienes un brote no vas a querer tener. Es que no vas a querer hacer nada cuando tienes un brote. Salvo que seas una mala bestia como yo, que se fue de vacaciones, iba a trabajar haciendo programas en directo de una hora aguantando como podía (porque sangrar es incontrolable pero tú cierras los esfínteres y sigues hablándole al micrófono. Con un par) y salía a correr. Eso sí: después de correr… qué penterre. Qué manera de correr… al baño.

Regla. Ahora sí. Mi regla duele. Mucho. Durante dos días, el primero y el tercero. Y mucho es mucho. De no poder dormir. Ibuprofeno, prohibido. Así que aquí estoy yo, como las abuelas, con mi bolsa de agua caliente, que todos en mi trabajo se enteran de cuándo me ha venido la regla (si sois pudorosos, con la colitis ulcerosa lo vais a pasar de pena, por cierto), que no tengo intimidad ninguna. Lo de la bolsa de agua caliente, en invierno, está muy bien. En verano, cuando hay 42 grados en tu casa, ya no es tan divertido. Pero es calor o dolor.

Carencias del tratamiento médico.

Y todas estas cosas las fui descubriendo por mí misma. Porque a mí las únicas indicaciones fueron que comiera de todo (sin preocuparse de cómo comía yo, si me hartaba de hamburguesas o si no veía las verduras) y que moderara el alcohol. Que fuera viendo (viendo, ¿el qué? Si en cada sitio ponían una cosa: que te sentaba mal la comida a las seis horas, que te sentaba mal justo después de comer…). A mí me salvó la vida Juli, señor maravilloso, que se vino conmigo a una quedada fotográfica cuando yo estaba en Barcelona en pleno brote y que es osteópata y me dijo: te van a doler las piernas y se te van a hinchar, te van a doler las ingles y a lo mejor notas que ves mal. Todo me había ocurrido antes de verle, pero nadie me había dicho nada.

El digestivo se ocupa de los 25 cm. de tu intestino. De nada más. De mi flojera por perder hierro y mi anemia galopante, de mi pérdida de nutrientes, de mi estado de ánimo cabrón, irritable, asustado, histérico; de mis deposiciones (ahora estreñimiento, ahora diarrea, ahora gases horribles y dolorosísimos, ahora no poder salir porque dos horas de cine son muchas horas de cine), de la frustración de ir a hacer fotos al Parc Güell y tenerme que volver con los pantalones manchados (que menos mal que eran oscuros)… De eso no se ocupa nadie.

Y un buen día, por aquello de “voy a volver a introducir las verduras, que son muy buenas y algo de verde tendrás que comer si no absorbes bien los nutrientes”, me dio por comprar en Amazon un libro de cocina vegetariana. Era vegano, yo no tenía ni repajolera idea de qué era el veganismo, ni me había preocupado nunca por la industria alimentaria (si está en el súper, se puede comer). Tuve que traducir del inglés y, como no me gusta trabajar para mí sola, me metí en el Foro Vegetariano, me presenté y conocí a Lucía.

Yo no sabía que existían los dietistas-nutricionistas.

Tenía colitis ulcerosa, pesaba 101 kilos con 300 gramos, muy bien repartidos, y me dije: hasta aquí.

Comencé a cocinar las recetas del Appetite for reduction y ahora, libro que saca Isa Chandra Moskowitz, libro que me compro. Hice dieta con Lucía, perdí 13 kilos y encontramos a Mónica. Le dije que quería una dieta vegetariana. No por conciencia animalista ni por conciencia en contra de la industria alimentaria ni nada. Yo quería una dieta vegetariana para obligarme a cocinar. Y para introducir más verduras en mi dieta. Y fruta, porque solo me gusta la fruta muy ácida y, si no, pues las manzanas se me pudren y esas cosas. Sí: la fruta es mi problema. Ahora hay cerezas así que soy feliz y cuando se acabe la temporada de las picotas del Jerte lloraré como todos los años.

