Mi historia con la comida

Hoy es 10 de abril y ya avisé de que este día saldría una entrada apoyando a Sanidad Desnutrida. Creo que la mejor manera de hacerlo es contando mi propia historia.

No recuerdo qué comía yo antes de adoptar mi dieta: así de mal comía. Es decir, yo era de esas personas que pensaba que la teoría la tenía muy clara y que una dieta para adelgazar consistía en mucha ensalada, pescado al vapor y filetes a la plancha. Las patatas, cocidas. Los frutos secos, prohibidos. Los encurtidos, también (no sé por qué, supongo que lo asociaba con el picoteo y las cervezas). Todo muy sabroso, como veis.

Llevo viviendo sola desde los 18 años. Me convertí en experta en pasta con tomate frito de bote y atún, o pasta con atún y queso rallado a espuertas. Comí tantas salchichas frankfurt y tanta sopa de sobre en invierno que no los he vuelto a probar desde los 19.

Ahora veo esto y pienso: PERO QUÉ ASCO.

Y, de pronto, a los 35, comencé a sangrar. Tardé una semana en ir al médico, porque yo al médico no he ido en mi vida. Pero, cuando ya la cosa era incontrolable (porque los brotes de colitis ulcerosa son incontrolables), me planté en el centro de salud… a esperar seis meses a que me hicieran una colonoscopia. El diagnóstico me lo había hecho ya mi amigo Javi, que tiene colitis ulcerosa también desde los 13 años y una historia parecida a la mía.

Me pasé esos seis meses comiendo lo único que no me sentaba mal: ternera a la plancha y pescado al vapor. Una vez diagnosticada, enema va, enema viene, Mezavant va, Mezavant viene, ya sin brote, el digestivo me dijo que debería introducir poco a poco otros alimentos. Compré un libro de cocina vegetariana que resultó ser vegana por aquello de que estaba harta de la ternera y del pescado y la rodajita de tomate (durante AÑOS mi concepto de verdura ha sido “tomate”. Únicamente. Ya está. Tomate. Punto. Regado con un calabacín y una bolsa de lechugas una vez cada ocho meses) y me puse a traducir recetas.

No recuerdo cuál fue ese primer libro. Sí sé que era de Isa Chandra Moskowitz y que luego los he comprado todos. La comida salía rica. Comencé a cocinar algo más que arroz a la cubana, pasta con atún y ensaladas de bolsa con aceite, vinagre y sal. Supongo que mi menú era más amplio, pero ya no me acuerdo. De verdad que no me acuerdo. Gracias, mente prodigiosa.

Pesaba 101,300 kilos. Todo el mundo me ha dicho siempre: “pero tú eres muy grande”. No, vamos a ver. Yo mido 1,70. Yo no soy grande: soy gorda. Ahora, cuando digo que me sobran 15 o 20 kilos, me rebaten. Que ya estoy muy bien. De las percepciones de los demás sobre nuestro propio peso también podríamos hablar largo y tendido. No me importa: yo no sé dónde está mi normopeso, pero mi nutricionista sí.

Tengo 39 años casi y, de esos 39, he pasado 39 con ansiedad constante, cosa que, por supuesto, yo desconocía porque me creía la mujer más calmada de la Tierra. Cuando digo “ansiedad constante” es ansiedad constante. Todos los días de mi vida a todas horas. Todos. A todas horas. Con hambre. Con ganas de comer (y no, la ansiedad no se cura con zanahorias crudas: se quita con guarradas) La ansiedad no está controlada y por eso no he perdido todos los kilos que debería haber perdido ya después de dos años yendo a ver a Mónica, pero con eso ya contábamos las dos. Voy muy poco a poco, estoy intentando aprender a controlar la ansiedad (también poco a poco) y supongo que algún día volveré a hacer deporte. Con calma y tranquilidad.

¿Por qué cuento todo esto si yo tenía que hablar de los nutricionistas en el sistema de salud? Porque a comer se enseña en casa. Pero en casa nadie sabe comer, a no ser que sea un vegetariano informado (porque, por supuesto, como la carne es milagrosa, cuando uno deja de comer carne, le faltan todos los nutrientes habidos y por haber y entonces se tiene que poner a aprender de nutrición) o un dietista-nutricionista, de FP o de Universidad. En mi casa la teoría se sabía también: que la fruta es muy buena, pero no la comíamos. Que la verdura también, pero a mí no me gustaba. Y así. Y mucha proteína. Así, me encuentro con amigas que tienen hijos con cuatro años que van al dentista por caries. Con amigas con niños obesos que comen mucha fruta (y mucha mierda en medio, también, pero total por un poquito no pasa nada). Con un padre diabético que cree que con andar es suficiente. Con un compañero con hipertensión y gordito como un tonel.

