Año Nuevo, dieta nueva

He comido más de lo que voy a confesar. Y peor: imaginad lo que queráis, que seguro que lo supero, corregido y aumentado. Además, la elíptica que tengo en casa se me aflojó y, con esta fuerza que me caracteriza, no soy capaz de apretarle los tornillos convenientemente… entre otras cosas porque acabé el año con un codo de tenista (de escribir: que yo no he cogido una raqueta en mi vida) y el miércoles que viene me dan el alta. Espero.

Creo que las personas se dividen en dos: aquellas que se lo comerían todo a la hora de cenar (porque no suelen merendar, por cierto) y aquellas a las que la inactividad les hace asaltar la máquina que hay en el trabajo, en la que lo más sano que se vende es un bocadillo de pan blando que solo tiene chorizo: imaginaos lo demás. Yo soy de las segundas. Desde las seis de la mañana a la una de la tarde me puedo zampar… Me puedo zampar cualquier mierda hipercalórica que no tenga absolutamente ningún nutriente y llena de todas las grasas asquerosas que os podáis imaginar.

Como este año pasado, me he mantenido pero, por razones que no vienen al caso (que no soy tan impúdica) no he perdido lo que tenía que perder (que son varios kilazos), mi maravillosa nutricionista me ha cambiado la pauta. Me ha puesto una pauta anti ataques de ansiedad, de tal manera que ahora la miro y pienso: a ver cómo me trago yo todo esto. Pero sí, me lo trago. Claro que me lo trago. Además, esta nueva pauta me obliga a pensar en combinaciones para bocadillos o para fajitas con tortitas de trigo y sospecho que me voy a dedicar, en cuanto haga algo de mejor tiempo, a hacer maravillosos -ejem, espero que salgan maravillosos- panes de pita, panes naan y panes de molde. Ahora no: ahora he comprado dos paquetes de panes integrales y vamos que nos matamos: que todo a la vez no se puede y quiero empezar mañana.

Mi nutricionista se llama Mónica. Mi amigo Manolo, que es de esos amigos que tienen una casa a la que te autoinvitas (sí, también hay clases de amigos) escribió de ella una vez: “No. Facebook no da en el clavo. Dice que mi año se resume con fotos, motocicletas, rockeros y bluesmen, brochas y navajas de afeitar, política… y una foto de Fernando Pessoa (vas a escribir un libro y descubres que ya lo escribió antes Pessoa)…. Pero no. Mi año (este año tan feo, tan violento y tan injusto) tiene un nombre. Un bonito nombre: Mónica“.

Muchas veces me preguntan qué como y en qué cantidades. Y otras cosas: ¿y no te parece coñazo pesar? Pues no, a ver: yo tengo una báscula y peso la comida. La enciendo, pongo un plato encima, le doy al botón de tara para que no me pese el plato y echo mi ración. Coñazo me parece levantarse a las cinco de la mañana para ir a quitar hielo a paletadas. Pero pesar la comida, no. Si alguien no quiere pesar, también se le darán pautas para que no lo haga.

Lo que yo como y en qué cantidades lo saben dos o tres personas que, o son nutricionistas, o se han puesto en contacto con alguno para que les marque una determinada forma de comer que les venga bien a ellos. Porque todos nosotros, los iniciados, sabemos algo fundamental: que mi pauta dietética, con mis raciones de hidratos de carbono, proteínas, requerimientos de calcio y etc, me sirve a mí: esto es, a una persona con sobrepeso, más bien sedentaria, que mueve el culo pocas veces a la semana y obligándose mucho, con 38 años y que padece, además, una enfermedad inflamatoria intestinal. Una colitis ulcerosa que me hace ir al digestivo a analizar la sangre una vez al año. Y, gracias a que me tomo mis dos pastillitas diarias de Mezavant y a mi dieta específica, mi VSG ha pasado de 29 a 8. A otras personas no les sirve: necesitan la suya.

Al nutricionista no se acude solo porque no se sepa comer (que yo no sabía comer). También para corregir otros aspectos (como gases, por ejemplo), para saber cuál es la mejor manera de alimentar a tu hijo pequeño (os sorprendería conocer lo malísimamente mal que comen los niños y, como me ponga a hablar de los comedores escolares, es que no acabo) o para descubrir por qué no se adelgaza si uno ya sabe comer (por ejemplo, una amiga mía come maravillosamente bien. Equilibradísimo todo. Es omnívora y le da más al tofu y al seitán que a la carne, su dieta está basada en verduras y fruta a tutiplén y legumbres… Pero le fallaban las cantidades y la proporción. No se atiborraba, pero comía algo más de lo que necesitaba: un poco más: suficiente para no perder peso). Eso sí: se sale de allí con otra actitud con la comida y con los programas de cocina. Me asombra ver algún plato y pensar: esto tiene demasiado hidrato, esto demasiada grasa, solo han cocinado proteína (un fallo de todos los programas de cocina, por cierto: su absoluto amor por la carne y su desdén por las legumbres). Miro los libros de receta y me fijo en los ingredientes: ya sé si comprarlo o no o si solo tiene recetitas monas pero chorras. Porque los hay.

Comienzo (tarde, como siempre) mi nuevo año con un reajuste de raciones y el convencimiento de que, como estoy a mitad de camino de todo, este 2015 va a ser mejor que el 2014. Que, por cierto, ya fue bueno y consciente. Sobre todo fue eso: consciente. Es una maravilla, la consciencia. Ahora lo sé.

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10 thoughts on “Año Nuevo, dieta nueva

    1. Este año triunfaremos. Ahora puedo decir que hoy no tengo ansiedad porque no tengo gazuza. Y tengo más nivel de estrés que el resto de los días, ojo. 🙂 Que a mí me hace atacar la máquina y lo que no es la máquina…

    1. Yo, como este año no he hecho ni el guá, necesito retomar el deporte y quitarme 15, creo. Pero vamos, que este año nos los quitamos: tú antes que yo! Vengaaaaa.

  1. Enhorabuena por esa actitud, por el reajuste de dieta y por estar tan comprometida con ello! No siempre es fácil comer bien aunque a veces pensamos que sí, y la verdad es que la labor de un buen nutricionista es fundamental :). Y feliz año!

    1. Ay, es que llevo un año, Akane, dedicada a otros procesos “personales” y he comido correctamente pero no bien… Así que ahora toca perder kilos de nuevo.

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