Con pastillas, mi VSG era de 29. Con nutricionista, bajó a 15. Con nutricionista y psicólogo, a 8.

Pon una Isabel en tu vida.

Porque, un tiempo después de diagnosticarme, como un año y pico después o dos, a mí me dio un chungo. Eso no lo voy a explicar aquí, pero me dio. En la tercera sesión me acordé de comentarle lo de mi colitis. Infinidad de pacientes suyos tienen colitis ulcerosa, Crohn o colon irritable. Yo no sé qué causa la colitis ulcerosa, pero sí sé que hay que aprender a gestionar el estrés y que puede que a lo mejor uno esté haciendo las cosas mal consigo mismo, con sus relaciones (yo he mandado a tomar por culo, o se han ido, a unas 20 personas, ya he perdido la cuenta). De hecho, toda la gente que conozco que tiene colitis ulcerosa ha hecho las cosas mal… o les han hecho las cosas mal. No me voy a extender tampoco sobre esto, porque eso cada uno lo descubre en terapia. Pero yo me di cuenta de que tengo ansiedad desde que nací y esa ansiedad se va quitando con el tiempo. Con el tiempo y previo pago de su importe, que me he tirado un tiempito sin llegar a fin de mes.

Para hacer terapia hacen falta huevos. Con la terapia hay más mitos que con la nutrición. Para empezar, nadie cree que la necesite. Eso es para locos, maltratados y gente con depresiones. Luego te encuentras con peña agresiva, quejumbrosa, machista a más no poder (sí, también se quita con terapia), manipuladora hasta el descaro o encerradas en vidas que no quieren porque cómo se van a separar ahora con 41 años. Pero ellos no necesitan terapia, ojo. Ellos tienen unas relaciones sanísimas y están de puta madre.

Yo he mandado a tres personas ya a Isabel Oliva (qué buena es, la cabrona. Yo muchas veces llego a la consulta, me pregunta qué tal estoy y le digo: es que eres muy buena. Y le entra vergüencilla y todo). Porque, cuando vas a terapia, ya sabes en qué puedes ayudar y en qué no.

Llevo año y medio. He tenido dos sesiones duras. En las demás, he salido mejor de lo que entré. También es cierto que, por lo visto, yo, de fortaleza psicológica, estoy bien servida. El resumen de esta historia es que, cuando estás cagando sangre 30 veces al día, o 40 o 50, el estado de ánimo se resiente: porque pierdes nutrientes y porque cada vez que vas al baño te cabreas o te cansas. Y parece que no se va a acabar nunca.

A veces no se acaba: hay gente que encadena entradas en el hospital con entradas en el hospital, medicamentos y medicamentos y que no pueden comer casi nada porque todo les sienta mal. Hay pensionistas con 37 años por la colitis ulcerosa.

Pero quejarse no es la solución. Ni dar pena. Y os lo aseguro, hay mucha gente en plan “ay, mísero de mí, ay infelice”. Eso es un círculo vicioso: los amigos se alejan porque el llanto constante no hay dios que lo soporte muchos días seguidos; te sientes mal por la traición; te encierras en ti mismo porque la gente es muy mala en lugar de pensar que lo mismo el problema eres tú; la enfermedad se agrava porque tienes estrés (el estrés no es solo “tener mucho trabajo”) y te quejas otra vez y etc. etc. etc.

A mí esto no me pasó: yo estuve en el otro lado. Yo fui la mala que se largó.

Pero los psicólogos son para la gente que está loca.

Me cago en la puta.

Entonces tú, ¿qué?

Yo, generalmente, estoy bien. Es decir, estoy todo lo bien que se puede estar teniendo colitis ulcerosa. Porque la colitis ulcerosa es una enfermedad que no se sabe de dónde viene y que afecta a cada persona de un modo distinto.