Etcétera.

Menos plato y más zapato, nos dicen. Y una mierda. No es “menos plato y más zapato”. Es aprender a comer y aumentar la actividad físicar (sí, yo también conozco a muchos gorditos que juegan a baloncesto y fútbol una vez por semana). Y aprender a comer pasa por saber que la verdura, la fruta, las legumbres y los cereales integrales son la base de la alimentación. Yo no quiero ni pensar en lo descompensadísimo que estaría mi cuerpo a base de darle… bueno, la mierda que le daba. Y sí: sigo dándole mierda: yo tengo ansiedad constante: y la ansiedad constante a veces se controla y a veces no, que no soy superwoman. Pero, si hubiera habido en los centros de salud y en los colegios un plan de salud preventiva lógico (señores, señoras, vamos a enseñarles a comer para que les den de comer bien a sus hijos: porque saber alimentarse es la base de la prevención de enfermedades), yo no hubiera tardado 35 años de mi vida en aprender a comer, en desgranar unos guisantes y en hacerme un puré de garbanzos con leche de coco o en conocer las verdinas.

No solo he aprendido cuál es la base de mi dieta. Gracias a Mónica y a Lucía, que son mis dos nutricionistas, también sé qué es una alimentación sostenible y qué no; que me tengo que suplementar de B12 religiosamente todas las semanas; que mucha parte del compromiso político y vital de mi existencia comienza por lo que me pongo en el plato, por los sitios donde hago la compra y por los alimentos de temporada que escojo. Me han pasado recetas adaptadas a mi gusto, han creado dietas adaptadas a mis necesidades (es decir, yo durante las ocho horas que paso en la redacción me lo puedo comer TODO. Luego ya no), me han acompañado y han caminado conmigo tranquilamente. Una dieta es salud. Yo tengo un problema digestivo y nadie, salvo un nutricionista, me ha dicho qué puedo comer y qué no. Mi médico me recomendó que tomara poco alcohol y poco picante. Es decir, tengo una enfermedad que, cuando da la cara, se basa en que sangras y pierdes nutrientes a tutiplén, pero no te dicen cómo te tienes que alimentar para estar sana y fuerte. Chapeau. Con un par. Ahora, mi VSG (que es el marcador de la actividad inflamatoria en sangre) es de 8. Era de 29. El límite está en 20. Repito: es 8. Con dieta. Y sí: es la dieta, porque las pastillas siguen siendo las mismas que cuando comía mal y la tenía en 29.

Amigos míos que comen bien, pero que tienen problemas de vesículas o de gases, también han ido a ver a Mónica. Y sí: comían bien. Pero el médico les dijo: come sin grasa, no comas lechugas. ¿EIN? No comas fruta, a un diabético. Te faltan proteínas, a un vegetariano. Y podría seguir. Pero ya he hablado muchas veces de que los médicos no estudian nutrición en la carrera: se creen que saben, pero no saben.

Yo también creía que sabía. Y pesaba 101 kilos con 300 gramos.

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27 thoughts on “Mi historia con la comida

  1. Gracias por poner de relieve la importancia de la nutrición clínica. Que no todo es bajar de peso. Que hay un gran desconocimiento sobre la mejora en la calidad de vida que puede suponer uuna dieta adecuada en mucho pacientes crónicos. Todo eso, nos lo estamos perdiendo. Gracias Olga!

    1. Yo estoy muchísimo mejor desde que estoy en consulta, la verdad. No solo aprendes a comer bien tú: aprendes a valorar los platos (tengo una cruzada con los restaurantes de Mérida para que pongan platos vegetarianos, juas juas, y cuando veo programas de cocina pienso: joé, cuánta proteína animal, rediós). Debería haber nutricionistas en la Sanidad pública porque creo que se evitarían muchos problemas de salud con un equipo multidisciplinar. Y se evitarían muchas cirugías bariátricas también.

