Nutricionistas, dietas y vestidos / III Carnaval de la Nutrición

-Y tú, ¿por qué crees que estás gorda?
-¿Yo? Porque me pongo púa.
-¡Eres la primera que me dice que está gorda de comer!
-¿Y los demás de qué están gordos?
-De los nervios…

Este año, Scientia alberga la III edición del Carnaval de la Nutrición. Yo he participado en las dos ediciones anteriores, con un texto sobre qué hubiera pasado si me hubieran enseñado a comer y otro sobre mitos nutricionales: lo que engorda y lo que no engorda. Este año, han propuesto, como tema, la multidisciplinariedad científica en el desarrollo de la nutrición humana.

¿Lo que?

Eso: la relación de otras disciplinas en el desarrollo de la nutrición.

Ni idea, oiga.

Yo tampoco. No recuerdo casi nada de la historia del periodismo, como para saber algo de la historia de la Nutrición.

Pero… ¿eso va a arredrarme a mí a la hora de participar en un carnaval? ¡No!

Fernando Arrabal me dijo una vez que sus conferencias iban de lo que a Fernando Arrabal le daba la gana. Lo mismo yo, oiga. No vamos a ser menos.

Y, como lo que más a mano tengo soy yo misma, voy a hablar de mí.

Estoy a dieta.

Mis amigos se cachondean, porque llevan AÑOS (años reales, no es una hipérbole) escuchándome decir que estoy a dieta (los lunes) y viéndome con una bolsa de Risketos a la una de la tarde. Ahora peso, según mi peso (ah, los pesos: los carga el diablo) 84 kilos. Creo que es, desde que me puse como una vacaburra, la vez que menos he pesado. Ah, no: un día llegué a los 83,700. Me sobran, más o menos, veinte kilos, pero ya no soy obesa. Solo soy gordita. Me ha bajado la tensión (tampoco la tenía alta, ojo). Me he comprado tres pares de pantalones (uno, dos tallas menor de la que tengo, porque ahora sé que me lo voy a poner en algún momento de mi vida). Estoy más guapa. Que también importa, porque saber que estás más guapa (yo, que siempre he desdeñado este canon de belleza occidental) te otorga más seguridad en ti misma (y yo de eso, lo aseguro, no ando sobrada). Me fijo en la moda (yo, que también despreciaba eso, ahora me veo analizando vestidos que me voy a poner en cuanto pierda los 20 kilos que me sobran y me convierta en una fashion victim). Y estoy aprendiendo a comer.

vestidos

Una nutricionista me dijo una vez que yo controlaba lo que me metía en la boca. Ejem. Eso no es del todo cierto: yo la comida no la he controlado nunca. A mí, más bien, las patatas de bolsa y los aperitivos me controlan. O me controlaban. Ya no. Desde que estoy a dieta (una dieta real, para toda la vida, un aprender a comer) no he vuelto a comprar patatas (porque me las comería todas. Ah, qué bueno es conocerse), lo que no significa que no las haya comido… una vez. En casi cuatro meses. Ahora sé qué como y qué dejo de comer y por qué. De hecho, tengo cantidades industriales de chocolate que me traje de Esquel en mi cocina. Relleno de dulce de leche, con avellanas, con almendras, blanco con especias… Y no he comido una sola tabletita. Las dejo para circunstancias especiales (sí, es lo que estáis pensando: las dejo para cuando me viene la regla. Que me viene todos los meses. Pero ya no me harto a guarrerías como antes). Esto, que puede parecer una soberana gilipollez, es un logro. Un triunfo.

Se lo debo a Lucía, en primer lugar, algunas de cuyas palabras las tengo bien grabadas a fuego y se lo debo a Mónica Pérez García, que tiene consulta en Badajoz y que me está llevando y controlando (no te asustes, que estas últimas semanas han sido un caos). Esta mujer no lo sabe todavía, pero me va a estar asesorando toda la vida (porque sí: yo me conozco).

También me lo debo a mí.

el-arte-de-cocinar

Por una razón: por fin le he cogido el gusto a la cocina. Atesoro mil y un libros de fotografía, copio recetas desde que tenía 18 años, pero se quedó todo siempre en el plano teórico. Ahora busco nuevas preparaciones y he aprendido que, si uno quiere comer bien, es mejor que se lo haga él mismo. Que vaya a la frutería (yo adoro al frutero de debajo de mi casa, que me trae guisantes el día que se lo pido, me dice cómo preparar el hinojo y me enseña sus nuevas granadas). Que compre legumbres. Que potencie el pequeño comercio (sí: las fruterías tienen mucho mejor género que las grandes superficies: es un hecho incontestable). Que ponga musiquita, si quiere (yo cocino sin ella), que mantenga las ventanas de la nariz abiertas y que escuche el crepitar de un diente de ajo en la sartén con el aceite de oliva calentado a fuego medio. Que haga una salsa de tomate casera. Que aprenda cómo funciona la química de los alimentos. Que lea, también, libros de cocina que le van a enseñar otras dietas, otros modos de vida, otras formas de comer en otros países o en otras regiones del suyo. Que intercambie recetas. Que congele con mimo. Y que luego lo coma y piense: Dios, por qué no habré hecho yo esto antes.

Podría hablar de más cosas: de por qué los periodistas, en cuestiones de dieta, no acuden a un nutricionista, sino a un endocrino, tal es la poca presencia de los nutricionistas en la sociedad. De la incomprensión que me produce que los nutricionistas no trabajen en centros de salud. De que si estás delgado no significa que comas bien. De que deberían hacerse cursos, o lo que sea, obligatorios entre la población (ah, la Medicina Comunitaria: esa que nunca da tiempo a hacer) sobre una correcta alimentación. De que hay que aprender a leer las etiquetas (y saber algo de normas, que luego nos venden carne de caballo en las hamburguesas precocinadas y nos escandalizamos). De que no se puede hacer dieta por cuenta propia, aunque creas saber (porque siempre crees saber, pero generalmente, no sabes) cómo comer correctamente… y que no es ningún crimen cometer ligeras transgresiones (pero ligeras, ojo).

Y el día que tenga tiempo para salir a andar hora y media todos los días, no va a haber hombre que se me resista.

O sí. Pero me dará exactamente lo mismo cuando me ponga ese vestido monísimo que nunca me he comprado pero que ahora me queda como un guante.

He dicho.

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14 thoughts on “Nutricionistas, dietas y vestidos / III Carnaval de la Nutrición

  1. Enhorabuena por tu post y gracias por la parte que me toca, aunque te diré una y mil veces que, por mucho que podamos orientarte, la actriz principal eres tú. ¡Qué ganas de que llegue el verano para lucir vestiditos! 🙂

  2. Cogerle el gusto a la cocina es algo genial si sabemos como sacarle partido y que se ajuste a nuestra alimentación saludable. ¡Enhorabuena por el artículo!

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