Tengo episodios de gases tremendos cuando voy a afrontar algo que sé que va a ser incómodo, como conocer a nueva gente, quedar con un chico que me llama la atención (no es agradable tener un primer café con alguien cuando estás que pareces una bolita y tienes miedo de peerte viva o eructar. Pero a ver, qué se le va a hacer, oyes, tampoco vas a dejar de quedar) o afrontar exámenes o algo.

Con respecto a la alimentación, se habla de la dieta paleo, de comer mucha proteína cárnica, de quitar el gluten y los lácteos. Yo he estado baja de proteína cuando no he comido proteína porque se me ha olvidado incluirla (sí, también era descontrolada: con eso hay que contar), pero no porque no comiera proteína animal. De hecho, mis niveles de hierro, de colesterol, de glucosa, de triglicéridos, de vitamina D (sin suplementación) y de lo que os podáis imaginar son inmejorables.

Sí hay cosas que no me sientan bien. Las tartas y los dulces, caseros o industriales, dependiendo de la cantidad. La leche de vaca (no he probado la de cabra) me da gases, salvo que sea desnatada y en poca cantidad. Las chucherías (sobre todo las esponjitas o nubes). Las patatas fritas de bolsa tampoco debería tomarlas mucho. Ni debería comer rápido, cosa que hago muuuuuuchas veces. Si como lo que no debo comer, al día siguiente voy dos o tres veces al baño en lugar de una. También si como más de lo que debo comer.

No he dejado de tomar mis dos pastillas de mesalazina diarias. Sé de gente que lo dejó y comenzó a encadenar brote tras brote. Y sé de gente que lo ha dejado y está genial. Yo, como no me quiero arriesgar porque no tengo necesidad ninguna, no las dejo y una vez al mes voy a comprar mi cajita de Mezavant a la farmacia. A veces se me ha olvidado tomarla: una vez estuve tres días. No me pasó nada, pero no quise estar más tiempo.

Mi Mezavant y yo.

De las cosas que he probado en este tiempo de colitis ulcerosa y trastorno alimentario (porque pesar 101 kilos con ansiedad de toda la vida es un trastorno alimentario, esté o no contemplado como tal -oh, sí, soy experta en autodiagnósticos-), lo demás me sienta bien. Hay cosas que no he probado, como el hígado o los sesos, que por lo visto son geniales: los sesos no los he comido nunca y la última vez que probé un trocito de hígado fue en Canadá hace cinco años. Qué asco.

Lo demás, durante todo este tiempo, sí. Durante todo este tiempo he comido los productos animales más o menos típicos de una dieta omnívora en Extremadura, exceptuando conejo y algunas vísceras, que nunca me gustaron. Pescados, también. Incluso los que no deberían estar en mi país también. Y peces en peligro de extinción: me los he comido todos. Ya lo conté. No me sientan mal. Los huevos tampoco me sientan mal, pero no los compro porque descubrí que se quedaban ahí en la nevera muertos de risa hasta que habían caducado como tres meses antes. Así que dejé de comprarlos. Una vez comprobado que puedo comer lo que me dé la gana, decidí (por razones sociales, no de salud) que en mi casa no entra un animal que no esté vivo.

Y ahora tengo tres gatos.

Coyote, lo más guapo del mundo
Coyote, lo más guapo del mundo
Ororo. Piensa que soy su mamá.
Brea es lo más bueno y cariñoso de mi casa.

Tengo claro que, con una enfermedad inflamatoria intestinal y con un trastorno con la comida, tú no puedes elegir qué comer. O, al menos, no lo vas a poder elegir siempre. No creo que haga falta explicar las razones a estas alturas de la vida, sobre todo las razones mentales. Pero, como ahora estoy asintomática y medio controladita, elijo. Cuando no esté asintomática, ya veré. Pero espero que eso tarde mucho.