  2. Me ha encantado leer tu historia. Me siento identificada en parte. Sobre todo en la parte de 18 años y pasta con tomate; yo vivía a eso y a sándwich de atún y mayonesa. Es verdad, no sabemos comer. Uno de los libros que más me ha gustado ahora que estoy aprendiendo a comer (ya llevo unos años, pero siempre se sigue aprendiendo), es el de “lo que dice la ciencia para adelgazar”. Ahora estoy con el “comer sin miedo” de J.M. Mulet q no es tanto de nutrición, sino de dejar de lado las pseudociencias y la quimiofobia en la comida.
    Un abrazo y gracias por tu historia!
    María

    1. Yo creo que la clave es la información. Una información buena, sabiendo distinguir qué es pseudociencia de qué es ciencia. Por ejemplo, si un tío que ha perdido 30 kilos escribe un libro con una dieta modelo, me parto. Si lo escribe un Basulto o un Revenga, no. 🙂

  3. Estoy con Lucía. Gracias. Y gracias por escribir tan bonito, y por escribirme un e-mail aquel día para informarte de qué narices hacía en la consulta, y por aparecer un día por la puerta, y por desvivirte por divulgar en nutrición cuando ni siquiera otros profesionales sanitarios creen en nosotros. Y gracias, sobre todo, por haberte convertido en amiga.

  4. Te escribo desde México, leerte me ha encantado, desafortunadamente casi nadie sabe comer, y eso es triste, porque luego resulta que quieren aprender cuando tienen ya las enfermedades a la vuelta y claro por obligación, no por gusto: conozco diabéticos que comen pan blanco, bebidas azucaradas y pastelillos “a escondidas”, tengo amigas con hijos gordos que creen que están bien sanitos por tanto relleno, les dan porquería, chatarra, pizzas y hotdogs, basura pura y siguen sintiéndose orgullosas de sus obesos retoños, sin saber que les están desgraciando la vida entera. y tengo conocidas con hijas que creen que no es tan grave la anemia mientras luzcas perfecta en un vestido talla 0. Yo amo las verduras, todas, los granos, las legumbres, y el pescado, pero si….no soy perfecta: también como bizcocho, carne y a veces un helado. tengo dos hijos e invierto mucho tiempo cada día y sobre todo esfuerzo en planear un buen menú basado en vegetales y un poco de proteína, invierto más en hacer que el grande coma sin caras, sin enojos, y sin lloriqueos….pero me armo de valor y de constancia que sé que un día mi esfuerzo se va a ver recompensado, a veces, no les miento me dan ganas de aventar todo y desistir, ser madre no es fácil y enseñar a dos pequeños a comer correctamente en un mundo lleno de alimentos chatarra y amiguitos que comen porquerías menos…pero respiro, y sigo.
    Un abrazo desde México!

    1. ¡Y una cantidad tremenda de picante, en México! Comer bien es un esfuerzo, claro está: un paquete de croissants en el supermercado aquí cuesta un euro (muy poco dinero). Y los croissants te los comes directamente sin cocinarlos ni nada. No hace falta freír cebolla, picar zanahoria ni nada de nada. Está más rico y estás más sano. Aunque luego también hay que contar con el entorno social, que se vuelve un boicoteador…

  5. Me ha encantado tu artículo. En mi caso también tengo enfermedades crónicas. Hipercolesterolemia familia y sindrome de ovarios poliquísticos con resistencia a la insulina. Los médicos me inflaron toda la infancia a harinas refinadas porque con colesterol no se podía comer grasa. El colesterol no bajaba pero igualmente seguían con la dieta y cuando vieron que esta no funcionaba con estatinas que tendré que tomar de manera crónica. El problema? Que yo no solo tenía colesterol sino que tenía o quizás desarrolle gracias a esas estupendas dietas a base de arroz, mermelada, pan y patatas cocidas una resistencia a la insulina. Empecé a engordar a partir de los 12 años, y desde entonces siempre con sobrepeso. Nunca jamás nadie me explicó como tenía que comer, me daban dietas que hacía religiosamente y en lugar de adelgazar a veces engordaba porque eran dietas hipocalóricas sacadas de una fotocopia que con mi problema no me servían. Tardé muchos años en encontrar a un profesional que diese con lo que tenía y me mandase a un nutricionista (en el extranjero eso sí porque en España esto es impensable). Hoy en día sé que con la dieta adecuada muchos de los síntomas de mi enfermedad se pueden controlar. Me ha tocado enfrentarme a mucha gente porque encima parece que te ven a dieta y a toda costa quieren que dejes de hacerla. Que no estás tan mal, que esa dieta que haces es muy rara, que si no puedes comer harinas refinadas que entonces qué comes, que a ver si te vas a poner enferma (no abuela, que enferma ya estaba antes…) y en fin..ya sabéis todos los que seguís una dieta “diferente” lo difícil que es lidiar con la incomprensión de los demás. Yo también sufro de ansiedad por la comida y a veces me resulta muy difícil no comer esas cosas que no debo pero a medida que me voy desintoxicando de la adicción que tenía, en mi caso a los carbohidratos, mi cuerpo ya no me pide tanta comida basura.

