¡He vuelto!

Ardid, que tiene nombre de reina de Ana María Matute, le dijo a Núria: “Lo tiene abandonadito”. El blog, decía. No sabía yo que una mudanza iba a durar tanto. Y lo que me queda. De hecho, no sé qué hago escribiendo: me duelen hasta las yemas de los dedos de montar (y desmontar, porque cuando te equivocas, hay que desmontar) muebles de Ikea, esa cadena barata que es barata porque, como leí en Twitter, te convence de que tu tiempo no vale nada. Eso sí: montar una estantería de estas, cuenta como deporte. Por algo dice que la monten y la levanten entre dos…

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Las fotos son del móvil, que no sé ni dónde tengo la cámara. Sí, sí que lo sé. Pero no me apetece sacarla porque está tooooodo por el medio. Todas las cajas de cartón del mundo las tengo yo en mi casa. Ahora no tengo un duro, he puesto kilo y medio porque me comí todas las galletas de chocolate Príncipe de Beukelaer del supermercado y cocino lo mínimo imprescindible. Eso implica que no me he metido aún en la cocina toda la jornada para poder congelar después. Es decir, he cocido arroz, he frito unos champiñones, he preparado un revueltillo de zanahorias, cebolleta y tofu y con eso me estoy apañando. Lo que sí he hecho ha sido, por fin, ordenar las especias.

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Adoro mi nueva camarera. No se pueden sacar las bandejas, que sería mucho más cómodo, pero me da lo mismo. Sé dónde está todo. Arriba, las especias que más uso. En el medio, sal y especias dulces y algunas preparaciones para repostería. Debajo, las mezclas de especias (curry, ras-el-hanout, especias de Granada, tandoori, garam masala y etc.) y en uno de los armarios de la cocina, dos especieros más con los que no tengo ningún problema porque está todo en orden alfabético. Ahora quiero comprar estos botes monísimos para tenerlo todo uniforme porque soy así de pija. Pero no tengo un duro. Los miro y los remiro y me imagino la camarera llena de esas tapitas amarillas y azules y rosas (los hay en  varios tamaños). Algún día, me digo. Algún día.

Mi nueva cocina está amueblada de arriba abajo, tiene lavavajillas (que era algo que yo no había usado hasta ahora), horno, microondas y vitrocerámica. Y, sobre todo, espacio. La crock pot, la panificadora, el robot de cocina, las ollas… todo está en el mismo mueble, bien a la vista en cuanto abro las puertas. Los platos, en otro mueble y no en el escurrecubiertos como hasta ahora. Y tengo terraza. Una terraza inmensamente grande y otra terraza que es un patio interior, donde tiendo la ropa. Compré una tumbona porque parezco talmente una merluza del Cantábrico (¿quedan merluzas en el Cantábrico?), pero todavía no he podido usarla porque, además de la mudanza, ha comenzado el Festival de Mérida.

Salomé. Imagen de Jero Morales

Esto el Festival y ese señor que está ahí de espaldas es amigo mío, se llama Álvaro Albiach y no ha estudiado tanto una partitura en su vida. Salomé fue un exitazo, porque la ópera aquí tiene mucho predicamento pero se programa poco porque es carísima y Sara Baras fue otro exitazo. No me resisto a poner otra foto, porque pensé tantas cosas cuando vi ese baile…

También es de Jero Morales.

Es una ola, ese vestido, y también es el viento de Medusa y es casi un anticipo de una violación. Cuando hay teatro, mi vida consiste en lo siguiente. Me levanto, voy a trabajar, vengo, como, quedo con los amigos periodistas, vamos al ensayo, después del ensayo me voy a trabajar, llego a casa, duermo, me levanto, trabajo, llego a casa, como, me caigo de sueño, quedo con los periodistas para cenar, voy al estreno, me voy a trabajar, me levanto… Es decir, no sé en qué día vivo pero me paso los días entre esas columnas. Y siempre que las veo, cuando es el primer ensayo, me descubro con asombro, como si no las hubiera visto nunca. Amo ese lugar de una manera más profunda de la que amo cualquier otro lugar del mundo, Nueva York incluida y los Andes incluidos. Bueno, ejem, los Andes no, lo mío con los Andes es otra historia de amor loco loco. Y además, para qué hacer una lista de preferencias de lugares amados si puedes amarlos todos.

También amo mi casa nueva. Y todos sus rincones.

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8 thoughts on “¡He vuelto!

  1. Qué bien que poco a poco tengas tu nueva casa lista! Las mudanzas son duras, y las compras en Ikea también :P. Cuando nos mudamos nosotros yo no tenía trabajo ni había empezado el curso que hice aquel año, así que me pasaba el día montando muebles, organizando todo y sacando a reciclar kilos y kilos de cartones.
    Esa camarera la tiene mi madre, aunque ella la usa para la fruta 🙂 Lo de tener la cocina organizada es definitivamente lo mejor!
    Te envidio el espacio, que tentas tantos cachivaches de cocina, las terrazas y y el Festival de Mérida. Tiene que ser espectacular… algún año conseguiré ir :).

    Encantada de volver a leerte!
    Un abrazo

    1. “Y sacando a reciclar kilos y kilos de cartones”… Igualito que yo. Montar muebles, reciclar cartones, montar muebles… y dejar dos estanterías bien colocaditas en el pasillo. Ya las montaré. Un día de estos. Cuando vengan los amigos.

      Cuando vengas, en mi casa nueva hay sitio 🙂

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