Hay gente que no puede elegir. De verdad que no. Incluso con colitis ulcerosa, es tan pequeña la cantidad de alimentos que pueden comer, que dudo mucho que pudieran llevar una alimentación vegana. Con respecto al tema de este blog y la policía que de vez en cuando me manda correos en plan Klu Klux Klan purificador solo una cosa: que os vayan dando. Mucho. Con grande dolor, retortijones y sangre. Y luego venís y me decís que todo el mundo, independiente de su condición física y mental y sin saber qué le pasa o le deja de pasar, puede ser vegano. Que me voy a descojonar un rato en vuestra cara.

Otra cosa distinta es que si tienes colitis ulcerosa no puedas ser vegano o vegetariano porque tengas que comer pescado a la plancha. Eso es falso. Sí, la colitis ulcerosa se puede tratar con una dieta vegana. Y vegetariana, que es la que yo hago. Pero depende de lo que puedas o no comer. Esto no lo sé, pero lo mismo se puede pautar una dieta vegana sin comer gluten, ninguna clase de legumbres, arroz y muchas clases de verduras (hablo del caso más grave que conozco, que es muy grave). Se puede llevar una dieta paleo vegana, por cierto. Se llaman Pegans. Y existen. Hay hasta doctores. También se puede hacer una dieta baja en carbohidratos vegana. Y una dieta cetogénica.

¿Qué comes?

Ahora que estoy asintomática, repito, como pan integral (industrial); tortillas mexicanas de trigo o de maíz (preferiblemente de trigo, porque las de maíz se deshacen), leche de avena con el café, seitán. Es decir, como gluten a tutiplén. Yo no he notado nada. También como tofu, soja texturizada, levadura de cerveza, levadura nutricional, todo tipo de legumbres (con prevalencia por goleada de garbanzos, porque es que me chiflan), arroz de todas clases (blanco e integral y de distintas variedades), semillas, distintas clases de aceite (sobre todo de oliva, pero también de lino, cártamo, pepitas de uva, cacahuete, sésamo, sésamo tostado… Tengo aceites para parar un tren), queso, especias a tutiplén (no las voy a nombrar todas, porque tengo más de 70 especias y mezclas y hierbas distintas), hierbas frescas (perejil, albahaca, hierbabuena, salvia, cebollino, cilantro…), verduras en profusión cocinadas y crudas (menos los pimientos, que los odio, y las coles de Bruselas, a las que debería darles otra oportunidad), pasta de todo tipo (integral y blanca), café y más café, quinoa, mijo, avena… Y tengo dos botes de tempeh en casa que algún día probaré. Ah. Y fruta. Con la fruta tengo el problema de que me gusta muy ácida, pero ahora estoy obligándome a tomar fruta, a ver si el paladar se me acostumbra. Más que nada porque me parece raro: a mí me dan algo dulce y me muero del gusto y del placer. Pero la fruta dulce (de hecho, odio el plátano hasta el punto de que el olor me produce arcadas) no la soporto. Salvo uvas y cerezas. Ah. Como cosas que engordan. Juas juas. Aguacates y frutos secos (crudos o tostados por mí). Bimba, zasca, boom.

Y voy ampliando: tengo un bote de aceite de coco, semillas de chía, bayas, otras semillas que no sé ni qué son, aceite de nuez, teff y fonio, que todavía no he probado, pero que probaré.

De hecho, quiero ampliar los desayunos. Las tostadas y el bocata de hummus me gustan, pero el cuscús de maíz o la quinoa con canela y cerezas también. Estoy recopilando recetas. Yo lo hago todo muy lentamente. Me he pasado forzando cosas toda mi vida: ya no quiero más violencia.

Voy al baño como un reloj: a las siete y diez de la mañana, ni un minuto antes ni uno después. La dieta tiene una parte negativa: antes, si me colaba dos gramos, estaba dos días muriéndome sin poder comer. Ahora me puedo comer tres kilos de patatas que solo tengo gases. La terapia también tiene una parte negativa. La gente que antes te parecía normal, ahora no la quieres cerca ni aunque te den dinero. Hay mucho enfermo mental suelto por ahí.