    1. Sí, sí que lo sé. Que si esto no, que si esto sí, que por un día que te comas una tarta… que total, pedimos patatas fritas en vez de ensalada (sí, yo también pediría patatas fritas, no te digo). Etc. Y si dejas carne y pescado o los comes una vez al año o cada dos (sí, hay gente que lo hace), te preguntan: y qué vas a comer. Pues legumbres, verduras, semillas, frutos secos, cereales, frutas… Vamos, lo que no como ahora y que debería ser la base de la dieta!!!!

  6. Me ha encantado tu post! Estoy convencida de que vencerás a la ansiedad. Mucha suerte. Me quedo por tu blog. Un abrazo!!!

    1. Yo también. Eso sí: la ansiedad se palia (bueno, espero que desaparezca) con tratamiento psicológico, porque no es una causa de comer. Es que comes mal porque tienes ansiedad, pero la ansiedad no te nace porque sí o porque tengas un gen de la ansiedad. La ansiedad es un síntoma de otras cosas 🙂

      1. Lo se preciosa! Yo también llevo años con la ansiedad a mis espaldas, quizá no con tanta intensidad, pero reflejada en más ámbitos del día a día, nunca se limitó sólo a la comida. Pero en el ámbito de la alimentación, desde que hace un mes pasé al vegetarianismo (fantásticamente asesorada por Lucía), parece que por ahora llevo muy bien este tema, y eso que mi pareja es omnívoro y nuestra casa sigue llena de cosas que antes me hubiésen llevado a darme un atracón….
        Seguro que el trabajo con tu psicólogo hace que veas dónde está el origen y por fin la venzas.
        Un besazo gordo!!!

        1. El origen ya lo sé. También sé que el “programa inicial” de nuestro cerebro, por llamarlo de algún modo, no se borra nunca. Aunque lo resetees. Lo que estamos haciendo es resetearlo y luego, cuando se vuelva a activar, volverlo a resetear y así. Y llega un momento en que una sabe resetearse sola. 🙂

          Yo en casa tengo chocolate. Y no me lo como, mira qué curioso… Si tuviera patatas fritas, me moriría. Juas.

  7. No se cómo he dado con tu blog pero me encanta. A mi hijo de 15 años le diagnosticaron Chron hace 2 años despues de pasar por un calvario de medicos que lo unico que le decian es que eran nervios del colegio. Hasta que por fin dimos con un buen equipo medico , porque lo importante era saber qué tenia el niño que se me moria de dolores y pesaba 25 kg con 13 años. Lo mas gracioso es q los medicos le dicen que coma de todo y que su cuerpo ya le avisara de lo que le sienta mal. Me rio yo de eso. Total, que lo llevamos a un naturopata y ahi nos cambio la vida. A raiz de esto empece a interesarme mas por la nutricion, y es que en casa se come sano pero hay tanto que aprender……estoy en un curso de macrobiotica y aprendiendo y descubriendo tantas cosa nuevas! Lo que quiero es que él aprenda desde pequeño a saber comer. Agradezco muchisimo tu blog porque tienes unas recetas fantasticas y me gusta como eres.

    !

    1. A mí me sientan bien todos los platos que hago, con mi colitis ulcerosa, pero a algunos amigos míos con colitis no les sientan bien porque, por ejemplo, no pueden tomar legumbres. Yo estoy aprendiendo a controlar el estrés con tratamiento psicológico, que viene muy bien, porque tu hijo ahora tiene 15 años, pero cuando tenga más, vaya a la Universidad, exámenes y demás, el estrés no viene nada bien. Bueno, el estrés no viene bien para nada. Pero para estas enfermedades menos.

      Dale un besote grande.