No sé si como bien para mi enfermedad según las últimas investigaciones. Es decir, no sé si me tendría que quitar el gluten (no entiendo la demonización del gluten, de todos modos) o todos los lácteos y tomar probióticos (que no sé ni lo que son) y suplementos de hierbas. Mi nutricionista sabe de mi colitis, ha leído todos los informes, me puso una dieta personalizada y me dio una serie de indicaciones para los brotes. En las webs de colitis ulcerosas hay dietas que no contemplan muchos de los alimentos que yo ingiero y un montón de los que no me apetece comer.

Yo como de todo. De todo lo que mi cultura me deja comer y de todo lo que yo quiero comer. Alpargatas no como. Carne de perro tampoco. Ni lagarto. Ni pimientos ni plátanos ni melón ni sandía ni chirimoyas (¿veis como tengo un problema con la fruta?). Doy la coña en los restaurantes de confianza. Hasta el Parador de Mérida me va a hacer un menú para mí. En los que no son de confianza no doy la coña. Todavía no. Algún día la daré.

Voy muy lenta. Y no pretendo salvar el mundo hasta dentro de un año o dos. Porque ahora sé que los cambios se producen por inercia.

Y entonces sí serán definitivos y con conciencia. Incluso dejar de fumar, que me lo han prohibido. Terminantemente. Y en este punto, la gente se echará las manos a la cabeza y dirá: pero cómo. Y yo diré: es que a veces es mejor fumar que comerse las paredes y reventar. Porque yo tengo ansiedad. A todas horas. Y cuando tengo ansiedad, como. No me da por morderme las uñas, no me da por cantar ni por saltar. Me da por comer. Y me da por comer mierdas y en cantidades industriales. Muy vegetarianas, pero mierdas, por cierto. Porque vegetariano se puede comer fatal.

Sé que no he vuelto a tener un brote, que voy bien al baño, que no tengo molestias salvo cuando me cuelo o tomo refrescos o fumo más de la cuenta (sí, volví: sí, tengo ansiedad, qué pasa) y también sé que dar recomendaciones generales sin conocer a los pacientes, no es bueno, ni con la colitis ni con ninguna otra enfermedad. Y sé, por supuesto, que como muchísimo mejor de lo que comía antes, mucho más variado y de mejor calidad porque no compro nada procesado (salvo la pasta integral y el pan), así que la colitis es una cosa que no ocupa ningún pensamiento diario en mi vida. No me acuerdo de ella. Sé que está ahí, pero no me condiciona. Por eso no leo artículos sobre la colitis, ni investigo ni nada. No me ha dado por ahí porque yo tuve un brote y luego nunca más se supo.

Me han preguntado muchas veces cuál es mi dieta, tanto personas con colitis ulcerosa como personas que quieren adelgazar. Nunca la digo y nunca la doy. Lo único que expongo es que, para comer bien, hay que cocinar. ¿Por qué hago esto? Porque comprendo la necesidad de esparcir buenas nuevas: “¡Eh! ¡Esto te cura!”, pero no creo que la dieta paleo ni la dieta vegana ni la dieta cetogénica curen la colitis ulcerosa. De hecho, ni siquiera creo que tenga cura, hoy por hoy. Digo “creo”. Es una creencia. No hay base científica en lo que digo, ojo. Yo no creo que tenga cura. Pero no sé si la tiene. Conozco a personas que no pueden comer nada crudo. Que no pueden comer legumbres ni arroz. Que no pueden comer maíz. Que no pueden comer gluten. Que no pueden comer verduras o no todas las verduras. O que no pueden comer determinados tipos de carne o pescados grasos o etc. A cada uno le sienta bien o mal una cosa. Y cuidar de los micronutrientes, ver si te hace falta suplementación, es trabajo del nutricionista.

La frase “no hay enfermedades, sino enfermos” a mí me parecía muy new age, hasta que me he dado cuenta (es que yo no iba al médico desde el pediatra, ¿saben?) de que es verdad y de que nuestro sistema sanitario es muy parcelado. El médico se ocupa de su trocito de intestino y ya está. No sabe de nutrición y tu estado mental no le importa. Y mi médico es muy bueno, ojo. Y además es muy entregado, que el pobre sale de la consulta a las seis o siete de la tarde si hace falta. Pero hacen falta equipos multidisciplinares. No solo con esto. Imaginad: enfermos de SIDA sin atención psicológica. YUPI. Y enfermedades del aparato digestivo sin nutricionistas en el sistema de salud. Tracatrá.

España. Primer mundo. Como en España, en ningún sitio.

Ejem.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, la única recomendación que yo puedo hacer es: busca un buen dietista-nutricionista, sigue las recomendaciones de tu médico, vete a un psicólogo que te enseñe a gestionar el estrés y haz el deporte que puedas hacer.

Y que tengas suerte.

Para suscribirte...
Muchísimas gracias

32 comentarios en “Colitis ulcerosa. #DSPIntestinal

  1. Hola Olga,
    Me ha gustado mucho tu post. Coincido contigo en que el sistema sanitario está organizado de forma un poco demencial. Yo también echo mucho de menos grupos multidisciplinares. Se ahorraría mucho tiempo y sufrimiento.
    Un beso

    1. A mí es que cuando me decían “el cuerpo es un todo”, yo pensaba: pues no, si te duele la rodilla, te duele la rodilla. Pero cuando te hinchas como un elefantito porque tienes problemas de circulación por la colitis y nadie te dice que hagas deporte, es que algo falla…

  2. Hola guapa. Muy clara tu entrada, y creo que necesaria. Hasta que te “conocí” no sabía ni que existía esta enfermedad. Y seguro que en mi entorno debe haber alguien que la sufre.
    Seguro que es muy útil visibilizar lo que significa tener colitis ulcerosa (por lo menos para ti). Tanto para las que ni sabíamos que era esto como para personas que la sufren.

    1. Hay mucho pudor con esta enfermedad, la verdad, porque como es intestinal… La gente es más vergonzosa, creo. Yo, para ciertas cosas, soy bastante impúdica… Pero creo que ahora sí que la gente va hablando más, la verdad. Por lo menos yo tengo dos amigas con síndrome de intestino irritable y lo sé desde que se lo diagnosticaron… Otra cosa es que luego hablen de las molestias de la enfermedad. Que eso ya es complicado a veces: depende de la confianza que tengas con la otra persona.

      Pero hablar siempre es sano, añado.

  3. No te comento nunca, pero hoy que hablabas de tener una enfermedad gastrointestinal y llevar una dieta vegetariana quería decirte que EN MI CASO (por lo que no es generalizable) desde que trato mi colón irritable con una dieta mayoritariamente vegetariana, que me prescribió un médico un tanto fuera de lo ordinario, he mejorado muchísimo. Ah, por cierto, yo también me hincho a gluten y me sienta perfectamente.

    1. Hola, MJ!
      Yo también digo “en mi caso” porque hay gente que no puede comer muchas cosas o que necesita alimentación enteral y creo que vegana no hay.

      Me encanta la mejoría! (Sí, he desarrollado sentimientos de alegría cuando alguien me dice que está bien teniendo una dolencia intestinal).

  4. Olga, hija mía… ¡Ole tus huevos!
    No se me ocurre mucho más que decir, y creo que tampoco es realmente necesario. No te conozco más allá del ciberespacio pero creo que hay que tener valor para hacer muchas de las cosas que has hecho y sobre todo para venir ahora y contarlo aquí así de clarito.
    Luego me veo el vídeo. Ahora, recibe un caluroso aplauso. Suerte y a seguir con esa fortaleza, que ahí está.
    Un besillo.