  8. Hola preciosa,
    decirte que me identifico con tu historia es poco, yo sigo con ansiedad constante y he perdido la cuenta desde cuando.
    se o creo saber que es lo mejor para comer,pero sigo comiendo mal,es una realidad. como bien dices,la ansiedad se mengua con guarradas varias.
    estoy interesada en consultar con tus nutricionistas,creo que me puede ayudar..
    un abrazo enorme y a seguir así que estas YA en el camino
    muakaa
    Lur

    1. Mi nutricionista está en Badajoz, pero si buscas Nutrición Palma, atienden online. Eso sí, también te digo que, al menos en mi caso, la ansiedad no es un diagnóstico finalista. Es un síntoma de algunos problemas más (o un síntoma de mi propia vida y mi manera de relacionarme con el mundo, si lo quieres llamar así). Yo empecé la dieta sin tratamiento psicológico. Luego peté y me fui al psicólogo. Llevo un año y medio. Lo de la ansiedad lo descubrí hace dos meses. Es decir, yo sabía que tenía ansiedad, pero no que la había tenido toda la vida, hasta que lo analicé. Y las dos cosas juntas, dieta y terapia, me están viniendo muy bien. Aún no he acabado, ni loca, me sobran al menos 18 kilos, pero aprendo a controlar las ansias. MUY POCO A POCO, eso también es verdad. Al final aprendes a ser buena persona contigo misma, a darte tregua y a tomarte las cosas con calma. ¿Que no adelgazas en un año? Bueno, pues en dos. ¿Que en dos tampoco? Bueno, pues en cuatro. Si al final lo que tienes que hacer es cambiar de hábitos… para toda tu vida… qué más dará que tardes un año en afianzarlos o tardes tres, siempre que los afiances del todo.

  9. Me ha encantado leer tu historia con la comida. Creo que todos tenemos una parecida en el momento de independizarnos. En tu caso porque saliste sin “herramientas”, porque en casa comen mal, y en otros, como el mío, todo lo contrario, tan harta hartísima de comer decentemente, con restricciones de aquellas marranadas que me gustaban, que la independencia fue igual a libertad gastronómica, e igual a un porrón de kilos de más en poco tiempo. Con lo dicho abro otra vía a este tema: cuando eres capaz de ocuparte eficazmente de la alimentación de una familia (otro inciso, también los omnívoros podemos comer de forma equilibrada y sana 😉 ) pero no de saberlo explicar y motivar. Porque no nos engañemos, un calabacín a la plancha está rico, pero rebozado y frito está mejor. Pero es que los nuggets están aún más sabrosos.

    Porque no sólo hay que alimentar. También educar, y eso pasa por crear conciencia.

    Ánimo con esa ansiedad!!!

    1. Ay, la acción y la reacción. En mi casa se limpiaba a todas horas y yo tengo contratada a una mujer para que me limpie la casa porque no vuelvo a coger un mocho en mi vida… Juas juas.

      Sí, yo no he dicho que los omnívoros no puedan comer sano. Lo que digo es que, generalmente, cuando uno se preocupa por aprender de nutrición, es porque cambia de dieta y abandona ciertos alimentos y entonces de pronto le van a faltar nutrientes… Y a lo mejor resulta que antes comía peor, que es lo que me ha pasado a mí.

  10. Gran relato de verdades 🙂 yo también lo pasé y lo paso mal por culpa de los protocolos incoherentes de los medicos! Gracuias a muchos naturopatas y nutricionistas he seguido y sigo para adelante! Es responsabilidad de todos hacer que esto se haga publico y protestar por lo que es el pilar fundamental de las personas! SU SALUD REAL!
    Da igual que inclinación dietetica sigas, para beneficiar a tu cuerpo segun tus necesidades( ahora me refiero de corrientes o ‘modas’ tipo, yo soy vegano, vegetariao, paleo, macrobiotico, etc, etc y etc..) lo importante es tener claro la calidad, procedencia, fabricacion y additivos que quieres que introducir en tu estilo de vida. Si estas cerca de este conocimiento coincidiremos todos en el equilibrio y la ecologia de los productos.
    Muchas gracias! todas las personas deberían ser tan claras e indignarse con razón para ser escuchados y asi hacer un bien a la demás gente que lo pasa mal y no sabe ni el porque esta tan mal.. si ya sigue todo lo que le dicen los médicos…

    muchos ánimos!!

    1. Creo que la medicina debería ser más holística de lo que es. Menos sobremedicada. Creo, también, que la mente hace mucho en las patologías y a la mente no se le hace ni caso (tengo un mantra: se va poco a terapia en España) y también creo que la alimentación y el deporte son básicos, pero no se prescribe comer bien ni hacer deporte. Y por ahí se debería comenzar primero…

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