  5. Enhorabuena por tu magnífico artículo y tu coraje para publicarlo. Además has confirmado al 100% mis sospechas: ¡Que suerte he tenido! En septiembre me ingresaron una semana por una infección intestinal, diverticulitis. Después de una semana sin comer ni beber, solo suero y antibióticos… me dicen que dieta blanda 4 o 5 días y luego vida normal. Vida normal… los c.., bueno a punto de ingresarme otra vez estuvieron.

    Bueno no me quiero enrollar, el caso es que si yo no hubiese tenido un amigo naturópata, nutricionista, etc., una madre que lleva años con una alimentación vegetariana, hubiera pasado un calvario si no tan grave como el tuyo, si al menos doloroso.

    Por eso digo que he tenido suerte, y que sospechaba que cualquier otra persona en mi situación si se hiciera caso de los nulos conocimientos de nutrición de muchos médicos les iba a tocar sufrir de lo lindo.

    1. Jijiji!
      Sí que has tenido suerte, sí. Los médicos estudian una materia de nutrición en toda la carrera. Yo confío mucho en la medicina occidental y en sus buenos profesionales (menos en el primero que me tocó, que menudo hijo de puta): profesionales que se actualizan, muchos de ellos, pero que no tienen ni idea de nutrición. Yo en mi médico, que además es amiga, confío hasta lo indecible. Pero de nutrición sé yo más que ella… y yo no tengo ni idea.

      Ahora estoy convencida de que una alimentación correcta (basada en alimentos vegetales, lo que los americanos llaman plant-based diet), una buena salud mental (que, de verdad, es muy necesaria: un actor mexicano decía: “Terapia es canasta básica: huevos, leche, terapia”. Es Odín Dupeyron y ese vídeo de la entrevista es que me encanta.

  6. Debió y debe ser muy duro tener que lidiar con la colitis, Olga. Te veo como una tía valiente, una luchadora nada 🙂 Tu historia me ha servido para darme cuenta de lo mucho que nos quejamos por cosas insignificantes y de que, a veces, no hay abrazos que duren lo suficiente como para curar las heridas internas…

    ¡Chapó! 😉

    1. Qué bonita eres…
      Cuando me diagnosticaron sí que pensé eso: anda que yo, preocupada por el trabajo y el mercado laboral… Al final sí es cierto lo que se dice el día de la lotería: “Al menos tenemos salud”. Claro que ahora, cuando me lo dicen, respondo: “¡Yo no! ¡Que me toquen los millones!”.

  7. Eres una fenómena! con un par de ovarios.

    Aunque rara, eres muy rara…. cómo a una persona no le gustan las chirimoyaspordiosquesonlomásricodelmundo!

    Besote.

  8. Hola Sarmale!
    Hace varios meses que te vengo leyendo (te descubri en una revista de espanol de un amigo tuyo que lo enseNa muy lejos, como yo…por eso no pongo acentos ni eNes, jeje), pero es la primera vez que te escribo.
    Me pareces una persona muy generosa para destaparte asi y dejarte el pudor “en pelotas”, y no solo por este post, sino pour muchos otros que has escrito.
    Has probado la aromaterapia para el estrés? En Francia se usan mucho los aceites esenciales, y son muy eficaces si se usan bien: a mi hija casi le ha desaparecido un eczema horrible que era impermeable a los tratamientos clasicos.

    Animo y sigue escribiendo, que me gusta hasta como utilizas los tacos.

    Un beso

    Mar

    1. Ayyyy, el Chema!!! Qué bonito. Me dijo que iba a pasar el blog a alumnos suyos polacos que estaban estudiando español y es verdad que lo puso en la revista Habla con alguna receta. Qué bien que me lean desde tan lejos (hay un cereal que ahora no recuerdo cómo se llama que se usa mucho allí y siempre le digo que cuando venga, me traiga un paquete).

      Muchas gracias y muchos besos.

  9. Acabo de leer tu post , he conocido tu blog hace poquito. Olé! es todo lo que puedo decir. Qué bien escrito y qué cojones tienes .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estoy harta de spam... :) *